Revista Lectura Lacaniana Número: XXVI
Lecturas Culturales

VI Jornadas de Literatura y Psicoanálisis IV

Publicado en Lectura Lacaniana: 13 diciembre, 2014


Cuarta entrega: “Asociación libre” por Juan Laxagueborde

Juan Laxagueborde es sociólogo, articulador de los cuatro comentarios expuestos en la mesa, titula a su labor “asociación libre”.

Intentará ensamblar las piezas que, cual esquirlas desentramadas, los comentadores provocaron desordenando en el intento de pensar, cada tema e idea, es decir, las fronteras, el contrabando, la ficción, el mito, la lengua, la deserción y la violencia.

Las palabras de la mano de Soldano son terrenos sonoros que nos habitan y que habitamos. De cerca la frontera es cruce, contrabando, de lejos, laberintos de fronteras.

Carlos D. García propaga la idea de la lengua como triunfo que atraviesa civilizaciones, en donde los relatos pretenciosos intentar advenir atemporales, míticos.

Aira sabiendo de lo ficticio del relato reescribe sacudiendo al mito.

Demitrópulos hace que la historia irrumpa en el presente, crea regiones que conoce aunque nunca las haya visitado.

En Szawrc la vuelta al pueblo, al repecto Segura advierte que volver sobre las marcas de herencias y legados conlleva una ética de la alteridad, pero Laxagueborde maraca su diferencia, para él la patria no es el otro.

De la mano de Martínez Estrada, sitúa que para sentir la frontera hay que mirar con todo el cuerpo, nuestro lugar de residencia.

Finalmente, señala que el Martín Fierro ubica los fortines como un mirador ambidiestro: la cuidad, entre mesura y barbarie; la pampa, lo desconocido en lo aterrador.

Finalmente, enfrenta al fortinero con la frontera, lo que se ve con lo inconmensurable, habitar la frontera es flotar en el propio ser fronterizo.

 

Andrea Fernanda Amendola.

 

Juan Laxagueborde: Bueno, en mi rol de articulador, mi nombre es Juan Laxagueborde, no soy psicoanalista, voy hace poco al psicólogo, soy sociólogo.

En principio, cuando empecé la carrera pensaba que era su antítesis, lo social y lo individual, una estudia lo social y lo individual, o sea algo que entra en sí y que las fronteras son imprecisas.

Yo escribí un texto tratando primero de comentar algunas de las cuestiones que los compañeros antes comentaban, porque yo estos textos los recibí por mail hace ya un tiempo, muy bien organizados por Liliana, que me ha mandando los textos, los apuntes.

Y le había puesto Entretenidos, al texto, pero mientras hablaban los compañeros que me doy cuenta que es un sintagma hermoso, que es Asociación Libre, que no sé de quién vendrá la idea de asociación libre y quién habrá sido el primer médico o psicoanalista que la habrá dicho, pero es casi una figura anarquista, la asociación libre, porque es la comunión pero con libertad interna, y eso me gusto, porque me pareció que servía para dos cosas, porque son intuiciones que me generaron los textos de mis compañeros y también las novelas, dentro también de una comunidad libre, como estas jornadas, como la Biblioteca, como Horacio trata de gobernar la biblioteca. Se llama Asociación Libre, se lo cambié arbitrariamente hace cinco minutos.

Me toca articular los cuatro comentarios de esta mesa, ensamblando piezas que con intención o no, quienes forman parte de esta mesa se encargaron de desordenar. Los cuatro han hecho de las novelas esquirlas para tratar de pensar varios temas como las fronteras, claro, el contrabando, sin dudas, pero también la idea de ficción, el mito, la lengua, y por qué no, la deserción o la violencia.

Quizás lo que hayan hecho en mí como articulador, es haber logrado que alguno de los perdigones de todo lo que dijeron me pegue y genera algunas inquietudes, voy a tratar de no comentar las novelas, sino más bien de hacerme cargo de las reflexiones que ellos propusieron y poner a prueba lo que a mí me generaron para luego derivar en un textito propio que parece acumular todas estas variables que les voy a presentar.

Flavia Soldano advierte que hay fronteras más allá del territorio, serían terreno sonoros que nos habitan y que habitamos, son las palabras. Probablemente las palabras sean fronteras simbólicas que en la lengua llano, llamamos metáforas, pero nunca le decimos metáforas a las palabras. Pues bien, las metáforas, sabía Borges, unen lo distinto, acercan lo insondable, ¿qué acercan las palabras? ¿A dónde nos acercan como habitantes del mundo que somos a través de ellas? Por caso, los lugares literarios tienen vocación nominativa, pero una nominación sonora: Cracovia, como dice Perlongher.

En algunos nombres pueden invocarse imágenes con profundidad de campo, en la lengua, como en el desierto, la llanura es una ilusión, la literatura es por accidentes y relieves, es materia tangible, de hecho, la frontera en La Mamacoca y en la ficción de Soldano es mucho más que una línea ínfima, es el escenario de la aventura en puja, o escenario de desconcierto de frontera. Como afirma para la novela de Demitrópulos y Ema, la cautiva, la idea de desconcierto de frontera.

Claro toda la literatura de Aira puede ser una frontera porque cruza la sacralidad de la tradición con el patriotismo que proviene de verla desde afuera, siendo nombrada por otros, en este caso por el propio Aira en su rol de escritor.

¿Cómo es la frontera vista de cerca? Puro contrabando, cruces, pujas, roces, ¿y vista de lejos? La frontera es laberinto de fronteras, porque todo puede ser una frontera, de hecho, los mapas son ficciones mal escritas, porque no alcanzan a convencer en su intento de embrujo para definir la verdad.

En su intervención, Amalia Sato inicia con una crítica, creo política, a Aira pues, este se olvidaría de contar la historia de la zanja de Alsina, zona donde transcurre Ema. Efectivamente no explica de dónde vienen esas zanjas, o sí, pero a su manera, y dice Aira: “Quién sabe en qué antiguas perturbaciones geológicas.”

Para Sato, creo, sería una definición naif de frontera con nulo asidero histórico, nos preguntamos aquí, ¿por qué debería tenerlo? O más todavía, la zanja se cava sobre una tierra mil veces arada por vientos, indios, animales, tiempo, sol y la pura omnipresencia pampeana como un mal fecundo, esto quiere decir, y quiero hacer aclaración, la zanja de Alsina, ¿quién la hizo? ¿La hizo Alsina? Ya no existe más, la hace el viento por eso es una zanja constante, se está haciendo y deshaciendo siempre.

Los relatos persiguen la idea de terminar siendo atemporales, míticos, estas ideas propaga en su texto Carlos Dante García, la de la lengua como triunfo que atraviesa civilizaciones, Aira trabaja con el mito y está a la altura, sabe de lo ficticio de todo relato y le agrega dimensión lógica. Con la frontera y el desierto, reescribe, re trabaja, reconstruye, da un sacudón al mito.

Demitrópulos hace que la historia irrumpa en el presente, sobre su imaginería y explique sus sentidos últimos y contradictorios, que cuáles son: llegar al mito. El pasado está vivo en su presente, Demitrópulos escribe sobre regiones que no conoce pero en las que el psicoanálisis cree existen. Le interesa el registro de quienes pelean en lo que se dice.

En Szwarc aparece la idea, para Carlos, de que el que se atreve a modificar el relato que nos estructura como sujetos se llama poeta, el que desenreda las trenzas de un relato. Szwarc nombra las cosas sin que las palabras mismas, pura sintaxis arbitraria, sepan el nombre de las cosas, hace trenzas de relatos existentes, los teje de nuevo.

Por último, Aníbal Villa Segura, el límite a diferencia de la frontera es imaginario, esto es un hallazgo hermoso y reparte comentarios. Libertad Demitrópulos: jujeña, peronista de las de siempre; La Mamacoca es un  tratado simbólico político sobre la triple frontera, y me pregunto yo: ¿qué pasa cuando una frontera es triple? Nadie se lo preguntó hasta ahora. Nos advierte que las fronteras más allá de la razón borran las huellas de los que pasaron.

En Szwarc, ¿por qué volvemos siempre al pueblo? ¿Acaso nos fuimos alguna vez? ¿Nos podemos ir de algo en algún momento o está siempre todo en nuestra mochila?

En Aira, marcado como sello de mestizaje como género: Mansilla, Echeverría, Flober, hace del lenguaje una ecuación lírica que importa más que la historia. Aira sería un relativizador de la dicotomía civilización – barbarie, hasta hoy como, agrego yo por si quiere leer a Aníbal, en una de sus últimas notas que se llama Entre los indios, y trata de Cafulcurá entre los indios, que es un Cafulcurá hedonista, es hermoso, sí libertario, es una Cafulcurá sínico, un semi Diógenes.

Y, es el siguiente un buen corolario parcial, que afirma Villa Segura pero que me sirve para terminar con todo esto que venimos hablando y que me conmovió mucho, y cito a Aníbal que dice: que hay que volver sobre las marcas de herencias y legados pues permite una ética de la alteridad que haga del otro lo presente en mí, completándome.

Lo que no estoy de acuerdo es que eso sea “La patria es el otro.”, que me gusta, pero me gusta más en amplitud.

Bueno, por último yo escribí unas palabritas, claro no, porque Cristina, finalmente habla bien, coherente, no está mal, es una ciudad también, bueno, escribí unas palabritas tratando de usar bibliografía obligatoria: Muerte y transfiguración del Martín Fierro, de Ezequiel Martínez Estrada.

Y lo escribí después de haber escrito esto que leí recién, con lo cual está en esto que estoy leyendo aunque no esté citado por ninguno de los cuatro compañeros y ninguna de las cuatro novelas que leímos gracias a Liliana, está todo eso sedimentado. Es cortito, y termino.

Martín Fierro cruza la frontera, derrota las condiciones estancas de una vida servil, ingresa a la barbarie, vuelve y nos narra las bondades de la civilización, aprendimos esta explicación escéptica de nuestro mayor intérprete: Ezequiel Martínez Estrada, y las oímos con mayores detalles y vehemencias en las palabras escritas a martillazos de David Viñas.

El periplo converso de Fierro es cabalgar y cabalgar La Pampa, nada dice Sarmiento, nada dice Martínez Estrada, no hay nada, o sí y bien argentino: la soledad. Por eso, agrega el autor Martínez Estrada, quien describe demasiado un paisaje abúlico como el pampeano no hace más que boquear, miente.

El poeta le inventa vida al campo, hay que desconfiar del elocuente paisajista, son modos y artilugios retóricos que le agregan cartón pintado a ese hierro candente, cubierto de pasto duro que es La Pampa.

Para sentir la frontera, todo su malevaje humano, mineral, botánico y zoológico que de ella proviene, hay que, dice Martínez Estrada, mirar con todo el cuerpo, porque como el cuerpo, el campo es un lugar de residencia.

Mischano hasta el tuétano, Martínez Estrada se aproxima a la idea de que a la locura se le escapa encontrando el dolor.

El gaucho protagonista del bandolerismo cuchillero del Martín Fierro es para Martínez Estrada, y aún acosta de las ideas de Hernández, un producto cabal del mestizaje, que es lo mismo que decir: un producto de la identidad fronteriza. El gaucho es un personaje fronterizo que habita las fronteras.

¿Cuál es el efecto de esta suma? Es lo que Martínez Estrada parece preguntarse, alguien que es fronterizo por identidad pero que también nació en la frontera, ¿no?

La cruza, para Martínez Estrada siempre es abigarrada, de fermento amargo e indócil al tacto, nunca a la manera positivista del híbrido renovador y puro, no.

 

Los gauchos son lo concreto de una tragedia nacional, hijos de indias esclavas y españoles aposentados, se revela en ellos la marca de una disputa, y agrega Martínez Estrada: esa gota de sangre ofendida es inmortal.

La violencia no es otra cosa que el matiz de una sociedad mal concebida, en La Pampa, se dice eso, o sea: malparida. El gaucho odia porque es mestizo, porque está condenado a vengar, es pura energía reprimida por un padre abstracto. Deforma el idioma, habla como hablar, en plan de distinción y odio paternal, hace una lengua mestiza, cruzada por el facón, abreviada.

Borges no creía lo mismo, el gaucho, continúa Martínez Estrada, nace de mujer india en la ciudad o de mujer civilizada en medio del desierto, una mujer hecha cautiva, esta es otra de las intuiciones en la que convergen Martínez Estrada y Leo Rozitchner, pero es más oblicua la cruza cuando sabemos que para Martínez Estrada usufructuaba el odio visceral gauchesco para reclutarlos y ponerlos contra sí mismos simbólicamente.

Algo de esto pensaba Rozitchner con respecto a Perón, reducir a soldado es usar la fuerza subjetiva del humano contra sí mismo y a favor del gobernante, no puede haber mayor advertencia libertaria.

El Martín Fierro, narra la vida de los fortines que están tan lejos de la indiada como de la ubre, que son un mirador ambidiestro: para un lado la reconocida mesura civil que no pocas veces se presenta bárbara, la ciudad.

Para el otro, la pura indeterminación de algo tan desconocido como aterrador, La Pampa.

El fortinero gira sobre sí y puede verlo todo, está en el ojo del huracán, pero la frontera es inconmensurable, plástica, movediza, ¿cuándo termina una frontera? Quizás, la vida argentina sea, en el fondo, una ancha frontera, y dice Martínez Estrada: los habitantes flotan en esa línea divisoria sin arraigo material ni moral, son seres fronterizos, especie de mestizaje de dos formas de vivir, más que de dos razas.

El mercadeo de destinos que propone la frontera nos tienta con una vida contrabandeada con la zozobra del límite, con el éxtasis, ¿no? Arturiano o Lacaniano. En la página 131 de la edición que tengo de La Mamacoca, aparece nítida la imagen onírica que la frontera proyecta en quienes están atentos y dice Libertad, porque le decían Libertad: quien se atreve a cruzar la frontera, desprecia el paraíso. Tenemos un ansia amorosa por el infierno, tenemos el gusto por el sabor, por ese sabor. Para nosotros las fronteras existen y el infierno no está solamente del otro lado, es necesario cruzarlas, morir y transfigurarse para recobrar la lucidez, la nitidez de lo último.

O el sistema orgánico y causal del orden moral moderno, o la deformidad de sacar crónico, esas opciones trazan, quizás, un clima trágico, ¿qué vida se quiere vivir a la espera del progreso o el virtuosismo extasiado del cuerpo en ascuas? ¿Hay otra opción? Y esta no es una pregunta retórica, nada más.

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