Revista Lectura Lacaniana Número: XIV
Lecturas Culturales

"En Busca de un Personaje". Segunda Parte

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 5 diciembre, 2013


Ciclo “En busca de un personaje” – Casa de la Cultura.

Personaje: Juan Dahlmann, protagonista del cuento “El Sur” de Jorge Luis Borges.

Ciclo realizado por: Silvia Hopenhayn.

 

En esta segunda parte del encuentro en la Casa de la Cultura (FNA) de Carlos Dante García, Silvia Hopenhayn y Pablo de Santis, para referirse al cuento de Borges, “El Sur” y sobre todo a su personaje Juan Dahlman, se vislumbra la cercanía del autor argentino con su propio personaje a través de los sueños, el imprevisto y las decisiones. Ambos (Borges y Dahlmann) están ligados, uno en la realidad y otro en la ficción, por el accidente.

 

En esta segunda parte del encuentro en la casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes entre Carlos Dante García, Silvia Hopenhayn y Pablo de Santis, dan cuenta de la cercanía entre Borges y su personaje, Juan Dahlmann,  a través de los sueños, lecturas y accidentes cruzados.

 

PDS– Hay una novela que leí hace muchos años y volví a leer ahora y que me encanta y que me parecen tan borgiana, que se llama El Tirador,  un escritor norteamericano bastante desconocido, pero una versión en película de ese libro fue la última película que filmó John Wayne, y a mí siempre me pareció que era una especie de versión de “El sur”, porque es la historia de un cowboy, del último tirador, de esos que se batían a duelo, que va al paso, está enfermo, y va al paso a ver a un médico que alguna vez lo curó, el médico lo recibe y le dice que le queda muy poco tiempo de vida y esta enfermedad es muy dolorosa y yo le recomiendo que con todo su metier,  no muera en una cama de hospital, bueno, este hombre trata de mantener oculta su identidad pero enseguida empiezan a llegar los enemigos hasta, por supuesto, la última escena, que quieren pasar a la historia por batirse con él, y me recordaba mucho por este tema de la muerte construida, escenificada, planeada y como un acto no solamente final sino que casi de consumación, de logro, como aparece muchas veces en Borges.

 

SH: Cierto, hay un logro en la obtención de la muerte. Un final digno. Otra cuestión importante en este cuento es el tema del doble, un famoso tópico de la literatura: el doble de sí mismo, la doble realidad; él le atribuye el deseo del doble a la propia realidad. Esto es novedoso. La lengua o la vida. No es un debate de la crítica literaria entre un libro u otro, o entre esta lengua u otra, como en Funes está entre el latín o el castellano, y cómo se pasa de una lengua otra. Acá es ¡cómo se deja la lengua para ser! Esa parte es genial, Dahlmann está en el tren y dice así el narrador: “A los lados del tren, la ciudad se desgarraba en suburbios; esta visión y luego la de jardines y quintas demoraron el principio de la lectura. La verdad es que Dahlmann leyó poco; la montaña de piedra imán y el genio que ha jurado matar a su bienhechor eran, quién lo niega, maravillosos, pero no mucho más que la mañana que el hecho de ser. La felicidad lo distraía de Sherezade y de sus milagros superfluos; Dahlmann cerraba el libro y se dejaba simplemente vivir”, quizá la elección imposible de Borges.

CDG- Exactamente. Justamente lo que iba a comentar es que este personaje es casi la representación misma de Borges, realiza lo que Borges no realizó; la elección supuestamente de vivir, aunque alguien puede vivir leyendo, digamos, y escribiendo. Hay otro elemento más que tiene conexión con Funes.

La abuela de Borges le contaba historias en lengua inglesa, las historias de criollos, y le contaba repetidamente las historias y de dónde venían, a tal punto que la abuela paterna tenía la particularidad, me estoy refiriendo a Fanny, de algo que Borges hacía en todas las entrevistas, ¿qué particularidad hacia Borges en todas las entrevistas? Él decía que cuando tomaba examen no tomaba examen de memoria, pero Borges tenía una memoria asombrosa, que era la memoria que manifestaba esta abuela Fanny, entonces alguien decía una frase y él decía: “eso está en el versículo tanto de Mateo tanto…”, inmediatamente reconocía porque se sabía la Biblia de memoria, como sabía el Corán.  Encontrándome con este tipo de cosas deduje, porque Borges mencionó esto, que a aquellos que recuerdan el Corán se los denomina los memoriosos, entonces toda la preocupación de la memoria era también una inquietud de Borges desde pequeño escuchando está memoria viviente que era la abuela.

SH: Retomo la idea del doble, que también puede darse en la dupla recuerdo-olvido. El problema del doble es que justamente el que se escapa. Suele haber uno que siempre se escapa. Estando en el tren, entonces, él piensa: “Mañana me despertaré en la estancia, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres.”, o sea, la patria o el sanatorio.

El doble va a aparecer a partir de que el tren no para donde debía parar, y a mí me sigue llamando la atención, Pablo, que vos lo leyeras tan realísticamente, ¿no te produjo ninguna incomodidad, por ejemplo, que Dahlmann, cuando llega al almacén que es sobre el final del cuento, y se encuentra con estos malévolos supuestamente en una estación de tren desconocida, un lugar donde entra por primera vez, y el barman, cuando lo ve y lo llama por el nombre? A mí eso es lo que me produjo como un efecto de extrañeza, de dónde sacó el barman el nombre de Dahlmann.

CDG- O sea que hay que preocuparse cuando uno está en un bar que no lo conocen y lo llaman por el nombre.

SH: ¡Claro! Y encima por el apellido.

PDS: Sí, ahí parece un cuento de Cortázar, que están siempre los dos mundos, que está siempre lo fantástico como conexión entre dos realidades distintas, París-Buenos Aires o los aztecas y los mayas. Acá hay un elemento que lo vincula fuertemente con que hay algo de pesadilla. Pero a mí se me desarma el cuento sin la versión realista, porque qué importancia tienen decisiones que uno toma en los sueños. No, me parece…

CDG – ¿Cómo?

PDS – Me parece que… no importa lo que uno decide en los sueños, importa lo que uno decide en la realidad.

CDG – Sí que importa. Voy a mencionar uno de los sueños más antiguos, de Alejandro, sobre una decisión que estaba en el sueño y terminaría transformando la realidad. Artemidoro  de Daldis es uno de los primeros onirocríticos de la antigüedad, ustedes saben que los antiguos también interpretaban los sueños pero tenían sistemas y eran consultados, como los presidentes o los dictadores, o los mandatarios en la actualidad también consultan a los psicoanalistas. Artemidoro de Daldis fue consultado por Alejandro porque tuvo el siguiente sueño: un sátiro bailando arriba de un escudo. Entonces, interrogado, estando en plena campaña militar, Artemidoro le dice: “es sencillo lo que dice el sueño: Tuya es Tiro”, y fue y conquistó.

Los sueños manifiestan por supuesto un deseo, que no necesariamente llega a hacer un acto pero puede impulsar la decisión, hay gente que se analiza con un analista y sueña con otro analista y dice: “dejo a este analista y me voy con aquél”, por ejemplo. Pero diría que en los sueños también hay decisión, claro que es gente peligrosa la va a hacer lo que hace en los sueños. Igualmente, la gente se maneja mucho por los sueños en las cosas que hace. Entonces ahí hay una manifestación que no es sólo la expresión de deseo en los sueños, es la preparación de algo que es la eminencia de un acto, o puede serlo.

SH: Claro, en el sueño puede serlo, es un potencial, en cambio en este cuento ya es una decisión.

CDG- Hay otros sueños que podrían… El sueño de “La inyección de Irma”, que es un sueño más famoso, el que Freud analiza, donde descubre que la clave de los sueños es también una decisión en el sueño, en atravesar la garganta llena de pus de una paciente, que se llamaba Irma, por eso se llama el sueño “la inyección de Irma”, donde en el fondo de la garganta de una fórmula que es la de la trimetilamina, que es la fórmula química del esperma, y dice: “ese es el secreto de la sexualidad”, entonces a partir de ahí escribe toda la interpretación los sueños. Otro ejemplo de otro sueño que son aptos, el famoso sueño de Mendeleiev, el de la tabla periódica de los elementos, yo he escrito trabajos al respecto porque lo más asombroso de Mendeleiev es que no encontraba cómo poner los símbolos para sacar los pesos atómicos de cada uno de los componentes y luego de dos días de trabajo, al quedarse dormido, extenuado, sueña con la tabla periódica de los elementos, copia esta tabla periódica de los elementos y eran realmente estos los elementos que hay en la tierra y los que no están en la tierra están en el espacio. Ese es otro ejemplo de la importancia de los sueños, por eso digo dónde está el acto mismo, porque Mendeleiev no modifica nada del sueño. Y lo raro, ahí hay un enigma de cómo puede ser que en una formación del inconsciente, en algo que es totalmente subjetivo, aparezca una realidad que está en el espacio.

SH: Claro, acá la rivalidad podría pensarse que está entre el sueño y el destino, soñando otro destino para su muerte. Ahora hay algo que en varios cuentos de Borges aparece y que es interesante lo que decían antes ustedes con respecto a la decisión, el accidente y lo imprevisto; cómo volver, que vos lo dijiste muy bien, Carlos, cómo hacer del imprevisto una decisión… ¿quizás escribiéndolo?. Hay una frase reiterativa en los cuentos de Borges, con respecto al imprevisto y lo irreversible. En Funes, en Pierre Menard, plantea un punto irreversible en el relato, como si fuera un umbral narrativo; Borges crea dramáticamente una especie de portal real: el antes y el después del accidente como decisión de vida. Funes cuando se cae del caballo y queda totalmente tieso y tullido, que uno diría: “¡qué destino!”, en cambio, él reacciona con felicidad: “por fin voy a vivir la vida que quiero mirando por la ventana y recordando todo lo que pasó”, siempre está esta cuestión de que si me pasa algo terrible es cuando mejor puedo elegir mi forma de vivir. En el caso de Dahlmann, más que elegir la forma de vivir es elegir la forma de morir. Ahora, por qué será que este cuento para Borges era uno de sus mejores logros, o el más querido. ¿Vos por qué imaginás eso?

PDS – La verdad es que no sé, yo creo que por cierta nitidez, por cierta economía del cuento. Recién pensaba en la frase: “mañana estaré en el campo”

SH: En la estancia.

PDS – En la estancia. Estaba pensando que ese es un cuento escrito en argentino, si lo hubiera escrito en español eso significa evidentemente el futuro. En cambio nosotros pensamos el futuro como un condicional, es decir: “mañana voy a estar en la estancia”, esa es la manera como nosotros expresamos el futuro; si usamos el “estaré”, es siempre conjetural. Y yo creo que como habíamos hablado del tema de las expectativas y el accidente, hay un libro que me gusta mucho de un psicólogo norteamericano que se llama Jerome Bruner, La fábrica de Historias, donde él analiza la relación en las historias entre la literatura, la ficción en general, en el derecho y en la vida, en la vida cotidiana. Es un libro muy lindo porque se plantea una serie de cosas, como por qué utilizamos siempre historias para contarnos, por qué si tenemos que contarle a alguien nuestra vida simplemente no enumeramos lugares… siempre usamos la forma de historias tenemos que poner todo un principio y un final, y él dice que una narración siempre es una historia de expectativas traicionadas, siempre hay algo que sale mal en una narración.  Dahlmann quería subir rápido para leer el libro y le sale mal, y se desencadena el accidente y así quedan traicionadas sus expectativas. Todo cuento cuenta un poco esa expectativa traicionada. Y dice Bruner en este libro, para demostrar hasta dónde nuestra mentalidad está marcada por las historias, aunque sea la gente que nunca ha leído un libro, una novela o cuento, todos están marcados por las historias, y pone de ejemplo el tic tac del reloj.

Él dice que el reloj no hace tic tac, hace un ruido monótono, pero nosotros no podemos soportar que las cosas no tengan un principio y un final y transformamos el ruido del reloj en un principio y un final, él dice que el tic es nuestra palabra para los principios y el tac para los finales, proyectamos en todo esa necesidad de encontrar un principio y un final, y podríamos agregar un medio, ya que básicamente es el medio lo que define la literatura.

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