Revista Lectura Lacaniana Número: XV
Lecturas Culturales

"En Busca de un Personaje" Tercera Parte

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 8 enero, 2014


Ciclo “En busca de un personaje” – Casa de la Cultura.

 

Personaje: Juan Dahlmann, protagonista del cuento “El Sur” de Jorge Luis Borges.

Ciclo realizado por: Silvia Hopenhayn.

 

En esta  entrega, se despliega entre los disertantes la idea del accidente en el cuento y en la vida real de Borges, así como la discordia de los linajes en relación a los lenguajes que éstos determinan. Lo que Dahlmann estaría buscando -¿eligiendo?- es uno de los linajes-lenguajes de donde viene, pero para morir. Esto se plantea en el final del cuento, junto con la figura del doble, tan presente en la obra de Borges.

 

Tercera Entrega:

Referencias:

SH- Silvia Hopenhayn

PDS: Pablo De Santis

CDG- Carlos Dante García

 

SH: En el prólogo al libro, Borges previene al lector sobre este cuento en particular: “es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro mundo.” Quizá se refiere a su propio accidente.

PDS– Yo creo recordar que todo el accidente real de él tenía que ver con una mujer, con alguna enamorada, y yo creo que ahí menciona…

CDG – A ver, ¿qué enamorada?

PDS – No, la verdad es que no me acuerdo, no me acuerdo, porque estos amores que tenía…

SH: No realizados, digamos.

PDS – Sí, o ahí, pero digamos que era una constancia.

CDG – No fue por un libro entonces.

PDS– No.  Parece que en la vida real “Las Mil y una noches” se llamaba, no sé…  Rosita…

(Risas)

CDG – Hay otras versiones, porque me estuve fijando, dichas por él y por la madre de él, vos la mencionaste antes, respecto de lo que ocurrió en el momento del accidente de Borges y de qué cosas escribió, porque Borges escribió esto bastantes años después del accidente. Él dice que la reacción fue la escritura de Pierre Menard. La madre le leía “Crónicas Marcianas” de Bradbury, esa es la versión de ella, no de él; también se dice que luego del accidente estuvo 20 días internado casi inconsciente y delirando, y que cuando despierta lo primero que dice es: “ahora sé que no me voy a volver loco”, no se sabe de dónde sacó esa certeza, pero hace esa afirmación. Entonces, ¿por qué Borges considera “El Sur” quizás su mejor cuento y que se puede leer de otro modo? ¿De qué otro modo se puede leer este cuento, para tratar subjetivamente un accidente?. Borges tenía esa teoría en él, recuerden la cuestión del insomnio, que fue un padecimiento fundamental y que a través de lo que escribía él resolvía cuestiones subjetivas.

SH: Y él también dijo que “Funes el memorioso” era una metáfora del insomnio.

CDG – Por eso digo que no se trata sólo de un cuento, sino que Borges sabía que el escribir era un modo de resolver cuestiones subjetivas. Entonces ¿qué resuelve del accidente este cuento? ¿O qué resuelve de toda la situación, este cuento? Me parece que lo que resuelve es la frase -la vuelvo a repetir- que está al principio del texto, que es “la discordia de los linajes”, es una discordia de lenguas en Borges: por un lado está la inglesa y por otro lado está la criolla: padre/madre, por eso la cuestión de que se puede leer de otra manera, que no es sólo un cuento.

SH: Esto se relaciona con una forma que toman los cuentos de Borges, como si fueran biografías, uno realmente cree que conoce a Dahlmann, o cree que conoce Funes o a Emma Zunz, porque están presentado como la biografía de un personaje, aparecen con nombre y apellido, los parientes, lugares geográficos, hay mucha información de su genealogía. En este caso a mí me llamó la atención, justamente, el devenir; aparece su abuelo paterno primero que sería el alemán, o sea que sería el abuelo más ligado a “Las Mil y una noches”, a lo literario, al libro, el abuelo paterno es un tal Johannes Dahlmann, que es el primero nombrado en el cuento, que era pastor, secretario de una biblioteca municipal, o sea que viene por ahí todo el linaje, y enseguida habla de un abuelo materno, que ya tiene un nombre muy distinto: Francisco Flores, pero hay un dato: murió en la frontera de Buenos Aires lanceado por indios de Catriel.

Y ahí dice: “en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann eligió el de ese antepasado romántico o de muerte romántica”, el abuelo materno que fue linchado por los indios, o sea que el propio Juan Dahlmann cuando termina este cuento va a elegir el linaje materno para morir. Es interesante como ya de entrada plantea a los abuelos. Una lengua para leer y otra para morir.

PDS- Y por otra parte Borges escribe el cuento, habrá sido en el año 40, 42, 43, cuando se identificaba a Alemania con lo militar, con el poder avasallador militar, y él elige rescatar la Alemania intelectual. Por eso pone “Las Mil y una noches” en versión alemana, cuando él tenía mucha más familiaridad, seguramente, con la versión de Burton, de las que habla mucho, yo recuerdo que en sus ensayos habló de esta versión o de la versión francesa que no me acuerdo de quién era.

SH: Claro, es cierto eso, porque aquí lo alemán justamente está rescatado por lo del romanticismo. El romanticismo alemán.

PDS– Y la cosa intelectual, también.

SH: En el final, fíjense qué maravilla… ¿puedo contar el final? El cuento es muy corto o sea que se llega rápido… es un arribo de esta charla: cuando él ya está en la pulpería y se va a pelear con unos tipos que lo provocan -¡tirándole miguitas de pan!- primero no les da importancia, pero después empieza a ser molesto y se produce un duelo… por unas miguitas de pan.

Siempre me llamó la atención, lo nimio del detonador de este final. Dice así: “Desde un rincón el viejo gaucho estático, en el que Dahlmann vio una cifra del Sur, del Sur que era suyo, le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. Era como si el Sur hubiera resuelto que Dahlmann aceptara el duelo.” -o sea que es el designio del sur-, “Dahlmann se inclinó a recoger la daga y sintió dos cosas. La primera, que ese acto casi instintivo lo comprometía a pelear. La segunda, que el arma, en su mano torpe, no le serviría para defenderlo, sino para justificar que lo mataran. Alguna vez había jugado con un puñal, como todos los hombres, pero su esgrima no pasaba de una noción de que los golpes deben ir hacia arriba y con el filo para adentro.” Y aparece en cursiva: “No hubieran permitido en el sanatorio que me pasaran estas cosas”.

CDG– O sea, que se muriera.

SH: Exacto. En el sanatorio lo mandan a terapia intensiva, le colocan de todo, mientras que en la pulpería muere sin todas esas cosas, es una muerte distinta. Y termina diciendo: “Salieron, y si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja.”

O sea que en el momento en que le clavaron la aguja en el sanatorio, él hubiera preferido el cuchillo. Por eso va de un lado al otro todo el tiempo. “Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado. Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura.” Y así termina el cuento, no sabemos muy bien a dónde sale ni que pasó.

CDG – Además lo deja bien, porque no se sabe si lo sabrá manejar. Juega con la tensión que hay en que casi va a morir seguro pero no se sabe si lo va a manejar.

 

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