Revista Lectura Lacaniana Número: XXXVII
Lecturas Científicas

Psicoanálisis y ciencia. Parte I

Por Andrea Hellemeyer | Bogotá, Colombia
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 noviembre, 2015


Andrea Hellemeyer, Psicoanalista argentina, residente en Bogotá. Asociada a la NEL-Bogotá, Miembro de La Antena Infancia y Juventud de Bogotá. Docente e investigadora en Ética y Valores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana en Bogotá. Autora de varios artículos relacionados con el tema y autora en el libro de reciente aparición: Destinos del testimonio: víctima, autor, silencio.

La autora   realiza una articulación posible entre  ciencia, religión y psicoanálisis. Hará un contrapunto entre lo que desarrolla Freud y Lacan.

La cuestión concerniente a Dios, Freud  la deja de lado porque Dios mismo escapa a cualquier racionalismo, no así con la fe, se pregunta: ¿Cómo es posible creer en Dios? Allí donde el saber falta, se erige la fe. A mayor ininteligibilidad mayor es el dogma.

Freud aborda el origen de la religiosidad en Totem y Tabú, estableciendo la tesis de Dios en tanto padre idealizado. Lacan, por el contrario, se preguntará; ¿Cómo es posible no creer en Dios? en el afán de darle sentido a todo, garantizaría su éxito.

En relación a la ciencia, Freud sostiene el anhelo de que el propio psicoanálisis  lo sea, en tanto Lacan no se interesa por este ideal,  indicando que tampoco existe para el psicoanálisis una ciencia ideal.

 

Angela Vitale

 

 

En el presente escrito abordaremos una cierta articulación posible entre ciencia, religión y psicoanálisis.

En la obra freudiana encontramos el abordaje del vínculo entre ciencia y religión en diferentes escritos. Resulta interesante advertir, antes de adentrarnos en el análisis de dichos textos, que la cuestión concerniente a Dios -como tal- es un problema que Freud explícitamente deja por fuera de su campo de interés en la medida que el problema mismo de Dios escapa a cualquier racionalismo.

Dirá Freud, que en tanto no es posible obtener una prueba de su existencia, el tema de Dios no resulta un objeto de estudio pertinente al método racional de investigación. Sin embargo, agregará, no ocurre lo mismo con la fé. En la medida en que ella es racionalmente constatable, Freud se ocupará de ella.

La pregunta que Freud se hace, podría formularse en los siguientes términos: Cómo es posible creer en Dios?

En El porvenir de una ilusión [1927], Freud vaticina que la ciencia triunfará sobre la religión, estableciendo de este modo una diferencia taxativa entre la razón científica y la fé.

La fe religiosa se produce en el punto de falla del saber, donde el saber falta es allí donde se erige la fe. Es decir, a mayor ininteligibilidad mayor es el dogma. Así encontramos en el “credo quia absurdum” sentencia atribuida a Tertuliano, Padre de la Iglesia, un claro ejemplo de esta afirmación. “Lo creo porque es absurdo” supone que las doctrinas religiosas se sustraen de las exigencias de la razón , ubicándose, a la vez, por encima de ellas. Esta sustracción o completo distanciamiento es un punto de aproximación de las ilusiones (concepto ampliamente analizado por Freud en el texto citado), respecto de las ideas delirantes. Ambas comparten el hecho de ser indemostrables y en consecuencia también irrefutables.

La génesis de la fe, el origen de la religiosidad, es abordada por Freud en Tótem y tabú [1912] estableciéndose en este texto la tesis de Dios en tanto padre idealizado. De este modo, la añoranza al padre se encontrará en la base de la necesidad religiosa. Resulta interesante advertir el contrapunto entre diferentes escritos dedicados a esta cuestión. En el Porvenir de una ilusión [1927] la tesis hace hincapié en el primitivo desvalimiento infantil.

La vivencia de desamparo es la encargada de producir la creencia de un padre/providencia divina, capaz de atenuar la angustia ante los peligros de la vida.

Freud establece una ligazón lógica entre ambas tesis, en tanto el motivo de la nostalgia por el padre es: “idéntico a la necesidad de ser protegido de las consecuencias de la impotencia humana, la defensa frente al desvalimiento infantil confiere sus rasgos característicos a la reacción ante el desvalimiento que el adulto mismo se ve precisado a reconocer, reacción que es justamente la formación de la religión”.

Freud, establece de modo claro, el estatuto ilusorio de la fe en la medida de que se trata de una creencia motivada por el cumplimiento de un deseo. En este sentido, la religión misma es un síntoma estructurado al modo de una neurosis obsesiva en tanto se encuentra allí una verdad reprimida y una satisfacción velada.

El sujeto de la religión comete, siguiendo esta linea de pensamiento, al menos dos “pecados”:

– cobardía, por no querer saber del real que nos atañe como sujetos mortales ( la muerte, la miseria, el desamparo -en términos freudianos-).

– ignorancia: no querer saber de las pulsiones implicadas en el Edipo.

Estos “pecados” le permiten a Freud sostener la argumentación a favor de la educación laica y esclarecer la particular resistencia que ofrece el síntoma religioso al análisis.

Freud sostendrá firmemente, como argumento contra sus detractores, una concepción de la ciencia en disyunción con la ilusión propia de la religiosidad. Dirá Freud a propósito de la ciencia: …”sí sería ilusorio, en cambio …., esperar de otro lado lo que ella no puede darnos”.

En este punto resulta interesante realizar un contrapunto con la concepción lacaniana de la ciencia.

Si para Freud la pregunta se formulaba bajo los siguientes términos: Cómo es posible creer en Dios? Para Lacan, por el contrario, será : Cómo es posible no creer en Dios?

En El triunfo de la Religión, en la entrevista del año 70´ que se le realiza en Roma, Lacan vaticina que la religión triunfará sobre el psicoanálisis. El afán de dar sentido a todo, garantizará su éxito: “ por poco que la ciencia ponga de su parte, lo real se extenderá, y la religión tendrá entonces muchos más motivos aún para apaciguar los corazones”. “La ciencia, que es lo nuevo, introducirá montones de cosas perturbadoras en la vida de cada uno. Sin embargo, la religión, sobre todo la verdadera [la romana], tiene recursos que ni siquiera podemos sospechar. Por ahora basta ver cómo bulle. “[…] Se tomaron su tiempo, pero de pronto comprendieron cuáles eran sus posibilidades frente a la ciencia. […] Y sobre sentido conocen bastante, ya que son capaces de dar sentido a cualquier cosa: un sentido a la vida humana, por ejemplo”. (p. 79).

Lacan plantea en “ La ciencia y la verdad” que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia. El descubrimiento freudiano no hubiera podido tener lugar sin la ciencia moderna.

Ahora bien, cuál es la concepción freudiana de la ciencia? J.C. Milner, en La obra clara señala que la teoría de la ciencia en Freud reside en lo que se acuerda en denominar “el cientificismo de Freud “, asunto que hemos mencionado anteriormente y del que los textos anteriormente citados dan profusas pruebas. Este cientificismo no es mas que el asentimiento que Freud otorga al “ideal de la ciencia” Ese ideal sostiene el anhelo freudiano de que el propio psicoanálisis lo sea.

En este punto encontramos una disyunción en la perspectiva lacaniana de la ciencia. Lacan no se interesa por este ideal de la ciencia para el psicoanálisis. Indicará: “tampoco existe para el psicoanálisis una ciencia ideal”.

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