Revista Lectura Lacaniana Número: XLIV
Lecturas Psicoanalíticas

Elegir el sexo. Parte II

Por Francois  Ansermet
Publicado en Lectura Lacaniana: 29 junio, 2016


Segunda entrega:

En esta segunda entrega, el autor indica que tanto del lado hombre como del lado mujer, lo que es puesto en juego es el rechazo de  la feminidad. No hay acomodamiento de las identidades sexuales y tampoco realización del Uno del mito de Aristófanes. El amor aquí se conjuga con la no-relación sexual.

Una pregunta abre hacia otras, ¿se ha dado un pasaje de la tiranía de la anatomía a la tiranía de la elección? Entonces, ¿qué es la diferencia sexual?

La pregunta sobre la posibilidad de sustraerse a la muerte se impone.

Finalmente, el autor advierte del riesgo de una alienación paradójica de la libertad. Se trata de preservar el espacio para lo inesperado, hueco fecundo para que se haga lugar a la singularidad.

Andrea Amendola

 

El más allá del masculino y el femenino

Tiresias pudo experimentar el goce de los dos sexos, pudiendo decir que el goce de la mujer es otro y va más allá de aquél del hombre. Él pagará con la vista, aun cuando Zeus lo transformará a continuación en adivino. Como lo demuestra Nicole Loraux, todo parte de la fascinación de Grecia por el otro femenino [3], dónde la identidad del hombre ya no se opone a la de la mujer: obtiene algo de ella, por el contrario. Y el guerrero es más viril cuando abriga en él la feminidad: el héroe más valiente, como Aquiles, es aquel que siente miedo y ha llorado.

Como en el caso del héroe griego, el amor también implica el deseo masculino del lado de una feminización y, quizás, en contrapunto, el deseo femenino sobre la vía de una falicización. Entre masculino y femenino, la partición no es simple. Y el amor lo complica aún más. El amor se conjuga con la no-relación sexual. En el amor, como dice Lacan, se conjugan el deseo y el goce [4], Y no hay sino el amor del lado de lo ideal- es decir, del objeto amado puesto en el lugar del ideal del Yo- pero hay también el amor que conduce a las fronteras de lo Real que es de un orden totalmente distinto y que se ubica en otro estado. Y aún hay las dos vertientes del amor entre amar “amar” o bien amar “ser amado”. El hecho de amar marca al sujeto con el signo (-). El hecho de ser amado lo marca con el signo (+)[5].

Se ve bien que estamos lejos de la lógica del acomodamiento de las identidades sexuales, en la complementariedad que podría hacer suponer la partición de la diferencia de los sexos según una visión del tipo de la de Aristófanes en El Banquete de Platón.

Tanto de uno como de otro lado, nos apoyamos en lo que Freud llamaba “el rechazo de la feminidad” (Ablehnung des Weiblichkeit) [6]. Esta formulación resulta enigmática. Se trata de extraer de ésta el fundamento lógico sin el cual no podemos intervenir en el campo de la sexuación.

El rechazo de la feminidad es algo que se produce del lado de ambos sexos.

Del lado de la mujer, a través de la envidia del pene; del lado del hombre, a través del rechazo de la pasividad. Es, paradójicamente, el rechazo de la feminidad lo que crea la igualdad entre los sexos. Está presente tanto en los hombres como en las mujeres. Está presente y oculto en la clínica de la intersexualidad y de la transexualidad. Lo femenino es lo íntimo excluido, lo que Lacan designa como éxtimo, esa parte de uno desconocida en uno, como el origen. Esto desconocido es también una cierta ignorancia que señala al inconsciente: el inconsciente como ignorando la contradicción, la negación, el tiempo y el espacio. El inconsciente ¿ignora la diferencia sexual? He aquí dónde se aloja la complejidad de la clínica de aquéllos que se lanzan al hecho de intervenir sobre la diferencia sexual.

 

Del destino anatómico a la elección

Hemos pasado del destino anatómico [7] a la elección. En relación a esto podríamos preguntarnos si no hemos pasado de la tiranía de la anatomía, que imponíamos como un destino, a la tiranía de la elección. Para los intersexo, hemos pasado del paradigma Johns Hopkins, donde los médicos decidían el sexo al momento del nacimiento mediante los tratamientos quirúrgicos y hormonales que imponían, a la idea de dejar al sujeto elegir, cuando esté en condiciones de hacerlo, sin hacer ninguna otra intervención que resulte irreversible.

Para los sujetos sin ambigüedad genital pero dudosos en relación a qué dirección darle a su sexuación, algunos clínicos en Holanda o en los Estados Unidos (Boston), practican la llamada “puberty freezing” (congelamiento de la pubertad), bloqueando la pubertad mediante hormonas a fin de que los caracteres sexuales secundarios no se desarrollen para, de esta manera, no tener que suprimirlos ulteriormente. Como escribe el Dr. Spack de Boston [8], ya no es necesario que el niño sea prisionero de su cuerpo. Hay que ajustar la apariencia del cuerpo a la posición del sujeto. El cuerpo es plástico, maleable.

Es ésta una razón para que se transforme, a su vez, en rehén del sujeto? Hemos pasado de la anatomía como destino a la idea de que cualquiera puede hacer lo que desee con sus atributos sexuales, con la tendencia, hoy en día, de poder evitar que los atributos sexuales aparezcan para no llevar al sujeto a pensar demasiado y a realizarse una cirugía para corregir el cuerpo rechazado en el cual se halla inmerso.

Estamos, en efecto, en un sistema de 360º, tal el nombre de una asociación de Ginebra que reagrupa a gays, lesbianas, travestis, transexuales, transgénero, intersexo y heterosexuales sin exclusión alguna. Todo ha de ser posible sin el tope de lo imposible. Por ejemplo, la militancia de los transgénero (que deben ser distinguidos de los transexuales) reivindica la posibilidad de poder procrear según su sexo inicial más allá del cambio de sexo, en tanto se les impone a los transexuales la condición de ser estériles.

Según el mito de Pandora, que marca el pasaje de lo autóctono (el hecho de nacer de la tierra, o de dónde venga uno) a la reproducción sexual, la aparición de la diferencia de los sexos en la reproducción (a través del acoplamiento de Deucalión y Pirra), introduce también el hecho de ser mortal [9]. Es, quizás la muerte, como algo secundario a la diferencia sexual, lo que está en juego en las prácticas que quieren intervenir sobre la realidad de esta diferencia? Intervenir sobre la diferencia de los sexos, anularla incluso, para sustraerse a la muerte. Permitir la reproducción en la clínica transgénero es también perpetuar la parte inmortal en el viviente mortal, lo que está en el corazón del acto de la procreación. [10]

 

¿Qué podemos elegir?

¿Podemos elegir el sexo? Este proyecto nos retrotrae a la cuestión de saber qué es la diferencia sexual. Para Freud, recordémoslo, no hay sino una libido, la masculina. Tal como escribe en Tres ensayos sobre teoría sexual: “La libido es, de manera habitual y conforme a las leyes, de naturaleza masculina, tanto si se manifiesta en el hombre como en la mujer”[11]. Precisará, más tarde, que la verdadera fórmula es la siguiente: “No hay sino una libido que está puesta al servicio de la función sexual tanto masculina como femenina” [12].

Freud sostiene, entonces, un monismo libidinal que, en sí mismo, implica una asimetría entre lo masculino y lo femenino, como dos modos de ramificación de la libido.

Más que oponer lo masculino a lo femenino, Lacan ha distinguido el goce fálico de lo que ha llamado como un goce Otro, un goce suplementario, que ya hemos mencionado, y que constituye el enigma de lo femenino, enigma que permanece en el corazón de la clínica de la sexualidad, de la no-relación sexual [13].

¿En qué reside la diferencia de los sexos? Como ya hemos visto, no existe un marcador claro de esta diferencia, contrariamente a lo que esperaban aquéllos que quieren resolver la cuestión de la elección del sexo. La diferencia no es un estado objetivable: se trata, más bien, de un operador que hace que cada uno pueda situarse de una manera mixta (dual) en relación a una diferencia sexual, en relación a una diferencia que no es localizable.

¿Elegir el sexo? Para poder elegir es necesario que haya una diferencia sobre la cual poder situarse. La diferencia es neta, no así la elección del sujeto que puede ser incierta, ambigua; es contra lo cual resisten finalmente los avances contemporáneos de intervención sobre el sexo.

Recordemos, a propósito de esto, lo que Freud decía en Tres ensayos de teoría sexual: “en el ser humano no encontramos ni masculinidad pura ni feminidad pura, ni en el sentido psicológico ni en el sentido biológico” [14].

En tanto la pregunta sobre qué es la diferencia de los sexos permanece sin respuesta, cada sujeto viene a situarse, a su manera siempre singular y finalmente imprevisible, más o menos cerca del lado hombre o del lado mujer de los seres parlantes, como lo ha elaborado Lacan en las fórmulas de la sexuación. La sexuación es algo distinto a la conformación de una identidad sexual.

En relación a la diferencia de los sexos, cada cual con su bricolaje, con su solución más allá de los ideales del sexo de atribución, más allá del sexo biológico, más allá de las certezas asignadas y también más allá de las incertidumbres prescritas que pueden llevar, finalmente, a una alienación paradójica de la libertad. Sea lo que sea, se trata de ir más allá de aquello que nos determina, preservando un sitio para lo inesperado. Incluso en el genoma hay lugar para lo singular, para aquello que permite no alienarse siquiera a la libertad [15]

 

Traducción: Diego Trejo

Revisado por: Gaby Medin

 

Notas:

[3]Nicole Loraux, Las expériences de Tirésias. Le féminin et l’homme grec. París, Gallimard, NRF 1989.

[4]“Sólo el amore permite al goce condescender al deseo”. Jacques Lacan, El Seminario, Libro X, LA angustia1962-63, Paidós 2006.

[5]Jacques-Alain Miller, “Les labyrinthes de l’amour ”, La lettre mensuelle, nº 109, mai 1992, pp. 18-22

[6]Sigmund Freud, “Análisis terminable e interminable” (1937), en Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXIII p.211

[7]A destacar la palabra que Freud toma prestada de Napoleón para transponerla a propósito del devenir sexual: “La anatomía es el destino” (1923)

[8]B.W.D. Reed, P.T. Cohen-Kettenis, T. Reda, N. Spack, “Medical care for gender variant young people: Dealing with practical problems”, Sexologies (2008) 17, pp.258-264; Ellen Perrin, Nicolas Smith, Catherine Davis, Normal Spack, Martin D. Stein, “Gender variant and gender disphorya in two young children”, J. Dev. Pediatr, vol 31, nº2, 2010, pp. 161-164

[9]Nicoles loraux, Né de la terre, La livrarie du XXe siécle, París, Seuil, 1996

[10]Ver las declaraciones de Diótima referidas por Sócrates en El Banquete de Platón: “He aquí en qué reside la inmortalidad en el ser viviente: en el embarazo y la procreación”. Platón, El Banquete.

[11]Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, (1905), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo VII, p. 109.

[12]Sigmund Freud, La feminidad, XXXIIIª Conferencia, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXII, p. 104

[13]Ver Lacan a propósito de la no-relación sexual y sobre el hecho de que la sexualidad “haga un agujero en lo Real”, nadie se ha salido con éxito: Jacques Lacan,Prefacio a El despertar de la primavera (1974), en Otros escritos, Paidós 2012, p. 587.

[14] Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, op. Cit,

[15] Eva Pigeois, L’intersexualité ou les ambigüités de la liberté. Mental 22, 2009, p: 205-209.

 

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