Revista Lectura Lacaniana Número: XXX
Lecturas Culturales

Presentación: "Macedonio -para empezar aplaudiendo" II

Por Carlos Dante García | Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 abril, 2015


En esta segunda y última parte Carlos García sigue con la presentación del libro y destaca la relación de Macedonio al  psicoanálisis a través de Liliana Heer.

El conflicto de los personajes en relación a la repetición de lo que se ha leído y la cita, el tiempo y la duración, tanto en el que escribe como en la práctica analítica. “¿Quién no sabe aún que todo lo que termina es breve?”.

Macedonio es freudiano o lacaniano? Freudiano en el agregado de siempre más y lacaniano por su creación irónica: “Fueron tantos lo que faltaron que si falta uno más no cabe”.

“Macedonio: Pruébense el salvavidas, tengan un salvavidas de bolsillo, confúndanse con el espectador, sean impuros, inconclusos, arbitrarios, recuerden que pocos tienen expectativas de epílogo, despídanse de esa promiscuidad. Nadie ignora que todo final es un simulacro”.

Para empezar  aplaudiendo…

 

Angela Vitale

 

 

En el segundo acto nos encontramos con dos novedades exquisitas. El personaje Macedonio habla por primera vez. Sus primeras palabras son: “Violetas…violetas…Y una Eterna” de la página 93. Se opone a lo que fue la participación de Macedonio en el primer acto en el que no pronunció palabras sino que se dedicó a afinar el instrumento, su guitarra y tocar algo. Primer acto, Macedonio y su instrumento, la guitarra. Segundo acto, Macedonio, su palabra y sus frases. ¿No son su instrumento?

En éste segundo acto es de destacar también algo que nos va a llevar al psicoanálisis. De Macedonio al psicoanálisis a través de Liliana. El primer movimiento de éste segundo acto es el rasgo de lo que es tratado por los personajes como el conflicto de lo que se genera entre la repetición de lo que se ha leído y la cita, desplegado entre las páginas 91 y 92. Es casi la reproducción de la cuestión del plagio. ¿En qué medida cuando repito cito o repito creando algo nuevo? Cuestión que concierne a la literatura y al psicoanálisis.

El tercer rasgo se puede expresar en una fórmula: ¿Cómo disolver tensiones? Es el desarrollo de un diálogo entre Macedonio y Freud. Es el momento en que aparece en Liliana ciertas cuestiones del psicoanálisis con la literatura. Luego de que Layda dijera: “La ironía azucarada mantiene vivas a las hormigas” que retomaremos de la página 96, en la página 97 Desandar pregunta: “Freud da una definición de experiencia absolutamente macedoniana, ¿la conocen?

En ese contexto El actor va a contestar en un párrafo extenso con la repetición de una frase que da con el mensaje que Liliana nos ofrece en éste caso entre literatura y psicoanálisis, lo sepa ella o no. “ El Actor: ¿Cómo entender lo que dicen?

Enmarañan las letras, impiden a los espectadores escuchar la definición que todos parecen haber estudiado de memoria alguna vez con mediano éxito neuronal. Hablan uno sobre otro: Consiste en algo así como experimentar aquello que no desearíamos haber experimentado. Consiste en algo así como experimentar aquello que no desearíamos haber experimentado”

Les señalo que es el único párrafo que se repite dos veces de manera idéntica en un contexto en el que al ofrecer la definición de Freud de experiencia dicen lo mismo aparentemente hablando uno sobre el otro.

“Experimentar aquello que no desearíamos haber experimentado” es el principio de la repetición en la experiencia del análisis: transformar el displacer en placer. Y es el principio de la ironía o del chiste en Macedonio, según a quién se tome. Para mí, es el principio de la ironía macedoniana que no es cualquier ironía. ¿Cómo disolver tensiones? Qué mayor ironía que responder con el dispositivo analítico y/o con el chiste y la ironía.

Las frases que extraigo del segundo acto son:

“Somos personajes. ¿Cómo dar lo que no tenemos?” De la página 94. Esta frase es un ejemplar de lo que enunciamos. Liliana acerca los seres del significante al psicoanálisis y producen éste fenómeno: la pregunta del y basada en el amor pero mutilada ya que le falta una parte para que sea la fórmula completa de Lacan.

“Creo que el verbo regular defrauda cualquier expectativa” de la página 94. Recordemos que el verbo regular es un verbo que posee conjugaciones uniformes sin modificar su raíz, según el tiempo o modo en que es conjugado; como por ejemplo amar. No es lo mismo que te amo que genera una expectativa. Es una exquisita ironía de la conjugación verbal que es regular, diría que es propio de  la neurosis.

“El actor en lugar de un ataque de hipo tiene un ataque de eco” de la página 99. Los ataques de hipo son causados por diversas razones: comida muy condimentada; por comer de forma rápida; por tomar bebidas frías; por emociones intensas; por fumar. En definitiva se dice que es provocado por algo que no es inherente a la función del comer, del tomar, del respirar. El eco es un fenómeno acústico producido cuando una onda se refleja y regresa hacia su emisor. Es una bella metáfora de lo que es un actor: un eco en el lugar del hipo.

Finalmente en éste segundo acto Macedonio habla para decir: “¿Quién no sabe aún que todo lo que termina es breve?”

Es una pregunta final para abrir el tercer y último acto en el que nos plantearemos una pregunta fundamental.

En el tercer acto se trata de responder a la relación que cada uno tiene con el tiempo y la duración, tanto en lo que escribe como en la práctica analítica.

En la página 105 el personaje Macedonio dice: “Un momento espectadores de fines. Todo lo que termina es breve suena demasiado claro y lo demasiado claro es altamente sospechoso y seguiría encadenando frases con la letra. Y tan dúctil para narrar y tan censurada por los doctos de la lengua siempre dispuestos a superar a Procusto imponiendo falsas reglas, acartonadas poses, falsetes desprovistos del ímpetu espontáneo y la alegría saltarina de encadenar lo que sigue al anterior pujante y apresurado gusto por decir y no decir buscando continuar.

SI ustedes me permiten, seré tan cuidadoso como tenaz en incitarlos una y otra y otra vez al siempre más: usen y abusen de añadidos, sigan el eco de mi carácter favorecido por elogios inflamados y esfumados en circulares elecciones sorprendentes muchas veces de lozanos y muchas veces de torpes intentos análogos. Fiel a mis no desmentidas maneras, voy a participar lo menos posible sin pasar a reclusión completa, así ustedes subsistirán actuando y encendiendo adhesiones con estos bellos, tentadores y acertados arrebatos de perspectivas gratísimas in sabidas”

Este discurso del personaje de Macedonio en la obra le hace decir sobre el “apresurado gusto por decir”. En éste sentido, Macedonio podemos preguntarnos: ¿es freudiano o es lacaniano?

Cosa que Liliana no enuncia pero que está en su texto. Macedonio es freudiano en el “buscar continuar”, en el a “siempre más”, en el “usen y abusen del añadido”. Estas frases contagian hacia el continuar siempre agregando algo más.

La orientación lacaniana se ha caracterizado y así lo manifiesta Lacan en varias ocasiones por la conclusión, por el desenlace, por lo finito. Por estos dos rasgos decimos que Liliana sabiéndolo o no incluye en la lectura de Macedonio éste debate. Mi propuesta es, Macedonio es freudiano por esa inclinación hacia el agregado de siempre más. En cambio es lacaniano por su creación irónica.

El otro rasgo que aparece en el tercer acto es el apartado de la Verónica del desenlace que en cierto sentido continúa lo enunciado más arriba.

Las frases más significativas para el deleite del lector y para contagiarse de su lectura:

“Solo hay tragedia por cesación del amor” de la página 110. Metáfora de la pérdida.

“Por diminuto que sea un acto, en alguna ocasión debe empezar comenzando” de la página 113. Centra la cuestión sobre el acto, cuestión tan importante para nosotros los analistas de la orientación lacaniana. En efecto, un acto implica un comienzo y una temporalidad.

“Nadie ignora que todo final es un simulacro” de la página 118. Creo que es la idea de Macedonio que consiste en sostener que no hay final. Quizás se base en su modo particular de tratar la pérdida.

Finalmente, esto no es un simulacro, llegamos a lo que Liliana dice sobre Macedonio y  quizás nadie haya dicho: Macedonio tenía tres cosas en qué sostenerse. Un instrumento, su guitarra para crear una melodía musical. Un objeto que se dice siempre lo acompañó y que aparece significativamente en la obra de teatro.

La sartén. Se dice, en las diversas biografías de Macedonio que vivía de una manera muy austera en pensiones en Once llevando con él un calentador “Primus”, una pava, una guitarra, una foto de Williams James y una sartén. El mismo objeto aparece en la obra de teatro llamando la atención a los integrantes de la obra porque “se mueve solo”, y la tercer cosa que dice sobre Macedonio es que su escritura como objeto, la de el mismo Macedonio, le permite escribir una obra de teatro haciendo de la escritura un objeto: “Macedonio para empezar aplaudiendo”.

Los invito a leer el texto de Liliana.

 

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