Lecturas Psicoanalíticas

Mitos sexuales culturales y malestar actual IV

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 6 mayo, 2013


El concepto de falta real o carencia real está en el centro del mito lacaniano de la laminilla. El ser hablante por reproducirse por la vía sexuada pierde una parte de sí mismo. Esa parte es una parte viviente. Al recorrer el fundamento de éste mito lacaniano percibimos la consecuencia  que éste tiene para las relaciones entre los sexos y para la orientación del análisis. Un sujeto no va a buscar la parte complementaria de lo que le falta en un semejante sino la parte perdida de sí mismo, lo que hace tambalear todos los mitos de la media naranja y de la búsqueda en otro de la parte que nos complementaría. El texto abre la puerta a un primer aporte de Freud a través de Weismann y de cómo puede afectar la ciencia moderna sobre la reproducción sexuada. En el texto se propone seguir trabajando los mitos de Lacan y el interrogante de esos mitos son actuales y en qué medida. Y tratar también cómo la ciencia con su discurso va a fomentar nuevos mitos sobre la sexualidad y los seres sexuados.

Carlos Dante García

 

Terminamos en una pregunta: ¿Los mitos propuestos por Lacan? la función y el uso del término mito en Lacan como se sabe es muy variada. En el Seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” dice respecto de la relación analítica: “Dejándome llevar a cierta metáfora, Eurídice dos veces perdida, esa es la imagen más sensible que podemos dar, en el mito, de lo que es la relación del Orfeo analista con el inconsciente”. Para Lacan hay muchos mitos: El de Dios ha muerto; el mito de Hamlet; El mito de Edipo; basándose en Freud, la pulsión forma parte de nuestros mitos. Es ahí que, ahí donde comenta el término mito en Freud, en “Pulsiones y destinos de pulsión”, donde Lacan dice explícitamente que dejará ese término mito para preferir aquello de que se trata: convenciones. Lo dice así: “Eso es lo que prevé Freud. El progreso del conocimiento, dice, lo soporta ninguna Stargheit, ninguna fascinación de las definiciones. En algún otro lugar dice que la pulsión forma parte de nuestros mitos. Por mi parte dejaré a un lado este término de mito -además, en este mismo texto, en el primer párrafo, Freud emplea la palabra Konvention, convención, que está mucho más próxima de lo que tratamos, y que denominaré con un término benthamiano hecho observar a los que me siguen, una ficción. Término, lo digo de paso, completamente preferible al de modelo, del cual se ha abusado demasiado. En cualquier caso, el modelo nunca es un Grundbegriff, pues, en un cierto campo, varios  modelos pueden funcionar correlativamente. No ocurre lo mismo con un Grundbegriff, con un concepto fundamental, ni con una ficción fundamental” Convenciones, ficciones. Son los términos que convienen al psicoanálisis. Convenciones, ficciones en lugar de mitos. Más adelante en el mismo Seminario Lacan se permite, así lo dice, emitir un mito, su mito en el Seminario: “El órgano de la pulsión se sitúa en relación con el verdadero órgano. Para que lo aprecien, y para mantener que ahí se da el único polo que, en el campo de la sexualidad permanece a nuestro alantiguos modelos y principalmente en el campo de Platón, pero tan sólo les he dado el aparato para cavar en ese campo. No soy de los que dicen: Hijos cance susceptible de ser aprendido, me permitiré emitir ante ustedes un mito, en el que tomaré el  padrinazgo histórico de lo dicho en el Banquete de Platón, por boca de Aristófanes, en lo concerniente la naturaleza del amor. Esta utilización supone, por supuesto que nos permitimos utilizar el judo con la verdad ese aparejo que, ante mi anterior auditorio, siempre he evitado utilizar. A mis oyentes he proporcionado algunos antiguos modelos y principalmente en el campo de Platón, pero tan sólo les he dado el aparato para cavar en ese campo. No soy de los que dicen: Hijos míos, aquí hay un tesoro; gracias a lo cual van a trabajar el campo. Les he dado la eja y el arado, a saber, que el inconsciente está hecho a base de lenguaje, y en un momento determinado, hace aproximadamente tres años y medio, resultaron en ellos tres trabajos muy buenos. Pero ahora es cuestión de decir.

El tesoro sólo se puede encontrar por el camino que anuncio. Este camino participa de lo cómico. Lo cual es absolutamente esencial para comprender el menor de los diálogos de Platón, a fortiori, lo que hay en el Banquete. Incluso se trata si prefieren, de una broma. Se trata, por supuesto, de la fábula de Aristófanes. Esta fábula es un desafió a los siglos, pues los ha atravesado sin que nadie haya intentado preocuparse. Voy a intentarlo. Esforzándome por recapitular lo dicho en el Congreso de Bonneval llegué a fomentar algo que se expresa así: Voy a hablarles de la laminilla. Si quieren acentuar su efecto bromístico la llamarán la hommelette. Esta hommelette, como verán, es más fácil de animar que el hombre primordial en cuya cabeza parecíamos meter un homúnculo para hacerlo andar. Cada vez que se rompen las membranas del huevo del que saldrá el feto en trance de convertirse en un recién nacido, imaginen por un momento que algo se escapa, que se puede hacer con un huevo lo mismo que un hombre, a saber la hommelette, o la laminilla. La laminilla es algo extra plano, que se desplaza como la ameba. Simplemente es algo más complicado. Pero pasa por todas partes. Y como es algo -dentro de poco les diré por qué-que tiene relación con lo que el ser sexuado pierde en la sexualidad es como la ameba con respecto a los seres sexuados, inmortal. Puesto que eso sobrevive a toda división, puesto que subsiste a toda intervención escisípara. Y eso corretea. ¡Pues bien!, eso no es tranquilizador. Supongan tan sólo que eso viene a envolverles el rostro, mientras duermen tranquilamente…

Veo posibilidades de que no entremos en lucha con un ser capaz de esas propiedades. Pero no se trataría de una lucha muy cómoda. Esta laminilla, este órgano, que tiene como característica el no existir, pero que no deja de ser un órgano -podría desarrollarse más su lugar zoológico- es la libido. Es la libido en tanto que puro instinto de vida, es decir de vida inmortal, de vida irreprimible, de vida, que no tiene necesidad de ningún órgano, de vida simplificada e indestructible. Eso es precisamente lo substraído al ser vivo desde que está sometido al ciclo de la reproducción sexuada. Y de esto son representantes, equivalentes, todas las formas que podemos enumerar del objeto a. Los objetos a no son más que sus representantes, sus figuras. El seno, como equívoco, como elemento característico de la organización mamífera, la placenta por ejemplo, representa claramente esta parte de sí mismo que el individuo pierde al nacer, y que puede servir para simbolizar el más profundo objeto perdido. Podría evocar la misma referencia para todos los demás objetos. El mito propuesto es el de la laminilla. Propone una convención. Debemos volver sobre esto de manera mas contundente y quizás mas explicativa, aunque nos demoremos un poco sobre los mitos actuales. Loa seres hablantes han soñado creo que desde siempre con la inmortalidad. Se sabe que esto no es posible, no solo por los hechos mas evidentes, la muerte de hecho, sino por algo que está en directa relación con la sexualidad. Hace más de 100 años Weismann, un biólogo alemán elaboró una teoría sobre la vida y la muerte. En el psicoanálisis sabemos de él porque Freud lo introdujo cuando Freud construye sus teorías sobre la pulsión de muerte. La teoría de Weismann, no comprobada en su momento por él mismo ni por él ni por Freud, dice que en las amebas se podría encontrar el secreto de la inmortalidad. ¿Por qué? Las amebas, ¿qué son?. La ameba es un organismo unicelular que pertenece al filo Amoebozoa y al reino protista. Los sistemas antiguos de clasificación incluían a las amebas entre los animales. La ameba fue descubierta por el naturalista alemán August Johann Rösel von Rosenhof en 1757. Los naturalistas se refirieron a la ameba como animal de Proteo, un dios griego que cambiaba de forma y etimológicamente ameba procede del griego amoibè (αμοιβή), que significa cambio de forma.2 De ahí procede el nombre científico de Amoeba proteus. Ameba (o Amiba) es un protista unicelular del género Amoeba. Es un protozoo caracterizado por su forma cambiante, puesto que carece de pared celular, y por su movimiento ameboide a base de pseudópodos, que también usa para capturar alimentos a través del proceso llamado fagocitosis. Las especies de este género viven libres en agua o tierra, mientras que las de otros géneros relacionados parasitan el intestino del hombre o de los animales. La ameba se encuentra típicamente en vegetación en descomposición. Sin embargo, debido a la facilidad con la que se obtienen, pueden guardarse en laboratorios, ya que son objeto común de estudio. Si el medio es apropiado estos organismos se reproducen por escisión binaria. Cada individuo dará lugar a otros dos idénticos a sí mismos en continuidad a través de las generaciones: iguales e inmortales. La sexualidad es una adquisición tardía. La sexualidad se refiere a la fusión y al intercambio, diríamos hoy, de material genético. No necesariamente coincide con la reproducción, que puede producirse en cualquier otro momento del ciclo. Casi se podría afirmar que el secreto de la inmortalidad se encuentra en las amebas o en sus modos de reproducción. Freud en “Más allá del principio del placer” destaca  que Weismann con su teoría separa algo que parece ser evidente: sexualidad y reproducción. No es necesaria la asociación entre sexualidad y reproducción. Weismann lo dice así: la sexualidad en el ser humano produce diferencias. Es en el límite de la diferenciación donde una parte se va a especializar solamente para la reproducción, mientras que el resto del organismo, muy elaborado para otras funciones, pierde la capacidad reproductiva. Weismann llama a la parte especializada para la reproducción plasma germinal y a aquella que perdió la capacidad de reproducirse plasma somático.  Las células germinales se separan de los organismos que les dieron origen para fusionarse dando lugar a un nuevo individuo y continuar la especie. Se introduce de esta manera la discontinuidad, el intervalo entre las generaciones. La parte inmortal encarnada en las gametas (óvulos y espermatozoides) se desprende del organismo que le dio origen para continuar la vida en un nuevo organismo. Mientras el soma, que ya no es capaz de reproducirse, muere. Las células germinales se separan de los organismos que les dieron origen para fusionarse dando lugar a un nuevo individuo y continuar la especie. Se introduce de esta manera la discontinuidad, el intervalo entre las generaciones. La parte inmortal encarnada en los gametos (óvulos y espermatozoides) se desprende del organismo que le dio origen para continuar la vida en un nuevo organismo. Mientras el soma, que ya no es capaz de reproducirse, muere. Dice Freud:

“A este investigador se debe la diferenciaciación de la sustancia viva en una mitad mortal y una inmortal. La mortal es el cuerpo en sentido estricto el soma; sólo ella está sujeta a la muerte natural. Pero las células germinales son en potencia inmortales, en cuanto son capaces, bajo ciertas condiciones favorables de desarrollarse en un nuevo individuo (dicho de otro modo: de rodearse con un nuevo soma. Freud afirma: “Si nos es lícito admitir como experiencia sin excepciones que todo lo vivo muere, regresa a lo inorgánico, por razones internas, no podemos decir otra cosa que esto: La meta de toda vida es la muerte”.

Hay entonces razones internas que generan la muerte de un organismo que trataremos más adelante. Lo que nos interesa por el momento, es cómo Lacan retoma la anticipación freudiana sobre la vida y la muerte en relación a la sexualidad. Lacan dice: “La falta real es lo que pierde el ser viviente, de su porción de viviente, por reproducirse por la vía sexuada. Esta falta es real porque remite a algo real-que el ser viviente, por estar sujeto al sexo, queda sometido a la muerte individual.” A partir de esta carencia real Lacan postula que el sujeto busca no el complemento sexual sino “esa parte de sí mismo, para siempre perdida”: La Inmortalidad. Lacan inventa un mito destinado a representar esa parte faltante al que llama “el mito de la laminilla”. “La relación con el Otro es, precisamente, lo que para nosotros hace surgir lo que representa la laminilla- no la polaridad sexuada, la relación de lo masculino con la femenino, sino la relación del sujeto viviente con lo que pierde al tener que pasar, para su reproducción, por el ciclo sexual”. Lacan introduce el mito de la laminilla para elaborar un concepto poco trabajado: la falta real definida como lo que pierde el ser viviente de “su porción de viviente”, por reproducirse por la vida sexuada. ¿Por qué es real esa falta y no es simbólica como habitualmente es la falta? Porque simplemente es real: el ser viviente por estar sujeto al sexo queda sometido a la muerte individual. Ya con esto debemos revisar lo que la ciencia podría y ya introdujo con sus aplicaciones respecto de la reproducción que al parecer remite siempre a la vía sexuada. Pero por otra parte, el sujeto no busca en el otro su complemento sexual, acá caen todos los mitos en otros números mencionados, sino que lo que busca, no es un complemento sino la “parte perdida de sí mismo”.

Retomaremos en el próximo número con los hallazgos de la ciencia sobre la sexualidad y la reproducción para orientar la cuestión hacia la incidencia de la ciencia, si ésta modifica y en qué medida, las condiciones de la reproducción, en el llamado inconsciente. Para luego retomar a Lacan y sus mitos.

Print Friendly