Revista Lectura Lacaniana Número: XXXVII
Lecturas Culturales

“Donde mandan las mujeres” Parte III

Publicado en Lectura Lacaniana: 25 noviembre, 2015


Ricardo Coler y Carlos Dante García

Parte 3 “Si sos una persona violenta olvídate de conseguir una mujer”

C.D.G: Una cosa, el fenómeno de violencia, entre hombres y mujeres, y entre hombres o el despliegue con los niños. Nosotros estamos acostumbrados en nuestra forma de pensar que los hombres rivalizan entre ellos, el hombre tiene el fenómeno de la violencia porque rechaza en un cierto sentido, porque no puede elaborarlo simbólicamente, el goce de la mujer. Además de la violencia que se produce respecto del robo o la apropiación de cosas.

R. C: La falta de violencia es absoluta, ser violento es una cosa que yo le contaba que da mucha vergüenza. Si sos una persona violenta olvídate de conseguir una mujer. No es solamente eso, no se ven deportes competitivos violentos. No se ven hombres con mucha musculatura, no se confunde la protección, o sea un tipo que va a proteger a una mujer, con la fertilidad o la seguridad afectiva. La falta de violencia es algo que es muy subjetivizado. Vuelvo a repetir, uno puede hablar de muchas cosas y las leyes pueden existir, pero si eso no se subjetivizado de alguna manera… por ejemplo, antes de que existiera el voto femenino, supónganse que estamos en 1700-1800, se les decía a las mujeres que no podían votar y decían: “bueno”, por ahí había algún caso en que protestaban, pero la norma, lo que se pensaba, era que la mujer no podía votar.

Ahora que alguien le diga a una mujer que no puede votar, se necesita a alguien más para que la separe del cuello del que lo dice. No solamente la ley ha cambiado sino que la subjetivización de esa ley, es donde realmente produce el cambio, se ha modificado. En estas comunidades, yo creo que sí, que es muy fuerte, no existe, no hay nada. Cuando hay un conflicto entre vecinos que en general son pavadas, interviene el jefe de la aldea. La escena es así, hay un conflicto, viene el jefe de la aldea y la matriarca se para entre ellos, y los mira, el hombre llega y siempre se arregla, nunca pasa a mayores. La absoluta falta de violencia se siente en todos lados. En esa sociedad y en todos los otros matriarcados que no son puros, que no son tan puros como este que estoy diciendo. Cuando en la sociedad tiene preponderancia o hay más lugar para  lo que la mujer quiere o siente, la violencia siempre retrocede. No quiero entrar en un terreno pantanoso, no una mujer colocada en posición de hombre.

C.D. G: Nosotros tenemos una afirmación freudiana, que la violencia es constitutiva. Por lo menos, lo que Ricardo nos está transmitiendo es que lo observable en los lazos sociales es que la violencia no se produce, no se produce la agresividad. Por eso preguntaba también por los juegos de los niños, ahora vamos a eso, porque nosotros tenemos la idea y lo constatamos, que hay una dimensión de agresividad propia del ser humano, porque hay ciertas condiciones de lo que sería la constitución subjetiva en la libertad o de las cosas que se pueden hacer o no se pueden hacer.

Quería preguntarte… los niños, ¿a qué juegan? Porque en una comunidad así me imagino que no juegan a rivalizar, a competir.

R. C: Juegan a las escondidas, juegan a correrse uno a otro, juegan mucho con los mayores.

C.D. G: Pero por ejemplo, jugar a las escondidas, correrse uno a otro, no es jugar a matar. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? La significación del matar es constitutiva en la subjetividad moderna.

R. C: La cultura de ellos funciona de otra manera. Hay una cuestión muy importante con el tener porque cuando yo hablaba con ellas, y acá se producía un fenómeno diferente a lo que conté de la India. Cuando yo entraba en una casa la que me salía a recibir era siempre mujer, cuando yo interpelaba a alguien, siempre me contestaba una mujer. Cuando estuve mucho tiempo yo les preguntaba: “¿qué es lo que querés en la vida?”. Ellas decían que familia, casa y demás. Yo les decía: “¿no querés ser rica?” Ahí se producía un problema porque no me entendía lo que yo quería decir. Entonces le explicaba y yo decía “¿para qué?”, juntar y juntar… A mí me gusta que mi familia esté bien, que no le falte nada, ¿pero juntar? Es algo que ellas no pueden comprender, no les entra en la cabeza. Y dicen que la diferencia entre un hombre y un chico es el valor del juguete, de las cosas que va acumulando. Ella, sin embargo, no es algo que pueda tener en la cabeza.

Hay una manera de ejercer el poder, también muy diferente a la que tenemos los varones. El varón cuando ejerce el poder está lejos y controlado. Ellas están adentro y formando parte. Trabajan muchísimo, no digo que en otras sociedades no trabajen, pero ellas son su trabajo, desde la mañana hasta la noche. Forman parte del proyecto, ellas están ahí funcionando y poniendo el hombro todo el tiempo. También es interesante ver y escuchar qué es lo que opinan los varones. En la India yo ya me había encontrado con una sociedad de defensa de los derechos del varón, un grupo que se había armado protestando porque los chicos llevan el apellido de la madre, porque las mujeres los echaban de la casa y también estaban apoyados por la iglesia católica. No juntaban votos, eran diez tipos. Acá, en la comunidad Mosuo, en el matriarcado, los hombres están como orgullosos de  ser mandados por las mujeres. ¿Se acuerdan cómo era? El hombre vive con las hermanas, la madre, los hijos, nunca se casan, inclusive la matriarca a veces los amenaza con el casamiento. En esta sociedad dicen: “qué querés?, apenas trabajo, cambio de mujer todas las noches , y además puedo vivir con mi mamá”, (Risas). Y uno los ve, las mujeres están todo el tiempo trabajando y los hombres paveando entre ellos fumando o hablando, hasta que viene una mujer y dice: “ándate levántate y andá a hacer tal cosa”.

Son chinos pero tienen una influencia étnica muy fuerte del Tíbet. Las tibetanas son vivísimas. Los monjes son vivísimos, en algunos monasterios del Tibet, los monjes reciben a las turistas, especialmente mujeres, donde se  arman algunas fiestas místicas, (Risas), donde ellas van a encontrarse consigo mismo y de paso, (risas) de paso con el monje.

Print Friendly

Deja un comentario