Revista Lectura Lacaniana Número: XXII
Lecturas Psicoanalíticas

"Leer la pulsión". Parte III

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 12 agosto, 2014


Conferencia Pronunciada en el contexto del IOM (Instituto oscar Masotta) en Mendoza el viernes 13 de junio de 2014.

La tercer parte comienza con el capitulo XV del seminario XI de Lacan “ Del amor a la libido”. Carlos Dante García  manifiesta que el amor es la tendencia a conservar una homeostasis personal de tensión mínima, se concibe del lado del principio del placer y pertenece al registro del yo. Lacan va afirmar en relación  que “para concebir el amor hay que referirse a otro tipo de estructura que la de la pulsión”. 

Para orientarnos en lo que organiza la conferencia, a mi entender: “el movimiento de un análisis es ir hacia la pulsión”. ¿Cómo ir hacia la pulsión? Carlos Dante retoma el mito de la laminilla de Lacan. La laminilla, el órgano de la libido al decir de Lacan, esa parte de si mismo que se escapa, se pierde al nacer. Es lo que da origen a toda acción, está presente en cada uno de nuestros actos. ¿Cómo llegar a eso? Carlos Dante refiere que  esa parte perdida de sí mismo se accede bajo la forma de Otro, lo más ajeno, lo que no se reconoce como propio. Es hacia donde se dirige un análisis, el trayecto de un análisis supone que el sujeto se vaya encontrando con aquellos significantes, tesoros significantes del Otro con los que no se identifica, en los que no se reconoce pero que lo lleva de las narices* a lo largo de su vida y son el verdadero partenaire del  sujeto.

Florencia Vidal Domínguez.

*Si bien el termino “nariz” es singular, la expresión: “llevar de las narices” es una expresión coloquial usando el término en sentido figurado para dar cuenta de la sujeción, sometimiento de un sujeto por otro.

 

Leer la pulsión

Ahora voy a dejar este capítulo para pasar DEL AMOR A LA LIBIDO.

¿Cómo va a abordar Lacan este tema? También, cuestionando ciertos prejuicios que tenemos del amor y de la libido. Así mismo, produciendo un nuevo mito “El de la laminilla”.

Lacan se pregunta qué hace Freud y plantea al respecto: Freud pone de un lado las pulsiones parciales y del otro al amor. “Las pulsiones nos solicitan en el orden sexual-son algo que proviene del corazón. Para sorpresa nuestra nos enteramos por él que el amor, en cambio, proviene del estómago, es lo que está de rechupete”(…)Esto es sorprendente, pero aclara algo fundamental para la experiencia analítica-la pulsión sexual genital existe, en modo alguno está articulada como las demás pulsiones” Si  no existe, entonces hay que dejar afuera todo lo genital. Sí existe, pero es lo que surge de la circulación del Complejo de Edipo, es de lo que se saca de cómo hacer a través del padre y de la madre, con algo de cómo comportarse, “algo parecido” al hombre y la mujer.

Digo algo parecido, porque nosotros los analistas analizamos las pulsiones parciales. (Más adelante el habla de “la mascarada”, es algo simbólico e imaginario. Todo lo que vengo explicando hasta ahora es algo de lo que podría llamarse de lo real o del goce) “Todo lo que dice Freud del amor hace hincapié en el hecho de que para concebir el amor hay que referirse necesariamente a otro tipo de estructura que la de la pulsión. Esta estructura de la pulsión se distingue en tres niveles- el nivel de lo real, el económico y el biológico”.

En cambio, el amor ¿de qué lado juega en todo esto? No tiene nada que ver con esta estructura. El amor solo se concibe por el lado del principio de placer. Todos sabemos, que basta que comience a generarse el displacer para que empiece a disminuir el amor. Es decir, desde un punto económico el amor sería una tendencia a conservar una homeostasis personal de tensión mínima. Por eso va a decir, que el amor se organiza en torno al Lust-Ich, es decir, al Yo-placer. Primera conclusión, nosotros no analizamos al Yo.

Entonces, cuando alguien nos desarrolla toda una cuestión del amor, está dejando de lado la problemática pulsional. Por eso, no lo plantea aquí sino más adelante, no hay relación sexual. Por qué, porque la oposición femenino-masculino no se alcanza nunca. Nunca vamos a saber en lo inconsciente, qué es lo femenino o lo masculino.

Lacan se pregunta ¿cómo es que el sujeto alcanza la dimensión del Otro? ¿Qué es el Otro? :

*Es algo ajeno,

*Es alter,

*Es lo que no reconozco en mí, pero que sin embargo está en mí,

*Es lo más ajeno de mí,

*Es donde está la esencia de mí.

Lacan habla del Órgano de la pulsión y dice: “El órgano de la pulsión se sitúa en relación al verdadero órgano. Para que de veras lo palpen y para sustentar que este es el único polo que, en el campo de la sexualidad, está al alcance de nuestra aprehensión, me voy a permitir presentarles un mito. Para hacerlo acudiré al padrinazgo histórico  de lo que en El Banquete de Platón se dice sobre la naturaleza del amor, por boca de Aristófanes”. “Esta fábula es un desafío al tiempo ya que se ha mantenido por los siglos de los siglos sin que nadie haya tratado de superarla. Yo lo voy a intentar”

La fábula de Aristófanes es el mito del amor que ha imperado en todos los siglos en Occidente, es el mito de la media naranja, es el mito andrógino, en el cual se persigue el complemento de lo que a uno le falta. Esto sería la base de la formulación.

Sin embargo, les voy a relatar el mito para que se capte la problemática.

¿Qué es un mito para Lacan? Es un relato atemporal. No es una novela, no tiene las variaciones de lo que se construye en la literatura. Aquí, se trata de una ficción que sugiere la noción de estructura, es decir, algo que no cambia.

El de Aristófanes, es un mito que da sentido a la imposibilidad de la fusión de los sexos, da sentido a la no relación sexual. Da el sentido de vos me completas, o tengo la ilusión de que vos me vas a dar lo que me completa. En qué consiste? Aristófanes comienza diciendo, que los hombres no se han dado cuenta del poder del amor. Fíjense que no existe ningún monumento al amor, no hay materialización en la historia.

“En el origen de la humanidad había tres géneros: el hombre, la mujer y los andróginos. Estos últimos, eran seres redondos, con espaldas y cuerpo en círculos, cuatro brazos, cuatro piernas y una cabeza, cuatro orejas, dos ojos, órganos sexuales bificados y de los dos sexos, que podían caminar de manera bípeda, hacia adelante,  atrás y hacia los lados. Por supuesto que unos seres tan redondos tenían un poco de soberbia y pretendieron alcanzar a los dioses construyendo una escalera. Zeus los castigo, cortándolos en dos, haciéndolos incompletos. Cada uno quedo desesperado buscando la otra parte que no encontró jamás.

Quedaron condenados muriendo de hambre e inanición, no pudiendo hacer nada por el otro ni por sí mismo. Desde entonces, hombres y mujeres han buscado la parte que les falta entre: hombres con hombres, mujeres con mujeres, mujeres con hombres y viceversa”

Lacan va a cuestionar este mito. Esta no es la verdad de la estructura subjetiva. Propone el mito de la laminilla en pág. 205. Cada vez que nace alguien, nace un hombre y también la hombreleta o laminilla. Lo que Lacan dice en este mito, es que en cada nacimiento se escapa algo. O sea que, lo ubica en el nacimiento de algo. Cuáles son las particularidades de la laminilla:

Es extra-plana

Anda por todas partes,

Es como la amiba, inmortal

Sobrevive a todas las divisiones

Sobrevive a todas las divisiones escisíparas

Su carrera no se detiene

No existe

Es un órgano

Es inmortal

Es vida irreprimible

Es todo

La laminilla tiene representante, no es el hombre, es algo que nace con él. Todos los representantes de la laminilla, son todos los objetos a. La laminilla es algo que se pierde al nacer. En otros términos, es algo se pierde cuando se constituye como sujeto. Por lo tanto, representa la parte del sí mismo que el individuo pierde. O sea, que si tomo esta definición, las “uñas sucias” es algo que representa una parte de sí mismo. Justamente, esa parte de sí mismo, es lo que va a representar aquello que el sujeto cree encontrar y ver en el otro.

Lacan inventa un mito para representar esa parte perdida. No es la polaridad sexual, no es él en relación a ella. Si no, que se trata de la relación del sujeto con el otro. ¿Con qué otro? Con esa parte que es de mí mismo, pero que no reconozco como propia. Es a dónde conduce el análisis… a buscar el verdadero partenaire del sujeto, esa parte de sí mismo que solo aparece bajo la forma de Otro, que es lo más ajeno a uno.

Lo que hace surgir la laminilla, esa parte que se pierde cuando un sujeto nace. Por lo tanto, lo que dice Lacan es que esa parte perdida de uno, no es un complemento. Ese es el problema, no es complementariedad.Sustituye el mito del objeto del objeto a, por el de Aristófanes.

La laminilla, es un borde. No es sexuada, si lo fuera estaríamos en la polaridad. Esto nos conduce, a que algo está presente en cada uno de nuestros actos. Es la dimensión de la presencia del objeto a, de la laminilla, del objeto a  como representante de la laminilla. Para comprenderlo mejor, pensemos en un órgano que funciona como un todo, que actúa como un todo aunque no lo percibamos, es el sujeto en acto. La paradoja de este órgano, es que acerca al sujeto a su condición animal. Porque la libido desplaza los límites del organismo. En el ejemplo que les di, este hombre se presenta como desacomodado, la pregunta era la desesperación por la intranquilidad… la libido es esa laminilla que se desliza hasta en el organismo hasta su verdadero límite, más allá del cuerpo. Porque arrastra al cuerpo, lo somete a exigencias.

La laminilla, manifiesta que toda pulsión es virtualmente pulsión de muerte.

Más adelante está la clave clínica  de las dos partes, cuando Lacan plantea: “La relación con el Otro hace surgir, para nosotros, lo que representa la laminilla”  es decir, solo surge la laminilla a partir de que surge en el análisis la relación con el Otro, cuando se pasa en el análisis del Yo al Sujeto y su relación con el Otro. Por eso el título se llama del Amor a la Libido, porque solo en la experiencia analítica se hace ese pasaje, es por la transferencia que se presentifica esta dimensión que no es amorosa.

Entonces, entramos en la dimensión de la laminilla cuando entramos en la relación con el Otro en la experiencia de un análisis. Esto es lo que muestra la afinidad de toda pulsión, con la zona de la muerte. No es la muerte como hecho físico, es la esencia de toda pulsión en tanto altera y somete al organismo. Es lo que enlaza al inconsciente con la pulsión, mediante los significantes del inconsciente estructurado como lenguaje nos acercamos a eso que llamamos pulsión.

 

Bibliografía

Lacan .J: “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” Libro 11 Paidós.

Freud, S: “Pulsiones y destinos de pulsión” Amorrortu. Obras Completas.

Platón: “El Banquete”. Alianza Editorial.  (Cuarto discurso: Aristófanes)

 

Obra: “The impossible”. María Martins.

Print Friendly