Revista Lectura Lacaniana Número: XXXIX
Lecturas Psicoanalíticas

"Los primeros pasos del análisis". Parte IV

Por Carlos Dante García | Causa Clínica, Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 enero, 2016


¿Cómo comienza a tomar  forma el análisis cuando se va hacia el análisis  que dura?

En esta entrega, ya va tomando forma, lo real, como aquello que no se puede evitar. Recomendación de lectura de una conferencia de Lacan: Lo imaginario, lo simbólico y lo real, publicada en la página de Lectura Lacaniana: http://www.lecturalacaniana.com.ar/lo-simbolico-lo-imaginario-y-lo-real

El análisis como un doble franqueamiento, de lo imaginario a lo simbólico y de este a lo real. Como se va pasando de un análisis que comienza a uno que dura. Vacilación de los prestigios del yo. El movimiento del análisis es la muerte de lo imaginario.

Angela Vitale

 

Carlos García: Dentro de la posición del analista, que es la máxima desubjetivación, el analista no puede ponerse a llorar con el paciente, ni decir “yo pienso, yo creo”, no puede incluir su subjetividad. La primera forma de desubjetivación está en la pág. 12, que es cómo proveerle una garantía al paciente de que no va a ser juzgado por lo que dice o por lo que relata que hace. La regla analítica implica el “no juzgarás”. Va a interpretar pero no juzgar. Pág. 113, en el apartado “Transmutación de lo amorfo”, dice Miller: “La entrada en análisis tiene efectos naturales, inmediatos, benéficos, sino terapéuticos, se trata de un efecto de alivio por objetivación, es por la transmutación de lo amorfo, ustedes se convierten en una referencia”.

El paciente dice: “Quiero seguir hablando de mí”, esa transmutación de hablar de lo que a uno le pasa, implica una transmutación de lo que no tiene forma. “Vengo porque me siento mal en todos los lugares”. Es amorfo, o “vengo porque me peleo”, no habla de la pelea, no dice el contenido, es amorfo.

Lo mismo ocurre con la formulación de un síntoma. “Cada vez que tengo que ir a una reunión importante me enfermo”. No es un síntoma histérico, es amorfo, ocurren cosas en el cuerpo pero es amorfo. Alguien puede decir “me enfermo” y eso no tomó forma. Entonces, el que tome forma, el movimiento es de lo amorfo a la forma. Amorfo porque está interpuesto por lo imaginario, le llega deformado, llega bajo la forma imaginaria. Que tenga forma es que comience a tener forma significante. Que pase de lo imaginario a lo simbólico.

Los primeros pasos se caracterizan por eso, después lo vamos a ver, se llama “el primer franqueamiento”. El primer paso es que hay una transmutación de lo amorfo. Dice así: “responde a un efecto de extimidad que engendra la formalización de lo amorfo”. Cuando decimos que va tomando forma implica formalización. ¿Qué atmósfera tiene el análisis? Tiene una atmósfera de revelación, de descubrimiento. Es como si estuviéramos en el fuego artificial de la revelación. Pero por cierto tiempo. ¿Qué es lo que reemplaza a las revelaciones? La repetición.

El movimiento va de las revelaciones a la repetición. Esa primera parte es la parte más canchera del analista, casi siempre, es el placer del analista, los primeros pasos es como cuando uno está con un bebé, lo va llevando de la mano…

Tienen la característica de la verdad, se van descubriendo verdades. “Es el placer del analista”. A medida que se va avanzando comienzan poco a poco los reproches del paciente: “usted no hace nada”. Comienza poco a poco a tomar forma algo que ya habíamos anticipado, lo real, lo que no se puede evitar, por eso lo imaginario y lo simbólico van produciendo cosas.

Les recomiendo una conferencia de Lacan: Lo imaginario, lo simbólico y lo real. De 1953, en la cual Lacan representaba la experiencia del análisis en función de los  tres registros. Un sueño, por ejemplo, es la imaginarización de lo simbólico. Pág. 119: ¿Cómo comienza a tomar forma el análisis cuando se va hacia el análisis que dura? Es la forma de la repetición.

Estamos preparados para nuestro último paso. Van a ver que es el primero. Pág. 331 y 332 de El partenaire síntoma, dice así: “El análisis es un doble franqueamiento, el primero es el pasaje de lo imaginario a lo simbólico, segundo pasaje de lo simbólico a lo real”. El primer franqueamiento, dice así: “Es un desvelamiento de los prestigios del yo, que hacemos vacilar”, se hacen vacilar los prestigios del yo. Uno no es como pensaba que era.

No coincide lo que uno quiso decir y lo que uno dijo. Que uno comienza a hablar de cosas que producen vergüenza, asco, repugnancia y preferiría no hablarlas, no decirlas. El yo empieza a caer, ¿qué ocurre? Es lo que el analista debería seguir línea a línea, hacemos vacilar los prestigios del yo “para que aparezca de manera más pura la instancia del sujeto como falta en ser”.

Hay una falta en ser, que no es pura, ¿cuál es la falta en ser? Es toda la queja yoica del paciente, toda su descripción de lo que no puede, su impotencia, todos los “no puedo”, esa es una falta en ser imaginaria. “El jefe me dijo que trajera café a la reunión y yo soy secretaria, no una sirvienta”, es estar dividida de forma imaginaria, no significante.

La mayoría de la gente vive de manera imaginariamente dividida. Vive de esa forma. Dividamos dos partes. La falta en ser yoica de la falta en ser del sujeto. La falta en ser yoica es menos pura, está atravesada por todo lo imaginario. Mi inconsciente empieza a interpretar “me está tratando como sirvienta”, o día feliz de un feriado, la parejita está feliz porque no tienen que hacer nada, ella va a preparar una linda salsa de pastas, resulta que se olvidó el queso y le pide a él que vaya a comprar el queso.

A Él no le gusta nada, empieza la tensión imaginaria de la comparación, hasta que él harto le dice: “no me rompás…”

Quiere decir que la demanda de la mujer amenaza sus pelotas, entonces ese hombre es un impotente con la mujer. Por supuesto va a comprar el queso, sino más o menos está al borde del divorcio. No solo empiezan a discutir por el queso, sino por todo lo que ella hace y él no hace. La incidencia de lo imaginario es eso. La salsa se empieza a quemar, es así.

Ella cuando va a análisis, ¿qué dice? “Yo esperaba otra cosa, yo no sé cuántas pastas más voy a aguantar”. Es la incidencia de lo imaginario en lo simbólico. Son las palabras que vienen de la clínica. Es lo que Freud ubicaba del lado de la mujer, la angustia de no ser querida, y del lado del hombre el miedo a la castración. Cada uno en forma imaginaria repite esa estructura. El pasaje de lo imaginario a lo simbólico implica que se pasa de una forma de falta en ser impura a una falta en ser más pura. Hay una falta en ser que corresponde al sujeto.

Supongamos que él va a análisis y el analista le dice: “Siempre la misma amenaza sobre sus pelotas, cada vez que su mujer le dice algo”, después dice que él siempre quería tener la pelota en los partidos de fútbol. Se pasa de una pelota a otra pelota. Ahí estamos en el movimiento de significantes. Ahora, cuando se produce este franqueamiento, al mismo tiempo se produce la instancia del gran Otro, se desprende de la multiplicidad de pequeños otros.

Cuando se produce este franqueamiento pasamos a esta relación.

Se desprende de la relación con la esposa. El movimiento del análisis es la muerte de lo imaginario.

Así lo va a decir. La muerte es el nombre de este franqueamiento. Hace falta morir en lo imaginario para asumir su falta en ser a nivel de lo simbólico.

Lacan emplea explícitamente la expresión “muerte de lo imaginario o muerte del yo”. Va a decir en la primera forma de plantear el final del análisis, en Variantes de la cura-tipo, que el final del análisis es la muerte del yo, el final del yo, que es equivalente a la desubjetivación, para ocupar el lugar del analista.

Quiero que capten que el gran Otro no es una entidad abstracta, es lo que se desprende como cadena significante a partir de la división del sujeto. Pasar de pelotas en plural a pelotas en singular. El pasaje en el análisis es pasar de estar quejándose del otro y pasar a tener una relación con las cadenas significantes. No bajo la forma de la historia.

Es un error conceptual grave, hablar de la familia, de la historia de uno, no… asociando libremente. Entonces, eso es lo que llama “atravesamiento de lo imaginario a lo simbólico”, cuando entramos en la dinámica del movimiento implica un franqueamiento. Eso puede ocurrir en algunas sesiones.

Pág. 345-346: “En la experiencia se da el sujeto la libertad de decir todo lo que quiera”, es la formulación de la regla analítica. Pero “el sujeto es conducido de manera irresistible a repetir lo mismo”. La repetición no es lo mismo que la repetición de lo que se evita. No es lo mismo quejarse de decir que a uno le pasa lo mismo, eso no es la repetición.

Vamos a ver qué es la repetición a partir del franqueamiento de lo imaginario a lo simbólico.

Hay una repetición que tiene que ver con lo imaginario y otra con lo simbólica. “Lo mismo emerge en la palabra del analizante a partir de la producción de una diversidad aparente, el paciente tiene la libertad de decir lo que quiera, va apareciendo lo mismo”.

Entonces, Miller va a dar un ejemplo de esto, de un hombre que se relaciona con diversas mujeres, y de pronto el paciente va captando que esas mujeres tienen el mismo rasgo, dice así: “A través de la maravilla de la experiencia analítica, aparece que las tres presentan el mismo rasgo, las tres historias pueden superponerse y los acontecimientos presentan la misma estructura, de este modo la repetición conduce a una operación reducción que es una formalización, llamamos rasgo al resultado de esta formalización, que permite, que presenta y que incluso elabora la repetición”.

El rasgo no es algo que viene desde antes, se produce en la experiencia del análisis al resultado de lo que se elabora de la repetición.

Por eso Freud hablaba de “recuerdo, repetición y elaboración”, es la elaboración lo que produce el rasgo, no es el contar la historia de las mujeres, sino que esas mujeres tienen una característica en común.

Es un pasaje de lo imaginario a lo simbólico. Dice así: “¿Cuál es el rasgo en común de estas tres mujeres? Se trataba el rasgo que de la fidelidad el sujeto nunca estaba seguro por razones diferentes, pero todas alimentaban en él una duda de su fidelidad, parecía determinante en su elección de objeto, por más que fueran diferentes mujeres, las tres tenían el mismo rasgo”.

El sujeto no dice: “me es infiel”, la infidelidad es el rasgo-resultado de la intervención del analista. “Me dice que quiere salir con amigas el sábado a la noche”, no dice “me es infiel”. No llega a decir el mensaje que viene del inconsciente. “Me dijo que iba a estar en tal lugar a tal hora, llamé y estaba apagado”, no es que trabaja en un cabaret, es lo imaginario que se presenta atrayendo el mensaje del inconsciente.

Lacan dice que los analizantes tratan de analizarse, son los analistas los que no escuchan, ¿se entiende? Mensaje prohibido y desconocido.

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