Revista Lectura Lacaniana Número: XXXVIII
Lecturas Políticas

Caballeros de la guerra y cazadores de la paz. Parte II

Por Claudio Spivak
Publicado en Lectura Lacaniana: 10 diciembre, 2015


Segunda Parte:

En esta ocasión, Spivak nos trae las características del modelo estatal, en  donde el derecho internacional de Guerra clásico, permitía situar claras delimitaciones en tanto restricciones, las cuales incidían en la relativización y limitación de la enemistad. El acotamiento pulsional y un ideal de caballerosidad enmarcaban dicho contexto.

                            

Andrea F. Amendola

 

 

Lo clásico de este modelo fue la posibilidad de establecer diferenciaciones claras y unívocas. Entre ellas, constituir un dentro y fuera o una concepción de guerra y paz. En este sentido el derecho internacional de Guerra clásico instauraba un orden de precisas demarcaciones y limitaciones, por ejemplo, guerra y paz, combatientes y no-combatientes, enemigo y delincuente.

La definición acotada de la guerra remitía a las acciones llevadas a cabo por un Estado contra otro Estado, a través del enfrentamiento de ejércitos estatales y regulares. En este punto, la clara delimitación de la guerra contenía una relativización y acotación de la enemistad. El enemigo tenía un status y era reconocido como enemigo justo; no se trataba de un criminal.

La guerra, en esta orientación, tomaba como modelo al duelo, donde se enfrentaban dos soberanos, con armas, reciprocidad y caballerosidad de por medio. En ésta, los contendientes se respetaban como enemigos durante el conflicto, posibilitando y sobreentendiendo que el fin normal de la guerra era el acuerdo de paz o el armisticio.

Esta caracterización jurídica de la guerra limitada no dejaba de estar orientada por ideales de caballerosidad e implicaban un acotamiento pulsional; la limitación de la pulsión por el ideal. El mismo Schmitt reconoce una tendencia humana en considerar al enemigo como un criminal. Y la pena para el criminal es su ajusticiamiento.

Freud también se refiere a las restricciones al goce que el derecho internacional había impuesto a la guerra, restricciones en tiempos de paz, restricciones que caen durante la Primera Guerra Mundial y de donde surge la desilusión por la guerra. La práctica de la guerra, entonces, descubre las ilusiones del ideal caballeresco. Freud dirá de la guerra de 1914:

“No reconoce las prerrogativas del herido ni las del médico, ignora el distingo entre la población combatiente y la pacífica, así como los reclamos de la propiedad privada. Arrasa todo cuanto se interpone a su paso, con furia ciega, como si tras ella no hubiera un porvenir ni paz alguna entre los hombres”.

Una situación intermedia y la dificultad para definir la guerra. Carl Schmitt (1938) se refiere a una mutación a nivel del Derecho Internacional de Guerra, que continuó a la Paz de Versalles. La misma tiene como antecedentes el surgimiento de lo que denomina “guerra total”, esto es, la asociación de la “guerra en tanto acción” (las hostilidades y la acciones bélicas) y la “guerra en tanto estado de cosas (status)”, donde el enemigo existe aún cuando las hostilidades y las operaciones bélicas han cesado. Así mismo, durante la guerra total, ingresan en la contienda áreas de actividad extramilitares (economía, propaganda, energías físicas y morales de los no-combatientes).

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