Revista Lectura Lacaniana Número: XXIX
Lecturas Culturales

Presentacion: "Macedonio-para empezar aplaudiendo"

Por Carlos Dante García | Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 15 marzo, 2015


Presentación del libro “Macedonio- para empezar aplaudiendo” de Liliana Heer, Ilustraciones Vanina Muraro, Editorial Paradiso, por Carlos Dante García. Parte I.

El  jueves 20 de noviembre de 2014 en la sede de la Escuela de la Orientación Lacaniana. EOL- tuvo lugar la presentación del libro de Liliana Heer, “Macedonio para empezar aplaudiendo”. Esta presentación  será dividida en dos partes, Marzo y Abril

Carlos Dante García nos trasmite que hay diferentes maneras de leer; leer un libro por el puro placer de hacerlo, y por otro, leer un libro para una presentación, para ser transmitido a otros. Libro artefacto, se presta a más de un uso y libro atípico, para García un libro raro, extraño y poco frecuente.El  libro está formado por 25 prólogos y una breve obra de tres actos.

Invitación a leer, enfrentando al lector a una lectura de ver hacer…leerás como un lento vivir viniendo que como una llegada, afirmando que la del lector, según Macedonio,  es la carrera màs difícil. Los personajes interactúan, de la escena de la novela a la escena de la obra de teatro de Heer, seres significantes no vivientes, sin lo pulsional. Seres de significantes?  Si, seres de lo que han leído, también (no se sabe quién). Son seres con y a partir de la lengua.

 

Angela Vitale

 

 

Quiero en primer lugar, agradecer a Liliana la invitación que me ha hecho a presentar su libro porque me dio la posibilidad de leerlo de una manera que se la llama, “para una presentación”. No es lo mismo que leer un libro cuando no se ha de decir algo para otros.  Me he detenido en él con el fin de extraer algo para ofrecerles a ustedes y hacerlo lo que se llama social, presentarlo en lo social.

Es de destacar algo que ya mencionaron los que me precedieron; una coincidencia. Walter Romero dijo que era un libro artefacto, esto es un libro que se presta a más de un uso. Luis Salamone dijo, citando y trayendo como referencia a Noé Jitrik que se podría incluir el libro de Liliana dentro de los libros atípicos, cuando mostró el grueso volumen “Atípicos en la literatura latinoamericana”. Las dos menciones son justas. Por mi parte, la primera impresión que tuve al leer el libro fue que es un libro raro.

Es un libro extraño y poco frecuente. Está construido por los agradecimientos, por 25 prólogos y por una breve obra de teatro de tres actos. Los 25 prólogos están escritos  por 25 autores que no son Liliana y de esos 25 autores no todos son escritores; hay dos psicoanalistas. El libro de Liliana tiene algunos rasgos de la escritura de Macedonio pero como ya aprecian, también cosas muy distintas.

De Macedonio se han dicho y se seguirán diciendo muchas cosas.  Piglia en un bonito documental ha dicho que Macedonio es la literatura argentina.

Germán García en su libro “Macedonio Fernández: la escritura en objeto” dijo que en su escritura su lenguaje es sorprendente ya que se fragmenta y se organiza según tensiones difíciles de comprender. Que ninguna señal indica la entrada o la salida de sus textos: se entra y se sale por ningún lugar. Coincide entonces con la imagen que nos acercó Luis Salamone cuando dijo que la escritura de Macedonio le evocaba figuras topológicas al igual que el escrito de Liliana.

Habiendo argumentado sobre la condición subjetiva de Macedonio basada en la melancolía, su tesis es que el lenguaje de Macedonio es transformado en objeto. Nuestro actual presidente de la A.M.P, Miquel Bassols ha dicho en “Macedonio Fernández, la nostalgia de la página en blanco”: “Macedonio Fernández viene a ser así uno de los mejores antídotos contra el “todo lleno” al que nos empuja en la civilización la promesa del goce absoluto. Parece que casi nunca pensaba en publicar y que fue por la insistencia y el cuidado de sus más próximos que nos han llegado finalmente sus escritos.

En el universo literario, si existe algo así, se nos aparece él mismo como el personaje de uno de sus chistes del aún no, esos chistes que no se ríen de inmediato porque requieren un tiempo de espera, cierto vacío, cierto tiempo de comprender. Por ejemplo: “había tan pocos que faltaba uno más y no cabía”. Es seguramente este el lugar que le cabe ocupar a Macedonio Fernández en la literatura universal, el de no llegar a caber si faltaba uno más… por si ese que faltaba fuera él.

Ese lugar llegó a hacérselo, casi sin proponérselo, a través del vínculo especial que mantenía con la página en blanco, con su paciente escritura no exenta de ambivalencia ante objeto tan paradójico. De hecho, Macedonio buscaba y evitaba la página en blanco, como un fóbico y un nostálgico a la vez de su ser de objeto. Se identificaba así con su estructura antinómica al aparecer él mismo en ausencia, con ese rasgo de no estar nunca ahí donde se lo esperaba, recién venido siempre de Otro lugar.

La escritura, decía Freud, es el lenguaje del ausente y es por la magia de la misma escritura que se hace existir también este lugar. Desde ahí viene y escribe Macedonio Fernández. Este lugar de la letra, lo sostiene y lo hace presente de manera especial en la página en blanco en la que llegó a encontrar el defecto más íntimo de la literatura”

¿Qué dice Liliana Heer con su “Macedonio para empezar aplaudiendo”? Cuando leí el libro por primera vez lo hice con curiosidad y quedé medio perplejo, no entendiendo. Ese momento de lectura me evocó la novela “El museo de la Novela de la Eterna”. Me evocó la presentación de la novela. Les recuerdo que es un texto que Macedonio mismo lo presenta como una novela de lectura de irritación. Mi efecto subjetivo al leer el texto de Liliana no fue de irritación en el sentido de una molestia sino que me evocó lo que dice Macedonio de su propia novela al presentarla: es una novela de lectura de irritación.

Una novela de lectura de irritación es una novela que no busca entretener ni informar. Es una novela que produce confusión. Proponía la fragmentación y el quebrantamiento de la estructura de la obra que tenía como objetivo una estética que denominaba “Belarte Conciencial”, esto es, crear sensaciones.

Decía citándolo: “ Sería un fracaso que el lector leyera claramente cuando mi intento artístico va a que el lector se contagie de un estado de confusión…Es más, al lector hay que enfrentarlo a una lectura de ver hacer…leerás más como un lento vivir viniendo que como una llegada…por medio de ésta técnica, el lector empírico tiene que re-construir la obra en su mente, y por ello va a transformarse en un lector- artista, porque constantemente está consciente que está leyendo una novela cuya anécdota se construye y destruye en el proceso de lectura. Y al verse una y otra vez burlado en su intento, se somete a un proceso que dura cuánto dura la lectura”.

Por eso será, digo yo, que Macedonio afirma que “la del lector es la carrera literaria más difícil”. Esto es lo que para mí presenta de macedoniano el libro de Liliana Heer. Estamos de lleno en y ante su ironía, contagiados.

Voy a empezar por el final, esto es, por el final del libro de Liliana, su segunda parte, la obra de teatro titulada “Macedonio para empezar aplaudiendo” que le da el título a todo el libro incluyendo los prólogos.

Dejo de lado los prólogos.

Se trata de una obra de teatro que incluye en la obra de teatro a los personajes de la novela de Macedonio: “El museo de la novela de la eterna”, agregando un personaje que no está en la novela de Macedonio; a Macedonio mismo como personaje. ¿Qué hace Liliana con los personajes? Los hace actuar y decir en otra escena. De la escena de la novela a la escena de la obra de teatro.

¿Qué dice y hace Liliana con los personajes? Les recuerdo que J. Lacan en su Seminario “Las relaciones de objeto y las estructuras freudianas” comenta, admira e interpreta la fobia de un niño famoso en el psicoanálisis: Juanito. Afirma que la fobia de Juanito muestra que la fobia es una invención de seres de significantes, de personajes pero vivientes.

Tienen vida porque tienen una vida pulsional. En cambio los personajes literarios también son seres de significantes, creados por el significante pero son solo seres de significantes no vivientes, sin lo pulsional. En este sentido, leo que Liliana ha creado a partir de los personajes de Macedonio sus propios seres de significantes.

Notemos que su creación de significantes se aprecia en cómo ella los presenta entre las páginas 64 a 70 al diferenciarlos entre personajes y discípulos. No los presenta a partir de sus características físicas, ni por sus caracteres psíquicos ni por sus comportamientos.

Esto es lo que habitualmente se hace en las novelas, las obras de teatro y los guiones. Los personajes son seres de significantes muy cercanos a lo que la lengua ofrece en sus diversos matices diferenciales lo que ha de constituir y dar forma a un lenguaje. Una aproximación de esto ha enunciado Salamone aunque yo destaco que los rasgos de los personajes están construidos mediante la función que tiene de la palabra en el lenguaje: el actor anuncia, dispuesto a turbar, disponer, repetir, callar, desaparecer. Macedonio dice frases en el instante justo no se sabe cuándo. Agradece en silencio. Los discípulos dice Liliana en la página 69 “medio existen, no parece vivir fuera de lo que han leído…”.

Tendremos entonces que agregar a lo que enunció Lacan: los seres de la literatura son seres de significante agregando: son también seres de lo que han leído (no se sabe quién). Los personajes (llamados en la obra los discípulos) tienen ocurrencias, recuerdos lejanos; hacen chistes, clasifican, completan argumentos, son vecinos de los significantes. Otros educan, dirigen, saben todo, aseveran, critican, juzgan.

Se aprecia la prevalencia de su relación a la función de la palabra y a lo que hacen (que he dejado un poco de lado) lo que caracteriza a éstos personajes. Son seres con y a partir de la lengua. Se distinguen por supuesto de lo que ocurre en las alucinaciones y en las formaciones del inconsciente que se llaman recuerdos encubridores y novelas familiares en la que los personajes dicen y hacen a partir de lo que dicen.

Los críticos y expertos en literatura dicen que Macedonio realizaba experimentos literarios superponiendo niveles diegéticos, esto es, niveles de diálogo. En mi lectura, lo que Liliana hace es ofrecernos algo cercano a la técnica estética de Macedonio pero no con el objetivo de producir un contagio en la confusión sino con el contagio del disfrute de lo que nos ofrece la lengua. Siguiendo éste hilo voy a presentarles lo que extraigo de la lectura de cada acto de la obra teatral y las frases que para mí nos ofrece una satisfacción a compartir en la lengua.

El primer acto:

Destaquemos que Macedonio no habla pero que sí comprendemos todos que lo que hace Liliana al invitar a escribir a escritores y psicoanalistas sobre los prólogos y al hacer su libro obra de teatro, ¿qué está haciendo con Macedonio?. Un homenaje. En la página 85 queda enunciado algo que me parece que distingue a lo que habitualmente se dice de los homenajes: “El homenaje no tiene género”; género literario.

El segundo rasgo que para mí prevalece en ese primer acto es algo que parece constituir una ironía pero que lo es y no lo es al mismo tiempo. El primer acto trata de algo de lo que se ocupó el mismísimo Borges: “De la dificultad del plagio”. La mayor dificultad no reside en la creación de algo sino en el plagio porque en algún sentido siempre se plagia porque siempre hay un texto primero. Hay ausencia de plagio cuando el texto está perdido. Borges enunciaba que después de Macedonio todos tendían al plagio.

El tercer rasgo de este primer acto es lo que es enunciado como el tono del placer de la lengua. El tono del placer de la lengua es único, de cada uno que lee. El texto no lleva en sí mismo ese tono de placer. Es lo que leo en el texto de Liliana.

Las frases que les propongo compartir de éste primer acto son:

“Los paréntesis hablarán por mí” de la página 76. Es una convención de estilo que los paréntesis son signos de puntuación. Por lo general tienen la función de un agregado que no implica que sea alguien que habla sino que agrega algo a lo que se habla.

“Perdamos la paciencia esperando que lleguen” de la página 77. Algo se pierde cuando se espera.

“Pongamos las pretensiones bajo la lengua” de la página 78. En efecto, muchas pretensiones se salen de la lengua.

“Pienso que la lengua comparte con la vida un automatismo longevístico cuya moral es resistir a la letra abierta” de la página 80. Esta frase nos muestra muy bien una cierta posición de Liliana respecto de la lengua y la vida. La tendencia a la longevidad, a lo que perdura se basa en una moral que implica cierta relación a la letra.

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