Revista Lectura Lacaniana Número: XXVII
Lecturas Culturales

VI Jornadas de Literatura y Psicoanálisis V

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 14 enero, 2015


Quinta entrega: “Delirio de vecindad” por Carlos D. García

 

Carlos D. García, relata un recuerdo de su infancia en donde la frontera se encontraba pincelada de amplitud y amistad, como si la vereda pudiese elongarse, generosa, esfumando los límites que mojonan una casa de otra.

Hace un tiempo, una mudanza intenta atrapar algo de esa sensación de lo amplio que amiga, suelda, confluye. Finalmente, esa añoranza deviene aprendizaje: toda frontera es un delirio de vecindad, en donde el otro no deviene amigo, deviene ajeno y, en ocasiones hostil, cristalizando en el extremo de las guerras, en las cuales Argentina se tensó con países vecinos, deviniendo en la pelea por lo que se tiene.

Desde la política de los seres hablantes, diferencia el idioma político del hacer política cada vez que se habla.

Finalmente señala una frontera entre el término asociación libre como einfall, lo que cae y el uso juguetón en la articulación de la reunión, en donde no todo se dice.

 

Andrea F. Amedola

 

 

Carlos Dante García: Hace aproximadamente cinco años, volví a un territorio, ahí tengo una casa. En mi infancia me crie en una casa en las cuales las fronteras estaban mucho más allá de los límites de la vereda, como determinaban mi casa. El territorio se perdía cinco, diez cuadras; yo iba a jugar al futbol, a la pelota se llamaba en ese momento, al campito.

Se tendía diez, 15, 20 cuadras y era amigo de todos, y dije hace cinco años: me mude a una casa, con expectativa de volver a sentir esa sensación de que uno tiene un territorio más amplio que lo que sería un departamento. Al poco tiempo se produce, del lado derecho de mi casa, una filtración y empiezo a conversar con un vecino respecto de que había que arreglar esa pared, “Le tengo que consultar a todos los demás del edificio.”, me dice, porque hay un edificio de ese lado. Llevamos seis meses de negociación hasta que por fin acordamos que yo me hago cargo de todo el arreglo para poder solucionar la filtración de agua en una vez.

Casi simultáneamente a eso, comienzo a recibir una visita frecuente en las veredas de mi casa, que son los vecinos, justamente estos vecinos tan anhelados de mi parte, que vivían a diez cuadras, pasan de diez cuadras o más lejos con sus perros y éstos hacen sus necesidades en toda la vereda. No sólo eso, en varias oportunidades me he encontrado con la gente, teniendo al perro con su soguita, cagando en la puerta, no en la vereda y me dijo conversando: “La puerta de su casa es pública.” Cuando digo una, muchas oportunidades, no una o dos.

Por supuesto, ¿qué tuve que hacer? Lo que tuve que hacer es salir a baldear o que alguien baldee en todas las oportunidades porque no me iba a pelear con todos los vecinos, cerca de diez cuadras a la redonda.

Al poco tiempo, de otra pared, de otra pared, no es metáfora esto, de otra pared donde linda mi consultorio comienza a ver humedad. Voy a visitar a la vecina que lamentablemente había muerto el marido una semana antes, y estaba de duelo, y había quedado un rottweiler, un perro feroz en la casa y no se podía pasar del otro lado de la medianera. Cinco meses esperando encontrarme a la vecina lindera. Consulta con abogados, con razón me dice: no podes pasar del otro lado de la medianera aún teniendo la intención de arreglar y mejorar la pared de tu vecina y la tuya. Es invasión de propiedad privada. Necesitas la autorización de ella.

Ya por ese entonces pensaba que lo único que falta es ocurra algo en otra pared, y ocurrió, ocurrió. Del otro lado, ¿qué ocurrió? Una vecina tiene una enredadera hermosa con pileta de natación. Por la enredadera y los movimientos habituales de las paredes que producen fisuras comenzó a filtrar también humedad. Esa vecina amaba las enredaderas, no iba a cortar un pedacito de enredadera porque estaba de su lado y se afeaba su vista. Por supuesto llegué a un arreglo haciéndome cargo de todos los gastos aunque no me correspondía. ¿Qué fui aprendiendo durante todos estos meses y estos años a partir de esta cuestión de la frontera con los vecinos?

? En primer lugar, que toda frontera es un delirio de vecindad, toda frontera es un delirio de vecindad, no sólo imaginario. Es un delirio de las intenciones del otro, de lo malos que son, de lo jodidos que son, de lo diferentes que son, que no lo tienen en cuenta a uno, que no respetan los derechos, apelando a todo tipo de regulación posible, al derecho, al psicoanálisis también para tratar de calmarse un poco y no matar al vecino.

También aprendí no sólo que la frontera es un delirio de vecindad, y lo digo no por esta anécdota que puede ser por muy buena parte compartida por algunos de ustedes, por alguna situación o por sus risas y exclamaciones. Hemos entrado en guerra por delirios de vecindad, guerras de Argentina con vecinos, con países vecinos, hermanos, por eso digo que es un delirio de vecindad, también. Aprendí que la política es una política de los seres hablantes aunque no nos demos cuenta en su forma cotidiana. Jean –Claude Milner escribió un texto que se llama “Por una política de los seres hablantes”.

Siempre lo que está puesto en juego cuando uno hace una acción, sea ciudadano, esté militando políticamente o esté en el psicoanálisis, es una política, hasta el vecino que mata a otro es una política. No una ideología política, son dos cosas distintas, por eso me interesó en la participación de la mesa que por momentos se deslizaba la cuestión política a una ideología política, o a un pensamiento político. No es lo mismo. Hay que diferenciar el idioma político con el que se pretende hacer política del hacer política cada vez que se habla y sobre todo en cuestiones de frontera.

El ser humano, es un ser humano a partir de su dimensión ética, esencialmente político, porque las cosas que hace tienen consecuencias para él y para los semejantes, por eso el ejemplo del delirio de vecindad y de los vecinos. Lo que escuché de la mesa me hizo evocar un texto de Foucault que se llama “Seguridad, territorio, población”.

No sé si lo han leído; es un Seminario de Foucault, que cuando comienza estudia la cuándo comienzan los territorios y las fronteras. Comienza cuando empiezan las ciudades y su espacio y territorio amurallado y estrecho. Comienza con la democracia, comienza cuando empieza a esparcirse la democracia y desaparecer el mundo feudal, o sea estoy agregando al tema de la frontera, el problema de la democracia y la frontera. Se empiezan a hacer territorios cuando empieza la democracia.

Surge la idea de “población” y junto con ella los problemas de seguridad con sus dispositivos. Nacen así los problemas de vecindad y de circulación.

La lengua es una frontera abierta porque en principio no se ha trasformado en un lenguaje que se llama discurso que se sostiene y soporta de las leyes sobre cómo se debe y tiene que decirse algo. Los delirios de vecindad alcanzan a la propiedad privada y a lo que se tiene. La frontera como delirio de propiedad conduce habitualmente a la pelea por lo que se tiene.

Fíjense a nivel individual el delirio de propiedad que acompaña a la condición de hombre. Muy distinta de la posición de la mujer, que es la que no tiene. Por último, lo de la asociación libre, me encantó por el uso juguetón y el uso errado.

Todo el mundo tiene derecho a opinar usando términos, jugando con ellos. ¿Se acepta lo mismo en política? Anoté acá lo que recordé de la asociación libre. La misma está basada que se llama en alemán, es el término que Freud utiliza, “Einfall”, que quiere decir lo que cae, la traducción precisa sería: lo que cae.

Lo que cae de manera imprevista como acontecimiento, como un pensamiento que no estaba en el hilado del pensamiento de lo que uno iba a decir, una palabra que no se esperaba y ahí Freud hace el término: asociación libre,” Einfall” Es muy difícil que asociemos libremente en una reunión, porque siempre tenemos un discurso de moderación, no vamos a decir todas las cosas que se nos ocurren.

Entonces la idea de la asociación libre era también, me parece plantea que hay que decir lo que se le ocurra, lo que caiga, lo que se le presente aunque sea inmoral, aunque esté en contra de su pensamiento. No es lo que se hace en una reunión sobre todo si se modera y articula.

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