Revista Lectura Lacaniana Número: XX
Lecturas Políticas

De la resistencia al psicoanálisis a la división...

Por Antoni Vicens
Publicado en Lectura Lacaniana: 10 junio, 2014


De la resistencia al psicoanálisis a la división constitutiva de la Escuela. Lección política de un trozo de real I

Parte I

 

Antoni Vicens:  Psicoanalista miembro de l’Escuela Lacaniana de Psicoánalisis y de la AMP, Profesor titular de Universitat  Autónoma de Barcelona. Autor de Lacan en el psicoanálisis, y Conocer Rousseau y su obra.

En esta primera entrega, Antoni Vicens , nos trae un acontecimiento que ocurrió a partir de una  propuesta de legislación del Parlamento Belga sobre el tema de las psicoterapias y la salud mental que afecta al psicoanálisis. De él nos dice, se puede extraer una lección política: “la mejor salida a un conflicto es no considerarlo en relación con ningún Otro maligno, algo así como un enemigo radical, sino incluirlo en la división subjetiva misma que configura la Escuela”, siguiendo a Lacan, para asegurar un porvenir al psicoanálisis.

La estrategia consistió en asumir esa propuesta no como un ataque,  evitando  construir un adversario, sino como una interpretación salvaje y transformarla en un debate interno, en los términos recibidos de la enseñanza de Lacan.

La base argumental del proyecto era: ninguna orientación psicoterapéutica vale por sí misma, sino en base a su pertenencia al campo de la salud. Toda la formación debe entonces seguir esta orientación; su evaluación debe hacerse en los términos de los valores universitarios, específicamente en créditos.

Las asociaciones, escuelas y sociedades de psicoanálisis de Bélgica se unieron para redactar un texto con una petición, que la habilitación de la formación psicoanalítica quedase a cargo de las  Escuelas y las Sociedades psicoanalíticas.  Posteriormente afirmaron que el ejercicio del psicoanálisis y el uso del título de psicoanalista no es competencia de la ley.

 

Patricia Pena

 

En las líneas que siguen intento resumir un acontecimiento que, si bien se puede considerar restringido al ámbito de Bélgica y a las resistencias hacia el psicoanálisis con las que han de tratar nuestros colegas belgas, afecta a todo el campo freudiano. El acontecimiento partía de una propuesta de legislación del Parlamento Belga sobre el tema de las psicoterapias y la salud mental que afecta al psicoanálisis. La cuestión, como sabemos, viene de lejos.

No en vano nuestros colegas apelan al escrito de Freud de 1926 sobre el psicoanálisis llamado lego o profano, a la vez que nos recuerdan la obligación que tenemos de preparar nuestros argumentos para un porvenir no del todo conjeturable. A mi modo de ver, la lección política que se extrae de esta batalla que la mejor salida a un conflicto es no considerarlo en relación con ningún Otro maligno, algo así como un enemigo radical, sino incluyéndolo en la división subjetiva misma que configura la Escuela, tal como Jacques Lacan la propuso como novedad radical para asegurar un porvenir al psicoanálisis, tras el fracaso de las Sociedades existentes en su tiempo. Jacques-Alain Miller, en su “Teoría de Torino sobre el sujeto de la Escuela” (intervención en la SLP en 2000) propuso esta forma de entender la Escuela, como sujeto, sujeto dividido según una división interpretable.

Esta propuesta la hacía después de haber distinguido claramente dos opciones políticas, ambas basadas en el carácter inevitable de un Ideal de grupo. La primera consistiría en construir ese ideal de Escuela sobre la oposición entre un Nosotros y un Ellos doblemente engañosa, en tanto que perpetúa una “alienación subjetiva al Ideal”; el grupo así cementado devendría doblemente alienado, incapaz de interpretar su propia deriva. En cambio, la solución lacaniana consiste en “enunciar interpretaciones”, que tienen como efecto una disolución del grupo y una remisión de “cada uno de los miembros de la comunidad a su soledad, a la soledad de su relación con el Ideal”.

A mi modo de ver, si nuestros colegas belgas llevaron adelante su acción hasta este primer éxito, fue porque se situaron en la segunda opción y eligieron una estrategia consecuente: la que consiste en transformar un ataque en un debate interno. Esa estrategia construyó, por así decirlo, dos frentes. De un lado, evitar toda identificación con el adversario, es decir evitar llevar la cuestión a una lucha imaginaria del estilo nosotros/ellos; del otro, asumir el trozo de real al que apuntaba lo que, más que un ataque, había que considerar, a partir de ese momento, como una interpretación. Mala interpretación, añadimos, sesgada por toda clase de intereses, entre los cuales no faltaría el del “bien común”, como suele suceder. El debate entonces debía apuntar, y así lo hicieron, hacia la rectificación de esa interpretación salvaje y su reescritura en los términos que hemos recibido de la enseñanza de Lacan.

Si el resultado de este episodio puede considerarse relativamente cerrado, el debate al que dio lugar debe proseguir, pues la diferenciación entre psicoanálisis y psicoterapia toca al punto de real constitutivo de una Escuela de psicoanálisis. Nombrémoslo para empezar como el deseo del psicoanalista, ligándolo al deseo de Freud, a la enseñanza de Lacan, a la transmisión de Jacques-Alain Miller y a los esfuerzos de todos ellos por dar alojamiento institucional a los practicantes de esta nuestra imposible profesión.

En octubre del año pasado (Lacan Quotidien, 348) nos enterábamos de que el Parlamento de Bélgica estaba elaborando un proyecto de ley de regulación de las profesiones de la llamada salud mental. En él no se mencionaba el psicoanálisis, pero todo hacía prever que, al definir el ámbito amplio de las prácticas y actos conocidos como psicoterapéuticos, la “orientación psicoanalítica” era reconocida entre ellas. Para sus fines, el proyecto incluía los criterios de formación y las instituciones encargadas de impartirla, a lo que se añadía la instauración de un Consejo Superior que tendría el poder de sancionar las prácticas psy. Los parlamentarios estaban divididos en lo concerniente a la inclusión del psicoanálisis; decimos divididos porque a veces se constataba que un mismo parlamentario sostenía dos opiniones contradictorias.

La base argumental del proyecto era: ninguna orientación psicoterapéutica vale por sí misma, sino en base a su pertenencia al campo de la salud. Toda la formación debe entonces seguir esta orientación; su evaluación debe hacerse en los términos de los valores universitarios, específicamente en créditos de los llamados ECTS (European Credit Training System), algo así como una moneda común académica que está en la base del reconocimiento europeo de toda formación universitaria.

El proyecto de ley incluía entonces algo denominado “trabajo personal”, eufemismo para designar la experiencia como analizante. Entre los evaluadores –elegidos entre médicos, psicólogos, profesionales de reconocido prestigio, etc.– los médicos detentarían la máxima autoridad. Y, por supuesto, la autorización emanada de esa ley exigiría el título de médico o de psicólogo.

Ante tal situación, todas las asociaciones, escuelas y sociedades de psicoanálisis de Bélgica se unieron para redactar un texto: Appel aux parlementaires de Belgique con una petición para que fueran las Escuelas y las Sociedades psicoanalíticas las que “quedaran habilitadas para velar por esa formación específica”. La firmaron casi 5.000 personas. Este texto está disponible en el número 348 de Lacan quotidien,

Más adelante, el 4 de noviembre de 2013, representantes de una docena de escuelas y sociedades psicoanalíticas belgas firmaban una “Carta a la atención de los Parlamentarios de la Comisión de Salud Pública, del Medio Ambiente y de la Renovación de la Sociedad” solicitando que fuera tomado en cuenta, bien en la exposición de motivos, bien en el cuerpo mismo de la ley, el comentario siguiente,  extraído de los debates de los propios parlamentarios: “En las cuatro corrientes reconocidas actualmente, no se nombra al psicoanálisis. Lo que es nombrado son las ‘psicoterapias de orientación psicoanalítica’.

Un psicoterapeuta psicoanalítico, para ejercer y para llevar este título, deberá haber obtenido la habilitación prevista a este efecto. El ejercicio del psicoanálisis y el uso del título de psicoanalista no es competencia de la presente ley.”

 

 

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