Revista Lectura Lacaniana Número: XI
Lecturas Políticas

Psicoanálisis y política VII

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 10 septiembre, 2013


Como habrán apreciado los lectores de Lectura Lacaniana, el número anterior constituyó un salto en la secuencia que veníamos realizando sobre Freud y su política, para incluir la elaboración que va realizando J,A, Miller en la orientación lacaniana sobre las relaciones del psicoanálisis con la política y, más específicamente, los comentarios y la construcción de lo que se llama “una política lacaniana” que se refiere tanto a las relaciones entre el psicoanálisis de la orientación lacaniana con la política como a la política que construyó Lacan a y por su enseñanza. El salto que mencionamos no excluye que retomemos a Freud en diversos y otros  momentos. No quisimos avanzar con Freud nada más porque se convertía en una elaboración histórica sobre las relaciones de Freud y su política. Implicaba explicitar otros tiempos históricos.

Preferimos entonces tomar el camino de rescatar los dichos de Lacan sobre política, las elaboraciones y esclarecimientos que nos ofrece J, A, Miller y las interpretaciones de los psicoanalistas en política.

Para ésta oportunidad les proponemos cinco comentarios de Lacan sobre política que se sitúan en el último momento que les mencionamos más arriba-

¿En qué se enraíza todo lo que es de la política para Hegel? En una formulación en que la política se sostiene de una enunciación que es lo que la policía tiene en la boca como palabra: “¡Circulen!”

A la policía no le importa el girar, el rodeo, el dar vueltas. Las orientaciones. Se trata de circular. Lo dice así:

“No sé si ustedes notan que la policía, de la que Hegel formula muy bien que todo lo que es de la política se enraíza en ella, que no hay nada de la política que no sea, en fin, en el último término de reducción, policía pura y simple, qué la policía sólo tiene esta palabra en la boca: “!Circulen!”. Poco le importa la giria de la que les hablé la vez pasada. Que sea girar a la derecha o a la izquierda no le importa —Es el caso decirlo—: de 16 que se trata, es de circular. Eso sólo se vuelve serio si partimos del agujero por donde hay que pasar”

En el Seminario “De un discurso que no sería de la apariencia” Lacan dice lo siguiente:

“Bajo el puente Mirabeau… corre la escena… primitiva. Es una escena tal, no lo olviden, al Re-leer a Freud, que puede batir al V romano de la hora cinco -está en el Hombre de los Lobos- pero también que se goza de eso, es el infortunio de la interpretación. Que el síntoma instituya el orden por el cual se revela nuestra política, ahí está el paso que ella ha franqueado. Implica, por otra parte que todo lo que se articula de este orden sea pasible de interpretación. Es por lo cual se tiene razón al colocar al psicoanálisis en el más alto grado de la política. Y esto no podría ser muy fácil en cuanto a la política y para todo que allí se hace, ¡si el psicoanálisis se revelara más advertido!”

Es un comentario fundamental ya que se puede extraer de él cinco cuestiones esenciales para la política del psicoanálisis y para la relación del psicoanalista con la política:

1– La interpretación tiene un infortunio que es lo mismo que decir que tiene un destino, un sentido: el goce

2– El síntoma, instituye el orden de la política psicoanalítica (de la orientación lacaniana) y por lo tanto la política del psicoanálisis está orientada por el síntoma. Lo que implica que la orientación es por el síntoma.

3– Esto implica que todo lo que se articula de éste orden, el orden del síntoma, es pasible de interpretación. Por un lado el síntoma (lo que se articula) por el otro, la interpretación.

4- El psicoanálisis pasa a estar en el más alto grado de la política, en tanto se admita que lo que se articula es síntoma, y por lo tanto la función del psicoanalista, del psicoanálisis en la política es interpretar el síntoma que ahí se articula.

5- Se concluye que esto no puede ser muy fácil en cuanto a la política y para todo lo que allí se hace, como dice Lacan, ya que hay que ver si la política admite y está advertida que todo lo que allí se hace es del orden del síntoma. Lo que llevaría a considerar que no hay un hacer político sin síntoma.

En el siguiente comentario, tomado de “El reverso del Psicoanálisis” podemos apreciar las observaciones que hace Lacan sobre una idea inmanente a la política: la idea imaginaria del todo.

 

Lacan lo dice así:

“Es una idea que muestra cuán poco evoca la incidencia de las escuelas, que el saber pueda hacer totalidad, es una idea inmanente a la política en tanto que tal. Se sabe desde hace tiempo. La idea imaginaria del todo, tal como es dado por el cuerpo, forma parte de la prédica política apoyándose en la buena forma de la satisfacción, lo que hace esfera al limite: que puede ser más hermoso, pero también que puede ser menos abierto, que puede parecerse más al cierre dé esa satisfacción! La colisión de esta imagen con la idea de la satisfacción, es ese algo contra lo que tenemos que vérnoslas, cada vez que encontramos algo que hace nudo en ese trabajo de la puesta al día de algo por las vías del inconsciente, es el obstáculo, es el límite, o más bien es el algodón en el cual perdemos el sentido, nos vemos obstruidos”

Podemos preguntarnos por qué la idea inmanente a la política en tanto tal es la idea imaginaria del todo. Porque es impensable para un político hacer política a partir del no-todo ya que si bien puede admitir que lo que sostiene en su discurso es un gobierno para todos y para todas y que sepa que no es así, que quiera eliminar la pobreza y realizar una justicia justa, todo esto es gobernar a partir de cierto o ciertos ideales y por lo tanto de la impotencia en vez de gobernar a partir de lo imposible. ¡Ni hablemos de la satisfacción! En vez de la política de la esfera, ¿se puede construir una política a partir del agujero del inconsciente?

En el mismo Seminario y a propósito de la propuesta expresada en el título mismo del Seminario, Lacan comenta lo siguiente:

“Es esencial recordar esto cuando, hablando del “revés del psicoanálisis”, se plantea el problema del lugar del psicoanalista en la política. La intrusión en la política sólo puede hacerse, reconociendo que no hay otro discurso solamente el analítico, no hay otro discurso que el del goce, al menos cuando se espera el trabajo de la verdad”

Es una indicación precisa sobre el problema del lugar del psicoanalista en la política: se puede hacer una intrusión, lo que ya significa que un psicoanalista en la política es, su lugar es el de una intrusión, ya que son discursos muy diferentes pero, si hay intrusión solo puede hacerse reconociendo que no hay un solo discurso, esto es que no hay solo el discurso analítico pero que sí hay un solo discurso, no hay otro discurso que el del goce con una condición: no hay otro discurso que el del goce cuando se espera el trabajo de la verdad; ¿ esto está considerado, lo puede considerar la política? Cualquiera sea la política, a excepción de la política del síntoma, cualquier política, ¿incluye el trabajo de la verdad?; ¿incluye el trabajo de la verdad para llegar a precisar que de lo que se trata de de un goce o de una satisfacción?

Carlos Dante García

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