Revista Lectura Lacaniana Número: XXV
Lecturas Científicas

Psicoanálisis, Ciencia y Real

Por Miquel Bassols
Publicado en Lectura Lacaniana: 11 noviembre, 2014


II parte: “Verdades que sólo uno puede ver”. Lo real es siempre “tan único como un Rembrandt, imposible de reproducir.

 

En esta segunda entrega Bassols , tratando de explicar la imposibilidad de reproducir los fenómenos y las formaciones del inconsciente, comenta un artículo que habla sobre la cuestión de la reproducción o reproducibilidad en las ciencias actuales.

Replicación, tal es el término que utiliza la ciencia como la capacidad de un laboratorio para reproducir un hallazgo de otro, la seguridad de que se ha descubierto algo verdadero, agrega,   esto se está  volviendo cada vez más difícil. La replicación no es una práctica común en la ciencia de nuestros días, los informes con conclusiones  negativas son ignorados, llegando a la conclusión que la mayoría de los descubrimientos publicados son probablemente incorrectos.

El periodista del artículo hablará del inevitable sesgo inconsciente de los científicos que puede terminar en un círculo vicioso, cuanto más se espera encontrar resultados específicos, por lo tanto construyen su investigación orientada hacia ese punto, más encuentran la confirmación a través de métodos de replicabilidad, conduciendo a la perspectiva de una nueva investigación. Como consecuencia de esto las investigaciones nuevas y diferentes se dejan de lado.

Los científicos hablan de un conocimiento tácito de su comunidad que esconde el real que están investigando. Siempre habrá algo que no puede ser reproducido en la experiencia y eso podría llevar a un verdadero avance científico.

En contrapunto con el real del cual hace referencia la clínica psicoanalítica, nos invita a mirar las formaciones del inconscientes tomadas una por una, como fenómenos singulares que no pueden ser reproducidos de ninguna manera. Toma un sueño del mismo Freud,  El sueño de la Inyección de Irma, ligado a la cuestión de la sexualidad femenina, del goce femenino, real que escapa siempre al conocimiento científico.

 

Angela F. Vitale

 

 

“Verdades  que sólo uno puede ver”

Aquí tengo que hacer un pequeño paréntesis. Hace unas semanas, estaba en Barcelona trabajando en mi exposición de hoy, tratando de explicar la imposibilidad de reproducir los fenómenos y las formaciones inconscientes, cuando recibí, en ese mismo momento, un e-mail de mi colega aquí en Nueva York, María Cristina Aguirre, con un enlace a un artículo muy interesante publicado en el New York Times.

Un artículo que habla de… reproductibilidad en la ciencia ¡Por supuesto!

Fue realmente una coincidencia sorprendente, tal vez una experiencia de eso que Lacan evoca como un “encuentro con lo real”, una verdadera “Tyche”, tomando el término de Aristóteles, la Diosa de la Fortuna. Es un tipo de fenómenos que también interesaron a Jung, discípulo disidente de Freud, en su interlocución con el Premio Nobel de Física, Wolfgang Pauli. Incluso escribieron un texto interesante sobre este fenómeno que llamaron “sincronicidad”, la experiencia de dos o más eventos sin una relación causal aparente. Esta coincidencia es casi una sincronicidad de este tipo, ya que el artículo se ocupa de lo que es imposible de reproducir en el mismo campo de la ciencia.

El artículo se titula “Nuevas Verdades que sólo uno puede ver”, y tiene una serie de observaciones interesantes sobre la cuestión de la reproducción o reproducibilidad en las ciencias actuales. Cito el siguiente párrafo:

“Ha sido chocante advertir en los últimos años que un resultado reproducible puede ser en realidad la más rara de las aves. Replicación, la capacidad de un laboratorio para reproducir un hallazgo de otro, es el estándar dorado de la ciencia, la seguridad de se ha descubierto algo verdadero. Pero eso se está volviendo cada vez más difícil.

Con las verdades más accesibles ya descubiertas, lo que queda son a menudo efectos sutiles, algunos tan delicados que pueden ser evocados sólo bajo circunstancias ideales, usando técnicas altamente especializadas”.[9]

Por lo tanto, la replicación no es realmente una práctica común en la ciencia de nuestros días. Esto no es un problema menor o secundario. Una de las consecuencias más importantes, tal como concluye un tal Dr. Ionnidis luego de un meta-análisis de las publicaciones científicas, es que “los informes con conclusiones negativas [de la mayor parte de las experiencias] son más fácilmente ignorados”, llegando a “la conclusión que la mayoría de los descubrimientos publicados son probablemente incorrectos”.

El periodista habla acerca del inevitable “sesgo inconsciente” de los científicos, que puede terminar en un círculo vicioso. Eso es: cuanto más los científicos esperan encontrar resultados específicos y, por lo tanto, construyen su investigación orientándola hacia ese punto; más encuentran la confirmación a través de métodos de replicabilidad. Cuanto más se encuentran con la confirmación de sus experimentos, más son esos experimentos publicados, citados, y más conducen a la perspectiva de una nueva investigación. Como consecuencia, la perspectiva de investigaciones nuevas y diferentes se deja de lado.

Desde nuestra perspectiva, podemos decir que esto constituye un buen ejemplo de los efectos masivos de los fenómenos de sugestión que el psicoanálisis descubre como parte de la transferencia. Los científicos hablan de un “conocimiento tácito” de su comunidad que esconde el real que están investigando. El descubrimiento de un nuevo real en la ciencia está reservado – dice entonces el periodista – a “un experimento tan único como un Rembrandt”. De hecho, lo real es siempre “tan único como un Rembrandt”, imposible de reproducir.

Siempre hay algo que no puede ser reproducido en la experiencia y eso a veces es lo más importante, lo que podría llevar a un verdadero avance científico. Sin embargo, precisamente eso es lo ignorado, incluso obliterado, en esas publicaciones científicas que se confirman entre sí en un consenso mutuo. Este punto es, precisamente, lo que podría permitirnos atrapar un poco de lo real, ese real que siempre se escapa del lenguaje y de la investigación.

Voy a cerrar este paréntesis que abrí unas líneas más arriba, señalando que tal vez yo también este bajo el efecto de ese “conocimiento tácito” que existe de la misma manera en la comunidad psicoanalítica, tal como existe en cada campo del saber.

Y tal vez este conocimiento tácito que existe entre nosotros sobre el conocimiento inconsciente también esconda el nudo real, el punto real del inconsciente que Lacan ubicó subyacente en el discurso científico. En cualquier caso, he de decir que esta cuasi sincronicidad entre mi exposición y el mensaje de María Cristina, con el enlace a este interesante artículo, es un acontecimiento imposible de reproducir, imposible de repetir en un método científico, como fue también fue un acontecimiento imposible de prever. Y, en este sentido, también es un encuentro con el real del que se ocupa el psicoanálisis.

 

El sueño de Freud en la ciencia

Si tenemos que abordar el real que hace especifica a la clínica psicoanalítica en el campo de la ciencia, es mejor mirar a las formaciones del inconsciente tomadas una por una; como esos fenómenos, tan singulares, que no pueden ser reproducidos de ninguna manera.

Hay un momento inicial del encuentro con lo real del inconsciente que hay que recordar cuando hablamos de lo real. Un momento original en la historia de la ciencia, un momento que es una formación inconsciente, un sueño del mismo Freud. El Sueño que está también en el origen de su texto “La interpretación de los sueños”, un texto que es, de hecho, el desarrollo de este sueño.

Es un sueño muy conocido, llamado “El sueño de la inyección de Irma”, y que está ligado a la cuestión de la sexualidad femenina, del goce femenino; un tema que ha hecho presente un nuevo real en la ciencia y en la clínica, un nuevo real que no puede ser representado de forma completa o consistente porque escapa siempre al conocimiento científico.

¿Dónde está el goce femenino? Será siempre una pregunta con su enigma guardado en el centro del saber. Y es también el enigma que se encuentra en el centro, en el ombligo del sueño de Freud.

El sueño tiene lugar durante las vacaciones de verano de Freud, pocos días antes de su cumpleaños; él acaba de escribir un informe sobre una paciente difícil, Irma, una amiga de la familia cuyo tratamiento no ha tenido éxito. Irma concurrirá a la fiesta de cumpleaños de Freud, quien no se siente muy cómodo con esta circunstancia – con la presencia de Irma – que es también la presencia de un síntoma en la clínica de la sexualidad femenina.

Esa noche, entre el 23 y el 24 de julio de 1895, tiene un sueño que permanece como un encuentro real y singular entre el conocimiento científico y la pregunta acerca del goce femenino. Sólo voy a citar algunas frases del contenido manifiesto del sueño, cuando Freud se encuentra con Irma quien se queja en el sueño de que todas las soluciones freudianas no habían podido curar sus síntomas. En ese punto, Freud escribe:

“Yo estaba alarmado y la miré. Se la veía pálida e hinchada. Pensé que, después de todo, debí haber pasado por alto algún problema orgánico. La llevé a la ventana y miré dentro de su garganta; ella se resistía, al igual que las mujeres que llevan dientes postizos. Pensé que realmente no había necesidad de que ella haga eso. A continuación, abrió la boca correctamente y a la derecha encontré con una gran mancha blanca… “[10].

El sueño continúa, pero es en esa mancha blanca, en ese punto blanco,- esa “grossen weissen Fleck” en alemán – donde el ombligo del sueño encuentra su lugar, el punto real donde todas las asociaciones libres de Freud se detienen. Es en la página en blanco de ese real, tan horrible como se le aparece a Freud, en la que la fórmula química de la Trimetilamina aparece – “impresa en negritas”, señala Freud -, una fórmula de un elemento ligado a la sexualidad. Se suponía que la Trimetilamina era componente del semen, por lo que su fórmula es una escritura de la sexualidad en la página en blanco, en la mancha blanca en la garganta de Irma que era entonces el centro de la angustia de Freud. Son varias las asociaciones que llevan a Freud a la cuestión de la sexualidad femenina, también a la cuestión de la muerte.

En cualquier caso, tenemos en ese punto blanco, en esa página en blanco, el punto que el propio Freud describe como el ombligo del sueño, el punto más real del sueño, dice.

Tenemos en esa imagen que permanece en el centro del sueño de la inyección de Irma una excelente imagen de lo real que escapa al saber, un real que es imposible de representar, que es incluso imposible escribir. Es ese real que, en la expresión de Lacan, no cesa de no escribirse – con dos negativos – no cesa de no ser representado. Cuando Lacan intenta formular lo real, no encuentra una fórmula mejor que ésta: lo real es lo que no cesa de no escribirse.

Y podemos concebir la estructura del discurso de Freud, toda su elaboración sobre el saber inconsciente, como una elaboración alrededor de esta página en blanco que se conserva en todos los campos del conocimiento. Esta es, en realidad, la hipótesis del inconsciente; un saber que no se sabe a sí mismo y que ocupa un lugar en todo saber; un saber que es heterogéneo en el campo del conocimiento científico, supuesto conocimiento objetivo de lo real.

El sueño de Freud y su formalización con las leyes simbólicas del saber inconsciente surge, por tanto, como un punto real en el conocimiento científico, como un punto real que estaba esperando ser inscrito en su campo, un punto real que no cesa de no escribirse hasta el momento de la formación de ese sueño, cuando algo de ese inconsciente real deja de no ser escrito.

Cuando el real deja de no ser escrito, tenemos un fenómeno de Tyche, un encuentro con lo real, siempre como una contingencia, nunca como una ley necesaria, prevista o calculada por adelantado.

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