Revista Lectura Lacaniana Número: VIII
Lecturas Científicas

La ilusión del cientificismo, la angustia de los sabios

Por Eric Laurent
Publicado en Lectura Lacaniana: 13 junio, 2013


Parte I: Las seducciones de la ilusión cientificista

La tecnología y su oferta de cálculo absoluto, ofrecido a las burocracias contemporáneas, la ciencia y su ilusion de objetivar y calcular todo. Tecnología y ciencia: la premisa es que todo pude ser medible en bytes. 

Ilusión de cálculo y posible ausencia de falla.

La máquina acumula y rumia datos. E.Laurent cita a Lacan: “las herramientas estadísticas son significante puro, tonto”. La extensión de esta utopía en el campo de la medicina consuma la “medicina basada en la evidencia” (MEB). La paradoja es que los éxitos atribuidos a la MBE, no se tratan del saber como tal, sino que están basados en el seguimiento de protoclos, cuyo modelo es la gestión Toyota.

Por un lado, resulta obvio que esos protocolos excluyen factores de comorbilidad y para hacer diagnósticos acertados obligarian a aplicar infinidad de ellos, hecho no viable. Y por otra parte, si bien el saber acumulado en la máquina, no es comparable al médico, aún con su falla mnésica, el clínico cuenta con el aporte invaluable de la conversación clínica.

La imposición de protocolos basados en la estadística, se intentan también aplicar a la justicia y la educación, en afán de eliminar la falla y el error, pero provocando una verdadera destitución subjetiva ,dice Laurent, no dejando lugar alguno para esa angustia constituyente de la soledad del acto. 

 Patricia Pena

 

Las seducciones de la ilusión cientificista

La tecnología ofrece a las burocracias contemporáneas una potencia de cálculo sin igual. La ilusión cientificista consiste en soñar que un día, pronto, será posible calcular todo de una actividad humana reducida a comportamientos objetivables. Ya no se habla en mega o gigabytes, sino en tera o petabytes, siendo un terabyte el equivalente de 1.000 gigabytes y un petabyte el de 1.000 terabytes.

La biblioteca nacional representa aproximadamente 20 terabytes de texto. La base de datos de Wall–Mart, el Carrefour americano, representa 570 terabytes. Google trabaja en permanencia sobre 4 petabytes de información. La acumulación de datos hace enloquecer de una locura particular. Alimenta el sueño de saber todo de cada uno y de poder calcular lo que el otro quiere. Las herramientas estadísticas no suponen ningún saber clínico previo. La máquina se limita a rumiar datos [3]. Diríamos con Lacan que las herramientas estadísticas son significante puro, tonto. Es su fuerza. La extensión de esta utopía en el campo de la medicina consuma la “medicina basada en la evidencia” en la que, sin referencia al saber clínico como tal, expertos estadísticos calculan mediante la comparación de muestras homogéneas las variables que aseguran el éxito o el fracaso de los tratamientos.

La paradoja de los éxitos de la MBE[4] es que no tratan del saber como tal. Para salvar vidas en el hospital, los promotores del “cero defectos” promueven el respeto absoluto a procedimientos que apuntan a evitar las enfermedades nosocomiales. Revisan sin cesar y obligan a reverificar los medicamentos distribuidos. Y para reducir las muertes en las unidades de cuidados intensivos: lavarse las manos con frecuencia y lavar los catéteres con antiséptico; ordenar verificarlos. El modelo es la industria de la aviación o la industria del automóvil, y la gestión Toyota. Es en la vigilancia de la pragmática de las curas dónde los protocolos seguidos mecánicamente obtienen los resultados más cristalinos. Ésta es también la razón de los límites encontrados. Sólo una pequeña parte de la clínica puede ser reducida y verificada mecánicamente.

Los partidarios más feroces del método MBE reconocen que parte de unas premisas difícilmente extrapolables a los pacientes reales: los protocolos para ensayos clínicos excluyen a esos factores de comorbilidad que son el lote de pacientes reales. Éstos atañerían a decenas de protocolos a la vez, que nunca se evaluarán conjuntamente. Fuman, beben café, toman medicamentos en cóctel, trabajan demasiado, respiran amianto, toman la píldora, etcétera. Las mejores bases de datos y sistemas expertos sólo producen el diagnóstico correcto en el 75% de los casos.

Cierto, la memoria de la base de datos es mejor que la de los sujetos individuales, pero un médico nunca está sólo y una verdadera conversación clínica se acomoda perfectamente a la consulta de una biblioteca estadística. Desde el punto de vista opuesto, vale más añadir al software las estimaciones de los clínicos expertos como elemento de un programa de un nivel superior, a condición de que se vean afectados de cierto coeficiente de ponderación. La mutación que debería atravesar la medicina es ésa que el aviador ha conocido como el Fly by wire. Los pilotos intervienen sólo en caso de accidente imprevisto o por disfunción del aparato. No es seguro que la medicina pueda reducirse al modelo de la aviación en la medida en que únicamente una pequeña parte de los que hacen los médicos puede cuantificarse verdaderamente. Las catástrofes aéreas, como la del vuelo AF447 de Río, los llamamientos masivos en relación a la conducción, o los suicidios en empresa están ahí para recordarnos que sería extraño erigir la aviación y la gestión Toyota como ídolos.

El método estadístico no se limita a la medicina. Se interesa también en la justicia y apunta a desentenderse de los jueces. Por ejemplo, para apreciar el riesgo de reincidencia.

En los EEUU, las leyes del estado de Virginia incluyen desde 2003, en primicia mundial, una cláusula que obliga a los jueces a mantener detenidos a los delincuentes sexuales cuando éstos tienen una puntuación superior a 4 en una escala de evaluación de la reincidencia. Es esta justicia enfeudada a los procedimientos cientificistas la que Robert Badinter denunciaba, en una tribuna reciente, por los peligros de la definición “de un régimen de seguridad fundado sobre la peligrosidad supuesta de un autor virtual de infracciones eventuales”.[5] Luchaba contra la inscripción en la ley de un crimen virtual. Este infierno ya se ha realizado en Virginia.

De forma equivalente, en el campo de la educación, los expertos estadísticos tratan de imponer protocolos en los que el profesor no sería sino el recitador de un manual estándar de enseñanza debidamente evaluado y que debería seguirse al pie de la letra. Los enseñantes, los clínicos, los jueces bufan ante la destitución de su acto, todos testimonian del efecto de mortificación del deseo. Es una verdadera destitución subjetiva real.

El efecto real debe distinguirse del efecto imaginario de herida narcisista que puede producir la competición hombre–máquina dramatizada. Del narcisismo del clínico Lacan ya se había mofado en su sátira del que se cree el único que sabe hacer. Cito: “Cet être le seul, justifie le mirage à en faire le chaperon de cette solitude” [6]. Lacan apelaba pues vigorosamente a los clínicos expertos a formarse a las exigencias de la lógica propia al acto analítico. Esta lógica permite potenciar el acto yendo más allá del embarazo del narcisismo. Los algoritmos del cálculo masivo de lo íntimo producen el efecto inverso. Matan al sujeto ya que no dejan lugar alguno para esa angustia constituyente de la soledad del acto. “La cause du désir pour chacun est toujours contingente, c’est une propriété fondamentale du parlêtre”.[7]

 

Traducción: Héctor García.

Tomado de:

http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/009/template.asp?arts/Alcances/La-ilusion-del-cientificismo-la-angustia-de-los-sabios.html

Noviembre 2012 |

 

Notas:

1-Texto extraído de www.blogelp.com el Blog de la ELP

2-Publicado en Pipol News nº 51. (08–07–2011).

3-Grove W.M., Lloyd M., “Meehl’s contribution to clinical versus statistical prediction”, en Journal of Abnormal Psychology, vol. 115/2, 2006, pp. 192–194.

4-Abreviatura de‘Medicina Basada en la Evidencia’, Nota del T.

5-Badinter R.,«Le retour de l’homme dangereux », en Le Nouvel Observateur, 31 de enero – 6 de febrero de 2008.

6-“Este ser el único, justifica el espejismo que lo hace caperuza de su soledad”. El lector deberá advertir que el término chaperon tiene significados múltiples en lengua francesa, y remite no sólo a la caperuza, sino también a un casco de mallas, a la caperuza que se pone a las aves rapaces que sólo deja el pico al descubierto, e incluso a la tutora o aya de una joven mujer. Nota del T.

7-“La causa del deseo para cada uno es siempre contingente, es una propiedad fundamental del parlêtre”. Miller J–A, en Curso del 8 de diciembre del 2008, inédito. Traducción del T.

 

 

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