Revista Lectura Lacaniana Número: XVI
Lecturas Políticas

¿De qué sufrimos?

Por Marie Hélène  Brousse
Publicado en Lectura Lacaniana: 6 febrero, 2014


¿De qué sufrimos?

Maire-Hélène Brousse es ex-AE de la Ecole de la Cause Freudienne, y Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. En este artículo que hoy presentamos, y que será dividido en dos entregas, M. H. Brousse sostiene que la relación del psicoanálisis y las psicoterapias implica cuestiones políticas decisivas que comprometen el futuro de nuestra práctica. Ante el legislador y el científico, se impone dilucidar las condiciones necesarias para el ejercicio del psicoanálisis. A partir de estos elementos claves podremos garantizar que se despliegue, aún, un tiempo para el psicoanálisis como síntoma en el siglo XXI.

 

Primera Entrega:

 Ante el grito, la oferta de una “práctica subjetiva”

 

M.H. Brousse parte del sufrimiento justamente para diferenciar de qué modo se posiciona ante el mismo la psicoterapia y de qué modo lo hace el psicoanálisis. La psicoterapia hace del sufrir un lecho a partir del cual oferta soluciones convenientes. El analista, en cambio, escucha al sufriente y, es desde una lectura de ese sufrir, que ubicará la modalidad propia de un decir singular en donde se vehiculice la impotencia.

Un real insoportable que resquebraja el llamado, dejando asomar el trozo de un grito que no logra ser recubierto por un sentido, preludio del síntoma por donde el analista deberá saberse orientar. El discurso de la ciencia en el lugar del discurso del amo, no se orienta por el sufrimiento, éste es un resto no redituable de la división subjetiva que, tanto la ciencia como las psicoterapias, intentan acallar desde una lógica de las identificaciones ready made, recurriendo en última instancia al Estado si algo llegara a fallar. Orientado por el síntoma, el psicoanálisis verifica su eficacia en cuanto “práctica subjetiva” que repele toda práctica objetivante con fines científicos.

Andrea F. Amendola

 

 

Partiré del sufrimiento. ¿Por qué? Porque la psicoterapia hace su lecho del sufrimiento psíquico: el sufrimiento del ser hablante, tomado como sujeto. Es un sufrimiento que no puede ya no decirse, que está apremiado por decirse.

El psicoterapeuta elige que se lo dirija y el psicoanalista no escapa a su oleada, ni a este primer lugar. No obstante, se desplaza con relación a ella. En el relato de su cura con Freud, Kardiner cuenta una anécdota que lo muestra.

A uno de sus antiguos analizantes, que vino a hablarle de su turbación y su inquietud al encontrarse impotente con su mujer después de su análisis, Freud, que había estado silencioso durante la entrevista, al acompañarlo a la puerta le dijo: “siempre supe que Ud. era un buen muchacho”. Freud no se hace cargo del sufrimiento y de la culpabilidad ni carga al paciente. En un análisis, el sufrimiento es en primer lugar una defensa: una defensa contra lo imposible.

¿De qué se sufre, en efecto? De ser amado o de no serlo, de estar solo o de no estarlo, de hablar o de callarse, de la repetición o de la novedad, de saber o de ignorar, de tener o de perder, de estar lleno o de estar vacío… en fin, todo, absolutamente todo puede hacer sufrir: lo demasiado, lo insuficiente, la nada, lo justo. El sufrimiento del sujeto hablante es una modalidad del decir que implica la impotencia y puede aplicarse a toda representación, hasta a la de no sufrir.

Esta modalidad de la palabra implica, sin embargo, la cercanía de los alrededores de un punto central que se constituirá bajo transferencia como síntoma del sujeto, al mismo tiempo que tiene afinidades con el grito o el aullido. Para el analista reenvía, entonces, a la estructura que implica “la manera en que el lenguaje surge al principio en un ser humano” (1).

En eso incluye al Otro. Pero, siempre cerca del grito, no está toda articulada al Otro y no responde totalmente al llamado. Se manifiesta, pues, un real –lo imposible de articular- con el cual ese sujeto se enfrentó. El sufrimiento revela un punto de insoportable, ese punto donde vacila el soporte tomado en el Otro, ordenado por el sentido paternal y donde se rasga el velo del fantasma, es decir, de la realidad. El sufrimiento es pérdida de sentido, pérdida de la pacificación operada por el nombre. Se suspenden el Otro y el objeto.

Esta es la razón por la que tiene como damas de honor que le hacen cortejo a la reivindicación, la acusación, la denuncia, la falta, la demanda. Cuando se presenta solo, viene a su lugar un grito o, incluso, un llamado a la muerte como el único significante que parece poder poner fin a la caída. De este grito hacer un llamado, de ese llamado, descompletándolo, hacer un síntoma, de ese síntoma hacer un sujeto en principio supuesto saber, luego un saber expuesto, esto ocurre en un análisis. Lacan, en el Seminario “El reverso del psicoanálisis” con respecto a la sociedad contemporánea, observa que el discurso de la ciencia funciona como el discurso del amo y que determina hoy en día el lazo social.

El discurso de la ciencia ¿se interesa por el sufrimiento? Realmente no. Solo se interesa si amenaza los progresos del saber que reduce la verdad al número y obstaculiza el avance de la reducción del sujeto del inconsciente al silencio de los órganos sobre los cuales opera. Asistimos al despliegue de lo que Lacan anunciaba allí. El sufrimiento del ser hablante se presenta pues en estas condiciones como resto del discurso de la ciencia, herida de la división subjetiva y de la fisura cuando la ciencia no logra volverla a cerrar. Pero al funcionar en el lugar del discurso del amo, la ciencia produce efectos sobre el sujeto: esencialmente el efecto de histerización.

Al presentarse como amo, el científico debe responder a las preguntas. Puesto que la verdad se reduce al número y se disocia del sentido, el médico es intimado a hacer cesar el sufrimiento del sujeto que se convierte en objeto de sus cuidados. Cuando no lo logra, se despliega, con su acuerdo y para su alivio, el espacio psicoterapéutico. Las psicoterapias proliferan en la herida abierta del lenguaje, restos del discurso de la ciencia. Pretenden tomar el hábito hasta en los métodos de evaluación y de investigación de los que nos hablaba hace un momento Eric Laurent. Como la ciencia, quieren hacer callar el sufrimiento, pero refiriéndose a una ética de los bienes, es decir, a una lógica de las identificaciones ready made.

Cuando la ciencia trasmite sus poderes y las psicoterapias fallan, queda apelar al Estado hacia el cual se dirige la denuncia, bajo la forma jurídica, para que la administre por un recurso a la autoridad. Por esta razón es probable que todos los estados se interesarán en las psicoterapias y pretenderán legislarlas para hacer frente al discurso histérico tal como es modificado por esta nueva articulación del discurso de la ciencia y del discurso del amo. ¿Modificado en qué sentido? Ya no es más el discurso de algunas mujeres rebeldes, de algunas brujas o revolucionarias. Es el discurso dominante. Se anuncia la solución de una psicoterapia bajo el control del Estado, como en Italia luego de la emoción provocada por el asunto Verdiglione, o de una psicoterapia bajo el control de las compañías de seguro privadas o públicas. Pero ni el medicamento y la ciencia, ni el Estado y la reglamentación constituyen respuestas justas o suficientes al sufrimiento del sujeto hablante.

¿Cuál es la respuesta del psicoanálisis? El psicoanálisis no es un resto del discurso de la ciencia, aunque el sujeto sobre el que opera es el producto. El psicoanálisis está emparentado al síntoma y el tratamiento que recibe el sufrimiento es el pasaje de la impotencia y de la necesidad a lo imposible y a la contingencia. Su eficacia psicoterapéutica está verificada.

Varias exposiciones hicieron referencia a la fórmula famosa de Lacan en Televisión. La voz del que sufre es escuchada. Pero en lugar de completarla por otro que tiene soluciones, las suyas, que jamás serán las del sujeto en su singularidad, el psicoanálisis propone un partenaire particular, otro que no existe e inscribe un lugar vacío allí donde la psicoterapia instala los objetos sociales.

Jacques-Alain Miller recordaba en su último curso una expresión de Lacan: el psicoanálisis es una “practica subjetiva” y, en un artículo reciente la mostraba como contemporánea de esta otra expresión de Michel Foucault “la preocupación por sí mismo”.

Hablar de “práctica subjetiva” es destacar la irreductibilidad del análisis a todo dispositivo objetivante con pretensiones científicas como a toda maniobra del yo. Respecto a eso, el psicoanálisis es una práctica contemporánea diferente a las psicoterapias por la definición que implica de la relación del sujeto al Otro y al objeto.

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