Revista Lectura Lacaniana Número: XXIII
Lecturas Científicas

Una oferta del psicoanálisis de orientación lacaniana

Por Sérgio Laia | Asociación Mundial de Psicoanálisis
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 septiembre, 2014


En esta oportunidad presentamos un artículo de Sérgio Laia,  AME de la EBP y miembro de la AMP,  miembro de la Comisión de Garantía de la EBP. Fue Director Ejecutivo de VI ENAPOL por la EBP. Es Profesor Titular de la Universidad FUMEC e Investigador Nivel 2 del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).

Afirma que  el psicoanálisis de orientación lacaniana tiene un real, abordando la experiencia de lo real diferente de la religión,  la ciencia y la dominación combinada del discurso de la ciencia y el capitalismo, los cuales apuntan a la devaluación del Nombre-del-Padre como aquello  que estructuraba  la experiencia humana.

La civilización actual se edifica sobre esta hiancia del Padre, sobre la inexistencia del Otro-que-no-engaña, intentando taponar con objetos diversos, religiosos o de consumo.

Los analistas de orientación lacaniana  ofrecen la fineza de un real, orientándose por el síntoma, que existe como una respuesta a lo real de la inexistencia de la relación sexual.

Esta orientación hacia lo real, es empleada para referirse a lo que está en juego en la experiencia analítica lacaniana, sería explotar en cada caso clínico la defensa contra lo real sin ley y fuera de sentido.

Del deseo del analista como aquel deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarle del sentido.

Es en la singularidad  de cada caso, a través de la experiencia analítica, donde  se ofrece un contrapunto a las ofertas de la religión, de la ciencia y del capitalismo, vía el síntoma, aquello singular a cada uno, individual, sin división y de lo que cada uno hace un goce.

 

Angela Vitale

 

 

Una oferta del psicoanálisis de orientación lacaniana para el siglo XXI 

Un real para el siglo XXI – título del próximo congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis – puede ser entendido como una oferta: el psicoanálisis de orientación lacaniana ofrecería a nuestro siglo un real. ¿Por qué lo haríamos?

En efecto, el psicoanálisis de orientación lacaniana “tiene” un real o, mejor dicho, hace la experiencia de un abordaje de lo real diferente del que hace la religión, la ciencia y la “dominación combinada”[1] del discurso de la ciencia y del discurso del capitalismo.

De esta forma, puede ofrecer un real al siglo XXI que no cesa de tener relación con la coacción de lo real: si Monet ofreció asilo a un mundo devastado por la primera guerra mundial, en sus Nenúfares, concebidos como una especie de enorme ramo[2], nosotros, los analistas de orientación lacaniana, podemos ofrecer la sutilidad, la fineza de un real, para un siglo que está enzarzado incesantemente en lo real y que, incluso devastado por él, aspira todo el tiempo a su presencia. Se trata de una oferta estratégica que podría permitir al psicoanálisis proseguir más allá del viraje de este siglo que sucede al que le vio nacer.

La combinación del discurso de la ciencia y del discurso del capitalismo ha devaluado el Nombre-del-Padre como la referencia que, tradicionalmente, estructuraba la experiencia humana, mientras que la religión se mantiene como guardiana nostálgica de un Padre exiliado del mundo. Con Lacan, nos aclara Jacques-Alain Miller, tenemos una devaluación del Nombre-del-Padre ocurrida menos de tres décadas antes de que el siglo XXI comience, pero esta es diferente de la ocurrida por la confluencia ciencia-capitalismo, siendo ajena a toda nostalgia o conservadurismo religioso ya que el Nombre-del-Padre se reduce en ella a un síntoma, es decir, a la “suplencia de un agujero”, subrayando que este agujero es el de la inexistencia de la relación sexual[3].

La civilización actual se edifica sobre la hiancia del Padre, sobre la inexistencia de un Otro-que-no-engaña, intentando taponarlas con objetos que sin cesar van a reabrirlas, de forma que incesantemente aparecen nuevos objetos en el mercado, sea este religioso o de consumo.

El psicoanálisis de orientación lacaniana, a su vez, va a subrayar que el Nombre-del-Padre – glorificado por la religión o agujereado y, al mismo tiempo, taponado por los productos de la ciencia y por el consumismo propio del capitalismo – es la suplencia del agujero inevitable que la imposibilidad de la relación sexual deja sobre los cuerpos de los que hablan. Por lo tanto, la experiencia analítica no busca refugio en el padre, como tampoco desprecia su existencia, ni lucha por su destrucción. Ella se apoya al mismo tiempo sobre otra existencia y otra inexistencia, orientándose sobre un síntoma que existe como una respuesta a lo real de la inexistencia de la relación sexual.

La expresión “orientación hacia lo real” es empleada muchas veces para referirse a lo que está en juego en la experiencia analítica lacaniana. J.-A. Miller nos invita a investigar lo que sería, hoy, tal orientación y nos enseña una vía: explotar, en cada caso clínico, la “defensa contra lo real sin ley y fuera de sentido”, perturbarla sin ignorar que la propia transferencia es “una defensa contra lo real” y, de esta forma, poner en evidencia cómo la clínica psicoanalítica – tomada en la transferencia que implica un “querer decir”, un “sentido” – puede dar lugar “al inconsciente real” para el que lo que existe es un “es así”[4], vacío de todo sentido.

En esta investigación, a la que nos hemos consagrado en vistas al Congreso de la AMP 2014, se trata deponer a la luz la renovación del deseo del analista en los términos de un “deseo de alcanzar lo real, de reducir al Otro a su real y liberarle del sentido”[5]. Puesto que esta reducción y esta liberación me parecen inseparables de la tentativa de Lacan de “representar lo real como un nudo borromeo” y hacernos tocar esa “zona irremediable de la existencia; la misma zona que Edipo en Colona, donde se presenta la ausencia absoluta de caridad, de fraternidad,

de cualquier sentimiento humano”[6], sería importante aclarar cómo la entrada en este tan inquietante lugar que Lacan ha terminado por escribir síntoma – incluso si J.-A. Miller evoca la tragedia de Edipo en Colono y se apoya sobre el “ego de Joyce[7]- se distingue de la vía trágica del “narcisismo de la Causa perdida[8]”.

La “Causa perdida”, como nos enseña Lacan, comporta el “narcisismo supremo” por el que un sujeto, tanto en la “vía de la tragedia griega” como en el “cristianismo desesperado” de un Paul Claudel, encara “la voluntad del Otro” para satisfacer “la voluntad de castración[9]” inscrita en este último. Una versión reciente del “narcisismo supremo de la causa perdida”, en el campo de la religión, es la renuncia del Papa Benedicto XVI: dice retirarse del mundo para preservar lo poco de vida y de salud que le queda en el cuerpo, reduciendo el vínculo con este mundo, en su exilio voluntario, a las plegarias que le dedica. Sin embargo, esto no puede separarse de su impotencia para responder a los callejones sin salida religiosos, políticos y financieros a los que el Catolicismo se ve confrontado. Mediante la combinación del discurso de la ciencia y del discurso del capitalismo, una nueva versión del “narcisismo supremo de la Causa perdida” se manifiesta en la agitación de los cuerpos irresistiblemente arrastrados por las innovaciones de la ciencia y las mercancías, y esto a pesar de las incidencias mortíferas de este goce.

El gusto contemporáneo por la perdición, por el abandono y por el aburrimiento, así como la entrega siempre actual a los cuerpos presos en una satisfacción autoerótica, podrán encontrar, en la singularidad de cada caso, a través de la experiencia analítica, un contrapunto a las ofertas de la religión, de la ciencia y del capitalismo, sin que se subestime el tomar en cuenta la dimensión libidinal que afecta a los cuerpos vivos. A la manera de un Edipo en Colono, un analizante, confrontado a su programa de goce, podrá preguntarse: “¿me he convertido en alguien (andros) al convertirme en persona?”[10] Alcanzar esta inquietante pregunta es un medio para encontrar en el sínthoma lo que es singular a cada uno. Tanto más singular que su propia imagen corporal, puesto que, mientras esta resulta de la alienación de la relación al otro que representaba inicialmente, el sínthoma, incluyendo la opacidad que en él reside, comporta lo que, en los términos de Joyce leído con Lacan, es individual, es decir, sin división, sin reparto y de lo que cada uno hace un goce. En estos contrapuntos, se reafirma que el psicoanálisis de orientación lacaniana “tiene” verdaderamente un real que ofrecer al siglo XXI consumido y conmocionado por lo real.

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Traducción: Carmen Cuñat

1. Miller, J.-A.: “Lo real en el sigle XXI”, en: Engouement pour la clinique. La Cause du désir, Navarin editores, nº 82, octubre 2012, p. 88. En castellano, Web AMP: http://www.congresamp2014.com/es/

2. Para esta referencia me he apoyado en el recuerdo de visitas a la Orangerie y sobre las informaciones recogidas en la web: http://www.musee-orangerie.fr/home_id24799_u112.htm (acceso en febrero de 2013).

3. Miller, J.-A., “Lo real en el siglo XXI”, op. Cit., p. 93.

4. Ibídem, p. 94.

5. Ídem.

6. Ídem.

7. Lacan, J. El Seminario, libro XXIII, El Sínthoma, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 141-153

8. Lacan, J. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, Escritos, Barcelona, RBA, 2006, p. 806.

9. Ídem.

10. Es un excelente texto de Ram Mandil el que me ha permitido aislar este verso contundente: Mandil, R.A.

11. De un deseo de tocar a lo real. Papers, nº 1 (acceso por internet el 25 de agosto 2013): http://www.congresamp2014.com/pt/Papers/Papers-001.pdf

 

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