Revista Lectura Lacaniana Número: XXI
Lecturas Culturales

"Dos escrituras como ironías del ser y no ser nadie" II

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 julio, 2014


“Dos escrituras como ironías del ser y no ser nadie”     Segunda Parte.

En esta entrega, Carlos Dante García nos trae a Fernando Pessoa para dar cuenta como en la escritura alguien puede encontrar  una salida, un beneficio a un padecimiento. A través de la creación de sus heterónimos, invención de otras personas ficticias con vida propia, con una firma y  estilo literario propio encuentra la solución a su drama subjetivo: no ser nadie.

Florencia Vidal Domínguez.

 

¿Cómo llegar a ser alguien no siendo nadie?: siendo muchos.

El conocido escritor Fernando Pessoa quien murió en 1935 es uno de los mayores poetas de la literatura europea y de la lengua portuguesa. Con su obra se convirtió en una figura enigmática, principalmente a partir de la creación de los llamados heterónimos. De los testimonios de su vida hay constancia que alucinó y deliró. Sobre él se han escrito muchos ensayos psicopatológicos pretendiendo convertirlo en un caso de esquizofrenia, de melancolía, de manía, de depresión, de parafrenia imaginativa.  El mismo Pessoa apoyó y difundió de sí la idea del poeta loco y de su propio diagnóstico autodenominándose histérico-neurasténico.

Disponía un gran conocimiento del “discurso clínico” de la época y de parte de lo que le ocurría. Manifestó que existía una influencia psicopatológica en la génesis de sus heterónimos explicando: “En el origen de mis heterónimos está el profundo rasgo de histeria que existe en mí…el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos, felizmente para mí y para los demás, se materializan en mí, quiero decir, no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de contacto con los otros; hacen explosión hacia adentro y los vivo yo a solas, conmigo mismo. Si fuese mujer, en la mujer los fenómenos histéricos se manifiestan en ataques y cosas parecidas, cada poema de Álvaro de Campos (el más histéricamente histérico de mí) sería alarmante para el vecindario. Pero soy hombre, y en los hombres la histeria asume principalmente aspectos mentales; y así todo se queda en silencio y poesía.” También: “El autor de éstas líneas. No sé bien si el autor de estos libro- nunca tuvo una sola personalidad, ni pensó nunca, ni sintió dramáticamente, esto es, en una persona o personalidad, supuesta, que más propiamente que él mismo, pudiera tener esos sentimientos (…).”

Se aprecia en estas breves líneas, hay muchas más, que lo que llama histeria es una histeria muy particular: es la de algunos de los personajes creados por los heterónimos y no la de él mismo. La histeria mencionada por Pessoa es la histeria construida a partir de un discurso de la época antes de Freud: despersonalización, simulación, fingimiento.

Esos términos corresponden a sus personajes y no a su vida; corresponden al  discurso descriptivo pseudocientífico de la época de la psiquiatría de Janet, Charcot, etc.

¿De qué padeció Pessoa? El diagnóstico es de “enfermedad de la mentalidad”.  Término introducido por Lacan. Designa  la particularidad que tienen algunos sujetos en el que su imaginario está disociado de su narcisismo. En los neuróticos, el imaginario está contenido en su narcisismo. La más representativa de ella es la histeria en que si bien es muy imaginativa, su imaginario forma parte de su narcisismo que se manifiesta en las fragmentaciones de sus síntomas corporales, sean hombres y/o mujeres. Los síntomas en la histeria están determinados por el inconsciente.

El imaginario de Pessoa está por fuera del inconsciente, es múltiple y florido, articulado a su escritura siendo él mismo su artífice. Pessoa afirma de él: “Puedo imaginarlo todo…puedo escribir, puedo esbozar ficciones convincentes para el lector y puedo hacerlo porque no soy nadie”.

La histeria diría en contrapunto: “puedo llegar a representar a varios en mi vida porque no sé quién soy”. En Pessoa se trata de un narcisismo particular, del que se quejó gran parte de su vida pero que le dio la posibilidad de crear ficciones como nadie, pero ficciones escritas no padecidas en la vida como la histeria.

Para apreciar aún más la distancia, padecía de angustia a las relaciones sexuales: “¿Poseerla? (a una mujer) Yo no sé cómo se hace eso (…) Yo no sabría cómo preparar mi alma para llevar mi cuerpo a poseer el suyo (…) Ni siquiera me avengo a soñarme haciéndolo.” Se le conoció sólo un amor platónico por Ofelia Queiroz. En la base de su constitución subjetiva hay una vacuidad de su yo, un ser nadie, un narcisismo vaciado independiente de su imaginación.

Su particular escritura que, no sé porqué no se la ha denominado “escritura imaginativa”, no se basa en el estilo de Joyce que disloca la lengua triturando el sonido en su relación al sentido. El rasgo de la escritura de Pessoa es un procedimiento muy novedoso: es una escritura en la que mediante múltiples poetas Pessoa hace y se hace de muchos nombres formando entre ellos una especie de “camarillas” de poetas: la heteronimia. Ésta estuvo acompañada por la obra ortónima. Se llama así al nombre propio del escritor que crea heterónimos. Era su correspondencia.

Su obra poética la divido en dos, porque implica dos modos de proceder distintos. Los heterónimos son los nombres con los que firmó muchos textos pero no se trata de una simple firma como es la de un pseudónimo que muchas veces cumple la función de disfrazar al autor firmando con otro nombre para protegerlo de alguna coyuntura las más de las veces social y política.

El heterónimo en Pessoa cumple la función de la creación de una firma, la creación de otro autor con vida propia, de otra persona ficticia que tiene vida propia.

Pessoa presenta la creación de la aparición de sus heterónimos en una carta de 1935 a Adolfo Salinas Monteiro en un éxtasis no sin rastros alucinatorios: “Era el 8 de marzo de 1914; me acerqué a la cómoda alta, tomé un papel y empecé a escribir, como lo hacía todas las veces que podía. Escribí así treinta y tantos poemas de un tirón, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no sería capaz de definir. Fue el día triunfal de mi vida y jamás conoceré otro semejante. Comencé con un título: El guardián del rebaño y lo que siguió fue la aparición en mí de alguien a quien día enseguida el nombre de Alberto Caeiro. Perdóneme lo absurdo de la frase: había surgido mi maestro. Esa fue la sensación inmediata. A tal punto que una vez escritos esos treinta y tantos poemas, me apoderé en el acto de otro papel en el que escribí, también de un tirón, los seis poemas que constituyen Lluvia oblicua de Fernando Pessoa. Inmediata e íntegra… Ese fue el retorno de Fernando Pessoa Alberto Caeiro a Fernando Pessoa solo. O mejor aún, fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia en Alberto Caeiro.”

Pessoa va a definir la heteronimia como “un drama en personas, no en actos” que posibilitan tratar su yo vaciado demostrándole que ese yo vaciado puede ser capaz de alteración, que él mismo denomina susceptibles de entrar en procesos conscientes de transformación en otro.

Para él la pluralidad de sujetos escritos va a funcionar como, según sus propias palabras, “una terapéutica liberadora”.

Hay que distinguir que los heterónimos no cumplen las mismas funciones que cumplen en otros escritores los personajes creados: desdoblar, desarrollar, proyectar las distintas facetas de su personalidad. Shakespeare creó personajes: Hamlet, Otelo, Macbeth, etc. En Pessoa habitan grandes poetas, no personajes. Cada heterónimo tiene características textuales propias, estilo literario, biografía. Efectos en su subjetividad únicos: “Nunca tuve amores tan reales, tan desbordantes de imaginación, de sangre y de vida como los que entablé con figuras que yo mismo cree.”

Pessoa mismo inventó su diagnóstico que no sigue a ningún discurso de la época, ni el diagnóstico que propuse,  en sus “Escritos sobre genio y locura”: “la inspiración poética del genio- aunque es siempre un delirio, según afirma el pre- heterónimo A. Search es equilibrado.

Su locura es una “folie lucide”, locura lúcida, una “half madness”, semi – locura o locura a medias, capaz de esclarecer la más vaga de las ideas, pues la lucidez es lo propio del genio, no así del alienado”.

Ante la desesperanza de existir, el desasosiego, aunque nunca consideró el suicidio como alternativa, al mismo tiempo que creó entidades inéditas en la lengua y la literatura, inventó un procedimiento de escritura que alivió su drama subjetivo: no ser nadie- contribuyendo a la riqueza de la literatura como pocos.

El procedimiento de escritura, los heterónimos le permitió inventar un imaginario único con su escritura y al mismo tiempo crear ficciones escritas en la literatura.  Solución subjetiva y creación literaria.

 

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