Revista Lectura Lacaniana Número: XXI
Lecturas Políticas

De la resistencia al psicoanálisis a la división... II

Por Antoni Vicens
Publicado en Lectura Lacaniana: 10 julio, 2014


De la resistencia al psicoanálisis a la división constitutiva de la Escuela. Lección política de un trozo de real

Parte 2

 

En esta segunda entrega Antoni Vicens, relata que el Campo Freudiano  participó añadiendo un Foro de psicoanalistas, con dos números publicados en papel e  intervenciones en directo en la escena pública.

El primer números de Forum des psychanalystes fue elaborado a partir de las intervenciones en el Foro “¿Reglamentar la salud mental? ¡No hay consenso!” . Realiza un recorrido por las intervenciones  de Lieve Billiet, Yves Vanderveken, Alfredo Zenoni , Patricia Bosquin-Caroz  quien insiste sobre el rigor de nuestra formación como psicoanalistas y es una tarea que compete principialmente a las Escuelas. El profesor Yves Cartuyvels, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Saint-Louis de Bruselas, enumera las paradojas del proyecto de ley.

El segundo número de Le Forum des Psychanalystes, vuelve sobre el tema. Yves Vanderveken  en su texto plantea: si el psicoanálisis es terapéutico, no es una psicoterapia como las demás, en el sentido de que exige que quien la dirige sea un psicoanalista, esto es, que sea alguien que haya pasado por la experiencia de un psicoanálisis.  Anne Lysy  plantea que se podría decir que un psicoanalista es por definición ‘lego’, ‘profano’.  Dominique Holvoet  refiere si el título de “psicoterapeuta” es protegido  por la ley, el de psicoanalista depende de una formación específica y  el avance sería que la formación psicoanalítica garantizada por una Escuela psicoanalítica  fuera reconocida.  Wim Galle recupera en Freud el mismo significante que utiliza Lacan para referirse al psicoanálisis: Erfahrung, experiencia.

En estas publicaciones hay entrevistas con autores, artistas, creadores, etc que muestran su solidaridad con los psicoanalistas

Luego del primer Foro de octubre de 2013, Eric Laurent fue invitado a dictar, en la Universidad de Saint Louis, una conferencia con el título de “El psicoanálisis no es una psicoterapia, pero…”.

Patricia Pena

 

El Campo Freudiano añadió a esta acción un Foro de psicoanalistas, primero en formato de papel, con dos números publicados, y luego también en la escena pública, con intervenciones en directo.

El primero de los dos números de Forum des psychanalystes fue elaborado a partir de las intervenciones en el Foro “¿Reglamentar la salud mental? ¡No hay consenso!” celebrado en Bruselas el 5 de octubre de 2013, por las asociaciones fracófonas y neerlandófonas del Campo Freudiano.

Lieve Billiet manifiesta que “lo real escapa a las cifras y a las estadísticas, a las articulaciones significantes y a las leyes, a los sondeos y a los cuestionarios. Jamás se dejó domesticar por el amo, no se dejará gestionar por los científicos del cerebro y del comportamiento, ni por los spin doctors.” Y añade: “el psicoanálisis tiene en su punto de mira ese real, es en eso que se distingue de la psicoterapia. No apuesta por el significante amo, apuesta por la invención particular de cada parlêtre. ¿Podríamos tomar en consideración una política que toma en cuenta ese real?”

Yves Vanderveken enumera algunas acciones políticas llevadas a cabo por la Escuela: organización de Jornadas y Congresos, publicaciones, encuentros con los representantes de la ciudad, confrontación con otras disciplinas, profundización de nuestras investigaciones clínicas y teóricas, trabajo de formación de los analistas, cursos, seminarios, control de nuestra práctica, y su validación y garantía. Para concluir con un: “Nosotros, los psicoanalistas…” nos ocupamos de nuestra causa.

Alfredo Zenoni titula con gran claridad: “Los síntomas de lo humano están más allá de la filosofía y de la medicina”.

Patricia Bosquin-Caroz insiste sobre el rigor de nuestra formación como psicoanalistas. La reducción (o el rapto) de la formación psicoanalítica por el discurso universitario es inaceptable. Muchas cosas del psicoanálisis pueden aprenderse en la Universidad, pero ahí nunca se aprenderá de qué modo el síntoma que tomamos en tratamiento no se erradica jamás; al contrario, confiamos en su creatividad, como forma singular de respuesta al malestar. No confiamos pues en ninguna psicoterapia autoritaria o reeducativa. Es por ello que la formación del psicoanalista nunca termina; es una tarea que compete principialmente a las Escuelas.

El profesor Yves Cartuyvels, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Saint-Louis de Bruselas, enumera las paradojas del proyecto de ley. En primer lugar, el intento de garantía que la ley pretende dar apela a “un tipo de racionalidad científica, neutro y objetivo, separado de las relaciones sociales, independiente de las relaciones de poder, indiferente a la cuestión del sentido”, a la vez que el legislador pretende aplicarlo precisamente a este tipo de relaciones sociales de los que se excluye. En segundo lugar, destaca cómo este intento se inscribe dentro de una suerte de racionalidad managerial –obediente a la ecuación costo-beneficio–, al servicio de un ideal de gestión y de control social. En tercer lugar, el sentido queda reducido así a sus variables utilitarias. En cuarto lugar, señala el alcance emancipatorio y subversivo de la cura sobre el sujeto, quien no recibe la cura pasivamente, sino que es su actor y autor. Y concluye: “no se ve muy bien por qué una formación en ciencias médicas o en ciencias psicológicas sería un paso obligado para practicar un tratamiento psicoanalítico, o incluso para cualquier tratamiento terapéutico marcado por la cuestión del sentido y del trabajo sobre el sentido. Una formación profesionalizadora por la Universidad en este campo es, como en muchos otros, una trampa.”

El segundo número de Le Forum des Psychanalystes, difundido en diciembre, vuelve sobre el tema. Yves Vanderveken sitúa el combate contra la reglamentación autoritaria en el contexto de la enseñanza de Jacques-Alain Miller, que en este punto resume con la frase: “¡Al padre, ya hay quien lo aguante!”(Traducimos así, utilizando un efecto de lalengua castellana el francés: “nous n’en pouvons plus du père!”) En efecto, si el psicoanálisis es terapéutico, no es una psicoterapia como las demás, en el sentido de que exige que quien la dirige sea un psicoanalista, esto es, que sea alguien que haya pasado por la experiencia de un psicoanálisis. La formación que el Estado intenta regular no incluye esta cláusula y permite la práctica de una supuesta “psicoterapia de orientación psicoanalítica”a profesionales que no son psicoanalistas.

 Anne Lysy parte de la denominación usual de “psicoanálisis profano” al psicoanálisis ejercido por alguien que no es ni médico ni psicólogo. Y vuelve al texto de Freud de de 1926 ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? donde podemos leer: “La preparación para la actividad analítica no es nada fácil ni simple, el trabajo es duro y grande la responsabilidad. Pero una vez que se ha pasado por esta instrucción, que uno mismo ha sido analizado, ha averiguado de la psicología de lo inconsciente lo que hoy puede saberse, conoce la ciencia de la vida sexual y ha aprendido la difícil técnica del psicoanálisis, el arte de la interpretación, el combate de las resistencias y el manejo de la transferencia, ya no es un lego en el campo del psicoanálisis.”

Por eso Anne Lysy puede concluir: “Por tanto se podría decir que un psicoanalista es por definición ‘lego’, ‘profano’, en el doble sentido del término: no responde a una pertenencia a una creencia religiosa y opera a partir de una posición de no-saber.”

Dominique Holvoet apunta a la desconexión que mostraba este proyecto entre la vida política (los cargos elegidos) y la opinión pública (los electores). Los representantes del psicoanálisis son recibidos cortésmente por los políticos, escuchados con atención, pero siempre queda la incógnita de si han sido comprendidos. Aunque se habrá dado, eso sí, un paso importante con el reconocimiento explícito de la diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia. Si eso es así, “se podrá seguir ejerciendo el psicoanálisis sin que se considere que esto es un ejercicio ilegal de la psicoterapia”. Protegido el título de “psicoterapeuta” por la ley, el de psicoanalista depende de una formación específica. “Un nuevo avance sería obtener que la formación psicoanalítica garantizada por una Escuela psicoanalítica reconocida fuera considerada del nivel requerido en la entrada en el cursus psicoterapéutico tal como lo organiza la nueva ley. Porque en efecto, si el psicoanálisis no es una psicoterapia, sería idiota deducir demasiado aprisa que no tiene ningún efecto terapéutico.

Y concluye parafraseando una frase de Jacques-Alain Miller: “El psicoanálisis en este sentido no cura, pero décoiffe (despeina, destapa, echa p’alante).” De lo que se desprende que “el psicoanálisis sólo encuentra refugio en las verdaderas democracias.”

Wim Galle recupera en Freud el mismo significante que utiliza Lacan para referirse al psicoanálisis: Erfahrung, experiencia. Sólo así se entiende lo imposible del oficio del psicoanalista, habitante de un discurso propio. Y alerta sobre el peligro de subsumir al psicoanálisis en el campo de las psicoterapias. Eso sería tanto como reducir lo imposible a una tarea finita, cuyo resultado sería la desaparición pura y simple del psicoanálisis. Y Jean-Pierre Lebrun señala que, ya desde el diccionario mismo, el psicoanálisis es definido como algo más amplio que su dimensión terapéutica y que desborda ampliamente esta dimensión. Y añade: “es para que ese desbordamiento sea respetado y tomado en cuenta por el legislador que dirigimos esta demanda a las autoridades políticas”. Y destaca el valor que tiene el diagnóstico que el psicoanálisis puede pronunciar “eso en lo que vivimos”, “el modelo social que es el nuestro”, y “si está a la altura de los seres hablantes que somos”.

Estas publicaciones presentan también entrevistas con autores, artistas, creadores, como Stefan Hertmans o Jaco van Dormael, que muestran su solidaridad con los psicoanalistas, los cuales, tanto como ellos, se autorizan por sí mismos, y no ignoran el vínculo que esto tiene con lo real imposible de su profesión, u oficio

Posteriormente, según informa Patricia Bosquin-Caroz, surgieron diferencias entre los freudianos y los lacanianos convocados a esa acción. El desacuerdo surgió en torno de la diferenciación entre psicoanálisis y psicoterapia. Para avanzar en este sentido, y tras el primer Foro de octubre de 2013, “se impuso un acontecimiento epistémico destinado a afilar nuestros argumentos y a convencer a la opinión de la utilidad pública del psicoanálisis, de su diferencia con la psicoterapia y de su necesaria posición de extraterritorialidad frente a toda reglamentación.”

Entonces Eric Laurent fue invitado a dictar, el día 10 de diciembre, en la Universidad de Saint Louis, una conferencia con el título de “El psicoanálisis no es una psicoterapia, pero…”, seguida de una mesa redonda con representantes de las dos Universidades de Bruselas, la Universidad Libre y la de Saint Louis, y de miembros de las Escuelas y Sociedades psicoanalíticas de Bélgica.

 

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