Revista Lectura Lacaniana Número: VIII
Lecturas Políticas

Freud, su política IV

Por Carlos Dante García | Buenos Aires
Publicado en Lectura Lacaniana: 2 junio, 2013


En la nota anterior quisimos ser documentalistas recurriendo al texto fundamental de Freud sobre la manera de tratar la “transformación de las pulsiones”. Freud inventa la idea de una noción que es la de renuncia pulsional. Lacan propuso el término discurso no en el sentido de hablar sino como aquello que ordena una realidad. Para que haya una sociedad, una cultura, una civilización es necesario e indispensable que haya algo que regule, ordene, las exigencias de las satisfacciones pulsionales en Freud, las exigencias de goce en Lacan.

El derecho es un modo, una forma de discurso que regula las pulsiones.  Para Freud, las instituciones constituían una forma de regular las satisfacciones pulsionales, entre ellas, la fundamental era el derecho. Si bien Freud no elaboró su doctrina produciendo los dos discursos que son esenciales para Lacan, el discurso capitalista y el discurso de la ciencia, Freud tenía dos posiciones respecto del futuro: por un lado, se inclinaba por, si se puede decir así, por el triunfo de las pulsiones y por otro, vio que se produciría en la sociedad lo que no vaciló en llamar, seguimos en esto a Miller, con su interpretación realista sobre política, un Aufklärung psicoanalítico, “ y que resultaría de ello una tolerancia social inédita hasta entonces hacia las pulsiones” . (1)

Esto lleva a considerar que el psicoanálisis ha participado y participa en el cambio que se va produciendo en la civilización. Considero que participa de su cambio pero no lo determina. Freud aspiraba a que el psicoanálisis se expanda en el mundo.

En parte se ha producido. Miller es muy preciso con esto y es la razón por la que mantenemos y proponemos el título para nuestra sección: “Freud y su política”. “Freud instauró algo diferente, que es el reconocimiento y la aceptación de la “carne”, es decir, de las pulsiones que deben satisfacerse, a falta de lo cual hay malestar, enfermedad, neurosis, síntoma”  .(2)

Miller es mucho más explícito al respecto: “No es menos cierto que Freud había muy bien visto que más allá de los pacientes que trataba uno por uno, el psicoanálisis terminaba por tener un efecto social generalizado” .  (3) Quizás se podría sostener que el gran acontecimiento político que se produjo en el siglo XX ha sido el acontecimiento Freud, el acontecimiento que consistió en inventar una forma de hablar, de tratar el malestar uno por uno que se llamó tratamiento analítico.

Se podría preguntar si hay algún discurso, algún lenguaje, alguna norma, alguna institución que regule, ordene, o prescriba la totalidad de  las exigencias de satisfacciones pulsionales o la totalidad de las exigencias de satisfacción pulsional de todos y cada uno de los seres hablantes.

La respuesta es que, aunque parezca obvia, no. Es imposible que todo esté regulado.  Es un fantasma de obsesivo plantear semejante idea. Hay distintas formas que se llaman instituciones, que no son otra cosa que instancias de discurso que pretenden regular de manera parcial y absolutista diversos modos de exigencia de satisfacción pulsionales.

Desde antes de nacer a un sujeto le espera un conjunto de prescripciones, de limitaciones, de goces que están permitidos y otros prohibidos. Hay discursos que para cualquier sujeto son discursos comunes, instituidos y establecidos por el lenguaje. Prácticamente no hay actividad o práctica que realice cualquier ser hablante que no esté regulada por un modo de ordenar el goce.

Siguiendo estas formulaciones comprendemos por qué Lacan siguiendo a Freud extrajo el principio de todas las formaciones del inconsciente: al mismo tiempo que una formación del inconsciente es individual, un fenómeno que es mental, de la vida psíquica de un individuo, al mismo tiempo es social: en toda formación del inconsciente está lo individual y lo social.

Véase un texto para mi gusto de enorme importancia política: “Sobre la psicología del  colegial” de Freud año 1914. Es un texto político por varias razones: ¿cómo alguien, en este caso Freud, recibe una invitación a

escribir del colegio que lo formó en su infancia? Una orden; ¿qué valor tienen y han tenido los antiguos profesores que lo han formado?; las primeras miradas a un mundo sepultado por la cultura; sobre la elección vocacional, que siempre es política; ¿qué implicaba para Freud ocuparse de los maestros: el saber es  a través de un lazo social: el camino de las ciencias pasaba por las personas?; los maestros, sustitutos de los padres y hermanos; hay una frase determinante de Freud: “; toda la elección posterior de amistades y relaciones amorosas se produce sobre la base de huellas mnémicas que aquellos primeros arquetipos dejaron tras sí”.

Considérese lo que son las “elecciones” políticas y o partidarias desde esto. Muchos han tomado en el psicoanálisis este texto como un texto homenaje al padre. Sin embargo, el texto de Freud señala la función sustitutiva del ideal que pasa del padre a los maestros y de estos a todas las formas de elección que el sujeto haga. Se trata de la limitación y la determinación que impone el Ideal del yo más que un homenaje al padre.

Limitación y posibilidad de autoridad. El término que me interesa destacar de Freud es el “desasimiento de las identificaciones y del ideal”. El llamado desasimiento se produce no sin conflictos y rebeldías. Se trata también del pasaje de las identificaciones endogámicas, en la familia a identificaciones producidas fuera de la familia. Es un texto, más allá de “Psicología de las masas y análisis del yo” que permite apreciar cómo para Freud lo subjetivo, lo individual, es también y al mismo tiempo social.

La idea freudiana del sustituto, del otro como sustituto se organiza alrededor de dos conceptos, para mi gusto, fundamentales para la práctica del psicoanálisis y para todo lo que se pueda elaborar para la llamada “política”. Los dos conceptos son: elección e ideal.

La elección implica el concepto de la elección de un semejante y también de un modo de satisfacción pulsional. El ideal implica la función que se llama: “es por”. Todo discurso político se apoya inexorablemente en  estos dos términos: la elección y “es por”, Miller enuncia: “La política procede por identificación, manipula los significantes amos, busca a través de eso capturar al sujeto” .(4)

Esto significa que el Otro en tanto discurso del amo es político. Es importante que nos podamos preguntar por qué es político y sobre todo ¿cuál sería el problema de la identificación que produciría el discurso político?

El problema dice Miller, no lo promueve como problema, pero lo es subjetivamente, lo es en la práctica, lo es en la vida: cuando la política como Otro reduce su función a la de un significante amo que captura al sujeto, y que lo lleva a un trabajo cuyo goce es sustraído. Esto nos lleva al corazón de lo que podría implicar la posibilidad de una política que sea ciega a los efectos de identificación que promueva y produzca a diferencia de una política advertida de esto. ¿Una política des idealizada?

 

1) Miller, Jacques Alain, “Punto cenit”, política, religión y el psicoanálisis, Colección Diva 2012, pág.16.

2)   Miller, Jacques Alain, Idem, pág. 19.

3) Miller, Jacques Alain, Idem, pág. 19.

4)  Miller, Jacques Alain, Ídem, pág. 21.

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