Revista Lectura Lacaniana Número: XXV
Lecturas Políticas

No tengo buenas intenciones. Parte III

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 22 noviembre, 2014


Parte III   La muerte del yo en lugar de la muerte del hombre

En esta tercera entrega Carlos Dante García, parte de la religión dando  sentido a las cosas naturales, para pasar al cambio que se produjo  a partir de las cosas perturbadoras que introdujo como productos la ciencia.

Cita a Foucault, quién plantea que  en el seno de las ciencias humanas emergen, durante el siglo XX, una serie de nuevas formas de saber en las que se realiza la experiencia de un pensamiento en el vacío del hombre desaparecido y su posición  acerca de la muerte del hombre, entendido como sujeto de su propia conciencia y de su propia libertad. 

Propone, siguiendo lo propuesto por Lacan, en “Variantes de la cura tipo”, la muerte del yo en la experiencia del análisis, desde su entrada hasta su final conduce al ser humano a que todo saber objetivo sea puesto cada vez más en estado de suspensión reduciendo todos los prestigios de su yo.

Para concluir, va a plantear que el psicoanálisis no promueva un anti humanismo, sino que promueve un ser humano que se sostiene de las fragilidades de las posiciones imposibles.

Que recupera su dignidad pasando por lo simbólico, haciendo de la falta-en-ser la muerte en lo imaginario de su yo.

Patricia Pena

 

La religión consistía dar sentido a las cosas naturales. Las religiones siempre se caracterizaron por eso. Hace un tiempo ya, las cosas cambiaron. Desde el tiempo en que predomina en nuestro mundo las cosas perturbadoras que introdujo como productos la ciencia.

Dará sentido a las cosas perturbadoras que introducirá la ciencia. ¿Para qué fue pensada la religión? Para que no se den cuenta de lo  que no anda. En este sentido, ¿hay religiones que se empeñan en que no se den cuenta de lo que no anda y religiones que toman en cuenta lo que no anda?

En vez de la muerte del hombre, de “Las palabras y las cosas” de Foucault debemos poner en su lugar, la muerte del yo de Lacan.

Según Foucault, en el seno de las ciencias humanas emergen, durante el siglo XX, una serie de nuevas formas de saber en las que se realiza la experiencia de un pensamiento en el vacío del hombre desaparecido.

El psicoanálisis y la etnología constituyen según él dos ejemplos de estos nuevos conocimientos cuya característica principal sería conducirse por un principio perpetuo de convertir la realidad empírica-como es el hombre- en el fundamento trascendental de la denuncia del sueño antropológico como una nueva forma de dogmatismo- Así a la muerte de Dios le sigue la muerte del hombre porque la muerte de Dios es su propia muerte y la de todas aquellas imágenes que le son correlativas.

La base de esto es que si el hombre es entendido como sujeto de su propia conciencia y de su propia libertad, en cierto modo encarna la figura de Dios perdido.

Lacan, en “Variantes de la cura tipo” propone para una de sus elaboraciones- no es la única- sobre el final de análisis, la muerte del yo en la experiencia del análisis, esto es, la subjetivación de su muerte.

El camino del análisis, desde su entrada hasta su final conduce al ser humano a que todo saber objetivo sea puesto cada vez más en estado de suspensión reduciendo todos los prestigios de su yo para tener acceso al “ser-para-la-muerte”.

¿De qué manera se produce esto? Cuando el camino del análisis hace vacilar los prestigios del yo para que aparezca más pura la instancia del sujeto como falta- en-ser.

Hace falta morir en lo imaginario para asumir su falta en ser a nivel de lo simbólico cada vez que se asocia libremente, cada vez que el paciente pasa de querer hablar a ser hablado, cada vez que asocia libremente, cada vez que localiza que es como sujeto sujetado por el significante.

Entonces, no se trata que el psicoanálisis promueva un anti humanismo, cuestionando al ser humano sino que, promueve un ser humano que se sostiene de las fragilidades de las posiciones imposibles; de un ser humano cuyo rasgo esencial es que lo más humano es el crimen y la mala intención; un ser humano que recupera su dignidad pasando por lo simbólico, haciendo de la falta-en-ser la muerte en lo imaginario de su yo.

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