Revista Lectura Lacaniana Número: XXXIII
Lecturas Científicas

Ciencia, Medicina y Psicoanálisis VII

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 julio, 2015


Ciencia, Medicina y Psicoanálisis VII

Psicoanálisis, intervenciones sobre la ciencia y la medicina

 

Continuación:

 

7-¿Qué significa y qué es que un cuerpo está hecho para gozar? Para Freud el placer está definido como la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, aquello que nos detiene necesariamente en un punto de distancia muy respetuosa del goce. Lo que Lacan llama goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Hay goce en el nivel donde empieza a aparecer el dolor. El deseo es el punto de compromiso, en la escala de la dimensión del goce, en la medida en que en cierto modo permite llevar más lejos el nivel de la barrera del placer, pero éste es un punto fantasmático.

En 1946, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conceptualizó a la salud como “un completo estado de bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o incapacidad”.

Esta definición iguala salud con felicidad. Podríamos decir que define a la salud mediante y acercándose al principio del placer: tendencia a la disminución de toda tensión o displacer.

Pero hay algo en ésta definición que Javier Cartelle señala muy bien: “La definición de la OMS aparentemente estaría alejada de la realidad pero no es así, ya que recoge una tendencia creciente consistente en “medicalizar” lo normal. Si uno no se siente feliz es que algo falla en el organismo. Línea de medicalización progresiva en la que se rechaza el goce del cuerpo y la enfermedad no es consustancial al hombre, a su organismo, a su naturaleza, sino algo añadido al hombre. La forma en que la ciencia rechaza el goce del cuerpo es muy evidente y al mismo tiempo sutil, casi imperceptible.

El mercado farmacéutico permanentemente juega con la diferencia entre tener una enfermedad y ser un enfermo ya que si se tiene una enfermedad esto va asociado a una posibilidad de lucha, en esencia farmacológica, contra ello. Por ejemplo, ya un hombre no dice soy impotente sino que se tiene un síndrome de disfunción eréctil tratable. Ya no hay niños vagos o desobedientes sino niños que tienen un déficit de atención tratable. Ya no hay mujeres anestesiadas sino que tienen una disfunción vaginal o del clítoris. En cualquiera de los tres casos se trata de alejar la posibilidad que en el ser de cada uno participe el inconsciente y por lo tanto haya un goce en la impotencia, en la vagancia o en la anestesia.

8-La posición del psicoanalista es la posición que puede ocupar, no la ocupa de por sí, pero es actualmente la única desde donde el médico puede mantener la originalidad de su posición de siempre: la de aquel que tiene que responder a una demanda de saber.

¿Cómo puede hacer eso? Lacan es muy preciso: “ Aunque sólo se pueda hacerlo llevando al sujeto a dirigirse hacia el lado opuesto a las ideas que emite para presentar esa demanda”

 

Continua…

 

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