Revista Lectura Lacaniana Número: XV
Lecturas Científicas

La vigencia del psicoanálisis

Publicado en Lectura Lacaniana: 22 julio, 2014


 

Freud vs. las neurociencias

 

En esta entrevista, el  presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis Miquel Bassols, hace referencia a la vigencia del psicoanálisis en el marco de un mundo en donde el cuerpo se ha tornado frágil y hasta en ocasiones banal e innecesario, frente al avance de las tecnociencias que permiten recortarlo al antojo de la demanda del consumidor, cual “saco de órganos” intercambiables.

Distingue el organismo como aquello que desde lo biológico nos viene dado, de lo que es el cuerpo para el psicoanálisis, entendido como un producto del lenguaje, el cuerpo se construye a partir de las relaciones de lenguaje con los otros significativos de nuestra historia. No hay cuerpo sin lenguaje y, como tal, este cuerpo nos habla.

Sitúa al “Cientificismo” como uno de los movimientos que se desprenden de la ciencia cuyo enfoque reduce la subjetividad al empirismo cuantificable, medible y observable y que resulta hostil al psicoanálisis pues deja por fuera aquello que es distintivo del ser humano: su singularidad.

Sitúa cómo cierta línea del psicoanálisis se apoyó en las iniciales búsquedas de Freud, regidas con avidez por localizar el inconsciente en el cerebro, las llamadas neurociencias, emprendimiento éste que  Freud abandona rápidamente al descubrir las leyes del lenguaje y así poder articular la existencia del inconsciente entramado al cuerpo.

 

Bassols  advierte, no obstante, que hoy día se están dando dentro de la ciencia diversos movimientos de división interna que van dando lugar a lo no cuantificable y no evaluable del sujeto.

Por otro lado, considera de qué modo el querer cercar los efectos de la violencia en una sociedad produce, como consecuencia,  una paranoia social generalizada que trueca cuidado por vigilancia.

Finalmente, el autor considera que la invención del psicoanálisis ha mejorado al mundo, pues le permite a cada sujeto orientarse frente a lo real traumático de su goce construyendo un síntoma singular, sin falsas promesas de felicidad, simplemente sabiendo hacer ahí, en donde el psicoanálisis se constituye en –parafraseando a Freud- “una segunda oportunidad para orientarse en el vacío, después de haberse dado la cabeza continuamente contra una misma pared”.
Andrea F. Amendola

 

La relevancia de su modelo en un mundo  en el que el cuerpo está cada vez más fragmentado e invadido por la tecnología.

 

Hace más de un siglo, un médico vienés se planteaba un tema que todavía tiene en vilo a científicos de todo el planeta, algo que radiografías, tomógrafos y otros artefactos de observación tampoco han logrado dilucidar por completo: de qué se habla cuando se habla de la conciencia, dónde estaría alojada y cómo funcionaría esa suerte de sistema con ribetes místicos del ser humano. “Sigmund Freud se planteó la cuestión de la localización del aparato psíquico y del lenguaje en el sistema nervioso central, ese tema que ahora investigan las neurociencias. Su primera idea era que el lenguaje tenía su sede en el cerebro, pero lo interesante es que abandonó muy pronto esa idea porque le pareció un delirio científico”, recuerda Miquel Bassols, psicólogo español que en abril se convertirá en el nuevo presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Bassols pasó por Buenos Aires para participar del VI Congreso de ENAPOL (Escuela de Orientación Lacaniana), donde bajo el lema “hablar con el cuerpo” se debatió acerca de cómo las personas se comunican a través del mismo. En una charla con NOTICIAS habló sobre el legado del psicoanálisis a más de un siglo de haber surgido y su relación a veces tirante con las ciencias y el cientificismo. También se detuvo en cómo la idea de lo que son el cuerpo y la mente está cambiado profundamente en una era en la que el organismo ya no es algo inmutable sino una plataforma que podemos modificar ensamblándole artefactos tecnológicos, retocándolo en la mesa de cirugías o merodeando incluso dentro de sus bases genéticas.

Noticias: La idea de que vivimos obsesionados con el cuerpo es casi un lugar común. ¿Desde el punto de vista de su trabajo, esto es realmente un signo de época?

Miquel Bassols: Cada época tiene sus ideales sobre el cuerpo, se han hecho historias de esos ideales a través de la moda o el arte. Pero quizás el mundo contemporáneo sí se caracteriza por hacernos sentir que nuestro cuerpo es frágil. Las experiencias traumáticas en relación con el cuerpo son cada vez más una experiencia posible. Me refiero a explosiones de bombas y episodios de la civilización actual que atentan contra esa unidad del cuerpo. Otra forma de entrar al tema es ver cómo la ciencia incide en nuestra forma de vivir el cuerpo. Yo creo que el hecho de que la ciencia y la medicina se hayan especializado tanto en los tratamientos sobre partes determinadas ha contribuido a hacer del cuerpo una serie de pedazos que incluso se pueden intercambiar. A veces vivimos el cuerpo como un saco de órganos. En ese sentido, el psicoanálisis distingue entre la existencia de un organismo, que puede ser entendido como partes organizadas por lo biológico, y el cuerpo, que para existir requiere de todo un proceso para el que “el otro” es fundamental.

Noticias: La tecnología hoy nos permite reinventar nuestra apariencia, cambiar de sexo. ¿Eso hace que el cuerpo sea más inestable también?

 Bassols: Sí, el cuerpo no está dado de entrada. Se puede construir y se está planteando ya en ámbitos de la ciencia ensamblar el organismo con aparatos técnicos. Eso siempre ha sido así de cierta manera, siempre tuvimos incrustadas en el cuerpo partes provenientes de la técnica, pero ahora se da más y se escucha en fantasías y síntomas de mucha gente. De hecho interactuamos con artilugios como el teléfono móvil como si fueran parte de nuestro cuerpo. Además, cada vez aparecen más elementos que permiten vivir de manera más separada del cuerpo: el espacio virtual de internet es un lugar donde el cuerpo es cada vez menos necesario.

Noticias: De afuera uno tiene la idea de que la medicina se ocupa de cuerpo y el psicoanálisis de la mente. ¿Cuesta explicar que esa división no es así?

Bassols: Bueno, es todo un tema actual. Disciplinas como las neurociencias no tienen nada clara esa relación entre mente y cerebro. Hay mucha dificultad para articular una cosa con la otra. Para Freud, el aparato psíquico tenía una ordenación en el cuerpo que no permitía distinguirlo de él. Cuando decimos “hablar  con el cuerpo”, decimos que el cuerpo es el aparato psíquico también. Pero es un cuerpo que no se reduce al organismo, no es un conjunto de elementos neuronales sino cuerpo organizado ya por el lenguaje. En ese punto psique y cuerpo están en una continuidad, no hay separación entre una cosa y otra.

Noticias: ¿Entonces no puede haber un cuerpo hasta que no hay len- guaje?

Bassols: Esa es una buena definición. No puede haber cuerpo hasta que no hay lenguaje. Y el cuerpo es un producto del lenguaje. Armamos nuestro cuerpo a partir de las relaciones con los otros, fundamentalmente con la gente cercana, en nuestra infancia y con nuestros padres.Pero también en relación con nuestro partenaire, a partir de relaciones de lenguaje con el otro. Para decirlo de forma clara: ahí es donde el cuerpo se distingue de un organismo. Si un organismo nos viene dado de entrada, con limitaciones y posibilidades equis, el cuerpo es algo que construimos a través de la relación con el otro. Para llegar a tener un cuerpo hay que hacer una serie de procesos y poder hablar con él: se ve en el arte, la danza o el cine, donde el cuerpo encarna un discurso dirigido al otro. Hay sujetos, como los niños autistas, que se rehúsan a eso. No llegan a tener un cuerpo para poder hablar y poder dirigirse al otro.

Noticias: En las últimas décadas hubo una especie de carrera espacial hacia el interior del cerebro. ¿Cómo se acomoda el psicoanálisis a los hallazgos de las neurociencias?

Bassols: Ha habido distintas vías. Primero fue decir que Freud se planteó el tema de la localización del aparato psíquico y del lenguaje en el sistema nervioso central, ese tema que ahora las neurociencias investigan. Su primera idea fue que el lenguaje tenía su sede en el cerebro, pero abandonó muy pronto esa idea, le pareció un delirio científico. Se dio cuenta, porque escuchaba y entendía el lenguaje, que la localización del inconsciente no está en el organismo si no, tomando la idea de antes, en el cuerpo. Esto es algo difícil de hacer entender a cierta línea del psicoanálisis que ha virado hacia las neurociencias y se ha alejado de la idea freudiana de que lenguaje está en la relación con el otro, en una cierta exterioridad. Igual dos de los mejores neurocientíficos, Gerald Edelman y Giulio Tononi, terminan su libro sobre la conciencia diciendo que el problema de la conciencia no se puede entender sin la introduccción de la alteridad y que en esa medida cada persona es distinta, no hay ningún modelo determinado para explicar esa operación singular que establece un sujeto con otro.

Noticias: ¿Usted cree que hay disciplinas hostiles al psicoanálisis?

Bassols: Sí. Hay un movimiento que se puede llamar “cientificismo”, que no es la ciencia sino uno de los efectos de la ciencia, que reduce todo lo que es del ámbito subjetivo a algo cuantificable, evaluable por números y observaciones. Ese discurso siempre va a ser reacio a un discurso como el psicoanálisis. O a cualquier otro que haga aparecer la singularidad del sujeto como algo no reducible a un dato empírico. Pero yo estoy atento a los movimientos actuales de la ciencia y noto que comienza a haber un movimiento de división interna, con científicos que se plantean la cuestión de lo no cuantificable del sujeto, lo no evaluable. Hasta en la física está pasando eso. El psicoanálisis no es una ciencia y debemos partir de eso. No en los términos actuales de lo que la ciencia considera su método y su funciona- miento. Pero a la vez,  muchas disciplinas que se consideran científicas tampoco cumplen con esos criterios de “cientificidad”, lo puedo decir de la psicología misma. Hay un movimiento dentro del psicoanálisis, que yo creo que no es el más productivo, de querer convertirlo a toda costa un método científico. Me parece que ahí se pierde lo más sustancial de lo que Freud descubrió y es que el inconsciente no puede ser un objeto científico en los términos actuales de la ciencia porque escapa a los métodos de conocimiento objetivo.

 

Lo Social. Los estallidos.

En abril de 2014, Bassols asumirá como presidente de la Asociación Mundial. Uno de los fenómenos o fracturas más interesantes de este tiempo es que

“los estallidos de violencia son cada vez menos imprevisibles y organizados”, y por eso difíciles de tratar a nivel social o político, según él. “La fórmula de querer poner puertas al campo, intentando minimizar todo lo posible la aparición de la violencia, produce una nueva forma de paranoia social donde en nombre de cuidarnos se nos vigila- analiza el español-. No hay más que ir a un aeropuerto para verlo, y pareciera que tal vez la vida se vaya a transformar en algo que tenga cada vez más que ver con la forma aeropuertaria de organizar los cuerpos que con otra cosa.”

 

Realidad. Manejo del Trauma.

Miquel Bassols no duda ni un segundo. Cuando se le pregunta si cree que la invención del psicoanálisis ha logrado mejorar en algo el mundo, responde con un “sí” rotundo. “Creo que es una experiencia que da la posibilidad a cada sujeto de orientarse ante lo real traumático que nos toca vivir construyendo un síntoma que será propio de cada sujeto y le permitirá vivir un poco mejor, pero sin falsas promesas”, dice. En cierta medida, Bassols cree que el trabajo del psicoanalista ha mejorado el mundo de la misma manera que el trabajo de quienes se especializan en desarmar bombas. “Uno de los graves problemas de la actualidad es que las promesas de felicidad incluyen una bomba de relojería que estalla a la larga o a la corta. Si el psicoanálisis sabe algo, es que a esa relojería hay que atenderla con cuidado, sin falsos ideales ni imposiciones”, dice este hombre que cree -parafraseando a Freud- que el psicoanálisis es “una segunda oportunidad para orientarse en el vacío, después de haberse dado de cabeza continuamente contra una misma pared”.

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