Revista Lectura Lacaniana Número: XXXII
Lecturas Culturales

Trasplante de Lengua

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 14 junio, 2015


Trasplante de Lengua

En este escrito, Silvia Hopenhayn recorre los puntos claves de la novela “Reparar a los vivos”. Arroja luz sobre el lugar de la reanimación, justamente en el litoral anegado entre la ciencia y el lenguaje, en donde el cuerpo deviene habla. Asimismo, nos atraviesa con preguntas que tocan la matriz de la existencia , provocando un movimiento pendular que va de la vida y lo que sucede imprevistamente, hacia un nuevo modo de ser, en la agitación misma de la carne que late.

El transplante de corazón es el tema elegido por la autora del libro, Maylis de Kerangal, y en el corazón del mismo reside algo de lo no dicho por Kerangal, y Silvia lo destaca como aquello autobiográfico que “detonó” su necesidad de escribir. Señala como la lengua adviene cuerpo viviente y cómo hay un “golpe de estado simbólico” del cerebro al corazón.

Dice Silvia “Simón Libres encontrará la muerte” y será, desde ese encuentro contingente, que la ficción hará lugar al latido, en un cuerpo que ya no se tiene.

 

 Andrea F. Amendola

 

 

“Reparar a los vivos” es una novela que renueva el lugar de la muerte y el de la posesión de un cuerpo. ¿Qué cesa al morir? ¿Cómo se “diagnostica” la muerte? ¿Continúa siendo patrimonio del corazón dar el último veredicto? ¿Es realmente el órgano vital por excelencia? ¿O su excelencia, el corazón, ha sido destronado…? ¿Por quién…?

La ciencia avanza pero no siempre conlleva su representación. Por eso esta novela es un enlace simbólico con un descubrimiento revolucionario: la reanimación. Pero no a la manera romántica de Frankenstein, de Mary Shelley, sino actual, cuándo se empasta la ciencia con el lenguaje y el cuerpo se dispone a hablar.

Su protagonista, justamente, se llama Pierre Révol. La “Revolución” está en su fecha de nacimiento: “P.R. nació en 1959. Guerra Fría, triunfo de la revolución cubana, primer voto de las suizas en el cantón de Vaud, rodaje de Al final de la escapada de Godard, aparición de El almuerzo desnudo, de Burroughs y de la obra mítica de Miles Davis, Kind of Blue, el más grande disco de jazz de todos los tiempos, según Révol, quien gusta de decir gansadas, alabando el año que nació.

Pero sobre todo, fue el año en que se redefinió la muerte (…) Y Révol se dice con frecuencia que le hubiera gustado hallarse en la sala durante la 23 a. Reunión Internacional de Neurología aquel día en que Maurice Goulon y Pierre Mollaret subieron a la tribuna para exponer sus trabajos.”

Maylis de Kerangal, autora de “Reparar a los vivos” (editorial Anagrama, 2015), ya habituada a construir puentes simbólicos, luego del éxito de su libro anterior, “Nacimiento de un puente” y a cierta singularidad de lo fúnebre, en “Ni flores ni coronas”, elige esta vez el lazo “real” que empalma la vida con la muerte: el trasplante de órganos, más precisamente, el de corazón.

Y construye personajes entrañables, tanto la víctima, como los familiares, amigos, cuerpo médico. La elección del tema para su novela proviene de un episodio autobiográfico, omitido en la novela, pero por ella considerado el detonador de su necesidad de escribir. La experiencia no incumbe su cuerpo, pero sí la de un ser querido que “entregó” su corazón. La forma de esta novela le llegó mucho después, como si la urgencia física de la intervención médica hubiese sido proporcional a la demora necesaria para que la novela se escribiese; como si el impacto afectivo original, se hubiese convertido en su sedimento. Forma o ficción… ¿acaso la ficción no es la forma?

Lo cierto es que la novela encuentra una lengua, no sólo para contar de una manera referencial, sino como cuerpo viviente. Una lengua que se apura, respira, traslada. El relato fluye con la velocidad de la urgencia del trasplante. La novela tiene un ritmo, que está dado por el tiempo límite que requiere el traslado del corazón de un cuerpo a otro. Por eso dura exactamente un día, menos un segundo.

La historia comienza a las 5:50 am y termina a las 4:49 am del día siguiente. Y lo primero que sucede es un accidente. “Es el inicio del día donde lo informe cobra forma: se organizan los elementos, el cielo se separa del mar, se avista el horizonte.” Simon Limbres, un joven vigoroso, se apresta a salir con sus amigos surfistas para encontrar las mejores olas del amanecer y de regreso encontrará la muerte en un accidente de tránsito. “La muerte se presenta, se anuncia…” Infarto cerebral. Y sin embargo el corazón…

Volvemos a las preguntas del comienzo, y se agrega una fundamental: ¿lo que late, vive? Vive el órgano, aunque la persona ya no esté en ese cuerpo. Pero, ¿cómo determinarlo? ¿Y entonces de quién es el cuerpo si la persona ya no está allí? En la trama de Kerangal no importa tanto qué ocurre con la persona que ya no está en ese cuerpo, sino ¿qué haría esa persona con un cuerpo en el que ya no vive?

Es tan extraño como real. De allí que la ficción sea necesaria… Como se dijo antes, el corazón, último dictamen de la vida y también del fin de la misma, garantía de muerte segura… parece que ha dejado de serlo.

El cerebro es quien decreta ahora la muerte. Kerangal lo advierte, y en su novela renueva el lema cartesiano: “En otras palabras, SI YA NO PIENSO, YA NO EXISTO. Destronamiento del corazón y consagración del cerebro; Golpe de estado simbólico, una revolución.”

Print Friendly