Revista Lectura Lacaniana Número: XXIV
Lecturas Psicoanalíticas

Ciclo Anual de Conferencias 2014. Causa Clínica II

Por Carlos Dante García | Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 octubre, 2014


Parte II: Lugar del analista, control, característica de los análisis, prejuicios, regla fundamental.

En esta segunda entrega Carlos García parte de un texto de Miller, El Lugar y el lazo, del capítulo titulado La tentación del psicoanalista, donde dice que el psicoanalista ocupa dos sitios, y lo ejemplifica con el control, explicando que el control es controlar la relación del lazo con el lugar, controlando el grado de des-subjetivación  en la experiencia, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis.

De cómo el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar. A mayor des-subjetivación más división del sujeto, a menor des-subjetivación, menos sujeto dividido. La clave entre el deseo del analista y  las tres modalidades de análisis es la regla fundamental, la asociación libre. La regla fundamental no es medir la culpabilidad, es confiar en todo lo que se le pase por la cabeza, lo que cae, en la ocurrencia. El que escucha no emitirá juicio de lo que cae.

La Asociación libre es un permiso a la incoherencia, decir lo que se le ocurra; diga lo que diga no será juzgado ¿es enunciada la regla fundamental por el analista? Se la construye, como operación, no se da solo una vez, sino en cada sesión.

Angela F. Vitale

 

El deseo de analista se define ni por el tener ni por el saber, o sea, cada vez más complicado esto, parece una especie de accésits rara, pero sin embargo, es un saber no como conjunto de significantes, por eso no existe la transmisión del psicoanálisis. Yo sé que esta frase va a generar problemas: no existe, para Lacan, transmisión del psicoanálisis, no es transmisible. No es transmisible quiere decir que no es porque me analizo, con quién me analizo y cómo me analizo, se me va a transmitir el psicoanálisis, Lacan cuestiona esa idea.

Sin embargo es un saber, ¿qué saber? Es saber hacer de desecho, saber hacer de desecho. El deseo del analista, la mayoría de la gente cree que es el entusiasmo y es un lugar de llegada que imaginamos paradisíaco. En realidad, el deseo del analista es una desdicha, por eso quiero aplacar los ánimos que hay sobre el deseo del analista.

Pero es una desdicha, ¿por qué digo que es una desdicha? Porque la mayoría de la gente se imagina que el deseo del analista es saber qué hacer, y tener total libertad, no, es la imposición de algo, aquel que practica el psicoanálisis, con el deseo del analista, es que no puede hacer otra cosa.

Entonces, no es una cuestión de que puedo elegir otra cosa, es una desdicha.

No es una dicha: “¡Ah! Llegué a un lugar, tengo un deseo nuevo”, no, no, es complicadísimo, ¿por qué? Porque después, lo que vamos a ver, es que el deseo del analista implica terminar con toda demanda de amor.

El deseo del analista es terminar con toda demanda de amor, porque el que demanda amor o está capturado en algo de eso, no puede operar  como el deseo del analista. Entonces, es un poco delicado, que no haya demanda de amor, ser un desecho quiere decir que uno está operando y no a partir de la demanda, si ya te dije que no demandan, no piden, entonces mucho menos va a demandar amor.

El deseo del analista, es un deseo y un deber de terminar como desecho, por eso es el lado que menos se nombra en este tipo de cosas. Es un deseo y un deber de terminar como desecho, ¿por qué? Porque el deseo del analista es hacer que aquel que se analiza termine el análisis, y para terminar el análisis, implica que uno queda como desecho, que va a ser abandonado.

Entonces, no es, y esto está desde la primera entrevista, en el medio y en el final, entonces, sabe que va a ser abandonado, entonces hay que también sospechar o revisar todo de aquellas situaciones en las cuales

los deseos de analista se ubican en una relación con el analista, hay que ver qué implica dejar al analista, no terminar bajo la forma de interrupción.

Entonces, para que el analizante termine, finalice el análisis, el deseo del analista tiene que empujarlo a que termine. Entonces, por lo tanto, sabe que va a ser desechado.

En la página 417 del Banquete de los Analistas, Miller dice algo que es todo lo contario a lo que uno se podría imaginar de la vida de un analista, en lo que supondría hay un deseo de analista, lo que dice es: que en aquel que está el deseo del analista, no anda bien en la vida. No se depriman, no anda bien en la vida.

O sea, no todo anda bien, porque la idea es que el deseo del analista es: todo anda bien, si fuese así, dejarían todo esto del lado del yo: no hay problemas, todo es armonioso. Y, el deseo del analista, es una forma pura de deseo cuya característica es, página 421 a 422 del Banquete, una forma pura de demanda de asociación libre.

El deseo del analista es un deseo puro, una forma pura de deseo que implica la demanda de asociación libre, ¿está hasta aquí? Demanda de asociación libre, o sea que esto también implica que tiene una relación, el deseo del analista, ¿con qué? Con la puesta en forma del dispositivo, con llevar a alguien a asociar, está en directa relación con eso.

Voy, ahora, después de haber dado todas estas definiciones, que son fuertes, que puede llevar años entenderlas y hasta acomodarse con ellas, pero sí dan una perspectiva de que el deseo del analista no es un ideal, y dan la perspectiva, también, que el deseo del analista es algo que adviene en uno y se le impone a uno, como aquel que pinta y no puede hacer otra cosa que pintar, o aquel que es músico y dice: “No puedo hacer otra cosa que hacer música”.

En ese caso, es hacer una práctica a la cual es empujado y no puede dejarlo, pueden encontrar de esto en el testimonio de Pierre Rey, en Una temporada con Lacan, donde Lacan mismo, le pregunta a Pierre Rey, si él no querría trabajar como analista, y Pierre Rey le dice que no, porque él no está en disposición a ocupar ese lugar de desecho. Vayan y fíjense en el libro, está claramente formulado.

Entonces, una vez ubicadas todas estas formulaciones que después, si quieren retomamos y discutimos, conversamos, voy a retomar aspectos de esto, vamos a ubicar al analista y después, el tercer paso es ubicarlo en las tres modalidades, por su deseo general.

Para esto, voy a tomar algunos párrafos de otro seminario que se llama El Lugar y el Lazo, en el que hay un capítulo que se llama La tentación del psicoanalista, página 15, donde dice que el analista ocupa dos lugares, o sea dice que ocupa, el analista, dos sitios.

¿Qué es el control? De muchas maneras se puede definir al control, pero el control es: controlar la relación del lazo con el lugar, del lazo con el lugar.

Cuando alguien controla y va a controlar con un analista, la tensión analítica de un paciente, ¿qué hace? ¿Qué va a controlar? Lo que va a controlar es la verificación de su grado de des-subjetivación en la experiencia. Es decir, va a controlar que su subjetividad no incida en el análisis, en la experiencia analítica que está haciendo de ese paciente o de ese sujeto.

Entonces, en la página 16 de ese capítulo, van a encontrar dos preguntas maravillosas de Miller, extraordinarias, que yo les diría que las anoten para toda la formación respecto de la práctica del control. Las dos preguntas, las dos frases son las siguientes: “¿Estás suficientemente des-subjetivado como para poder ser el soporte del otro?” Es la primera pregunta: ¿estás suficientemente des-subjetivado para ser el soporte del otro? Así de formulado, es decir que, para ser el soporte, quiere decir que no tiene que estar puesta en juego qué? La subjetividad.  O sea, que esto nos lleva al punto del deseo del analista, el deseo del analista sería la reducción, como desecho, de la posibilidad de subjetivar.

Y la segunda pregunta,  es lo que implica todo lo que estoy diciendo, la lógica del asunto, lo que sabemos que en la realidad, se va a presentar bajo qué forma esto, si alguien va a controlar el grado de subjetivación o no, quiere decir que reconoce que hay una participación subjetiva.

En la realidad de esto no se produce a no ser que se haya advenido el deseo del analista, y aunque haya advenido el deseo del analista, a su vez, ese deseo del analista tiene que ser comprobado en la experiencia, cuando analiza a alguien. Ya no es que el AE, por ejemplo, como muchas veces he escuchado, o el que no llegó a terminar un análisis, en ambos casos, por ejemplo, uno sería puro, entonces lo podría analizar y el otro no podría analizar. Están comprometidos subjetivamente, tanto el AE como el que no terminó el análisis, los dos están comprometidos, después esto lo voy a retomar.

Diana Nasra: No sé si todos sepan qué es un AE.

Carlos Dante García: El AE, ¿no saben?

Carlos Dante García: Se llama AE al analista que da la escuela, es un título, una nominación que surge como resultado de que alguien quiere testimoniar cómo hizo el recorrido de su análisis, que terminó su análisis. Entonces, hay una comisión, en una escuela, esto está en diferentes escuelas, está en la Escuela de la Orientación Lacaniana de Bueno Aires, en otras escuelas en el mundo, una comisión de pase que evalúa, no voy a explicar todo el dispositivo, pero evalúa si terminó el análisis, y si terminó el análisis, le dan el título de AE, entonces, este título dice: es alguien analizado, pero no dice que hay un deseo de analista, no dice que eso garantiza cómo va a practicar el psicoanálisis.

Es al revés, después hay que ver qué es lo que hace con eso, está claramente formulado esto en esas páginas que mencioné antes de El lugar y el lazo, claramente formulado. Es decir, que se supone que alguien que terminó el análisis, entonces estaría en condiciones de, por eso es que les di todas las definiciones.

¿Por qué les di todas esas definiciones? Para que ustedes vayan captando los matices y las aristas que tiene el problema del deseo del analista, que no es simplemente porque terminó el análisis, entonces advine y ya está. Hay gente que terminó el análisis, supuestamente advino el deseo de analista y después se fue de vacaciones a una isla y no volvió, enserio estoy hablando, no estoy inventando una cosa, sé que hay gente que hizo todo el análisis, todo el pase y demás, y después no fue más al psicoanálisis, a la escuela de la causa.

Entonces, la segunda pregunta tiene que ver con lo que voy a retomar del primer modo de análisis, que es el comienzo del análisis, “¿Estoy, -esa es la pregunta que hace Miller- lo suficientemente des-subjetivado, -presten mucha atención a la manera en que está formulada la frase- ¿Estoy lo suficientemente des-subjetivado como para dividir al sujeto en mi paciente o acaso el paciente se consolida cada vez más?”

Hay ahí, en la pregunta, dos fórmulas, la primera fórmula es: a mayor des-subjetivación, más provoco la división del sujeto en mi paciente. A menor des-subjetivación, o sea mayor participación subjetiva de mi parte, hay menos sujeto dividido y hay más paciente, o sea se consolida cada vez más el paciente, ¿se entiende la doble formulación?

Por eso es un grado, un movimiento: a mayor des-subjetivación más división, o sea que sólo se puede dividir a un sujeto en la experiencia del análisis, si hay des-subjetivación, si no, no hay división. Y si no, se incrementa cada vez más el paciente, ¿qué quiere decir que se incrementa? Es que no hay trabaja analítico, hay más paciente.

Entonces, tenemos que centrarnos en las tres modalidades del análisis, ahora una vez ubicados en el recorrido, o sea, que lo que dije también es conclusión: el deseo del analista es la manifestación en una subjetividad, de un grado máximo de des-subjetivación. Avanzadas interpretaciones en las cuales, no intervenga la subjetividad. Esto que acabo de decir, es totalmente lo opuesto a la idea que se tiene en la cual se considera que el analista, con su subjetividad, es decir, con todo lo que le produce como efecto el paciente, la palabra del paciente, interpreta: usted me quiere hacer dormir, por ejemplo, usted tiene tendencias agresivas. El punto opuesto es: uno apela a la subjetividad para interpretar y otro apela a la des-subjetivación para interpretar.

 

 

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