Lecturas Culturales

Funes, El memorioso

Publicado en Lectura Lacaniana: 31 marzo, 2013


Funes, El memorioso (Tercera Parte)

Referencias:

SH-Silvia Hopenhayn

LC- Luis Chitarroni

CDG- Carlos Dante García

 

En la tercera parte de la entrevista sobre el personaje de Borges, Funes el memorioso, se despliega una interesante conversación sobre la particularidad de su memoria: es infinita y como tal, el presenciar la infinitud del presente, del tiempo, tiene por efecto que el personaje esté postrado, en disposición de morir, sin la vitalidad del presente. Los participantes del diálogo hablan del tiempo de manera muy diferente: ¿es una memoria de un viviente o es una memoria que, en la medida en que cada vez que es más presente, más se acerca a la muerte? ¿Es la memoria del eterno presente del fantasma que no cambia a pesar de las coyunturas?

Cada lector encontrará diversos elementos para hacer su lectura. Por nuestra parte les recordamos que un personaje creado por un escritor es un ser de significante que se distancia como modelo de cómo se encarna en un ser hablante del cual, muchas veces los analistas olvidamos que un ser hablante es un viviente. Es muy distinta una “neurosis viviente” (Referencia de Lacan a la fobia de Juanito) que un ser de puro significante: un personaje literario.

Carlos Dante García

 

Tercera Parte:

SH- La primera vez que el narrador recuerda a Funes dice: -“mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo”- o sea muy nítido, muy patente.

LC: También dice que tiene algo de sueño elaborado, con elementos anteriores porque él lo ve sobre una superficie alta, se entera después que se cayó de un caballo.

Una de las presuntas paternidades de Funes es un domador, creo, un irlandés, ¿no?

SH- Bueno, eso es raro, se sabe cual es la madre y del padre hay una bifurcación, unos dicen que es uno, otros dicen que es otro…

LC- Toma un carácter legendario.

CDG- También es raro la manera en que presenta el origen, con los datos elementales, digamos… Para qué coloca esto del padre, la madre, si se trata de la construcción de un personaje que finalmente deriva en fenómeno, que, no sé si Funes padecía el fenómeno, ¿Padecía el fenómeno, o no? ¿O estaba alegremente dispuesto respecto de esta memoria tan particular? ¿Se entiende la pregunta? Lo que sí padecía era que no podía dormir, el insomnio, pero esta percepción única…

SH- Bueno, el narrador lo presenta como colmado, jactancioso de esa capacidad. Ya antes lo llamaban el cronométrico Funes, entonces ya tenía una tendencia.

LC- Pero después del accidente, él dice “si estoy condenado a la inmovilidad, tengo la ventaja de la inmovilidad”.

SH- Se puede establecer una comparación, desde la inmovilidad, o el punto fijo (¿qué es lo inmóvil, la mirada o el objeto de la mirada?) con El Aleph. Piensen que Funes necesita  de lo que sería la diacronía, todo un día para contar el día anterior. SI bien es una visión, ya que recuerda imágenes como los racimos de uva de una parra, pero incluso cada uva cada tallito, todo, las formas de las nubes, no sólo recuerda las formas de las nubes sino con qué las compara, o sea, recuerda las comparaciones del propio recuerdo.

CDG- ¿Recuerda?  Lo digo porque yo, como psicoanalista, tengo el defecto, por formación, que es una ventaja, en un cierto sentido, de inmediatamente localizar la condición de estructura, entonces qué ocurre, que hay gente que tiene determinada condición, como por ejemplo psicóticos que dicen “recuerdo”, hablan, utilizan la palabra “recuerdo”, pero no recuerdan.  Por ejemplo, los esquizofrénicos que pueden hablar de algo que supuestamente ocurrió y no son recuerdos, porque, insisto, los recuerdos tienen la estructura lagunar, la particularidad de la resignificación…

SH- Como contar un sueño…

CDG- Como contar un sueño, la deformación; por eso se llaman “recuerdos encubridores”,  uno no puede dejar de utilizar la palabra “recuerdo”, entonces los psicoanalistas  también cometemos el error, cuando estamos ante un paciente así de preguntar: -“¿Usted qué recuerda?”-, ¡cuando sabemos que no recuerda! Por eso cuando escucho “recuerdo”, me resulta difícil encontrar una palabra que defina en forma más adecuada o conveniente, quizá, lo que le ocurre a Funes. Entonces tendemos a decir recuerdo.

LC- Claro. Para darse una idea de cuál es el tema verdadero de Funes, que es la intromisión de Borges como paciente, porque es el que puede, el único que está autorizado a  traducirlo.  Entonces, lentamente lo que va haciendo es una intromisión, hasta poder apoderarse de todo Funes.

SH- Bueno,  también lo hace con Pierre Menard, en tanto narrador.

LC- Y también lo hace en el Aleph. En el Aleph el se apropia del proyecto de Carlos Argentino Daneri, finalmente, que lo considera un imbécil, pero él tiene que hacer lo mismo, porque, para enumerar el Aleph…

SH- Pero es el imbécil que se queda con la chica! Volviendo a esto, lo que antes quería decir en cuanto a punto de conincidencia y al mismo tiempo, distancia, de los dos cuentos,  Funes y EL Aleph, en el caso de Funes, “recordar” puede ser una visión, pero como vimos, le ocupa todo el día. O sea recordar implica una instancia de recorrido, como leer.

Para leer uno no puede hacer zapping, se pasa por la frase. Estamos en el orden sucesivo. En cambio, en el Aleph, que también es una enumeración como las uvas, como las nubes, como los sueños, ocurre en una sincronía: ellos bajan al sótano, aparece el punto del Aleph y ¡Pum!, se ve todo en un instante.

LC- Borges anticipa la cuestión en el cuento: -“Sé que lo que voy a decir es sucesivo, pero…”.

O sea, hay dos planos, él solamente puede decir el modo en que lo percibe, entonces hace esa enumeración. Creo que son cincuenta items.

SH- Cincuenta items, con la palabra “vi”, repetida no sé cuantas…

LC- Cincuenta.

SH- ¿Cincuenta veces?

LC- Creo que en la versión del cuadernito que finalmente le regaló a Estela Canto, estaba escrito a mano y estaban numeradas. Es bellísimo, es como un largo poema.

SH- Además a mí me gusta un ejercicio que se puede hacer con facilidad, en el caso de Funes no es tan fácil hacerlo, a pesar de que Funes no puede pensar, está eslabonados  por lo que se piensa, y en cambio, en el Aleph no. Un ejercicio muy divertido es leer esos cincuenta “Vi”, más bien que otro se los lea a uno, y después anotar que recordó uno de eso que el otro leyó. Son las visiones propias de lo leído! Pero, se pueden comparar estos momentos, esto de que se necesite todo el tiempo o que se necesite un instante, ¿es lo mismo, a la hora de recordar?

CDG- Vuelvo a algo que mencione antes, que hay ciertos sujetos que tienen una condición subjetiva, que no es cualquiera, en el sentido de que un autista puede, si queremos llamarlo así registrar, retener, percibir, ver en un instante y captar y que eso quede fijo, sin distorsiones, tienen esa particularidad, bueno, no  todos, como también tienen la  particularidad de que la noción de tiempo y de espacio es totalmente distinto de la condición subjetiva del común de la gente, la condición el espacio es que si escuchan un ruido que proviene de la ventana, porque pasó un avión, tratan de agarrarlo, es decir el espacio no es el espacio que tenemos habitualmente, por eso pueden llegar a percibir esto que acabo de decir, que es el instante y entonces uno se queda sorprendido porque inmediatamente aquello que se vio estaría distorsionado, para ellos no. Nosotros tenemos un concepto en el psicoanálisis que es la repetición y la elaboración, un concepto freudiano, cuando se recuerda siempre se elabora. El ejercicio que proponía Silvia recién, de leer o ver la secuencia, y después escribirla es exponerse a que siempre haya una distorsión. Es el estilo indirecto.

LC- En  Lacan y lo que es casi un trance psicótico, si uno piensa en Joyce tratando de hacer lo que hace Funes, es decir de reconstruir, por lo menos en un plan, el Ulises, es sencillísimo, es la reconstrucción de la vida de un sujeto, pero para hacerlo él se vale de una especie  de arsenal del elenco retórico infatigable, ¿no?

SH- Y de palabras inventadas también.

CDG- Estamos poniendo el acento en algunas particularidades de todo este ver o de la  memoria de Funes, pero, hay un dato no menor: es la particularidad de que es infinito o no es finito.El rasgo principal es que es una tarea interminable e infinita. No tiene punto de detención, por eso digo que no tiene la particularidad de la resignificación ni del recuerdo, sino que son infinitos, que también es una cuestión interesante porque no podría ponerle punto. Por eso yo preguntaba antes cómo lo piensan al personaje, si eso implica una dimensión de sufrimiento o no, porque el infinito no es cómodo para nadie. Me parece a mí. Y este personaje parece que se maneja con el infinito de manera…

LC- Creo que tiene como las características de los héroes míticos griegos, que tenían que padecer la inmortalidad. Agradecido está, finalmente, Aquiles  de tener el talón.

(Risas)

SH- ¿Ahora, cuándo Borges contó los cincuenta “vi”, estaba ciego?

LC- Todavía no. Lo escribe más o menos a los cuarenta años.

SH- Bueno, si quieren hacer alguna pregunta…

1-  ¿Al ser una memoria secuencial no sería un poco mecánica?

CDG- La memoria está basada en ese caso en un sistema binario, según tengo entendido, pero en este caso no aparece una dimensión basada en lo binario, pero sí en la dimensión de la secuencia caracterizada por el movimiento, por eso, los rasgos que va teniendo, no sé si son tan mecánicos o móviles, como si tuviera necesariamente que percibir todos los lados, toda la secuencia, es como si dijéramos que el tiempo tiene que estar desarrollado en el movimiento, en lo que es esa memoria.

1- Me imagino como las películas, que son fotos sucesivas…

LC- Claro, por eso digo que coincide con lo que hacía Eadweard Muybridge en ese momento, que eran esas secuencias de movimientos. Y también coincide con los primeros experimentos de cine. Pero yo creo que justo, justo, da en el clavo cuando dice eso, que la percepción no era una percepción visual, ni auditiva, sino que era una percepción general comparable a un goce físico o a un dolor físico. Creo que esa es la salvedad.

CDG- Lo que lo acerca a la experiencia del insomne. Porque la experiencia del insomne, trata el insomne, según lo que he recogido en mi práctica y también en mis noches de insomnio, trata de llevar lo que recuerda o las imágenes a situaciones placenteras, como eso tan conocido lo de contar corderitos o contar algo para reproducir situaciones placenteras, pero lo que va padeciendo en el insomnio no es algo placentero, sino es algo que se va acercando poco a poco a la dimensión del dolor.

LC- ¡Lo que es un poco enigmático es por qué contar corderitos es algo placentero!

CDG- ¡Cierto, cierto!

LC: O a lo mejor, recordar a Jane Fonda, o… ¿no?

(Risas)

CDG- Generalmente en esos momentos, para que lo tengan presente, se presenta algo que se asemeja a ciertas condiciones eróticas.

2 (Liliana Heer)- Sí, quería decir algo en relación al vínculo tan grande entre el Aleph y este relato, porque Fray Bentos aparece también, con las baldosas, él reconoce haber visto en la calle Soler, en un zaguán en una casa en Fray Bentos y pensaba en esto que dijeron de lo simultáneo y lo sucesivo como si hubiese en el Aleph la intención de desbordar el lenguaje y esto me lleva a recordar el día maravilloso en que el personaje de Camus, el extranjero, cuando está en la cárcel descubre la posibilidad de recordar,  que podría recordar, igual que Funes, tan minuciosamente un día como volver a vivirlo, es decir, deja de sufrir ahí, como respuesta a esa memoria fatal. Después también pensé que en los “vi”, de Borges, hay frasecitas en las cuales lo omite y una de ellas, justamente, es la de la enciclopedia de Filemón.

SH- Ah, mirá. ¡Qué memoria la tuya! O pasión literaria.

(Risas)

SH- Lo que yo no me había dado cuenta es que hay muchas más repeticiones, porque ahora retomé el “vi”, y están los racimos de uva y está el tabaco, que no dijimos que Funes fuma.

LC- Cierto.

SH- Funes fuma antes y después del accidente. Y en el Aleph está el resto  de Funes.

2 (Heer)- Y el número nueve…

SH- Que es el nombre de quinientos. ¿Alguna otra pregunta?

3- En esa expresión de que sentía el dolor, cada dolor tendría que tener una enumeración, en cada dolor tendría que haber un número distinto porque todos los dolores son distintos.

CDG- No sé si… los dolores…

3-Para poder significar cada dolor…

CDG- Lo distinto, a ver, ubiquemos la cuestión: la memoria de Funes no es una memoria que tenga que ver con la repetición, la repetición introduciría la particularidad de lo distinto, porque vos para poder decir que algo es distinto lo tenés que comparar, una cosa con la otra. Acá no tiene esa posibilidad.

LC- Igual que los números. Pero él lo que dice es, no dice que sentía dolores, dice que la percepción…

CDG- Exactamente.

LC- Era como la percepción de un goce o un dolor. Tampoco dice que fuera un goce.

CDG-Repito: “Que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico”, era más vivo que eso.

LC- Pero seguro que si hubiera tenido que anotarlo era así, una secuencia de cosas completamente distintas. Por eso digo que tal vez el tema es nada más que la intervención de un intérprete que pude pasar de la memoria al recuerdo.

CDG-  Para mí es lo que nos llevaría a considerar lo que está en la base del cuento, no sé como decirlo, se me ocurre una frase que dijo alguna vez Miller: “nada es más humano que el olvido”.

Nada más humano que recordar, como condición de eso el olvido, si no hay olvido no hay posibilidad de recordar. Funes no puede olvidar.

SH- Ahora hay algo de lo que dijiste recién, vos dijiste que podía haber numerado cada dolor distinto, pero me parece que la operación de Funes es nombrar los números, no numerar las cosas.

LC- Claro, tal cual. Si no es un sistema de numeración.

SH- No es numeración. Es nombrar los números, o sea al revés.

CDG- Es un problema de los pitagóricos…

3- Entonces tendría que ponerle nombre a cada dolor…

SH- Claro. Hay una pregunta más…

4- En relación a los pitagóricos, que tiene que ver con el límite a la percepción, lo que no puede hacer Funes es dejar de percibir, no dejar de recordar, eso si hay un otro… sólo, lo que no puede hacer es dejar de percibir. Me parece que la cortina de los pitagóricos tiene que ver con que el único estímulo sea el auditivo. Y también tiene que ver con la penumbra en la que lo encuentra Borges, y esa penumbra en la que se tiene que concentrar Funes para poder dormir. Tiene que ver con esta percepción, insoportable, que no puede dejar de tener. Una pregunta, si a alguien se le ocurre, porque a mí me resultó muy interesante, la necesidad de Borges de ponerle dieciocho años a este personaje, me llama mucho la atención, primero porque podía haberlo omitido o ponerle en vez de dieciocho cincuenta, para que sea un tipo adulto. Pero la necesidad de marcar que tiene dieciocho años…

CDG- Y por qué vos lo plateás como una necesidad y no como se dio la circunstancia de que tomo la  referencia biográfica de, de alguien que conoció en Fray Bentos…

4- Porque en literatura no existe eso…(Risas)

4- Si puso dieciocho años es porque quería poner dieciocho años

LC- Yo creo que conviene para el narrador.

CDG: ¿Y porque convendría los 18 años?

LC- Por qué alguien que está contando la historia de su vida, que está contando muchas cosas simultáneamente, porque decía que el siempre se ocupaba en una temporalidad un poco anterior, porque así no le podían hacer muchos reproches cronológico-históricos. Eh, en este caso, yo creo que a él le conviene, primero porque es más trágico que muera un chico de dieciocho años, segundo porque, una de las variantes que utiliza es que está subido a un potro, ¿no? Y después  creo que tiene más justificativo por el lado de que encuentra que por el lado de que fuera joven Funes de algún modo conviene a la historia que no sea un viejo sabio, sino que sea pitagóricamente joven, de dieciocho años.

CDG- Me quedé pensando en la pregunta, aquí voy a apelar a mi memoria, que lo tengo bastante fresca en el sentido de lo que voy a decir, porque lo utilizo para enseñar, hay una nota, de Freud, la nota número treinta y nueve, del historial, que se llama “El hombre de las ratas”, en la que Freud se pregunta cómo se forman los recuerdos, apelando a su paciente, ¿no?, y dice que los recuerdos se forman en la juventud,  se me ocurrió responderte, y consisten en la formación de historias noveladas, modificando  lo que fueron los recuerdos infantiles, y a su vez tratando de encubrir el quehacer autoerótico de la primera infancia. Entonces, atribuye a la función de la formación de los recuerdos cierta aproximación con la edad, quizá puede haber algo de eso, pero la referencia freudiana es muy fuerte que dice que los recuerdos se forman en la juventud. O sea que nosotros no tenemos los recuerdos que tuvimos en la niñez, ese es un dato no menor para ubicar la edad. ¡Porque la mayoría de la gente cree que los recuerdos los tuvo siempre! Y a veces uno tiene recuerdos que uno no sabe ni cuando se formaron.

SH- Podemos terminar con una bella frase del cuento, que refiere a su hallazgo, en soledad: (Funes)“Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y  casi intolerablemente preciso.” Muchas gracias

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