Revista Lectura Lacaniana Número: XVI
Lecturas Culturales

"En Busca de un Personaje" Cuarta Parte

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 17 febrero, 2014


Ciclo “En busca de un personaje” – Casa de la Cultura.

 

Personaje: Juan Dahlmann, protagonista del cuento “El Sur” de Jorge Luis Borges.

Ciclo realizado por: Silvia Hopenhayn.

 

En esta cuarta y última entrega, la conversación con los invitados va desde el acto, al destino a un lapsus en el que aparece la infamia en la infancia.

 

Cuarta Entrega:

Referencias:

SH- Silvia Hopenhayn

PDS: Pablo De Santis

CDG- Carlos Dante García.

Público: Hay un verbo en presente: “empuña”, no está terminado el acto.

 

PDS – Sí, los finales en presente son característicos de muchos cuentos de Borges. El muerto que termina Suárez casi con desdén hace fuego, y que terminan ahí, y no se sabe qué va a pasar, uno lo imagina pero termina ahí en presente lo que le da una tremenda vitalidad a esos finales, mucha intensidad. Me acordaba que había una tradición entre la gente de cuchillos, que no se podía regalar el cuchillo, porque regalar el cuchillo o pasárselo era como pasarle el destino junto con el cuchillo, entonces siempre había que venderlo, aunque sea por una monedita, pero había que pagar, nunca se podía pasar porque se le pasaba el destino sea malo o bueno, al otro.

SH: O sea que le pasaron el destino a Dahlmann. Interesante. No había notado esto de la terminación reiterativa en presente, realmente es un recurso maravilloso para terminar un cuento porque justamente el cuento no pasa.

Claro, no pasó. Está sucediendo. Es como si estuvieran los cuentos flotando en el universo.

PDS – Está todo contado en pasado y de pronto…

SH: Es la puerta de entrada del cuento a la eternidad.

(Al público) Bueno, si quieren hacer alguna pregunta o contar alguna historia de malevaje que tengan por ahí…

Público: Sí, cuando hablabas del doble, que es un poco la teoría que yo siempre sostuve frente a este cuento de Borges, es que no sólo el patrón lo reconoce cuando le dice: “Dahlmann”, sino que no le extrañó a éste, reconocer al patrón de la pulpería, que no sabe si no era, tal vez, uno de los enfermeros de la clínica y para mí ahí están los dos, es un juego de dobles: ¿es el mismo, es otro, es el mismo momento, son dos momentos…? Porque no es solamente que no se extraña que le digan: “Dahlmann tal cosa”, él también, cree ver al enfermero, y vuelve el tema de la clínica al final: “en la clínica no hubiese pasado esto”, porque en la clínica hubiese visto a ese enfermero que era el patrón de la pulpería que es el que avisa que está desarmado. Para mí es perfecto el cuento, y yo creo que por eso a Borges le gustaba tanto, es perfecto porque todo ese ensamble está también basado en el doble.

Público: Es como que la situación es el destino, por eso sabe el nombre.

SH: Porque el nombre es el destino.

Público: Claro, estaba primero esa situación, aunque él duda, porque la duda la tiene dentro, el destino era ese, por eso el de la pulpería sabía el nombre.

Público: En el nombre está la esencia de la cosa. Y bueno, acá es lo mismo, en el nombrarlo está la esencia también del acto, de ese acto que él va a elegir que es el morir, y yo creo que no lee las Mil y una noches porque no quiere. Siempre tiene como una excusa, no me acuerdo si es la discusión de las lenguas o qué, a lo germánico, para elegir. De hecho deja las Mil y una noches para mirar el campo. Para mí es la elección por lo criollo voluntaria, totalmente voluntaria, y ahí sí es tal vez lo opuesto a su vida, y sí, lo de la filosofía romántica alemana es lo único que rescata de los alemanes, además creo que la admiraba bastante, porque no era un romántico exactamente pero admiraba el pensamiento. Para mí también es un cuento perfecto, es el que más me gusta de Borges.

Público: Esto del doble… había un escritor inglés de principio del siglo pasado que decía que su vida era una tensión entre lo que él era y lo que él no podía ser, una angustia permanente sobre eso. Y yo creo que el juego de los dobles es esto, yo creo que siempre buscamos y vemos lo que nos falta en la vida, y algunos lo ponen con mucho acento, porque lo tienen desarrollado en un aspecto y hay otros que son más contempladores de su vida. Borges plantea mucho en sus cuentos esta tensión entre lo que él es y la vida que sabe que existe alrededor de las ventanas, es como que cuando era chico todos los demás jugaban a la pelota y él estaba mirándolos…

Público: Pero es un tema que repite a través de distintos personajes,  el tema de dos personajes que son uno. El tema de Tadeo Isidro Cruz, o sea, los dobles no siempre con él mismo, sino entre dos personajes. El de la cautiva, el hombre en el umbral que es maravilloso, que es todos y al final es uno, etc, siempre son dos, que en un momento uno lee con detenimiento y dice: “pero es el mismo; esto lo dijo el otro y ahora lo dice este, era el doble”. Para mí es bastante claro.

Público: En línea con lo que decía el señor García de la historia de los dos linajes, a mí me parece que hay una tensión muy linda entre “Las Mil  y una noches” y “Martín Fierro” también, que no sé si se dijo pero, hoy nos convoca el fantasma de Dahlmann y es Juan Dahlmann, no, es Juan y Dahlmann, y ahí están las dos versiones también, cuando le gritan: “Dahlmann”, él dice: “¡No! Yo soy Juan”, y sale a pelear, representa dos tradiciones, está hablando de los linajes. Mezcla muchas tradiciones acá, cuando comienza el libro él entre ese conjunto de elementos que hay en la casa de campo, hay un mate, una daga, que también la daga la comparten el “Martín Fierro” y “Las Mil y una noches” y está un libro, el famoso libro con tapa de cuero, con daguerrotipo del Martín Fierro…

SH: Claro, es como el doble también de los libros: el doble del “Martín Fierro” y el de “Las Mil y una noches”. ¿Alguna pregunta?

Público: Sí, yo creo que tiene que ver con Borges, también el que todo pueda tener varios desenlaces, Juan Dahlmann pudo elegir su destino y eligió el destino criollo, el destino de la muerte heroica. Vos podés elegir tu desenlace, tu final, no tiene por qué estar asignado y él eligió ese.

CDG– El cuento no dice que eligió, el cuento muestra la tensión de es llevado a eso y que en todo caso elige lo que se le presenta como destino, en ningún momento aparece en el cuento la expresión de que no quiere leer…

Público: Yo no dije que no quisiera leer, sino que da la sensación…

CDG: Ah, eso es otra cosa.  Por eso es importante retirar la subjetividad de uno cuando lee así puede seguir la letra que está ahí; porque la sensación de uno lo lleva a interpretar que quiere hacer tal cosa, cuando el texto está diciendo, mostrando que tal cosa lo aleja del placer de leer, que de pronto la miguita de pan cuando se pone a leer lo perturba, entonces hay toda una intencionalidad. Por eso Borges, retomando la cuestión del doble también, dice al principio que el doble no es lo mismo en una obra literaria que el fenómeno del doble en la subjetividad. Borges juega con el fenómeno del doble y juega con los dobles personajes que yo es otro, que el otro es yo pero en la subjetividad el fenómeno del doble es otro.

SH: El doble de Dahlmann es literario.

CDG- Claro. Ahora el doble, para darles una imagen de lo que sería el doble en el psicoanálisis, es lo que no reconocemos de uno mismo, lo que es totalmente ajeno y extraño a uno mismo, y cuando uno se encuentra con eso el efecto es de angustia; Dahlmann, en cambio, no manifiesta nada de angustia. Ese es el otro dato muy interesante: es un personaje que está casi vaciado de subjetividad, es alguien que se va moviendo según lo que va ocurriendo pero no manifiesta por ejemplo tristeza, o pesadumbre. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? No aparece la subjetividad puesta en el personaje.

SH: Sí felicidad…

CDG– Sí, felicidad sí, manifiesta algo de la felicidad pero la felicidad del ver básicamente. Pero si uno va siguiendo, uno puede preguntar: ¿este personaje construido, está construido a partir de efectos subjetivos o está construido a partir de personajes literarios que en el psicoanálisis llamamos “ser de significante”? El ser de significante es un ser creado, se aleja de la subjetividad, no es la subjetividad y entonces hay que tomar cierta distancia porque uno puede construir por ejemplo que alguien puede dominar el destino… y el destino no se domina, como no se domina la ley de gravedad, ni siquiera lo domina alguien que decide suicidarse, nadie domina al destino, se ve llevado; hay actos que pueden incidir en algo, pero hay que tener cuidado del destino, hay que respetarlo un poco, en ese sentido.

Me parecía interesante la manera en que se plantea aquí, en cómo Borges construye personajes que se las arreglan con lo imprevisto, con lo que acontece y los hace parecer que siguen un destino. Para mí es eso. Pero eso no es el fenómeno del doble en la vivencia del doble. En una subjetividad. Para darles un ejemplo, ¿ustedes recuerdan la película “La Danza de los Vampiros”, recuerdan la escena del baile… que van danzando y de pronto aparece un espejo enorme en un salón de baile que parece del palacio de Versalles y están bailando y resulta que el personaje está solo, no hay nadie, en el espejo no se ve lo que tendría que reflejarse? Se entiende, ese es el fenómeno del doble, produce el efecto siniestro, es otra cosa que jugar con el doble literariamente, son dos cosas totalmente diferentes. El fenómeno del doble es, por ejemplo, que a veces la gente pasa por un espejo o cerca de algo que refleje y ve otra persona que no es uno mismo y el efecto es de angustia, no es una cosa agradable.

SH– Hay un cuestión que también es distinta que es que una cosa es no poder dominar el destino pero sí tener la destreza de controlar el destino de un cuento y en Borges, en ese sentido, podríamos decir que los finales son destinos logradísimos!

PDS– Él siempre decía que se le ocurrían el principio y el final y que después tenía que averiguar qué pasaba entre un punto y otro y sí, lo finales son todos muy logrados en los cuentos de Borges, a pesar de que

hay  finales que nos sorprenden porque a veces terminan con una cita a al pie de página, como “El Aleph” o “Zahir”, concluyen como si fueran un pequeño ensayito, porque  siempre hay una especie de juego entre qué es un ensayo y que es cuento, que hay muchos cuentos en los que es muy evidente, como el cuento que pretende ser la crítica literaria de la primera novela policial hindú, pero cuenta el argumento y esta novela no existió nunca y él te habla como sí…

SH: La teoría como ficción… la novela como ficción.

PDS– Claro, y los primeros cuentos de Borges, que los llamaba “Ejercicios de  un tímido”, -que son los de “Historia universal de la infamia”- son historias reales escritas un poco a la manera de Marcel Schwob y de otro escritor que era Richard Gardner, que era el bibliotecólogo, director de la biblioteca del Museo Británico… Para mí él toma mucho de esos autores en sus primeros ejercicios narrativos que son estas historias, con casi todos criminales, los personajes que toma de historia universal de la infancia… ¡de la infamia, perdón! son criminales de distintas épocas, todos mala gente.

SH: Lindo lapsus… ¿La infancia es una infamia? Bueno…

CDG: me parece maravilloso, poder captar que las historias están construidas siempre con el lenguaje y ¡sí!… en la infancia es donde aparece la infamia, es tal cual lo dijiste, Pablo. Es una verdad lo que acabás de decir.

SH: Bueno, les agradezco muchísimo compartir estas ficciones y verdades…

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