Revista Lectura Lacaniana Número: XXI
Lecturas Psicoanalíticas

"Leer la pulsión". Parte II

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 julio, 2014


Conferencia Pronunciada en el contexto del IOM (Instituto oscar Masotta) en Mendoza el viernes 13 de junio de 2014.

En la segunda parte Carlos Dante García va a destacar las propiedades fundamentales de la pulsión. La elemental es que la pulsión no tiene descanso, esa fuerza constante que siempre se satisface. Freud en “Pulsiones y destinos de pulsión” nos dice que esta fuerza  no es una fuerza momentánea, es una fuerza constante y  la esencia de la pulsión será este estímulo proveniente del interior del organismo ante  lo cual no es posible sustraerse.

Carlos Dante resalta la diferencia entre la satisfacción de la pulsión parcial y el autoerotismo. Nos dirá que la satisfacción de la pulsión oral está en el silencio, en la boca cerrada que Lacan denomina  “boca flechada” a diferencia del autoerotismo que es una boca que se besa a si misma, no hay recorrido de un circuito.

La meta de la pulsión es la satisfacción, Lacan afirma que la meta de la pulsión parcial no es otra cosa que ese regreso en forma de circuito. El objeto es lo más variable, nos enuncia Freud, y Carlos Dante refiere al respecto que el circuito de la pulsión se cierra con la presencia de un hueco, un vacío que puede ser ocupado por cualquier objeto. El acento pasa por el recorrido, por el circuito de la pulsión que bordea, contornea ese vacío, ese hueco.  Será la demanda la que hace cambiar la pulsión de un circuito a otro.

Florencia Vidal Domínguez

 

Leer la pulsión

Quiero comentar algunos aspectos del texto de Freud, “¿cómo actúa la pulsión?-se pregunta Freud-¿Dónde se sitúa su fuente?, ¿cuáles son las propiedades elementales de las pulsiones? La propiedad de una pulsión es que, toda pulsión es un fragmento de actividad. La pulsión no tiene descanso. Por ejemplo, en la clínica el paciente dice: “el fin de semana no estuve haciendo nada”. Nosotros sabemos que no, puesto que la pulsión no descansa. Entonces, ¿quién dice no estuve haciendo nada? El Yo, comparándose con lo que debería haber hecho. Entonces cómo vamos a intervenir… ¿vamos a preguntarle que hizo, lo vamos a convencer de que sí estuvo haciendo algo, vamos a abalar lo que dijo? Se comprende por qué digo que orienta la interpretación. Sí dice luego… “estuve mirando televisión y comiendo”… Entonces, ya ahí, por lo menos tenemos dos pulsiones (¡cómo estuvo gozando el fin de semana!) En algún momento aparece esto de que no puede dejar de ver, o no puedo dejar de cerrar la boca.

Ahora bien, cuál es la meta. En todos los casos es la satisfacción. Así en la clínica, la insatisfacción manifiesta por el paciente está velando la satisfacción de la pulsión. Este “no hice nada el fin de semana” supone que la pulsión hizo muchísimo. No hay pulsión que no se satisfaga, lo cual orienta el análisis. “Me llevo mal con él” a lo que nosotros podemos pensar “te llevás muy bien”- ubicamos allí la pulsión parcial.

 

Por lo tanto, si en todos los casos es la satisfacción, Freud va a admitir que hay metas variables e invariables. O sea, siempre es la satisfacción, pero ésta se puede mover. Pero siempre va a ser la satisfacción de una pulsión parcial. O sea que, tampoco podemos creerle a alguien que dice: “la pase bárbaro” porque la pulsión es parcial y la satisfacción por tanto es parcial.

El objeto. Es aquello en y por lo cual se puede alcanzar la satisfacción. Freud plantea que es lo más variable. El mismo, puede ser tanto ajeno como del cuerpo propio. Aquí la particularidad de la pulsión con el objeto es, el lazo. Este lazo tiene un nombre: fijación. No es cualquier satisfacción la que pide una pulsión, la va a seguir un lazo. Este objeto es variable, puede ser cualquier objeto de la realidad. Por lo tanto no podemos creerle al paciente cuando dice: “conocí al amor de mi vida”… porque todos los objetos son variables. Ejemplo: “un hombre totalmente enamorado de una mujer, comienza a hacer ciertos desarreglos en su vida. Desesperado en análisis, por este cambio en su estabilidad, pregunta: ¿qué le vi a esa flaca? Acompañando a ello, se le pregunta ¿qué? El sujeto dice: no, es una pavada. Comenta que se la encontró en las primeras reuniones de trabajo en las que él era el jefe, y ¿qué le vio?. Vio debajo de la mesa en la que estaban reunidos varios, vio sus uñas sucias” Este ejemplo es claro en cuanto a que la pulsión no elige cosas estéticas, eso lo elige el ideal, la pulsión va a lo opuesto de la mujer que lava el pollo para cocinar, y no quiere que haya miguitas en la cama.

Creo que queda claro la relación que comienza a encontrarse entre la pulsión, el objeto y el lazo que atraviesa la cuestión del yo y del ideal.

La fuente. Es el proceso somático cuyo estímulo es representado en la realidad psíquica. Freud se pregunta ¿las pulsiones tienen cualidades diferentes? ¿Puede haber especializaciones en las pulsiones? No. Todas las pulsiones son iguales. La única clasificación es lo que lo que se llaman pulsiones del yo y pulsiones sexuales. Las características generales de las pulsiones sexuales son cuatro: son numerosas, independientes, se reúnen por momentos y lo único que tienen en común es la satisfacción.

Los destinos. Son la variedad de defensas. Aquí entramos en el terreno más clínico. Los destinos son: la represión, la sublimación, la transformación en lo contrario… Todo eso, son defensas. O sea que, básicamente para Freud, el ser hablante se defiende de las satisfacciones de la pulsión. Esto también orienta en la clínica, ya que todos los ejemplos que vengo exponiendo, son ejemplos de defensas.

Retomo ahora a Lacan.

Lacan cuestiona la equivalencia, (que también es un prejuicio de los analistas) entre satisfacción parcial de la pulsión y autoerotismo. Primera cuestión que plantee pero no resolví es: la sexualidad y las pulsiones parciales, no son manifestaciones del amor. La segunda es: la satisfacción de las pulsiones parciales no tienen nada que ver con el autoerotismo.

Dice Lacan: “En alguna parte dice Freud, que el modelo ideal de autoerotismo podría ser el de una boca que se besa a sí misma- metáfora luminosa que sólo pide que se la complete con una pregunta. En la pulsión ¿no podría llamarse a esta boca una boca flechada? Una boca cerrada en la que, en el análisis, vemos a asomar al máximo en ciertos silencios, la instancia pura de la pulsión oral cerrándose sobre  su satisfacción. En todo caso, hay algo que nos obliga a distinguir esta satisfacción del puro y simple autoerotismo de la zona erógena, y es el objeto que con demasiada frecuencia confundimos con  aquello sobre lo cual se cierra la pulsión-”

La boca que se besa a sí misma, no es la satisfacción oral. ¿Qué es la satisfacción oral, cuándo hay satisfacción oral? Cuando en el análisis alguien se queda callado, es la boca cerrada, flechada. Es ahí, donde se cierra el circuito de la pulsión. No donde se produce el autoerotismo.

¿Por qué se cierra el circuito de la pulsión? Se cierra con la presencia de un hueco, de un vacío. El cual, puede ser ocupado por cualquier objeto. “El objeto a, no es el origen de la pulsión oral” Esto supone otro mito, porque suele confundirse la satisfacción de la pulsión con lo que gira para satisfacerse, con un objeto. Interpretamos en relación a este objeto. Entonces, Lacan rompe con toda una génesis de valoración que tiene que ver con toda una serie de objetos de la realidad que se acercan al niño, acerca de cómo se relaciona el circuito oral con el anal.

Va a decir Lacan: “El asunto es saber dónde se enchufa este circuito y, antes que nada, si tiene características de espiral, es decir, si el circuito de la pulsión oral lo continúa la pulsión anal…” (No voy a desarrollarlo todo)

Fíjense lo que plantea: “El paso de la pulsión oral a la pulsión anal no es el producto de un proceso de maduración, es el producto de la intervención de algo que no pertenece al campo de la pulsión- la intervención, la inversión de la demanda del Otro” O sea, lo que hace cambiar la pulsión de un circuito a otro, es la demanda. (Todo un tema para desarrollar) Se entiende que no es la maduración, ni son los objetos que se le aferran. Es la pulsión parcial que tenemos que considerarla siempre, como una fuerza constante.

El objeto que debe concebirse con respecto a la pulsión, es un objeto que debe ser contorneado. No es un objeto materializado. Lo que interesa es el contorno, que se corresponde con una estructura topológica que se llama: borde.

“Todo en ella se articula en términos de tensión”_ Cómo escuchamos por ejemplo, la desesperación de alguien que llega a sesión porque dice que se le rompió el caño del vecino de arriba. ¿Lo escuchamos porque se le inundó todo? ¿Todo es un desastre? La presión ¿qué presión? La presión dice Freud, proviene de una exigencia interna que a su vez, se manifiesta como externa. Entonces, esto también orienta la intervención.

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