Revista Lectura Lacaniana Número: XXXIII
Lecturas Políticas

Capitalismo sin padre II

Por Jorge Alemán
Publicado en Lectura Lacaniana: 12 julio, 2015


En la segunda entrega, Jorge Alemán se refiere a la ciencia, afirmando que para que funcionen las estrategias de la ciencia el sujeto del inconsciente es necesariamente rechazado. Lo compara con la técnica en la técnica dirá,  el sujeto no existe.  Si la ciencia forcluye al sujeto, el capitalismo forcluye la castración según Alemán.

Va a homologar el discurso capitalista con la técnica. La ciencia con la producción de objetos de la técnica van a tapar el vacío en el que el sujeto queda excluido y por lo tanto se pone al servicio de la acumulación del capital.

La pregunta sería, ¿esta producción de objetos de consumo llegan a velar el vació subjetivo?

 

Florencia Vidal Domínguez.

 

 

Fabricación de cadáveres

El campo científico, en su estructura epistemológica, en las construcciones de su objeto, debe presentar un límite relativo al saber que se propone elaborar: cada ciencia es un saber de esto o de aquello. Es precisamente en relación a este límite que el psicoanálisis puede constituir su campo teórico y clínico.

El psicoanálisis no es una ciencia, no por un déficit epistemológico, sino porque se ocupa de una materia distinta, que se estructura con la lengua y da lugar al sujeto del inconsciente. El sujeto del inconsciente es un límite interno de la ciencia; se sostiene en un espacio “éxtimo” (exterior e íntimo) en relación a la ciencia. Para que funcionen adecuadamente las estrategias de la ciencia, el sujeto es necesariamente rechazado ciencia moderna existe a condición de que el sujeto del lapsus, del sueño o del fantasma se mantenga en exclusión (interna) respecto del discurso científico.

La técnica, por el contrario, no tiene sujeto. En la técnica, se trata de un ámbito de apropiación de los “saberes de”; una apropiación al servicio de una voluntad que como afirma Heidegger, no puede dominarse ni por “superioridad y soberanía humana” ni por ninguna entidad moral. A la técnica ni siquiera la limita la guerra y su devastación. La técnica es un ámbito de apropiación, que una vez que captura a los saberes de la ciencia moderna, los integra en un nuevo proyecto que se caracteriza por ser capaz de reunir al sujeto cartesiano con la voluntad de poder nietzscheana realizando algo sin precedentes: una voluntad acéfala y sin límite.

La técnica es la introducción de lo ilimitado. La ciencia tiene como límite aquello que necesita excluir para lograr su propia constitución como ámbito; la técnica ni incluye ni excluye, no se refiere a límite alguno.

Introduciendo lo ilimitado en la escena del mundo, el mundo se vuelve el lugar donde los saberes y prácticas se convierten en campos de maniobra de la técnica. Como señaló Heidegger en 1938, ya no hay imagen del mundo porque el mundo ha devenido imagen.

Esta metamorfosis de la ciencia, donde lo ilimitado pasó a modular la era de la civilización, tuvo lugar en una determinada secuencia histórica. ¿Cuál fue el primer signo donde la técnica irrumpe en el paisaje histórico de la ciencia moderna? Esta provocación dirigida al ser para que entregue hasta lo más íntimo y nuclear de la propia vida humana tuvo su primera emergencia moderna en la Shoah. O tal, como lo dice Heidegger, siendo él mismo partícipe de la infamia, “la fabricación de cadáveres”. La fabricación de cadáveres, en su planificación burocrática y serial, es la operación a través de la cual la voluntad ilimitada hace su ingreso en el mundo. La expresión “solución final” no expresa un límite: por el contrario, hace referencia al acto que, por su carácter ilimitado, no puede participar de la historia. No se sabe aún si la humanidad podrá reponerse de semejante ingreso de lo ilimitado.

El discurso capitalista, en su homología estructural con la técnica, elimina la distancia entre el sujeto, la verdad, el saber y la producción. La técnica no es un hecho histórico o una secuencia que vendría a continuación de la ciencia, al modo de una consumación macabra de la misma.

Es un empuje que impulsa a la ciencia hacia el dispositivo del discurso capitalista. Y, recíprocamente, es la manera en que el capital se apropia para su propio fin del espacio –verdad, sujeto, producción, saber–, destruyendo su límite.

La fuerza material de la técnica se hace sentir en todo su alcance en la mitología científica actual y su campo de maniobras: máquinas militares introducidas en el cerebro, fármacos que destruyen la capacidad intelectual del enemigo, interrogatorios a detenidos con un escáner que puede mostrar la “verdad objetiva” o la “intención implícita no dicha”, prótesis cerebrales que transformarán al soldado en cyborg, interfaz entre cerebro y máquina, conexión de todos los cerebros a un sistema central y corporativo, cerebros estropeados por el estrés, el pánico, la depresión o la hipermotilidad, cerebros atrapados en una red en la que ya no pueden estar a la altura de sus funciones. Tanto la técnica como el discurso capitalista se presentan como un Saber absoluto, como un fin de la historia consumado. Como si el carácter contingente del capitalismo, en su realidad histórica, pudiese ser naturalizado y esencializado de tal modo que ya no sea posible concebir su exterior.

El Occidente desarrollado y Europa en particular se encuentran con su final. Sobre este final, distintos pensadores ensayaron un diagnóstico anticipado.

Marx, indicó cómo la lógica del capital y el “fetichismo de la mercancía” iban a producir en la realidad tal dislocamiento que “todo lo sólido se desvanecerá en el aire y se hundirá en las aguas heladas del cálculo egoísta”. Freud mostró cómo la civilización iba a intensificar sus exigencias de renuncia en los sujetos, al servicio voraz de la pulsión de muerte. Heidegger, anunció que la metafísica europea desembocaba en una “objetivación y emplazamiento” de la existencia humana que terminaría uniformizando al mundo como imagen. Lacan, a partir de su teoría del sujeto en relación con lo real, concluyó que el nuevo malestar del capitalismo se definiría como una inédita extensión de la lógica del campo de concentración y por el aumento incesante de nuevas formas de segregación. Marx, Freud, Heidegger y Lacan constituyen otro modo de pensar lo político, por fuera de la racionalidad neoliberal que es la metafísica dominante del capital.

* Psicoanalista. Texto extractado de “La metamorfosis de la ciencia en técnica: el discurso capitalista”, incluido en Conjeturas sobre una izquierda lacaniana (ed. Grama).

 

Artículo extraído de “Página 12” del Jueves 18 de Junio del 2015.

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