Revista Lectura Lacaniana Número: XXIV
Lecturas Políticas

No tengo buenas intenciones. Parte II

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 22 octubre, 2014


Parte II  Ser hablante- ser humano

En esta segunda entrega Carlos Dante García comienza haciendo referencia a lo que Lacan califica de humus humano, el tejido humano  es un tejido de palabras y letras, un microclima.

A un análisis por lo general se va o se encuentra con la pregunta “¿qué significa eso?-¿qué soy?”

Un  ser humano es hablante, cuando en la experiencia  del análisis empieza a ubicar la incidencia del significante en su destino y a  localizar un enunciado que tiene en su vida tal valor  que  todo su comportamiento se encuentra condicionado por él.

El discurso universal de la religión  se organiza a partir de un todos y no permite acercarse a lo más singular de alguien.

La singularidad de alguien no se alcanza queriendo el bien de la gente, hay que distinguir entre  querer el bien de alguien, de hacer que en ese alguien, se cause su bien.

Freud  planteo que el contenido latente de la mayoría de los sueños está hecho de la realización de deseos inmorales y mal intencionados.

Todos los sueños son fundamentalmente sueños de trasgresión, de mala intención. Pudiendo acordar en estas malas intenciones e inmoralidad, la diferencia está  en qué se hace con eso en filosofía, teología y psicoanálisis.

El psicoanálisis distingue entre culpa y responsabilidad haciendo en lo posible que el sujeto responda por sus intenciones erradas asumiendo aquello que es ajeno a su ser, su inconsciente.

Lo que parece más inhumano, ha sido reintroducido en lo humano por Freud.

Lo más común es que lo más humano sea la mala intención, aunque ella sea sin sentido.

Patricia Pena

 

Para el psicoanálisis las palabras forman parte del tejido humano tanto como el color de los ojos, las células cancerígenas o el ADN. A diferencia de la animal, la vida humana sólo sobrevive en un mundo de lenguaje, un tejido de palabras y letras, un microclima que Lacan califica de humus humano.

A un análisis por lo general se va o se encuentra con la pregunta “¿qué significa eso?-¿qué soy?”

¿Cuándo el ser humano es hablante? Cuando en la experiencia va captando la incidencia del significante en su destino.

Cuando localiza un enunciado que tiene en su vida un valor de oráculo en tanto y en cuanto lo que parecía un avatar de la vida y de circunstancias fortuitas, esa vida, sea en su desgracia, en su consagración, en definitiva, en todo su comportamiento permaneció condicionado por un enunciado con respecto al cual se conduce y actúa.

Por ejemplo, el sujeto recibió como oráculo de su destino “sos y serás un caso perdido”, el sujeto se dedicó toda su vida a maravillar a todo el mundo con sus virtudes, su honor, su dignidad, su devoción hasta sus méritos y logros, tratando de escapar y desmentir dicho enunciado.

Poco tiene que ver lo que incide en el inconsciente del sujeto con su propia palabra, con la palabra que sabe. Tiene que ver con la estructura.

¿Qué es lo que primero puso al descubierto la experiencia del análisis?

Que lo que debe hacer como hombre y como mujer el ser humano lo tiene, ahí la necesidad, lo tiene que aprender del Otro. Tomen como referencia a la vieja del cuento de Dafnis y Cloe, fábula que indica que hay un campo último, el de la realización sexual, cuyos caminos, a fin de cuentas, el inocente desconoce.

Que la pulsión, la pulsión parcial, sea lo que allí lo orienta, que sólo la pulsión parcial.

El discurso universal de la religión, que prevalentemente se organiza a partir de un todos, no permite acercarse a lo más singular de alguien. La singularidad de alguien no se alcanza queriendo el bien de la gente porque queriendo el “bien de la gente” se alcanza lo que se llama “el bien común”.

Hay que distinguir entre el querer el bien de alguien, de hacer que en ese alguien, se cause su bien.

Ser mal intencionado

Estamos de acuerdo: se promueve el bien del prójimo; se predica la palabra; se generaliza; se prodiga la introspección, etc. Ejemplo: hay enfermos del pensamiento.

El pensamiento no es en sí una enfermedad. El bacilo de la peste no es en sí mismo una enfermedad, sino que la engendra. Pensar no es en sí una enfermedad pero puede producir enfermos.

Hay pensamientos que enferman y ellos son pensamientos que no persiguen un fin útil. Pensamientos que se imponen. Esos pensamientos se los llama, pensamientos obsesivos.

Ejemplo: “Tengo miedo que mis seres queridos mueran”. ¡Quién podría tener pensamientos de muerte de seres queridos si no llevara en sí pensamientos mortíferos!

Cuando esos pensamientos funcionan así, la gente consulta porque esos pensamientos escapan a su saber y a su dominio.

Freud en “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto” particularmente en su segunda parte, ‘La responsabilidad moral por el contenido de los sueños’, que escribió después de la Traumdeutung hace una reflexión sobre los sueños de naturaleza inmoral.

A estos sueños inmorales Freud se niega a llamarlos criminales porque dice que la calificación de crimen no pertenece al psicoanálisis propiamente dicho.

Freud muestra que todo el mundo tiene sueños de naturaleza inmoral. Un filósofo, un teólogo y un psicoanalista.

No se puede castigar por eso, aunque cada uno se pueda cuestionar, reprochar por eso.

Freud se pregunta sobre la implicación del sujeto en el contenido del sueño: ¿el sujeto debe sentirse responsable?

En el sueño ocurre que uno es un asesino, mata, viola, hace cosas que en el mundo de la realidad merecerían castigos severos previstos por la ley. En definitiva, los sueños muestran las malas intenciones.

Lo que se manifiesta en el sueño, su contenido consciente que puede ser inocente, moral, correcto, también puede disimular un contenido más inmoral.

Desde el punto de vista de Freud – y quizás actualmente de todos los filósofos, teólogos y psicoanalistas, el contenido latente de la mayoría de los sueños está hecho de la realización de deseos inmorales y mal intencionados.

Todos los sueños, si se sueña, son fundamentalmente sueños de trasgresión, de mala intención.

Uno sueña siempre, según Freud, en contra de la ley y de las buenas intenciones. El núcleo del sueño es una trasgresión de la Ley.

Los contenidos son de egoísmo, de sadismo, de crueldad, de perversión, de incesto. Se sueña contra la Ley y contra la moral y la buena intención.

La formulación de Freud es que los soñadores son criminales enmascarados y malintencionados.

Creo que en ésta dimensión de la mala intención y de lo inmoral estamos todos de acuerdo.

En lo que seguramente no acordamos es en qué se hace con ello, en qué se hace con eso mal intencionado e inmoral, en filosofía, teología y psicoanálisis.

Creo que la filosofía construye mundos explicativos sobre el ser. La teología, mediante sus religiones, realizan ciertas prácticas como la confesión y los actos litúrgicos, un tratamiento de la culpa.

En cambio el psicoanálisis mediante la experiencia del análisis no  trata la culpa sino que distingue entre culpa y responsabilidad haciendo en lo posible que el sujeto responda por sus intenciones erradas asumiendo aquello que es ajeno a su ser, su inconsciente.

Escribí un libro como coautor sobre criminología y psicoanálisis que se llama “¿A quién mata el asesino?”.

En ese libro examinamos un gran espectro de asesinos sobre todo los  “serial killers”  razón de ser que muestran en cierto modo que ellos realizan un deseo presente en cada uno de nosotros.  Aunque sea insoportable pensarlo, de alguna manera son sujetos que no han retrocedido frente a su deseo, frente a sus intenciones.

Lo que parece más inhumano, ha sido reintroducido en lo humano por Freud. En ese sentido el crimen desenmascara algo propio de la naturaleza humana. No sólo el crimen; las formaciones del inconsciente y los síntomas desenmascaran lo que es propiamente la naturaleza humana aunque por supuesto exista en nosotros la simpatía, la compasión y la piedad.

Lo humano puede ser, precisamente, lo conflictivo entre estas dos vertientes de la Ley y del goce. El serial killer está desprovisto de conflicto, eso es muy claro, en eso sale de lo común.

Lo más común es que lo más humano sea la mala intención, aunque ella sea sin sentido.

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