Salud Mental&Locura

Tan Sujetos a lo inesperado

Por Daniel Millas
Publicado en Lectura Lacaniana: 19 marzo, 2014

Partiendo de la frase de Pepe Biondi “¡Qué suerte para la desgracia!”, Daniel Millas nos lleva al encuentro con lo inesperado, con lo azaroso.
Cuando un paciente consulta viene con la queja, con el padecimiento de una situación que se repite y de la que quisiera salir, pero algo se resiste…Es difícil el encuentro con lo fortuito, con el imprevisto, con lo que escapa al sentido. La angustia y el síntoma vendrán cual brújula a seguir en el recorrido del análisis, guías privilegiadas en el camino  hacia la verdad, hacia lo singular en cada sujeto. Así  el encuentro con lo azaroso será un alivio para el sujeto en la mortífera repetición de lo mismo para que este encuentro sea una suerte,  ya no una desgracia.

Florencia Vidal Domínguez.


“¡Qué suerte para la desgracia!”. Con esta frase, el inolvidable Pepe Biondi solía finalizar algunas escenas en las que un acontecimiento inesperado desbarataba los planes que su personaje tenía previsto realizar. Dejaba entender de este modo, que su suerte en tanto se repetía siempre bajo la modalidad de la “desgracia”, más que azar era un destino ineludible. Nos resulta difícil aceptar lo azaroso, aquello que no es posible referir a otra cosa para lograr deducir qué es lo que lo produce. Se interpreta entonces el azar como un destino ya trazado y lo inesperado, leído desde esta perspectiva, se transforma finalmente en una repetición más de lo mismo.

Uno de los motivos de consulta al psicoanalista suele ser el padecimiento de esta repetición mortificante. Puede darse en el terreno del trabajo, de la amistad o en el del amor, pero el paciente dirá: “A mi siempre me pasa lo mismo”.

El psicoanálisis permite acceder a aquellas creencias inconscientes que determinan esa repetición de la que se queja el sujeto. La angustia es justamente la señal que indica la presencia de algo cuyo sentido se nos escapa. Está ligada a la noción freudiana de “trauma psíquico”, caracterizado por las huellas que deja un encuentro imprevisto con algo que no logra absorberse en el sentido común. Como lo demostró Freud, tampoco existe un trauma común, ya que para cada individuo lo traumático se inscribe en un contexto absolutamente único y singular, constituyendo la marca de lo más íntimo y desconocido del sujeto. A esta misma lógica responde el síntoma, considerado por el psicoanálisis como una formación propia de cada sujeto, cuya función es la de intentar conciliar esa singularidad con las reglas y valores que rigen en la comunidad donde vive.

La referencia a una causalidad biológica es solidaria con abordajes psicoterapéuticos que intentan reducir el síntoma a una norma de comportamiento común y previsible.

La experiencia analítica en cambio, le dejará saber a quién la atraviesa que el lazo amoroso se funda a partir de un punto de vacío irreductible. Es alrededor de ese vacío, transformado por el análisis en una potencia ligada al deseo, que se juega la chance de acceder a una nueva modalidad del amor. Lacan decía que estamos exiliados de toda posible complementariedad con el partenaire amoroso. Hay que elegir entonces y esa elección no está determinada por el destino, ni por la química del cerebro sino más bien abierta a la contingencia de los encuentros.

Digamos entonces que la experiencia analítica permite abrir la dimensión de lo contingente en la mortífera repetición de lo mismo. De esta manera alivia al sujeto del destino trazado por su neurosis volviéndolo responsable de sus actos y decisiones. Se trata de transformar lo inesperado en un acontecimiento que brinde la oportunidad de conectarse de otro modo con la vida y de asumir sin dramatismo lo que escapa a toda posible previsión. De estar en condiciones de decir simplemente: “¡Qué suerte!”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-30437-2011-09-15.html

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