Revista Lectura Lacaniana Número: XVIII
Lecturas Científicas

¿Debe el psicoanálisis cuestionar...?

Por Juan Fernando  Perez
Publicado en Lectura Lacaniana: 9 abril, 2014


¿Debe el psicoanálisis cuestionar toda producción de las neurociencias?

Juan Fernando Perez, Psicoanalista, Miembro de la Nel y de la AMP. AME de la AMP. Ex-presidente de la NEL. Profesor titular de la Universidad de Antioquia (Medellín).

Parte I:

 

Juan Fernando Perez comienza hablando de la posición de los analistas, en especial de la orientación lacaniana, de cuestionar y considerar aberrantes todas las producciones del campo de las neurociencias. Esta postura, tendrá consecuencias a largo plazo  en la práctica analítica, afirma.

Pregunta: ¿acaso es que el trabajo de las neurociencias no tiene significación alguna para el examen de lo humano propiamente dicho?

Propone otra posición, distinguir la ciencia del cientificismo, a los científicos de los cientificistas. y las neurociencias de sus enlaces con el cognitivismo-conductista.

Concluye diciendo que  el  conjunto de preguntas que se plantean en la articulación del inconsciente con la materia orgánica, deben incluir las respuestas que la ciencia da, pues  a su juicio deben  enriquecer el psicoanálisis.

 

Patricia Pena

 

Existe la tendencia entre diversos psicoanalistas de la orientación lacaniana (y probablemente entre analistas de orientaciones diferentes), a ver en todo lo que se produce en el campo de las neurociencias una aberración de la ciencia y por tanto a considerarle como un campo que debería someterse a un constante e implacable cuestionamiento.

Hay no pocas razones para que una posición tal pueda encontrar promotores entre los analistas; pero igualmente pueden exponerse otras para señalar que un cierre absoluto a una perspectiva distinta es una posición equivocada e infortunada, con consecuencias a largo plazo para la práctica analítica.

Ello no significa que la vía para la relación con esas disciplinas deba ser aquella que han propuesto investigadores como el premio Nobel de medicina Eric Kandel, quien supone que el psicoanálisis ha de ser la psicología que, articulada con una psicología general, dé soporte a las neurociencias para describir sus hallazgos (en cierto sentido Freud pensó el tema de manera similar a Kandel, y el Proyecto de una psicología para neurólogos es un esfuerzo inaugural en esa perspectiva,…); o la que recorren varias corrientes que se movilizan en torno a la IPA, en una perspectiva más o menos análoga a la de Freud y Kandel, haciendo concesiones teóricas y clínicas importantes que se traducen en un eclecticismo que termina por arrinconar toda subjetividad en aras de una pretendida cientificidad.

Pero cabe la pregunta: ¿acaso es que el trabajo de las neurociencias no tiene significación alguna para el examen de lo humano propiamente dicho?

No dudo que al psicoanálisis le interesa y se nutre del trabajo de los historiadores, de los escritores, etc., ¿pero solo negativamente del de los neurocientíficos?

No hay duda que a partir de las neurociencias se lanzan a menudo hipótesis ligeras sobre asuntos que van más allá de su campo más específico; que muchas de sus investigaciones se adelantan sobre supuestos algo más que dudosos; que allí cobra apoyo una psiquiatría que, de hecho o por convicción, reduce lo humano a un tráfico milagroso de sustancias y a meras acciones de lo orgánico, y que dada la necesidad que tienen los neurocientíficos de disponer de un lenguaje que describa las implicaciones de sus hallazgos en el orden humano, muchos de ellos se sirven de un positivismo con frecuencia grosero y hacen del cognitivismo conductista una base importante de muchos de sus enunciados, todo lo cual le resta consistencia y verosimilitud a esas disciplinas.

Por lo demás, el carácter belicoso y triunfal de algunos de los defensores de tales enunciados, hace que su andar se le mire a menudo como algo inaceptable desde el ámbito analítico.

Estimo, no obstante, que es necesario no cerrar toda posibilidad al examen de lo que las neurociencias producen como tales, y por tanto que los analistas no pueden conformarse con ser simples espectadores o impugnadores de oficio de lo que ocurre en ese campo.

Considero que un absolutismo allí, incurre en lo que se le puede reprochar a muchos de aquellos que rodean a ese saber o se inspiran en él, el fanatismo y la torpeza de miras.

Si bien es claro que los analistas deben ser consistentes en la defensa de sus principios, de sus conceptos fundamentales y de sus proposiciones centrales, esto no puede confundirse con la obcecación y con la repetición pura y simple de la doctrina mejor definida.

Para examinar en forma más específica el problema, propongo distinguir la ciencia del cientificismo; igualmente a los científicos de los cientificistas. No hacerlo conduce no pocas veces a generalizaciones y omisiones, muchas de ellas, importantes, y a polémicas con frecuencia innecesarias.

También conviene distinguir las neurociencias propiamente hablando de sus enlaces con el cognitivismo-conductista, así muchos neurocientíficos se declaren tales (Newton también defendía ciertas doctrinas esotéricas), e igualmente, examinar si lo que la tradición filosófica ha llamado “el problema mente-cuerpo” es un problema que aún es necesario que sea pensado por el psicoanálisis; y si lo es, sobre qué bases y con qué consecuencias para su investigación y desarrollo teórico.

Por mi parte, me resisto a aceptar que este último asunto sea un falso problema y que, por tanto, el mismo se hallaría totalmente resuelto para el psicoanálisis, sin que éste requiera continuidad o elaboración adicional alguna.

Seguramente hay bases claras en cuanto a la perspectiva general para su abordaje, bases que difieren por completo de las de los neurocientíficos en general, o de las algunos de sus asociados habituales, llámense filósofos de la mente reduccionistas (aquellos cuyo oficio consiste en “achatar el mundo” –según la elocuente expresión de Thomas Nagel–), los psicólogos cognitivo-conductistas (ibidem) o los psiquiatras meramente organicistas (ibidem); pero hay y habrá un conjunto de preguntas que se plantean en la articulación del inconsciente con la materia orgánica, que sus respuestas deben, a mi juicio, enriquecer el psicoanálisis.

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