Revista Lectura Lacaniana Número: XXV
Lecturas Psicoanalíticas

Ciclo Anual de Conferencia 2014, Causa Clínica III

Por Carlos Dante García | Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 noviembre, 2014


Parte III: Comienzo de un análisis, análisis que dura. Regla fundamental.

En la primera modalidad del análisis, entonces se construye la regla fundamental, deseando la incoherencia e interviniendo por fuera de la realidad colectiva. De lo amorfo, vía la Asociación libre, comienza a tomar forma, cambiándose  el modo de decir.

El analista es el encargado de darle forma a esto amorfo que va apareciendo, transmitiendo que no juzgará a aquel que habla. La enunciación es la posición inconsciente  a partir de la cual se habla, y esto tiene estrecha relación con la regla fundamental.

Cambio en el modo de decir, de un discurso yoico a asociar libremente.

Este análisis presenta la particularidad de revelación, descubrimiento y sorpresas a diferencia del análisis que dura,  cuya particularidad  es la repetición, siendo el  deseo del analista,  aquel que dura en el tiempo, de subjetivado y pudiendo distinguir,  la repetición como lo nuevo, deseo  puro, deseo de obtener una diferencia.

 

Angela F. Vitale

 

 

¿Cómo comienzo un análisis? Esto que voy a decir, pueden encontrar referencias entre las páginas 109 a 132 del Seminario Sutilezas Analíticas de Miller. Un análisis que comienza, un análisis que dura y un análisis que termina, no son lo mismo, en absoluto.

Un análisis que comienza, es un análisis que está lleno de acontecimientos, lleno de sorpresas, por lo menos debería estarlo.

Un análisis que comienza, tiene la característica de ser algo amorfo, no tiene forma, dado que el paciente va y habla, habla sin prestar ninguna forma, esa es hasta una de las preocupaciones: voy abriendo cada vez más temas, por ejemplo, podría decir, o hoy hablo de esto y no sigo hablando de lo mismo, hablo de otra cosa, o sea, la forma que tiene es que no tiene forma, un análisis que comienza.

La forma, ¿quién se la da? El analista, es decir, que si nosotros dejáramos librado a que alguien hable, hable y hable, nunca va a tomar forma, porque lo que le va a dar forma es el destinatario, página 111. O sea, está condicionada la forma que va a tomar por el destinatario.

Y esto, es muy importante, ¿por qué? Porque en la actualidad, parecería que hay, por ejemplo, que la gente no asocia libremente, que no hay

sueños, que no hay formaciones del inconsciente, parecería que hubiesen desaparecido de la faz de la Tierra, y mucho tienen que ver los analistas, el destinatario de lo que estoy diciendo, ¿se entiende el planteo?

¿En qué consiste la regla analítica? La regla analítica consiste en el permiso de decir lo que a uno se le ocurra, y sobre todo de decir estupideces, tonterías, cosas obscenas, cosas incoherentes, es decir, es el permiso a la incoherencia.

Pero tiene una implicación la regla analítica, un supuesto: que para poder hablar así, el analista debe transmitir, en algún sentido, hay que ver la manera en que lo puede hacer, que no va a juzgar a aquel que habla, o sea que durante mucho tiempo, esto ya lo había enunciado en otras oportunidades, anda, merodea un fantasma de juicio, es decir, el fantasma del juicio de lo que se puede decir respecto de lo que dijo.

Esto es: va desde la fantasía al modo de gozar, el aspecto de lo que se hace, si se le pegó a la mujer, si se la insultó, cuál fue el insulto, todo tipo de cuestiones en las cuales la gente no habla habitualmente de eso, hasta de asesinatos que pueda haber cometido. No serás juzgado, es lo que organiza la regla fundamental: hable que usted no va a ser juzgado, diga lo que diga, no va a ser juzgado.

Es muy difícil de sostener, a veces, hay pacientes que pasan dos o tres años y no dicen absolutamente nada de algo, por el juicio que puede emitir

el analista. Es la nube negra del juicio que ronda siempre la cabeza de muchos analizantes, y eso no permite que se desarrolle el análisis.

Entonces, un análisis que comienza tiene dos características, que son las que acabo de decir: comienza con lo amorfo y comienza con la regla fundamental.

Entonces, la regla fundamental, ¿ustedes enuncian la regla? ¿Se enuncia la regla fundamental o ha caído completamente en desuso?

Adriana Casareto: No debería caer en desuso.

Carlos García: ¿Por qué?

Adriana Casareto: Y, porque marca una posición, es una convocatoria a esto, a que diga lo que diga no va a ser juzgado, que tiene que ver más con el pensamiento que con lo que aparece.

Carlos García: Con lo que dice, con lo que aparece, bien. Pero eso no es lo que hace ahora la gente, por ejemplo, todos los días, que dice una cosa y saltan de una cosa a otra, en la televisión, por ejemplo, en los programas de televisión, sí, ves los noticieros y de pronto sacan de un tema o de otro y hablan impúdicamente, sin ningún problema de: lo que le gusta hacer a la mañana, lo que hizo ayer a la noche, de temas íntimos.

¿Qué quiero decir con esto? Que la regla fundamental, en la práctica, ha caído en un desuso porque ya no es un umbral. Un umbral quiere decir algo que se atraviesa, algo que cambia el modo de decir. Entonces, esto es un problema, ¿por qué es un problema? Porque la regla fundamental, ¿se la dice? La regla fundamental, ¿se la aplica? Lacan, en La Dirección de la cura, recordemos que es un texto de 1958, muchos años atrás, decía que en las directivas de partida se filtra, ¿qué? La concepción que tiene el analista del análisis.

Vuelvo a repetirlo: en las directivas, porque hay gente que va a analizarse y: “¿Qué hago?”, bueno, lo que diga el analista en lo que  responda, a cada uno de los pacientes se va a fijar la idea que el analista tiene del análisis. Se filtra indefectiblemente, ¿se filtra en qué? En la enunciación, en la posición de enunciación. Es lo mismo que la cuestión del pago, por ejemplo, que alguien dice: “Bueno, no sé qué hacer, yo lo que quería decir es que quiero venir menos veces” “Bueno, después lo hablamos”, porque uno no sabe qué hacer.

Se filtra ahí una posición, no es que el paciente no se dio cuenta que el analista no sabe qué hacer, se dio cuenta, y no quedan tranquilos, voy después, lo superviso. Entonces, la enunciación es la posición inconsciente a partir de la cual se habla, y entonces, eso tiene que ver con la regla fundamental.

Es ahí donde está el deseo del analista, no en la intención que uno pueda tener, uno puede tener la mejor intención.

Adriana Casareto: Se dice que hasta en las inflexiones de la voz. Se escuchará el grado de consecuencia o admitirá.

Carlos García: De la voz, sí. El grado de consecuencia que tuvo el análisis para él, ¿se entiende? Es decir, que se filtra, ¿qué consecuencias tuvo el análisis para usted?, usted dirá: y la consecuencia es que, por ejemplo, asociar libremente es pensar, o decir lo que alguien piensa, no. Asociar libremente no es eso, porque eso es la definición que tendría el obsesivo de lo que es asociar libremente.

Que antes de hablar, hace pasar todo por el pensamiento. Entonces, un obsesivo puede filtrar la regla fundamental de esa forma, y eso son palabras que a uno se le escapan, es decir, tiene que ver con el grado de des-subjetivación.

La regla analítica se la puede definir como un modo de decir, y también se la puede definir como una operación. Quiere esto decir que no se da una sola vez, que se hace varias veces. Hay un texto, que no van a conseguir en librerías, pero que pueden conseguir en algunas bibliotecas que se llama: Umbrales del análisis.

Es un texto donde los analistas argentinos, junto con los franceses y con diferentes analistas brasileros y españoles, nos lanzamos a investigar en qué consistía el umbral, es decir, cuándo se pasaba a un paciente a diván, a un paciente a hablar, cuándo se tomaba esa decisión. Quiere decir que hay un umbral, el inicio del análisis, y ese inicio del análisis, tenía que ver también con la regla fundamental.

¿Por qué tiene que ver con la regla? Y, porque ha cambiado el modo de decir.

El modo de decir cambia en el analizante y cambia en el analista. Ese modo de decir, podemos decir, que comienza con un discurso yoico y pasa a ser el analizante, es decir, asocia libremente.

Entonces, uno de los elementos que se toman en cuenta para el pasaje a diván, es la comprobación si en el modo de decir del analizante hay asociación libre.

Y eso, se puede escuchar si el analista está des-subjetivado, si no, no lo puede escuchar, no lo puede articular. Entonces, uno de los cambios, del primer modo de análisis, es que lo amorfo comienza a tomar forma, primero, y lo segundo, que cambia en el modo de decir. Lo amorfo comienza a tomar forma y lo segundo, cambia el modo de decir.

Tercer efecto de ese tipo de análisis, el deseo del analista es, por ejemplo, en ese caso, una sanción, pase a diván, ahí está puesto a juego, o es también como sostiene la regla analítica, que capta, por ejemplo, no es lo mismo enunciar la regla que el paciente, como decía hoy una paciente, que está cara a cara, de pronto está hablando el grado, y dice: “No, no, se concluyó una cosa, pero es una estupidez”, me encantan las estupideces, es un modo de demandar la asociación libre,  ¿a ver, qué estupidez se le ocurrió? A mí me encantan las estupideces, es un defecto que tengo, pero otro podrá decirle otra forma.

Se capta que en ese caso, es un empuje a que asocie libremente, que suelte, que caiga eso que se le ocurrió, aunque no tenga nada que ver con lo que está diciendo. Entonces, el deseo del analista es no enunciar la regla fundamental, sino construirla como operación, eso es lo primero que estoy diciendo: construirla a cada momento, a cada sesión, entrevista tras entrevista. Por lo tanto, el deseo del analista, en la primer modalidad del análisis, en lo que sería el comienzo del análisis, implica la demanda y el empuje a la regla fundamental, a poner al paciente en relación con el inconsciente. A poner en forma toda la queja, es decir, que tome determinada forma.

Es decir, el deseo del analista, en la primera modalidad de análisis, tiene que desear la incoherencia, porque la incoherencia es un modo de decir que rompe con el imperativo de coherencia.

Si no se manifiesta la incoherencia, no hay posibilidad de que comience el análisis, digo mínimamente la incoherencia.

Por ejemplo, ¿cómo se manifiesta la incoherencia? de que alguien que tiene un síntoma,  que es el modo permanente que acompaña a cada uno con su propia incoherencia.

El deseo del analista respecto de esto, es el deseo que no trata de llevar del síntoma a la realidad colectiva, toda inversión del analista que lleve al síntoma, comparándolo con la realidad colectiva, es un serio problema.

¿Qué quiere decir una realidad colectiva? Por ejemplo, voy a dar dos ejemplos muy sencillos: que un hombre o una mujer engañe, que no engañe, o sea que tendría que pasar la norma, la normatividad, tendría que ser que no engañe. O un adicto, por ejemplo, tendría que dejar la droga, no podría hacer una intervención sobre la droga si el analista ya tiene la idea de que lo que se llama síntoma tendría que ser normativizado, tendría que entrar en una realidad colectiva. O sea que el deseo del analista es un deseo que se orienta, ¿por qué? Por la incoherencia, no por la realidad colectiva común, entonces las intervenciones van a salir de la realidad colectiva.

¿Qué particularidad tiene el análisis que comienza? La particularidad que tiene es la revelación: descubrimiento, revelación y sorpresas. ¿Qué particularidad tiene el análisis que dura?

Es un plomo. El análisis que dura, ustedes se van a dar cuenta, entramos en la zona de: “¡Uh! Otra vez se repite lo mismo”, y otra vez que se repite lo mismo.

Entonces, ¿qué particularidad va a tener el deseo del analista en ese análisis que se repite? Léase ha perdurado el trámite para llegar a la hora, ¿qué particularidad tiene el deseo del analista respecto del análisis que dura? Que se extiende en el tiempo, el deseo del analista va a intervenir sobre todo, por eso es muy importante, que no quede capturado en el lazo.

Recuerden que les dije a ustedes que el analista tenía dos sitios, uno es el lazo y el otro es el lugar, y el lazo es la relación que tiene con el analizante, el lugar, es el lugar del analista des-subjetivado. El lazo, que es el lazo que tiene, porque forma parte de él, y por lo tanto, esa parte que forma con el analizante tiene efecto transferencial.

Esos efectos transferenciales pueden hipnotizar al analista, ¿cuál es la hipnosis del analista? Es al revés, no es el paciente que queda hipnotizado, es el analista. ¿En qué queda hipnotizado? Por ejemplo, puede quedar hipnotizado en el fantasma del paciente: “Todo me sale mal, todo está mal, cada vez estoy peor”, porque la relación empieza a través de eso, comienza a traer la repetición bajo la forma de hacer fracasar todo.

Entonces, el deseo del analista tendría que, separar, distinguir la repetición como lo nuevo, por eso es un deseo puro, es el deseo de obtener una diferencia y es lo que se pone en juego ahí, en el momento que se produce la repetición, en el análisis que dura.

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