Revista Lectura Lacaniana Número: XXXIX
Lecturas Culturales

"¿Qué nos enseñan los textos de Beckett?" Parte I

Por Zacarías  Marco | Madrid, España
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 enero, 2016


En esta oportunidad les acercamos una conversación que el escritor y psicoanalista español Zacarías Marco, explora del universo de discurso  de Samuel Beckett, extendiendo este dispositivo, a las afinidades o desencuentros con James Joyce, Maurice Blanchot, Willian Faulkner y particularmente con Jacques Lacan.

Esta conversación se publicará en tres entregas.

Parte I: que puede decir o dice el psicoanálisis de orientación lacaniana sobre los textos de Beckett y que nos enseñan y podemos aprender de ellos.

Zacarías Marco, destaca la escasez de trabajos de la obra de Beckett escritos por analistas lacanianos y menciona, antes de adentrarse en las referencias que da Lacan, entre otros a Nguyen, que investiga la perforación de Beckett en la palabra y su consagración a las voces fundamentales como un trabajo sobre el real lacaniano. Nguyen lee a Beckett investigando modalidades de repetición en la psicosis y sugiere pensarlo del lado de la melancolía.

Merece una mención especial Kaltenbeck,  que cruza los problemas de la clínica lacaniana con lo que puede aportar Beckett al psicoanálisis: su trabajo sobre los equívocos, la desconfianza hacia el lenguaje, la no relación sexual, la escritura como síntoma en acto ante la necesidad de un relato que calme.

Menciona tres referencias directas de Lacan y del lugar que este le otorga, como dominante en su época, como salvando el honor de la literatura.

Se destaca la afinidad entre la escritura de Beckett y el tratamiento de los restos, de los residuos con el desecho que es el objeto a, posición del analista.

Para terminar este parte, se puede decir que la conceptualización que hace Lacan previa al sinthome es coincidente con la vía de Beckett.

 

Angela Vitale

 

T : ¿Qué puede decir (o que dice) el psicoanálisis de orientación lacaniana sobre los textos de Beckett?

ZM : Esta pregunta me parece que exige un cierto desarrollo. ¿Qué nos enseñan los textos de Beckett? ¿Qué podemos aprender de ellos? Lo primero que me parece destacable es la sorprendente escasez de trabajos consagrados a la obra de Beckett escritos por analistas lacanianos, al menos hasta fechas muy recientes. Creo que no he leído nada con fecha anterior a 2005. A partir de ese año se ha producido un cierto viraje. Coincide con la fecha de la publicación del Seminario 23 de Lacan, por lo que es bastante probable que el impulso a escribir textos sobre Joyce haya arrastrado también los –no obstante, todavía poco numerosos– estudios sobre Beckett.

A partir de esa fecha diferenciaría entre aquellos artículos breves, o conferencias, que tienen un carácter introductorio y donde en general se aborda a Beckett junto con otros escritores, de aquellos trabajos en profundidad escritos por analistas atravesados de manera particular por la lectura y el estudio de Beckett. Podríamos señalar como pertenecientes al primer grupo una conferencia de Leonardo Gorostiza, Una letra sin más allá, de finales de 2005, o un artículo más reciente de Alejandra Eidelberg, Lacan, lector de Borges y Beckett, trabajos sugerentes pero necesariamente parciales dada su limitada extensión.

Pertenecientes al segundo grupo colocaría los trabajos de Franz Kaltenbeck (La psychanalyse depuis Samuel Beckett; Le symptôme en acte y L’extase déchiffrée) y los más recientes de Albert Nguyên (Les clefs de lalangue: Beckett, Cixous, Joyce et… Lacan; Beckett, le kioukanko-man y L’épasseur de langue essorée, Beckett).

Sólo he leído de Nguyên el primero de ellos, donde investiga la perforación de Beckett en la palabra y su consagración a las voces fundamentales como un trabajo sobre lo real lacaniano. Nguyên lee a Beckett investigando modalidades de repetición en la psicosis y sugiere pensarlo –creo que algo precipitadamente– del lado de la melancolía, a partir de la marca de un fracaso originario, algo que quedará siempre como la expresión de un invivible que a la vez está condenado a no poder prescindir de la vida. Pero son los trabajos de Kaltenbeck los que me parece que merecen una mención especial.

Kaltenbeck hila con extraordinaria finura las posiciones artísticas de Beckett –centradas en la emergencia de lo traumático– con las vivencias y recuerdos de Beckett, algo que hace tocando el texto sin apenas condicionamientos previos, como gran conocedor de su obra que es; en definitiva, leyendo a Beckett.

Y lo hace cruzándolo con los problemas de la clínica lacaniana, muy atento a lo que Beckett puede aportar al psicoanálisis: su trabajo sobre los equívocos, la desconfianza hacia el lenguaje, la no relación sexual, la escritura como síntoma en acto ante la necesidad de un relato que calme… valga como ejemplo el nexo que propone entre la lectura que le hacía su padre para calmarlo cuando era chico con el cuento El calmante, una relación con la producción del relato, con su exigencia incluso, algo que, como sabemos, atraviesa todo Beckett.

Por otro lado tendríamos las aportaciones de pensadores, no analistas, pero atravesados también por el psicoanálisis de orientación lacaniana, sean críticos literarios, lingüistas, filósofos, etc. Recogeré también alguna de éstas aunque no entraré aquí en aquellas otras (Alain Badiou, Llewellyn Brown, Slavoj Žižek) que excedan el interés clínico. ¿A qué puede ser debida dicha escasez, máxime teniendo en cuenta el volumen ingente de trabajos sobre Beckett realizados desde los más diversos ámbitos? La justificación –me temo que bastante sintomática– parecería provenir de la paralela escasez de referencias directas que Lacan dedica a Beckett. Se hace un poco inevitable referirse a ellas.

Trataré de entretejer a partir de ahí algunas cuestiones teóricas de la clínica. Contamos con al menos tres referencias directas: aparte de una mera alusión a Esperando a Godot en 1956, existe otra en la primera clase del Seminario 16, a finales del 68, y una tercera, el 12 de mayo del 71, que es la más comentada y que sería recogida en su texto Lituraterre.

Lo primero que sorprende es el contraste entre dicha escasez y el lugar mayúsculo que en ellas Lacan le otorga: en el año 68 deja caer que el genio de Beckett domina su época y tres años después va más lejos todavía al afirmar –al tiempo que lo coloca como su compañero de viaje– que Beckett salva el honor de la literatura (un año después, en L’Etourdit, se expresará en los mismos términos sobre Heidegger, salvando en su época el honor de la filosofía).

Tanto en el 68 como en el 71 el desencadenante inmediato ha sido el mismo, la referencia al cubo de basura (poubelle) y a la publicación (poubellication), lo que remite por un lado al juego joyceano entre letter y litter, entre la letra y la basura, y por otro al objeto a lacaniano. Contamos con un buen trabajo (Lacan with Beckett) de Suzanne Dow, una joven doctora en lenguas modernas y literatura francesa fallecida trágicamente hace dos años, donde desarrolla las implicaciones de ambas referencias.

Como es de fácil acceso me remito a él, pero sí me interesa destacar que su motivación es la no inclusión de Beckett como socio silencioso de Lacan en el libro que editó Žižek en 2006, The Silent Partners. Dow añadirá no sólo la necesidad de incluirlo en esa lista de Lacan sino también en la lista de Joyce. La lectura de este artículo, a pesar del sesgo de estudio académico, que echa de menos lo que ahora llamamos una orientación desde lo real, me parece de gran utilidad.

Intentaré vincularlo con una perspectiva más transversal, no sólo la del Lacan de esos años, para ver cómo podrían ser afectados a partir del estudio de los textos de Beckett problemas teóricos fundamentales. Me refiero al lugar del analista, al final de análisis y al tratamiento del síntoma.

Como no podía ser de otra manera se suele destacar la afinidad entre la escritura de Beckett, el tratamiento de los restos, de los residuos, con ese desecho que es el objeto a. Esto es, sin dudas, capital. Partiendo de ahí, el hermanamiento entre Lacan y Beckett se amplía también, como lo recordaba Évelyne Grossman en su artículo Il n’y a pas de métalangage (Lacan et Beckett), al discurso de la equivocación, del fracaso, del malentendido y de la denegación, algo que afecta incluso a lo que podría considerarse una obra. Beckett reduce la escritura al movimiento constante de agujerear la presencia, haciendo borde a un agujero en el saber, como apuntaba Alejandra Eidelberg.

Asistimos al trabajo que se abre desde la asunción del no saber / no poder sobre el borde de lo imposible y que se sostiene en una idea de artista, según expresara Beckett en su juventud, como aquel que se atreve como nadie a trabajar con el fracaso. Esta posición, de una radicalidad extrema, me parece por entero coincidente con la que Lacan sostiene sobre la posición del analista. Va de suyo, por tanto, que ambos compartan también una idea de sujeto absolutamente descentrada, fragmentada, innombrable-  en expresión de Beckett.

Decimos que el recorrido de un análisis aísla la matriz de goce con la que sostenemos nuestra existencia para confrontarnos con eso indecible que somos, con nuestra basura, produciendo una variación, una suerte de desprendimiento que nos libera del peso de las determinaciones del inconsciente.

Ésta vendría a ser la primera conceptualización del final de análisis (atravesamiento del fantasma) que Lacan elabora en las fechas de las referencias a Beckett. Desarrolla entonces el lugar del analista como el del objeto a, una posición orientada por el goce del sujeto y no por la relación transferencial del analizante con un supuesto saber. De esta manera se permitiría el surgimiento de aquellos significantes primordiales por los que el sujeto se hace representar, aquellos que determinan su inconsciente sosteniendo su padecimiento sintomático. Son años de intenso trabajo hacia una nueva noción de síntoma que se irá abriendo paso al tiempo que Lacan se introduce en la teoría de los nudos, donde terminará buscando apoyo en el hacer de Joyce a mediados de los años 70.

De su mano alumbrará el concepto de sinthome, que vendrá a modificar la rigidez de la clínica estructural previa. Pareciera entonces que Lacan abre y profundiza la vía Joyce y no la de Beckett. Bien, de acuerdo, pero aun siendo esto cierto, podríamos introducir algún matiz dado que toda la conceptualización lacaniana previa al sinthome es coincidente con la vía Beckett.

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