Lecturas Científicas

"No hay ciencia de lo real"

Por Bassols
Publicado en Lectura Lacaniana: 31 marzo, 2013


Michel Bassols en un artículo de lectura, aparecido en Colofón 31, Boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas de la Orientación Lacaniana de mayo de 2011, editado en Barcelona; Boletín Titulado “Prudencia, ciencia y chifladura” toma una fórmula de J.A. Miller: “ No hay ciencia de lo real” para comprobar varias cosas: que no es una fórmula que se encuentre en algún texto o Seminario de Lacan y sin embargo es una fórmula que se puede leer en Lacan y que para Bassol, querría decir entonces, entre otras cosas, “ que no hay ciencia más que de lo imaginario y lo simbólico, que no hay ciencia más que de los semblantes que la naturaleza ofrece a la lectura de aquél que se representa en ellos como su conciencia. Por lo tanto, lo real que la ciencia cree descifrar e interpretar, desde su nacimiento con Galileo- y su naturaleza ya escrita en lenguaje matemático, hasta los últimos desarrollos de la mecánica cuántica, parece un real cada vez más mudo, paradójico y propicio a los desacuerdos más sorprendentes”.  El título de su artículo es el la fórmula propuesta por Miller, título que es leído de varias maneras distintas. La que en ésta oportunidad destacamos es la de la riqueza en la variedad de lecturas que confluyen en lo que para nosotros es la apuesta ética y política de una lectura lacaniana: “…es con ese real insistente con lo que el deseo del psicoanalista debe encontrar actualmente su brújula en el combate epistemológico al que seguirá estando convocado”. Invitamos a leer un texto esclarecedor sobre las relaciones entre ciencia y psicoanálisis. 

Carlos Dante García

 

“No hay ciencia de lo real”

 

“No hay ciencia de lo real” es la fórmula que, en año 2008, enunció J.A. Miller en el congreso de la AMP de Buenos Aires. (1) Es una formula breve, sólida, nítida que –en lo que yo he podido comprobar-no se encuentra en ningún texto o seminario de Jaques Lacan. Es una fórmula que podría parecerle abrupta a un pensamiento cientificista o a una epistemología ingenua, pero que de hecho se nos impone cuando nos atenemos a cierto número  de consecuencias de la ciencia contemporánea. Efectivamente, ¿qué  habría más real que un átomo, una neurona o incluso un gen? ¿Qué  más real que esos objetos con los que la ciencia sostiene su edificio, pero que nos aparecen cada vez más tributarios de los semblantes de la naturaleza?

Está también ese pequeño pedazo de real del que atestigua el inconsciente freudiano con su clínica del ser hablante y que, aislado a la luz de la ciencia -no podría haber sido descubierto en otro marco-, ya mostraba la causa de una ceguera irreductible del sujeto de la ciencia.

Fue J. Lacan quien localizó ese pedazo de real como un imposible lógico, como lo que no cesa de no escribirse en la experiencia del sujeto que habla y goza de un cuerpo. El esfuerzo para hallar en la lógica y en el matema una “ciencia de lo real” (2) que pudiera explicar al sujeto  nos enseña más en la medida en que condujo a Lacan a los impasses  del ideal científico. De este modo, la formula “no hay ciencia de lo real” esclarece toda la ultima parte de su enseñanza, si se la sitúa como el punto de fuga que ordena su perspectiva.

Es lo que podemos seguir precisamente en el recorrido del lugar que ocupa el psicoanálisis en relación con la ciencia a lo largo de esta enseñanza; un lugar y una relación que no son simples sino que están marcados más bien por una extimidad  irreductible. En su curso, J.-A. Miller sitúo ese lugar sucesivamente de la manera siguiente: un lugar que va “de la ciencia a la ciencia conjetural, después a la ciencia en el límite de la ciencia y después a la formación discursiva en el límite exterior de la ciencia”. (3)

Esta especie de errancia del psicoanálisis en relación con la ciencia va pareja a la localización cada vez más precisa de lo real propio del psicoanálisis; real que está en relación con el campo de la sexualidad y del lenguaje y que surge como el disfuncionamiento profundo del goce y el sentido en el ser hablante. Ese real se distingue cada vez mas de lo real que la ciencia cree manejar y representar con sus aparatos-aparatos que, por su parte, están siempre en el campo del lenguaje- como un real que no cesa de no representarse y que no aparece sino como un agujero en el campo del saber, muy especialmente como un agujero en el campo del saber sobre el goce y sobre la relación sexual.

De hecho lo real que la ciencia cree manejar y representarse es un real que ya porta, en sí mismo, un saber escrito –en la neurona por ejemplo o en lo que se aisló como el gen- que no sería un saber supuesto sino muy bien expuesto, y del que podríamos seguir preguntándonos qué sujeto lo ha escrito. Ciertamente es un saber que a veces tiene que descifrarse pero ya está ahí, presto a ser leído, como lo deja suponer la falsa noción de “código genético”, por ejemplo. Es ésta una falsa noción porque en absoluto se trata de un código y menos aún de un lenguaje. Además la propia noción de gen, como unidad  de información, parece cada vez un objeto más problemático que la propia genética tiene que sustentar.

En el campo de las neurociencias, la tecnología de las imágenes obtenidas por resonancia magnética nuclear promete representar lo real del pensamiento, lo real de las dificultades y los errores del sujeto que habla. Y se pretende aislar en esas imágenes a los llamados “qualia”, que serían la experiencia singular del sujeto, por ejemplo la experiencia dolorosa del  dolor. Los “qualia” constituyen efectivamente el enigma en el que las neurociencias actuales creen localizar lo más real del sujeto. Real que el psicoanálisis señala precisamente como imposible  de representar (se) y que no puede ser manejado ni mencionado sino por otro tipo de resonancia, la resonancia que llamaremos “semántica” para hacer que en ella resuene, a su vez, el único instrumento con que el psicoanálisis se arma en su práctica.

En esta perspectiva, si el lugar del psicoanálisis sigue estando en “el límite exterior de la ciencia” es para indicarle que ese real que ella cree representarse- sin pensar demasiado además en la natumatemático- hasta los últimos desarrollos de la mecánica cuántica, parece un real cada vez mas mudo, paradójico y propicio a los desacuerdos más sorprendentes. Ya en 1953 Lacan se refería a esa creencia, en la preparación de su “Informe de Roma”, al indicar: “La ciencia gana a lo real al reducirlo a una señal. Pero reduce lo real al mutismo”. (4) Era la época en que Lacan hacía referencia efectivamente a la lingüística para intentar dar estatuto científico al psicoanálisis y en que se trataba de transmitir la sobredeterminación de lo real por la estructura del lenguaje.

¿Es tan mudo actualmente ese real de la ciencia? Digamos que, a fuerza de no poder localizarlo en el límite exterior, ese real retorna en su más próximo interior reclamando nuevos semblantes que lo acoten. En ese interior es donde ese real, si podemos decirlo así, se ha vuelto hablador. Y, respecto a los debates más actuales, esto se hace precisamente bajo los auspicios de una vieja conocida del psicoanálisis: la conciencia, con los nombres más o menos míticos de “cognición” o incluso de “psíquico” o “mental”.

Conciencia, efectivamente, es el nombre, el eufemismo más bien, de lo que  agujerea actualmente la epistemología de las ciencias en el abanico que va desde la física hasta esa neurociencia de la que el cognitivismo se ha hecho la ideología; una ideología  sostenida precisamente en la falsa noción de conciencia. Todas las interpretaciones de los datos proporcionados por la física llegan actualmente a tropezar de este modo con el espejismo de una conciencia que tendría que estar ahí para producir lo que se observa.

Por una parte, en lo que atañe a la parte de lo real que delimita la física actual, encontramos lo que los físicos no dudan en calificar de “el secreto de familia” mejor guardado: no hay real sino en la medida en que hay una conciencia para representarlos. Siguiendo el criterio realista según el cual “los hechos son los hechos”, tenemos que acabar por abandonar ese mismo realismo como resultado de una epistemología ingenua. Tal como adelantó Eugene Wigner, Premio Nobel en los años sesenta: “No era posible formular las leyes de la mecánica cuántica de manera completamente consistente sin ninguna referencia a la conciencia”,(5) a la conciencia como entidad implicada en el acto de la observación, en la realidad observada y medida hasta el punto de hacerla representable como tal e incluso hasta el punto, nos dice, de hacerla existir como un objeto. Ésta no constituye hoy día una excepción reservada al mundo cuántico sino una cualidad que habría que extender a cada rincón de la realidad. “Hasta donde se puede llegar a saberlo, la teoría cuántica es enteramente correcta. Las leyes de Newton no son más que una aproximación”.(6) La teoría sigue estando consensuada científicamente, aunque vuelva inconsistente e incompleto el resto del sistema conceptual.

Por supuesto que uno de los criterios por excelencia de la cientificidad, la consistencia interna y externa de la teoría, queda así manifiestamente cuestionada. Podríamos hacer las mismas observaciones sobre los criterios de falsabilidad –el principio de refutación según Poppecarácter repetible de la experiencia. De hecho, el único criterio que permanece, una vez reconocido el lugar irreductible de la conciencia en la ciencia, es el propio consenso de la comunidad científica que ocupa el lugar de un Otro que ya no existe. Podríamos reeditar efectivamente la fórmula de Rabelais

citada por Lacan en varias ocasiones haciéndola equívoca respecto al significante que la motiva: “Ciencia sin conciencia, ruina del alma”. (7) De la conciencia moral se trata, pero también del fantasma que hace existir a ese Otro del consenso.

En el otro lado del abordaje de lo real, que las neurociencias tratan de acotar hoy día en el cerebro encontramos también el espejismo de la conciencia como irreductible, en el límite de la experiencia. He aquí uno de los párrafos finales de uno de los estudios de referencia escrito por otro Premio Nobel, G. Edelman, acompañado del psiquiatra Giulio Tononi: “Hay un punto fascinante aquí y ahora que se refiere a lo exhaustivo del esfuerzo científico: el problema de si todas las relaciones con significado en el plano de la conciencia son objeto del estudio científico. Consideremos, por ejemplo, las oraciones con significado del lenguaje normal o, mejor aún, las manifestaciones poéticas representadas por humanos conscientes y con experiencia sensible. Nuestra conjetura es que no son objetos adecuados para el estudio científico sino en un sentido trivial. Su significado y su descripción descansan en un gran número de reglas históricas únicas, en múltiples referencias ambiguas y, en el caso de una declamación poética única, en una muestra comparable a nada”. Y ésta es por lo tanto, la conclusión más coherente pese a la extrema paradoja que implica: “Basta reconocer que ciertos objetos de base científica no son objetos apropiados para el estudio científico”.(8)

De hecho, también es una manera de decir: “No hay ciencia de lo real”. Hay que subrayar que Egelman y Tononi no se encuentran entre los más duros “localizacionistas” de las neurociencias. Después de amplias y fracasadas tentativas de localizar la particularidad de la conciencia, es decir, la experiencia subjetiva singular, lo que queda en el límite exterior como irreductible sigue siendo ese espejismo, ese fantasma de la conciencia que retorna una vez más como soporte último del sujeto de la ciencia.

Es el mismo problema que persiste y sigue haciéndose más presente en el conjunto de las ciencias. No es superfluo recordar aquí una de las referencias de Lacan a propósito de esa paradoja de la conciencia que él combatió a lo largo de todo su debate con la ciencia. Se trata del libro de Raymond Ruyer titulado precisamente Paradojas de la conciencia y límites del automatismo, al que alude en 1966 en su Seminario como una lectura imprescindible. (9) Esta lectura conduce a la demostración de que ¡no existe la conciencia como objeto de estudio individualizable!

La conciencia, como el objeto propio de la cognición, es concebida por Ruyer precisamente como una superficie que no se extiende más que “en ausencia de límites”: “Nuestra vida consciente no está limitada por nada”, espejismo que ocupa el lugar de la “superficie sujeto” (10) que se excluye como objeto del conocimiento. No existe más que como semblante con el que la ciencia recubre el agujero del sujeto en  lo real.

“Ahí donde la filosofía (y la ciencia) clásica invocaba a Dios, la filosofía (y la ciencia) contemporánea invoca la conciencia humana. Podemos encontrar que esta solución no es más satisfactoria que la otra”. (11) Una epistemología sostenida en la conciencia no sería por lo tanto más satisfactoria que la que se sostiene en la idea de Dios y es precisamente por lo que Lacan podía afirmar: “Todo lo que se enuncia hasta el presente como ciencia está suspendido de la idea de Dios. A la  ciencia y a la religión les va muy bien juntas.  Es un dieu-lire”. (12)

La ciencia es efectivamente la “condición nativa del psicoanálisis”, psicoanálisis que nació como hijo de los ideales científicos de la física de los tiempos de Freud. (13) Podríamos decir que, en el marco de las ciencias del siglo XX, fue hija “respondona”, peleona, que ponía objeciones a los presupuestos objetivistas de una epistemología que actualmente exige además ser reformulada de los pies a la cabeza. En el siglo XXI,  con los criterios derivados de la afirmación de que “no hay ciencia de lo real”, el psicoanálisis debería poder convertirse también en el partenaire-síntoma de esa ciencia que o puede sino borrar la página en blanco de lo real del inconsciente con la escritura de sus nuevos semblantes.

En esta perspectiva, la relación entre el psicoanálisis y la ciencia es en sí misma una relación que no cesa de no escribirse, y es con ese real insistente con lo que el deseo del psicoanalista debe encontrar actualmente su brújula en el combate epistemológico al que seguirá estando convocado.

Intervención en el Parlamento de Lyon, el 18-19 de septiembre del 2010 sobre Critéres de scientificité de la psy-chanalyse. Le combat épistémologique. Contribución en el marco del Laboratorio de la Universidad Jacques Lacan sobre Criterios Científicos y Psicoanálisis de Barcelona. Traducción: Carmen Ribés.

 

Notas:

1- Miller, Jacques-Alain: “Semblants et Sinthome”. En: La Cause freudienne n° 69. Paris: ECF, 2008,p. 130.

2- Como lo propuso Lacan por ejemplo en 1975 en “Peut-étre á Vincennes”. En: Autres écrits. Paris: Seuil. 2001, p. 314.

3- En su curso del 6 de febrero del 2008, en TLN n° 378, “Du neu-rone au noeud”

4- Lacan, Jacques: “Discours de Rome”. En Autres écrits. París: Seuil, 2001, p. 136.

5- Citado por Bruce Rosenblum y Fred Kuttner: Quan-tum Enigma. Physics encounters consciousness. London: Oxford University Press, 2006, p. 5: “It was not posible to formúlate the laws of  quantum mechanics in a fully consistent way without to the consciousness”.

6- Rosenblun B. y Kuttner F., op. cit., p. 42. La traducción es nuestra.

7- Rabelais Francois: Pantagruel. Lyon: Francois Juste, 1542, pp. 34-35.

8- Edelman, Gerald, y Tononi, Giulio: A Universe of Consciousness. How matter becames imagination. New York: Basic Books, 2000: Crítica, 2002, pp. 265-266. La traduccion es nuestra.

9- En su seminario del 27.4.1966: “Autre petite lectura, genre distraction, pour lire sous la douche, comme on dit, il y a un excellent petit libre qui vient de paraitre sous le titre: Pasadoxes de la conscience, redige par quelqu´un que nous estimons tous, j´imagine, parce que nous avons tous ouvert, á quelque momento, quelques-uns de ses libres, nourris de la plus grande érudition scientifique, qui s´appelle Monsieur Ruyer”. Citado en: Index réferentiel “Science(s)”; “scientifique(s)” dans l´oeuvre de Jacques Laca, hecho por Cercle Uforca-Lyon, pp. 107-108. [Otra lectura, del genero de la distracción, para leer en la ducha, como se dice, hay un librito que acaba de aparecer con el título: Paradojas de la conciencia, redactado por alguien a quien todos nosotros apreciamos porque, imagino, todos nosotros hemos abierto en algún momento alguno de sus libros, alimentados con la mas gran erudición científica, que se llama M. Ruer].

10- Ruyer, Raymosn: Paradoxes de la conscience et limites de l´automatisme. París: Albin Michel, 1966, pp. 17 y 21.

11- Ibidem,p. 111.

12- Lacan, Jacques. “Vers un signifiant nouveau”. En : Ornicar? 17/18. Paris: 1979, p.21.

13- Véase “Esquisse d´une psychologie scientifique”, de 1985: “C´est l´intention de fournir una psychologie scientifique [naturwissens-chafliche], c´est á dire de présenter [darstellen] des processus psychiques comme etats quantitativement déterminés de parties matérielles pouvant étre montrées [aufzeigbar] et de les render intuitifs et de leur óter toute contradiction”. En: Freud, Sigmund: En: Gesammelte Werke, Nach-tragsband. Francfort: Fischer Verlag, 1987, p. 387.

 

 

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