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X Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis

Publicado en Lectura Lacaniana: 23 marzo, 2016

Nuestro cuerpo no cesa de decirnos cosas. Para los médicos, sus señales indican el buen o mal funcionamiento de la máquina. El cuerpo puede, sin embargo, decir mucho más, porque es también nuestra historia viva, el resultado de aquello que, en nuestros encuentros e incluso antes del nacimiento, nos marcó y constituyó.

Es lo que Freud descubrió y, al tocar esos dichos del cuerpo –hechos no solo de palabras sino también de sensaciones y fragmentos de imágenes- afectamos la propia vida del cuerpo y de su goce.

En esta verdadera lluvia de palabras que cae sobre nosotros, ¿cuáles de ellas contarán? ¿Qué nos marcará y formará parte de nosotros, constituyéndonos como sujetos? La propia unidad de nuestro cuerpo no es un hecho. Necesitamos de alguien, la madre o alguien que cuide de nosotros, para darle poco a poco consistencia. Solo cuando soy capaz de vivir el enjambre de decires que me atravesaban como propios, es que este cuerpo –que hasta entonces era hablado- se convierte en un cuerpo que habla, mi cuerpo.

Hoy, todo lo que sostenía la unidad de la identificación imaginaria para la transmisión de los sentidos de una existencia, tiende a ser sustituido por la legión de todos los saberes que inciden, a partir de Google, en tiempo real sobre el niño. Tenemos motivos para preguntarnos si algo cambió en el espejo del Otro.

Es lo que intenta mostrar nuestro afiche. Es fruto del trabajo de Vik Muniz, artista brasileño, que toma una obra representativa clásica de Eckersberg y la rehace, utilizando fragmentos de revistas rasgadas. A la serie de cuadros que utilizan este mismo procedimiento, el artista la llama espejos de papel. Y es la serie a la cual pertenece esta obra.

El resultado nos da el sentimiento tan contemporáneo de que la imagen que tenemos de nosotros mismos solo se sostiene en tanto la miramos de lejos. No me refiero a la idea conocida de que podemos, de cerca, ver los vicios e imperfecciones ocultas, sino de que podemos percibir cuánto nuestra auto imagen, inclusive el cuerpo, es el resultado de algo que se fabrica.

El afiche apunta, sin embargo, a indicarnos algo más (encarnado en el título, que fluctúa en algún lugar entre la pantalla y nosotros). Presenta el tema de nuestro X Congreso: El cuerpo habla: el inconsciente del siglo XXI.

No es el cuerpo tal como acabamos de describir. No es el cuerpo hablado, o el cuerpo que adquirió la capacidad de hablar, sino el cuerpo hablante.

Aceptar la apuesta del inconsciente es asumir la siguiente premisa: lo que nos sostiene como Uno no es aquello que el espejo nos devuelve; es encontrar ese sostén mucho más en la profusión de imágenes mezcladas y de fragmentos de discurso.

Cuando la empresa prosigue lo más lejos posible, hasta sus últimas consecuencias, cada vez que nos aproximamos al goce más esencial de un cuerpo, cuando nos aproximamos a aquello que mantiene a alguien vivo, el punto último de su singularidad, no encontramos ninguna unidad. Por un lado, es siempre algo hecho tanto de lenguaje como de goce (lo que Lacan llamó lalengua). Es lo que se vislumbra en los testimonios de aquellos que llevaron sus análisis a este punto y que, al ofrecer sus relatos al dispositivo del pase, fueron nominados Analistas de la Escuela.

¿Y en cuanto al cuerpo? Desde el punto de vista del pase, nuestro cuerpo es un verdadero “collage surrealista” (como dice Lacan en El Seminario 11, al referirse a la pulsión). Es un poco como el de la mujer del afiche.

Ahora, existe diferencia entre el cuerpo fragmentado y fabricado de hoy en día y el cuerpo tal como el análisis nos lleva a considerar. Es que el análisis nos muestra cómo nos sostenemos exactamente de estas piezas sueltas, piezas que son simultáneamente trozos de goce y de lenguaje.

No son tan numerosas. A lo largo de los encuentros, vemos que hay algo que en ellas retorna, como una nota que insiste en la melodía (y no es por casualidad que hablamos a menudo de percusión, para traducir su presencia, porque no tiene mucho sentido, solo una reincidencia continua en nuestro decir). Llamamos a ello, con Lacan, sinthoma.

Desde este punto de vista, la muchacha del afiche solo tiene cuerpo porque el sinthoma, esta incidencia inaugural del lenguaje sobre el viviente, se hace palabra, y esta palabra se entrecruza con otras, componiendo un mosaico lenguajero que da a su usuario una ilusión de unidad. Es por hablar, por lo tanto, que ella puede tener un cuerpo, e inclusive creer ser uno. De ello deriva el término propuesto por Lacan en estos seminarios: hablanteser (parlêtre).

Nada de esto implica que sepamos cómo lidiar con él. Estamos más acostumbrados a un sujeto que nos viene a ver, considerando su cuerpo como una unidad cerrada y que, por ejemplo, vive muy mal cualquier intervención o modificación que lo altere, ya que lo toma como la morada sagrada de su alma. Asumamos que lidiamos cada vez más con alguien como esta mujer, que no cree del todo que es su cuerpo, sino que tiene uno y que construyó y reconstruyó como pudo, a veces perdiéndose en eso, sin poder contar con el apoyo de su sinthoma.

De este modo entiendo por qué Jacques-Alain Miller, en su presentación del tema del Congreso (http://bit.ly/1CgsMlG) nos proponer abordar la pulverización contemporánea del cuerpo a partir del concepto lacaniano de hablanteser, y de hacer una apuesta.

Haremos nuestra, por lo tanto, su propuesta. “Podemos estar seguros de que analizar al parlêtre es algo que ya hacemos, sólo nos falta saber decirlo”.

No vamos simplemente a oponer sujeto y hablanteser, como si uno perteneciese al pasado y otro al futuro, sino más bien experimentar el efecto –en el presente- de abordar la experiencia clínica desde uno o desde el otro. Se trata del bien-decir lo que sucede en nuestra práctica cuando ésta se da como partenaire al hablanteser, es decir, cuando ella apunta al hablante del cuerpo y no tanto a lo que el hecho de hablar engendra como semblante de identidad.

Es que nuestra práctica tiene que lidiar cada vez más con una división que no es la que desde siempre se teorizó como la división entre alma y cuerpo.

Como la de alguien, por ejemplo, que detenta poder y adora ejercerlo, pero ve cómo su uso sin límites de cocaína lo coloca en peligro, o inclusive la mujer que solo puede estar en el amor siendo objeto de malos tratos, pero que al mismo tiempo es muy exitosa en los negocios. Son divisiones entre goces, ambos del cuerpo, no tanto entre cuerpo y alma.

Tenemos que apoyarnos en la tensión propuesta por Jacques-Alain Miller en la misma conferencia, entre sinthoma y escabel. Este último, parte de la “negación del inconsciente”, por medio de la cual alguien puede “creerse amo de su ser” para, a continuación, tomar de la cultura un escabel, es decir, “aquello sobre lo cual un hablanteser se alza, se sube, para hacerse bello (beau)”, para “darse ínfulas y vanagloriarse”.

También tendremos que retomar la tríada que él propone: debilidad, delirio y el engaño (duperie), como verdaderos ejes clínicos referentes a los tres registros: imaginario, simbólico y real, en el contexto de la experiencia clínica con el hablanteser.

De hecho, el sinthoma viene a enlazar la debilidad de tomar su cuerpo como Uno, el delirio articula lo necesario para creer en eso, y el engaño es el de dejarse llevar por eso para circunscribir un real, “un real en el cual creer sin adherir a él, un real que no tiene sentido, indiferente al sentido y que no puede ser otro a no ser el que es”. ¿Podemos decir que tenemos acceso a este plano en la experiencia clínica diaria? Parece más prudente, utilizarlo como un mapa para recorrer las formas actuales de nuestros dolores, errancias y goces.

Es esta una gran exigencia clínica. Comienza con el esfuerzo de reducir la gran distancia que separa a veces lo que leemos y lo que escribimos, de lo que hacemos.

Solo una comunidad como la nuestra puede plantearse tal desafío. Nuestros congresos, cada dos años, son el momento de convergencia del trabajo de esta comunidad, la de los miembros de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Estamos diseminados por todo el mundo, pero trabajamos en una misma orientación. Garantizar que esta orientación se verifique en el trabajo de nuestra Asociación es la tarea de nuestro presidente, que sigue de cerca la preparación de este encuentro.

En breve, podrán acceder al site del evento, así como a todas las informaciones prácticas relativas al mismo.

Finalmente, unas palabras para señalar que Brasil, que recibirá esta vez al Congreso, puede tener un papel importante para desempeñar. Es un país que se toma muy en serio, para lo mejor y para lo peor, al cuerpo; que tiene la tradición de grandes manifestaciones en las que el hablante del cuerpo está presente y ordena masas, a veces de millones de personas. Los miembros de la Escola Brasileira de Psicanálise están atentos a las consecuencias que la enseñanza de Lacan puede extraer de ello.

Creo que lo importante es destacar lo que sucede cuando el hablante del cuerpo se presenta, sosteniendo un decir en aquello que puede causar risa o escándalo.

¿No es eso lo que explica el gran número de aquellos que acuden a nuestros eventos?

Es que ellos saben que se puede leer todo en el Google y ver todo en el Facebook pero, para estar en el plano de la apuesta, de la apuesta de lo indecible, de lo que puede provocar un decir cuando encuentra el cuerpo, es preciso estar allí.

Es el hecho del encuentro con un decir, en aquello que provoca el cambio de una vida, que continúa siendo el desafío del psicoanálisis y para eso, de acuerdo con el poeta, no hay equilibrio, solo equilibristas. Es por esta razón que los invito a que vengan a encontrarse con los miembros de la AMP, en su trabajo en Brasil.

https://www.congressoamp2016.com/area.php?id=8

 

Traducción: Marcus André Vieira

Revisión: Marina Recalde

 

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