Revista Lectura Lacaniana Número: XXIII
Lecturas Políticas

No tengo buenas intenciones

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 22 septiembre, 2014


El siguiente texto fue presentado en las Jornadas de Diálogo entre Teología, Filosofía y Psicoanálisis: “Dios, ser humano y mundo en debate”‏.

Dios, ser humano y mundo son los tres grandes temas del pensamiento occidental.

Estas tres ideas no constituyen solamente el objeto de las metafísicas especiales, sino que también conforman el núcleo problemático de la teología y, en buena medida, del psicoanálisis, aunque los acentos y enfoques varíen entre los diversos abordajes. 

Estas jornadas buscaron abordar interdisciplinariamente estas problemáticas comunes a la Filosofía, a la Teología y al Psicoanálisis desde un diálogo abierto entre los tres saberes, buscando encontrar aquellas convergencias y divergencias que permitan enriquecer sus propuestas en virtud de su responsabilidad académica y pública.

Ponencia presentada en Instituto ISEDET – Camacuá 282 

 

Parte I  Posiciones insostenibles

Carlos Dante García comienza diciendo  que  el corazón de su discurso trata sobre la ética y  toma a  Freud como punto de partida, haciendo referencia a su planteo que hay  tres posiciones insostenibles, imposibles: educar, gobernar, psicoanalizar.

Una posición insostenible, aclara,  es aquella hacia la cual  la mayoría de la gente se precipita sin saber muy bien qué pretende hacer cuando lo hacen.

Continúa citando a Lacan y su  cuestionamiento a  la idea que se tiene  que el hombre se hace con la educación .

Lacan  afirma que el hombre realiza su educación solo, pero sin embargo hace falta cierta educación que no se hace solo, para que hombres lleguen a soportarse entre sí.  Esa cierta educación está vehiculizada por la palabra.

El analista está en una posición de necesidad,   necesidad que discurso no esté en relación al llamado ser humano, sino con y a  un ser hablante. Un ser hablante que es un ser hablado. 

La experiencia del análisis es una experiencia en que se pasa del ser humano al ser hablante hablado.

Concluye con una pregunta: ¿Por qué al ser humano se lo llama ser humano?

Patricia Pena

 

Agradezco la invitación de Flavia Soldano a estas Jornadas y la posibilidad que me brinda de enterarme de las elaboraciones que se hacen en lugares que no frecuento, el  ISEDET y de exponer lo que entiendo es el ser humano a partir de mi práctica como psicoanalista.

Este instituto, tengo entendido es una Facultad Luterana de Teología. Entonces, hablaré ante gente que tiene una particular posición con relación a la palabra y la escritura; la de una posibilidad dialéctica que quizás no es frecuente en otras teologías. Me ha gustado el texto que se presentó como convocatoria ya que promueve la posibilidad del diálogo a partir de los tres saberes, Filosofía, Teología y Psicoanálisis con la intención de enriquecer con las propuestas de cada uno la dimensión académica y pública.

Lo que les diré intento apoyarlo en forma ajustada a mi experiencia como psicoanalista siendo ésta  limitada a pesar de mis 36 años de práctica.

Hablar ante gente, esto es lo que supongo, que sabe teñir la cuerda filosófica y teológica, intimida, sobre todo si es sobre el ser y además, habiendo anunciado que el título es “No tengo buenas intenciones”, sobre el ser humano.

No me intimida lo que se pueda creer saber sobre el ser sino el efecto que pueda producir lo que no se sabe sobre lo que no se reconoce como falta en ser. El corazón de mi discurso trata sobre la ética y parte de Freud.

Este enunció en algún lado que hay posiciones insostenibles, imposibles: educar, gobernar, psicoanalizar. ¿Qué es una posición insostenible? Es aquello hacia lo que la mayoría de la gente se precipita o todo el mundo se precipita sin saber muy bien qué pretenden hacer cuando lo hacen.

Por ejemplo, nunca faltan candidatos para gobernar que nos dicen hacia dónde cada uno de nosotros y todos juntos tenemos que ir. Saben lo que somos y lo que hay que ser.

¿Qué constituye el trasfondo de la educación? Cierta idea de lo que se necesita para hacer hombres, como si fuera la educación lo que los hiciera. Fui a un colegio que tenía como lema: “Un hombre nuevo para Dios y para la Patria”. Ahí me di cuenta, desde muy joven sobre lo que era la educación: había gente que sabía cómo y de qué forma formarme.

Lacan afirma que el hombre realiza su educación solo pero sin embargo hace falta cierta educación que no se hace solo, cierta educación para que los hombres lleguen a soportarse entre sí.  Esa cierta educación está vehiculizada por la palabra.

La idea que se tiene es que el hombre se hace con la educación.

Que gobernar y educar se haga desde hace siglos y se lo haga bastante bien y bastante mal no impide que uno se pregunte.

Esta es la razón por la en mi práctica tengo una distancia dada por lo que se denomina un discurso, el discurso analítico, que hace que mi posición, mi posición como analista, que no es una posición filosófica ni ontológica ni teológica  sino de necesidad, una posición de necesidad; esa necesidad es que el discurso no esté en relación a un, como se lo llama, un ser humano, sino con y a  un ser hablante.

Un ser hablante que es un ser hablado y esto que acabo de afirmar no significa que desconozca lo que se llama ser humano.

La experiencia del análisis es una experiencia, cuando la hay, en que se pasa del ser humano al ser hablante.

Alguien que hace la experiencia de un análisis, tienen ustedes, fíjense aquí a lo que convoco, tienen que creerme, porque hoy no puedo demostrarlo, que el que la hace, capta, percibe, acepta la futilidad del y de toda pretensión de ser.

¿Por qué al ser humano se lo llama ser humano?

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