Revista Lectura Lacaniana Número: XIII
Lecturas Culturales

En busca de un personaje. Primera Parte

Por Silvia Hopenhayn
Publicado en Lectura Lacaniana: 17 noviembre, 2013


Ciclo “En busca de un personaje” – Casa de la Cultura.

Personaje: Juan Dahlmann, protagonista del cuento “El Sur” de Jorge Luis Borges.

Ciclo realizado por: Silvia Hopenhayn.

 

Hay personajes de ficción que parecen identidades reales –o viceversa. Es el caso de Juan Dahlmann, protagonista de “El Sur”, de Jorge Luis Borges, último relato del libro “Ficciones” (1944). En el prólogo Borges considera que “El Sur” es quizá su mejor cuento. Y advierte al lector que “es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro mundo”. ¿Qué habrá querido decir con “otro mundo”? ¿No se tratará  del real?

En este debate, la literatura y el psicoanálisis intercambian modos de lectura, en un cuento que precisamente plantea varias lecturas posibles y un final abierto.

 

Primera Parte:

Referencias:

SH- Silvia Hopenhayn

PDS: Pablo De Santis

CDG- Carlos Dante García

 

SH: Quería agradecerles la presencia muy entusiasta para encontrarnos con uno de los personajes más queridos y más raros de Jorge Luis Borges, quizás el más cercano a su persona. Hoy vamos a “convocar” en este Ciclo que se llama “En busca de un personaje”, a Juan Dahlmann. Como veo que hay algunas caras nuevas, puedo volver a contar de qué se trata: en este ciclo que hacemos aquí, en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, -excasa de Victoria Ocampo, donde se realizó también parte de la historia de la revista Sur- los verdaderos invitados son fantasmas. Cuando digo fantasmas me refiero a personajes, identidades de la ficción. En los últimos dos años han venido Amalia, Silvio Astier, Emma Zunz, la Maga, Sebregondi, Morel, etc. De Borges ya se aparecieron dos: Funes y Pierre Menard. Recuerdo que Carlos Dante García, que es uno de nuestros invitados de hoy, psicoanalista, vino para hacerse cargo de la presencia de Funes, y Pablo de Santis vino también, pero para un científico de nuestra historia, de nuestra historia de la ficción, un científico maravilloso, que podría pensárselo junto Funes, porque uno quiso eternizar un momento y el otro no pudo sacarse de encima la eternidad. El personaje que vino a

presentar Pablo de Santis el año pasado fue Morel, el científico, o ¿mago?… El personaje se Bioy Casares en “La Invención de Morel”.

Hoy Carlos Dante García y Pablo de Santis están invitados a dar cuenta de la presencia fantasmal de Juan Dahlmann. No sé si todos ustedes conocen a Juan Dahlmann, él es el protagonista del cuento que Borges dijo que era su cuento más logrado: “El Sur”, si no me equivoco, el último del libro “Ficciones”.  Cuando digo que es un personaje raro de Borges es porque tanto Funes como Pierre Menard son más arquetípicos, son más personajes con un problema de la ficción, en cambio Juan Dahlmann parece ser un personaje con un problema real, por eso está invitado Carlos Dante García. ¿Cuál fue el impacto para cada uno de ustedes del encuentro con Juan Dahlmann, de la lectura de este cuento?

PDS – Bueno, a mí siempre me pareció que el cuento El Sur era el más… es un cuento donde Borges, digamos recrea el momento en el que se inventa a sí mismo como cuentista. Porque Borges iba a ser un poeta, yo creo que en su juventud jamás se le hubiera ocurrido que iba a ser cuentista y que iba a ser conocido mundialmente por sus cuentos, que aparecen de una manera bastante tardía en su obra, porque él escribía poemas desde muy jovencito y empieza con los cuentos de los años 30. Pero ahí recrea, en El Sur, un pedazo de su vida que es un accidente: él estaba subiendo atropelladamente las escaleras y se golpea la cabeza, la herida termina complicándosele, se le produce una septicemia, está cerca de la muerte.

Esto ocurrió además en el año 38, que es un año como definitivo no solamente para Borges sino en la literatura argentina: es el año en que se suicida Lugones, con el que tenía una relación de amor/odio, muere el padre de Borges y tiene este accidente que lo pone al borde de la muerte. De alguna manera todo esto está recreado en “El Sur”.

SH: Esta recreado en varios cuentos, ¿no? Porque en Funes también hay un accidente y hay un antes y un después del accidente.

PDS – Y yo me acuerdo también de haber leído hace mucho un reportaje a la madre de Borges, ella decía que Borges en su delirio soñaba que lo visitaban grandes felinos. Y algo que me quedó grabado es que ella decía que en esos días él leía obsesivamente la obra de Ray Bradbury, ¡eso es imposible porque Ray Bradbury en ese momento tenía 18 años, cronológicamente no puede ser! Pero se ve que de alguna manera lo relacionaba con el universo de Bradbury.

SH: ¿Y a vos que te produjo como impacto de lectura del cuento?

PDS Yo siempre he tenido una cercanía mayor con los cuentos fantásticos de Borges, entonces, en mi adolescencia, que lo leía con toda pasión, apenas había un planteo más realista yo me apartaba, “El hombre de la esquina rosada”, “El sur”, me resultaban demasiado realistas.

SH: ¿Te asustaba la realidad?

PDS – No, me encantaban los otros más fantasiosos: “El Aleph”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “La muerte y la brújula”, me atraían más, habían más elementos imaginativos; este es un cuento muy despojado, y dónde están esos grandes temas de Borges que es esa relación entre el hombre encerrado dentro de sus libros y el mundo de la vida, el mundo salvaje; que está como más presente en su poema “Conjetural”. En  “El sur” es también ese mismo planteo: en el mundo de las letras, en el mundo de la calma, de pronto irrumpe la barbarie que se presenta con toda su violencia pero también con algo de autenticidad, porque también tiene que ver con ciertas posiciones vitalistas de Borges y anti intelectualistas. Borges con toda su carga intelectual y todo, siempre tenía esa ensoñación con ese mundo bárbaro, ese mundo físico, ese mundo del valor, del coraje, que aparece todo muy alabado en su cuentos.

SH: Sí, quizá precisamente por no poder llegar a eso, este es un cuento muy importante, porque este es un cuento en el que el personaje en un momento dado está viajando en tren con el tomo de las “Mil y una noches” -que supuestamente es lo que más desearía hacer en ese momento: leerlo- cierra el libro y mira por la ventana del tren, y opta por la experiencia de la vida: “mejor la mañana y ser”.  Carlos, este es un cuento muy raro respecto de otros porque tiene una especie de doble lectura con final abierto, entre lo real y la ficción. Finalmente no sabemos si Juan Dahlmann, después del accidente y su internación, se recuperó y tuvo un encuentro real o fue un delirio postoperatorio.

CDG – Primero voy a decir el impacto que me produjo leerlo. Yo seguí el consejo de Borges sin saber que era un consejo de Borges: cuando no lo entendía lo dejaba de lado. Ésa fue mi primer lectura porque me gustaba Borges en sus elaboraciones poéticas y no tanto en los cuentos; después con el tiempo fui entendiendo que me faltaba más lectura para abordar algunos de sus relatos con referencias múltiples, referencias culturales que a veces era difícil seguirlo, como por ejemplo por qué coloca el detalle de la versión de las “Mil y una noches” de Weil, que es un referente alemán; yo no sabía eso al principio y me preguntaba de qué se trataba, por qué colocaba ciertos signos, entonces, mi primer impacto, como dije, fue dejar de lado algunos cuentos; después poco a poco los fui retomando hasta llegar a interesarme psicoanalíticamente por lo que podría llegar a transmitir. Siempre es muy difícil abordar un texto literario desde el punto de vista psicoanalítico. ¿Por qué es muy difícil? Porque lo construido en la ficción, en un texto literario, no es lo mismo que se construye en la vivencia o en la subjetividad, puede ser parecido pero no es exactamente lo mismo. El poeta y el escritor tienen recursos que son los recursos de la lengua y de la escritura, muy distintos a los recursos de la subjetividad de las personas. Estas son consideraciones que ya se hacían desde otra época, pero Freud puso mucho el acento en que hay que distinguir de uno y de otro. Por ejemplo, en un texto que tiene que ver con lo fantástico:   “Lo siniestro”, basado en uno de los cuentos famosos de ETA Hoffman, “El hombre de arena”, distingue algunas cuestiones básicas para poder ubicar la cuestión psicoanalítica.

Para empezar, el efecto que produce en el lector cuando alguien lee un texto. El efecto de lo siniestro no es lo mismo que la vivencia siniestra cuando alguien queda capturado en un fenómeno de la angustia que tiene que ver con lo siniestro. A su vez hay que distinguir los recursos de lo fantástico, que tiene diferentes formas, en este caso no vamos encontrar dentro de lo fantástico el efecto siniestro, sino un efecto de cierta desorientación, respecto de que no se sabe cuál es la realidad de aquello que está siendo relatado. Ese efecto de no saber cuál es la realidad uno lo puede encontrar en muchos fenómenos; de hecho hay muchos críticos literarios y escritores que han considerado este cuento de Borges como el relato de un sueño, que en verdad es un sueño, otros dicen que es una alucinación, otros dicen que es un delirio, otros dicen que es una especie de exploración respecto de la transformación del espacio y el tiempo cuando uno atraviesa una enfermedad, una septicemia. El cuento ha recibido múltiples interpretaciones pero ninguna de esas interpretaciones se acerca a lo que es estrictamente, por ejemplo, un sueño. No es equiparable a un sueño (voy a decir lo que no, para llegar después al punto de lo que sí.) No es equiparable un sueño porque el soñante, en un sueño, puede ser representado por múltiples figuras, cosa que no ocurre en el cuento, el soñante aquí se mantiene fijo, constantemente, a pesar de que puede cambiar el espacio y el tiempo. No es una alucinación porque él no tiene la certeza, más bien tiene manifestaciones de cierta incertidumbre y de dudas, entonces tampoco se trata de una alucinación estrictamente.

Y tampoco podemos decir que sea un estado de confusión. Yo lo abordaría desde otra manera al cuento de Borges, dentro de una perspectiva psicoanalítica: se trata de cómo alguien puede ser tomado por la lengua. Cuando digo por la lengua es porque en el cuento hay una mezcla de lenguas; hay una “discordia de los linajes”, ese es el término. La discordia de los linajes no es una cuestión de sangre, como aparece en el cuento en determinado momento (entre paréntesis se dice la sangre alemana de la cual tendría origen Dahlmann, no es de sangre, es de la lengua: el de la lengua alemana y de la lengua criolla). Dahlmann es entonces tomado por esas dos lenguas, en un conflicto de lenguas que es de verdad lo que padecía Borges. Más que la forma de morir, para mí el destino de este cuento es otro. Habitualmente se interpreta el cuento a partir de dos formas de morir: una forma de morir sencilla que es en la cama de un hospital por un accidente, y una forma de morir más honorable, más digna que es morir bajo la forma de un duelo de cuchillo, como moría un criollo cuando a su vez era desafiado. Ese parece ser el aspecto principal del cuento. Pero hay un destino que insiste en el cuento y que no se lo destaca demasiado y es que Dahlmann  no logra leer las Mil y una noches, en tres de las oportunidades que tiene a lo largo del cuento. Cada vez que va a leer “Las Mil y una noches” se desvía hacia otro destino que es no llegar a leerlo nunca.  Me parece que ese es el destino y el verdadero conflicto del cuento: no resolver del todo la discordia de los linajes, la discordia de las lenguas, y por eso no se llega a meter a la lengua alemana en la que está el texto

original de “Las Mil  y una noches”. Me parece que es la primer cuestión que yo abordaría. Lo que se llama alucinación o sueño o no se sabe en qué realidad, es por cómo Dahlmann está tomado por lenguas diferentes, como poseído.

SH: Hay algo interesante, justamente, en lo que dice Carlos, que tiene que ver con el destino, porque es un cuento que lo plantea, ya con una frase: “ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones”. Esto lo dice el narrador justo antes de que Dahlmann, por apurado,   en vez de esperar el ascensor, se va por las escaleras a buscar el libro que quiere leer y se golpea tan fuerte que termina internado. En Borges los accidentes por lo general tienen fundamentos, y son verdaderas encrucijadas de la vida.

Dahlmann había conseguido, esa tarde, “un ejemplar descabalado de Las Mil y Una Noches de Weil”,  y entonces, por las ganas de leerlo subió por la escalera, o sea, no hay culpa pero…

CDG:  El lector ahí se queda con las ganas, de retomar, de leer ese texto.

SH: Sí, además, a esta cuestión de la discordia que mencionaste, se podría sumar una transfiguración, creo que Borges mismo usa la palabra transfiguración.

PDS – Yo creo que ahí está algo que aparece en Borges que es esta cuestión de la decisión, el personaje tiene esta decisión final. Yo siempre lo leí como un cuento realista, nunca leí la cosa fantástica que puede tener el cuento, o por lo menos la cosa de sueño, yo creo que el mundo fantástico Borges en general se divide entre los cuentos que eligen la versión más antigua de lo fantástico, que es el objeto mágico, ¿no?, como “El Aleph”, “El Zahir”, “La rosa de Paracelso”, o “El hechizo”. Este mundo de lo fantástico tan de Borges, que aparece dentro de un sueño, que incluso está en sus poemas: “Sarmiento, el soñador, sigue soñando”. Si le damos una interpretación por ese lado a este cuento, por el lado de lo fantástico, entraría dentro de esa línea de sueños y de dificultad para distinguir entre realidad y ficción. Pero está también el otro tema de Borges que es el tema de la decisión y que conecta este cuento con “La biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, que es un cuento alrededor de la decisión de Cruz de pasarse al lado de Martín Fierro, y Borges lo que dice es que es un instante en la vida donde “los actos son nuestros símbolos”. Claro que también esto viene del mundo literario, que es el mundo de los símbolos, pero también está el otro mundo, el de la vida, donde el símbolo aparece como único, la decisión de coraje, que es un tema que atraviesa toda la obra de Borges. A mí siempre me pareció que el final de este cuento es bastante similar al de “La biografía de Tadeo Isidoro Cruz”.

SH: ¿Y cómo ubicarías aquí a la decisión? ¿Coinciden la decisión vital del personaje con la decisión narrativa del autor?

PDS- Es una decisión vital del personaje de salir, de ir hacia el mundo físico, hacia el mundo del coraje y al mundo ya de la derrota; porque él sabe que va a perder, él va a enfrentarse en un arte, el arte del cuchillo, un arte sobre el que él no tiene ningún tipo de conocimiento y no hay ninguna manera de que gane en eso. En algunos artículos Borges es como consciente de que toda esa mitología de cuchilleros él la inventó como tal, es un trabajo ficticio sobre esos personajes.

SH: Pero aquí se produce un cruce raro entre lo real y lo ficticio… Por lo general el género fantástico, más próximo a lo mágico, requiere casi de otras leyes para ser explicado, en cambio, lo extraño de este cuento es que parece real, o sea parece poder ser explicado por ciertas cuestiones reales. No parece un invento. A grandes rasgos, por si no tienen el cuento muy presente: Dahlmann se precipita para leer, así empieza, nomás, se precipita para leer “Las Mil y una noches”, tiene este accidente, no se cuida y lo tienen que internar. En la clínica queda en estado de inconsciencia; ahí empieza a desdibujarse un poco todo: la enfermera, las apariciones, más allá de que Borges tiene esta frase famosa: “a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”, ahí ya está postulando una simetría entre la realidad del hospital y la otra realidad posible en el almacén, por eso dice que a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos porque no ¡sabemos cuándo es cada realidad! Nosotros lo dejamos a Dahlmann internado en el hospital;  después pareciera que sale, pero no está tan claro…

CDG: El cambio se produce cuando sale, supuestamente el carro lo va a llevar hacia Constitución… y de Constitución en tren a la estancia a reponerse, pero resulta que no va a la estancia sino que baja en otra estación.

SH: ¡En una estación que él no conoce!

CDG – Eso. Un poco lo que Pablo planteaba recién con respecto a la decisión, porque el cuento pone en juego una tensión entre decisión y elección. Dahlmann está permanentemente siendo llevado, aún en el último instante, cuando un viejo gaucho tirado al costado de la pulpería lo ayuda. Es el momento en que Dahlmann se encuentra sin armas y sin nada con qué defenderse, y entonces el de la pulpería, dice: “no tiene con qué defenderse”, y el viejo tullido, ese gaucho que está en el piso, le lanza un cuchillo, y ahí el narrador dice: “ocurre un imprevisto”, que es que ese gaucho tenga un cuchillo y se lo pase. Quiero decir que el cuento lleva a una cuestión de cierta decisión, pero manifiesta siempre una tensión entre elegir aquello que se le va presentando como imprevisto y que lo imprevisto sea en realidad una elección forzada, no es una elección que no sea forzada. En ese sentido, tendríamos que modificar la frase de Borges, ¿cómo era la frase de Borges que vos decías?

PDS: “Los actos son nuestros símbolos”.

CDG: Eso. Yo diría que los actos son nuestras transformaciones o transmutaciones. Porque Dahlmann se va trasmutando a lo largo del cuento, es decir, de ser un lector (de “Las mil y una noches”) se va transmutando ¿en qué? En víctima de un duelo. Entonces, en verdad, los actos no son símbolos nada más a no ser que el símbolo sea la transmutación misma. Dahlmann es un hombre que está decidido por la literatura, quiere leer, encontrar el sabor en la lectura, y de pronto le van ocurriendo accidentes y cosas que lo van llevando a un duelo, esa sería la trama del cuento.

SH: Quizá porque el duelo es como su ideal de muerte literaria.

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