Revista Lectura Lacaniana Número: XVII
Lecturas Políticas

¿De qué sufrimos? II

Por Marie Hélène  Brousse
Publicado en Lectura Lacaniana: 26 marzo, 2014


¿De qué sufrimos? II

 

Segunda Entrega:

El discurso histérico contemporáneo: verdadera vía de acceso al real de la clínica

El psicoanálisis tiene un futuro como síntoma si extrae el real en juego en la relación del sujeto al Otro, considerando las coordenadas significantes de las cuales el sujeto es efecto, como así también su posición de goce. M.H. Brousse puntúa ciertas condiciones necesarias, para asegurar el ejercicio del psicoanálisis, en medio de diversos interlocutores sociales. La exigencia de formación del analista y su dominio.

Su propio análisis y su evaluación bajo la luz del dispositivo del pase, esencialmente su transmisión, articulado ello a una Escuela que permite habitar una lengua común y un control dentro de una conversación colectiva. Las regulaciones en psicoanálisis dependen de la estructura, no de una normativa estandarizada desde el exterior. Finalmente, Brousse destaca que, el avance del saber en psicoanálisis, dependerá de asumir la responsabilidad de lograr leer el sufrimiento subjetivo que persiste, más allá de los cambios en las modalidades del lazo social.

Andrea F. Amedola

 

En ese mismo Seminario, El reverso del psicoanálisis, Lacan pone también de manifiesto que Freud fracasa cuando cesa de dejarse guiar por el discurso de la histérica. Es un consejo que debemos seguir más que nunca. El discurso histérico contemporáneo, construido como respuesta al discurso de la ciencia, es la verdadera vía de acceso que tenemos al real de la clínica, la única oportunidad para el psicoanálisis de permanecer en el futuro como un síntoma del malestar.

En lo concerniente al sufrimiento, el verdadero lugar a darle se nos indica, como ocurre a menudo, más por el arte que por la intención psicoterapéutica. Pienso en la recuperación de Bacon del cuadro de Velásquez del Papa Inocente X, recuperación entera centrada en el grito y lo real que tiende a extraer. Si el psicoanálisis tiene un futuro, debe ir en esta dirección: extraer el real en juego en la relación del sujeto al Otro. Se desprende que la relación psicoanálisis-psicoterapia hoy en día es bastante clara para nosotros, a partir del campo del psicoanálisis. Que se vaya a ver a un psicoanalista empujado por el sufrimiento, así como a un psicoterapeuta, queda claro. Que esta experiencia subjetiva tenga efectos terapéuticos, también lo es.

Pero el abordaje de la demanda como la evaluación de la eficacia se hace a partir de una referencia al sujeto definido por las coordenadas de la cadena significante y de su posición de goce. Los testimonios del pase permiten demostrarlo al ofrecer un verdadero laboratorio de la clínica analítica.

La práctica subjetiva que es un psicoanálisis modifica la relación del sujeto al sentido por una parte, al nombre dado a la diferencia, por otra parte. La cuestión no es pues una cuestión teórica central para el psicoanálisis. Por el contrario, es una cuestión política decisiva que implica la elección de estrategias que comprometen una cierta parte del futuro del psicoanálisis. Digo una cierta parte, ya que pienso que el futuro del psicoanálisis se basa en primer lugar en la proyección del psicoanálisis mismo como saber, sobre su capacidad para producir y luego formalizar un saber nuevo.

No obstante, para eso es necesario que el psicoanálisis siga pudiendo practicarse, sin impostura: allí se sitúa el problema político. Ante el legislador y el científico, ¿cómo maniobrar para mantener el campo freudiano? Queda claro que la tentativa de los analistas norteamericanos de ajustarse a los estándares socialmente dominantes se revela un fracaso: cada vez hay menos analistas en los EEUU, cada vez hay menos orientación analítica presente en los lugares donde tradicionalmente son dirigidos los sujetos sufrientes y ello ignorando incluso la eficacia considerada bajo su doble aspecto económico y de desaparición de los síntomas. Otros países enfrentados a esta política pueden servirnos de lección. Por ejemplo, Italia.

Estuvimos muy ligados a la EEP, como por otra parte a la ECF, para estudiar de manera detallada estas diferentes estrategias. Se produjeron algunos informes preciosos sobre esta cuestión política.

Parece fundamental en la relación con los diferentes interlocutores sociales, extraer claramente lo que queremos, es decir, lo que consideramos ser las condiciones necesarias para el ejercicio del psicoanálisis. ¿Cuáles son? La exigencia absoluta de nuestra formación y de su dominio. El analista es el producto de su propio análisis. Este análisis debe poder, en sus resultados, ser transmitido y dar lugar a la aparición de puntos vivos que constituyen las bases de las investigaciones clínicas posteriores.

La evaluación de un análisis se hace en el dispositivo del pase que exige un cierto número de garantías institucionales, aquellas que otorgan una Escuela o una comunidad de trabajo que comparte un cierto número de axiomas y de conceptos, en resumen, que habla una lengua sabia común que permite la circulación y la trasmisión de los hallazgos, la puesta a prueba de las hipótesis. Una Escuela ofrece una comunidad de trabajo suficientemente amplia para permitir un control y un debate colectivo. Tenemos pues su absoluta necesidad. Mantener nuestra formación es un objetivo ante los distintos partenaires institucionales: la universidad, la salud mental, la ciencia, el estado. Nuestros debates sobre las normativas deberán partir de allí. Desde un punto de vista estratégico, hay que inspirarse en la posición del analista en la cura en su manejo de la trasferencia.

El cálculo de nuestra posición con relación a nuestros partenaires sociales debe preverse de esta forma.

Por ejemplo, los estudios académicos son necesarios para la formación del analista, así como el contacto con los dispositivos de la salud mental. Por lo tanto, el analista tiene que utilizar estas instituciones. Ser clasificado en la categoría de las psicoterapias es posible. Pero toda tentativa de regular la práctica analítica (cantidad de sesiones, duración de la cura, etc.) del exterior es inaceptable. Amenaza, en efecto, la experiencia y pone en peligro la experiencia subjetiva y ese cuasi-laboratorio de investigación sobre el real clínico que son las curas. Freud decía que se había hecho una herramienta a su medida. Es el caso para cada cura.

El dispositivo, si se regula no podría en ningún caso estandarizarse sin que la experiencia que se produzca sea tergiversada. Las normas en psicoanálisis solo siguen a la estructura. Ni el estado, ni la ciencia ni incluso los analistas mismos pueden regular por otra parte la práctica analítica. Cuando Lacan introduce la experiencia del pase, no hace sin embargo, un estándar. A partir de estos elementos claves podremos garantizar que se despliegue aun un tiempo para el psicoanálisis como síntoma en el siglo XXI.

Somos nosotros quienes debemos asumir la responsabilidad, la que implica hacer progresar el saber enfrentándolo a los cambios de modalidades del lazo social de los cuales el sufrimiento sigue siendo el mejor de los indicadores subjetivos.

* Intervención en Gand, en la Jornada de la EEP-DEV, Psicoanálisis y y Psicoterapia. 1- Lacan Jacques, Conferencias y entrevistas en las Universidades americanas. Scilicet N° 6/7, Seuil, 1976. Traducido por Patricia Schnaidman / Revisión de la traducción por Silvia Baudini

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