Ficciones Clínicas

Un caso simple. Parte II.

Publicado en Lectura Lacaniana: 28 octubre, 2015

Un solo encuentro con Freud, según Margarethe, le bastó para poder disponer de su vida. Dice: “De todas las miserias de la vida, supe siempre extraer algo de felicidad. Solo entendí, mas tarde, que aún el infortunio puede aportar cosas positivas”.

¿Hacia que lugar dirigió  Freud sus intervenciones? ¿Cuál fue la decisión de este ante la encrucijada de una paciente que hasta ese momento nunca antes se había rebelado, siempre atemorizada, nombrándose “una cosita miserable” , y como fue que se pudo conmover este lugar de objeto retenido y aislado, posibilitándole otras elecciones.

 

Angela Vitale

 

Parte II: Intervenciones de Freud. El analista frente a la encrucijada.

Ella se encuentra con un hombre viejo, encorvado y amable. Entraron padre e hija a la entrevista. Sin vacilar, primera intervención: Freud dirigió y sostuvo su mirada, con una permanente sonrisa a la hija. Le hablaba a ella.

Respondía el padre.

Segunda intervención: Le pide amablemente, al padre, que se retire y espere en la habitación contigua. Agrega: "Quiero estar solo con la paciente". De manera amable y muy decidida. ¡Formidable intervención de entrada! Apuntó a la separación en acto.

Así fue posible que "la paciente" pudiera hablar y que descubriera que de lo que se trataba era que había encontrado a alguien, Freud , que la escuchaba por primera vez.

Pasó de los soliloquios a hablar, dirigirse a un Otro corporizado, vivo. A mi entender, este Otro sólo pudo constituirse por las decididas intervenciones desde el inicio.

Ya a solas, ella le contó sus "historias", sus ensoñaciones, que se armaba un teatro y que nadie le hablaba. Hablaba de una manera tan fluida, que ella misma quedó sorprendida

La primera intervención de Freud con ella a solas, ocurrió cuando ella le cuenta que había algo que se repetía, iba con sus padres al cine y cuando aparecía una escena de amor, su padre la sacaba, inmediatamente del cine. "Esto te va a pervertir", decía el padre.

Freud no vacila. "La próxima vez que vaya al cine con sus padres, le ordeno que se mantenga sentada". " Lo hice, aún cuando tiempo atrás hacer eso, era para mí, inimaginable"

Sobre el final, después de casi una hora, segunda intervención:

"No se olvide, para llegar a ser adulta es necesario poder preguntar el porqué y el cómo, lo mismo que expresar una opinión personal o una objeción. Si no hace eso, quedará como una niña, serán los otros los que van a disponer de Ud."

Nunca se acostó en el diván, fue su única entrevista. Según ella, era para Freud un "caso simple". A diferencia de los pacientes que estaba acostumbrado a tratar.

Hasta entonces, nunca se había rebelado. "Era un ser completamente atemorizado, una cosita miserable". Así se nombra.

Fue gracias a ese único encuentro con él que según ella pudo disponer de su vida.

"De todas las miserias de la vida, supe siempre extraer algo de felicidad. Sólo entendí, más tarde, que aún el infortunio puede aportar cosas positivas ".

Se casó con el hombre del que se enamoró, con el que tuvo dos hijas, vivió 53 años con él.

Viuda, se dedicó más aún a la escultura, expone, empezó a estudiar teatro, lee incansablemente. Visita, cada año, a sus hijas y nietos en Israel y en EE UU, donde viven.

Supo tardíamente por quién había sido tratada, supo también que ese hombre amable y encorvado estaba, en el momento que la recibió, ya gravemente enfermo y que murió tres años después.

No tiene dudas que si esa entrevista no hubiera tenido lugar, ella se hubiera mantenido aislada, porque algo no andaba bien. Otro destino podría haber sido el Hospicio o la conocida hidroterapia, todavía utilizada en esa época.

Lo que no andaba era que ella respondía, sin saberlo, a quedar en un lugar de objeto retenido y aislado al que ella llama "cosita miserable".

Con su presencia, intervenciones, indicaciones es ahí, a ese lugar, a donde apunta Freud directamente.

Esta fue la decisión de Freud frente a la encrucijada. Un solo camino: Intervenir activamente para producir la separación, posibilitar la emergencia del deseo y apostar a lo más singular de ese sujeto.

Conmover este lugar de objeto cuidado, objeto en una vitrina, donde la vida está detenida. Como se detuvo la vida de su madre en el momento de su nacimiento.

NOTAS

  1. Lacan, J: "Consideraciones sobre la histeria" Bruselas. 26/2/1977 Rev Quarto Nº 90
  2. Aramburu, J: "La histeria hoy" en "El deseo del analista" Ed Tres Haches. Bs. As. 2000

 

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