Revista Lectura Lacaniana Número: XXXIV
Lecturas Culturales

Transplante de Lengua III

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 19 agosto, 2015


En esta ocasión, Silvia Hopenhayn nos acerca el cuerpo, ese que Simón grabó con un arabesco, cuando creía que su cuerpo era sólo suyo. Un corazón en otro cuerpo, un corazón otro, el de un cuerpo sin corazón. Sobre ello, finaliza Silvia recomendando un ensayo  autobiográfico de Jean-Luc Nancy, el cual nos permitirá captar cómo, aún post mortem, todo cuerpo tiene algo de intruso.

                                                             

 Andrea Amendola

 

 

La cuestión es el cuerpo

Como se dijo al principio, la novela de Kerangal plantea la pregunta por el cuerpo, su posesión y el despojamiento. ¿De quién es el cuerpo de Simón si éste ya no lo habita? Ya no se trata de “quién” es esa persona sino “qué” órgano vive en ese cuerpo. Lo orgánico no expresa su deseo… ¿o sí? Kerangal acude a una marca en el cuerpo, su última palabra, lo imborrable y sin trasplante, la última señal, ¿simbólica?, impresa en la piel: el tatuaje. Simón tenía un tatuaje maorí en el hombro.

Y el tatuaje es lo último que aparece en su cuerpo sin corazón, remodelado para la entrega de Simón al Limbo (el nombre no es casual, Simón Limbres): “Thomas lava el cuerpo, sus movimientos son apurados y sueltos, y su voz que canta se sustenta en el cadáver para no desfallecer y se disocia del lenguaje para asentarse, se libera de la sintaxis terrena para situarse en ese lugar exacto del cosmos donde se cruzan vida y muerte: la voz inspira y espira, acompaña la mano que revisita por última vez el modelaje del cuerpo, reconociendo cada pliegue y cada espacio de piel, y por último el tatuaje, a modo de espaldarcete, ese arabesco de un negro esmeralda que Simón se hizo grabar el verano en que se dijo que su cuerpo  era sólo suyo, que se cuerpo expresaba algo propio…Thomas reconstruye la singularidad de Simón Libres, lo propulsa a un espacio post mórtem que la muerte ya no alcanza, el de las mitografías, el del canto y la escritura.”

 

Las últimas páginas de la novela sobrevuelan el cuerpo de Claire, la receptora del corazón de Simón. Pero así como Flaubert le dedica muchísimas páginas a la agonía y muerte de Madame Bovary y a Charles, su marido, lo mata en poquísimas líneas, Kerangal también decide que su personaje “receptor” no es la parte que importa.

Al menos en esta novela. Para adentrarse en el cuerpo del que recibe, se recomienda la lectura del ensayo autobiográfico de Jean-Luc Nancy, “El intruso”. Título que ya es un nombre.

El nombre de un cuerpo.

 

Silvia Hopenhayn

Print Friendly