Lecturas Culturales

Funes, El memorioso

Publicado en Lectura Lacaniana: 3 marzo, 2013


“FUNES, el memorioso”

Un debate literario y psicoanalítico sobre el personaje de Jorge Luis Borges. Conversación en la Casa de la Cultura de la Nación, a propósito del ciclo EN BUSCA DE UN PERSONAJE.

Referencias:

SH- Silvia Hopenhayn

LC- Luis Chitarroni

CDG- Carlos Dante García

SEGUNDA PARTE (de tres)

Presentar la continuación de un debate sobre el personaje de Borges, Funes el memorioso, es casi una herejía. En Funes más que continuación hay permanencia. Un estar en la memoria. Como vimos en la primera parte de este encuentro, junto con Luis Chitarroni y Carlos Dante García, el personaje vive en la memoria y en sus cronométricos detalles, por eso requiere de un día entero para recordar el día anterior. En este pasaje de la conversación de este retrato en vivo de Funes, los participantes darán cuenta de la diferencia entre lengua y lenguaje, de la necesidad del estilo indirecto a la hora de recordar, del origen nietzscheano del cuento y de las hermosas metáforas borgeanas, como por ejemplo, llamar a la lluvia, “agua elemental”.

S.H.“

SH- En Funes parece anticiparse esta especie de compulsión al almacenamiento del mundo actual. La posibilidad virtual de archivarlo todo. Pero si hablamos de visión, en Borges, también podríamos recordar el cuento “El Informe de Brodie”, donde plantea una tribu… ¿De qué año es…?

LC- ¿Vos decís cuándo ocurre?

SH- No, cuándo lo escribió.

LC- Lo escribió al final. Sesenta y ocho, sesenta y nueve.

SK- Yahoo no existía, y la tribu se llama Yahoos.

LC- También lo toma de Swift.

SH- Sí, pero le cambia el argumento a Swift y lo interesante es que esta tribu que habla un idioma, no sé si recuerdan el cuento, un idioma de contracción, casi sin vocales, remite un poco a lo que pasa ahora con la lengua; se dice en el cuento que es un lenguaje, el de los yahoos, no primitivo, porque uno puede decir “así se hablaba en las tribus”. En cambio, escribe Borges, el lenguaje Yahoo, en el informe de Brodie, es un lenguaje “degenerativo”, en un post lenguaje. También, un resto de la lengua, una suerte de memoria o mar de palabras.

LC- Creo que Borges es uno de los escritores que he leído que más riqueza proyecta en toda dirección. Estaba pensando ahora que  prácticamente puede verse que es un recurso, a mí me parece como una metaemergencia pero genial de un escritor, es que aísle de ese bloque de memoria la voz, que  convierta la voz en un órgano, porque, finalmente Funes es simplemente eso, como también es el  movimiento como hiperdidáctico de  Borges. En el cuento “Las Ruinas circulares”, cuando tienen que imaginar a un hombre, primero lo imaginan como un párvulo que está  en una especie de estrago, y después, cuando fracase y no puede soñarlo más, empieza a soñarlo órgano por órgano, y lo primero que sueña, en este caso es el corazón, y a partir de eso es que el personaje de “Las Ruinas circulares” logra crear con su sueño  un hombre.

SH- Bueno, es un creador anticipatorio, pero sobre todo un gozador de la lengua porque, si bien estamos aquí, lo pusimos sobre la camilla al pobre Funes, el cuento es pura lengua, no olvidemos eso, también.

LC- Y termina con un informe casi biográfico…

SH- Bueno, con la muerte de…

LC- -“Ireneo Funes murió en mil ocho ochenta y nueve, de una congestión pulmonar”-, es decir que sí, el narrador es mucho mayor que Borges, porque si Funes murió en mil ocho ochenta y nueve, Borges nació en mil ochocientos noventa y nueve.

SH- Ahora, vos decías esto del almacenamiento, Funes tiene algo distinto, porque no sólo él registra como la utopía de Microsoft, sino que también es registrado desde acá, o sea, visto como ve, se registra su forma de ver las cosas, no sólo registra lo que ve. Como en la película The Truman Show, también hay que ver  la percepción, no solamente registrar lo que ocurre, los acontecimientos.

LC- Mirá, no me había dado cuenta, además, que cuando Funes habla demuestra que sí piensa. Porque cuando él dice “mi memoria es como el sueño de ustedes”, ahí está estableciendo una comparación que es un rasgo inherente al pensamiento, con lo cual es un poco especulativa esta voz, tiene mucho de quien lo observa a él, o es una invención de quien observa.

CDG- O sea que la memoria, tomando esta observación de Silvia, de Funes, tendría la particularidad de tener el vicio de los recuerdos. Claro ¿Cuál es el vicio de los recuerdos? Es que uno recuerda, se recuerda, básicamente en los recuerdos llamados encubridores, infantiles, se recuerda formando partes de escenas, cosa que uno no podría formar parte de una escena.

LC- Exactamente.

CDG- Entonces, en verdad, le pifia Borges que no hace la memoria vaciada de la dimensión de la inclusión del recuerdo, en ese pequeño detalle.

SH- Como la voz pasiva: “se” recuerda, digamos.

CDG- Estar incluido, formando parte, ese es uno de los detalles que Freud dice que muestra que los recuerdos son construcciones y encubridores, porque uno no podría recordar uno, estando dentro de la escena infantil, entonces eso indica que eso ha sido una elaboración, donde uno se ha incluido. O sea, que de alguna manera no hay un vaciamiento absoluto de la condición de la participación subjetiva de él, porque toda la transformación es casi una pasivisación de su condición subjetiva.

SH- Y se agrega algo más, que es el movimiento. No es fijeza, uno puede pensar que es una cámara fotográfica que va registrando momentos, pero también recuerda el transcurso de las cosas, no sólo las cosas, recuerda la erosión de las caries…

CDG- La corrupción, tal cual, y como va avanzando la muerte.

LC- Los cambios de cara del muerto en el velatorio.

SH- Eso es impresionante.

LC- Tiene algo que ver con el Aleph, cuando empieza a alinear: -“vi el populoso mar, vi…”-, y dice: -“vi la delicia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz”-, es decir la ve muerta, corrupta, comida por los gusanos. Estaba pensando que cuando él sitúa los cuentos, creo, es cuando se estaban realizando los primeros experimentos fotográficos de Eadweard Muybridge de secuencializar animales…

SH-Los del caballo, que se le veían en un momento dado las cuatro patas en el aire.

LC- Los del caballo, sí, que fue uno de los primeros experimentos relacionados con el cine…

SH- Ahora, ¿cómo se recuerda? Porque acá, uno piensa que el recuerdo es como una foto fija, pero ¿cómo se incluye el movimiento en el recuerdo?

LC- Yo creo, creo, porque nunca lo encontré, que es una especie de invención de Borges cuando dice: “como el emperador de Lilliput  que discernía el movimiento del segundero”.

CDG- Hay dos dimensiones, me parece distinguir en esta cuestión, por un lado el paso del tiempo sólo es representado a través de lo espacial y del movimiento, entonces es además una dimensión subjetiva que padece aquel que tiene insomnio, que el tiempo no pasa, van adviniendo todas las

imágenes; me parece que ahí hay un registro peculiar de cómo funciona la memoria del insomne, que hay que tenerla en cuenta, es decir, la presentificación del movimiento y el no paso del tiempo.

LC- El no paso del tiempo después convertiría en presente la memoria inmediata.

CDG- Claro, claro.

LC- Borges también juega con esa idea en otro cuento en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, donde el presente es lo que no existe, que hace poco un astrónomo decía que efectivamente no existe porque es un fenómeno de la luz digamos, todo ocurre con cierta demora en relación a la luz, un efecto casi imperceptible. Pero Borges dice que hay una escuela Hindú de ética que sostiene que el fruto o está en el árbol o cayó del árbol, que nadie lo ve caer. O sea, también es interesante ver la coherencia y la consistencia de este hombre que escribió casi como entretenimiento un  cuento que se llama “Nueva Refutación del tiempo”, casi cómicamente lo llamó nueva reputación del tiempo, afirma lo que estoy negando.

CDG- Hay otras formas de situar la cuestión del movimiento a través de las imágenes de la memoria, son dos, una es lo que habitualmente se conoce como las imágenes que se fijan y que funcionan como determinación en la dimensión erótica, en el fetichismo, por ejemplo, en la cual vuelve una y otra vez a funcionar como condición erótica aquello que quedó fijado en un movimiento, cosa que acá está vaciado de todo eso. La otra dimensión  temporal está más relacionada con la relación del ser hablante que con la lengua, que es la resignificación, cómo vamos, constantemente reconstruyendo lo que ha sido nuestra vida y nuestra historia, eso en el psicoanálisis es esencial, por eso es en ese sentido, Funes no manifiesta lo que se llama una anamnesis, en el sentido de una reconstrucción o resignificación de lo que va transcurriendo en el día, sino que es el corte constante de las imágenes como sucesión.

LC- Por eso el análisis necesita un intérprete, que es Borges. El narrador.

CDG- El narrador interpreta, efectivamente, y se disculpa de la inexactitud, o de la inclusión de su palabra de aquello que le fue diciendo Funes, o sea que el narrador resignifica o reinterpreta lo que Funes le va transmitiendo como voz.

SH- Es interesante llegar al punto de la imposibilidad de interpretación cuando de literatura se trata, porque tiene que ver con un estilo. Y, entonces, el narrador dice: -“No trataré de reproducir sus palabras, las de Funes, irrecuperables ahora, prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo, el estilo indirecto es remoto y débil. Yo sé que sacrifico le eficacia de mi relato, que mis lectores se imaginen los entrecortados periodos que me abrumaron esa noche”-, y ahí empieza a contar.

LC- ¡Gran mentiroso! (risas) En realidad lo que va a hacer verosímil a Funes es este recurso de él. ¡Genial!

SH- Bueno, porque es la única forma que tiene para contarlo.

CDG- O sea, sólo se puede recordar y relatar o testimoniar a partir del estilo indirecto.

SH- Ahora, también, cuando vos hablas de la resignificación y del recuerdo, Funes, si necesitaba un día entero para recordar lo que había hecho el día anterior, no tiene intervalo, no hay manera, no hay espacio…

LC- Por eso digo, si hablara, no sé cómo hablaría, pero no articularía las cosas dentro de la sintaxis comprensible a la que lo traduce el narrador.

SH- Ah, claro, nosotros no tenemos su habla salvo en esas dos oportunidades. Vos me dijiste algo importante respecto de los cuentos de Borges, y muchos de ellos están en Ficciones, otros en el Aleph, y otros sueltos por ahí, en otros libros, que es el carácter biográfico, no en el carácter biográfico referido necesariamente a sus primas o a su mamá, sino la forma del relato, realmente es muy  fidedigno, supuestamente…

LC- Sí, sí, lo marca de una manera muy inteligente porque en realidad no se enuncia como un cuento, se enuncia como el testimonio de un personaje que tiene que hablar sobre un tipo que es el superhombre, un cimarrón, que vivía en Fray Bentos, todo está enrarecido, cosas que ya no ocurren pero que eran muy frecuentes, sobre todo en los narradores que le gustaban a Borges como Kipling, como Stevenson,  era justificar el relato- “¿Por qué voy a contar esta historia? Porque…”- , está en el Doctor. Jekyll y Mister Hyde, está en un montón de relatos, una cosa que hoy no la utiliza nadie, es decir: -“Ayer me desperté y encendí un cigarrillo…”-, no parecen tomar esta precaución.

CDG- Hay gente que ha escrito sobre este personaje de Borges y dicen que es el personaje salido de Nietzsche…

SH- Zaratustra está mencionado…

CDG- Quiero, a ver… dice: -“Imaginemos el caso extremo de un hombre que careciera de la facultad de olvido, y estuviera condenado a ver en todo un devenir. Un hombre semejante no creería en su propia existencia, no creería en sí, vería todo disolverse en una multitud de puntos móviles, perdería pie en ese fluir del devenir; como el consecuente discípulo de Heráclito, apenas se atreverá a levantar el dedo. Toda acción requiere olvido: como la vida de todo ser orgánico requiere no solo luz sino también oscuridad. Un hombre que quisiera constantemente sentir tan solo de modo

histórico sería semejante al que se viera obligado a prescindir del sueño o al animal que hubiera de vivir solamente de rumiar y siempre repetido rumiar. Es, pues, posible vivir y aun vivir felizmente, casi sin recordar, como vemos en el animal; pero es del todo imposible poder vivir sin olvidar. O para expresarme sobre mi tema de un modo más sencillo, hay un grado de insomnio, de rumiar, de sentido histórico en el que lo vivo se reciente y finalmente sucumbe, ya se trate de un individuo, de un pueblo o de una cultura”.

SH- ¡Le robó a todos! Maravillosamente.

LC- Lo que es increíble es que con ideas de otros él construya eso.

CDG- Además hay un dato, no sé que piensan ustedes de la relación de Funes con el idioma y con las lenguas, que eso es algo totalmente distinto, porque no es sólo una cuestión de memoria, o acaso el aprendizaje de la lengua es sólo cuestión de memoria…

LC- Bueno, elige precisamente el latín, que es un idioma de excepción, que es un idioma en el que hay mucho para memorizar, pero no dice si aprendió o no aprendió, le pide los libros…

SH- Pero al narrador le pareció raro que se los pida con el diccionario…

CDG- Sí… en ese sentido lo menosprecia un poco. Pero pone el acento en el final del cuento, diciendo: -“Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués y el latín, sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar”-… Es increíble la relación que hace con la lengua y con los idiomas y con la no capacidad de pensar.

LC- Eso se parece a la imbecilidad políglota de personas que saben muchos idiomas y en todos los idiomas dicen las mismas estupideces.

(Risas)

SH- Ahora, es cierto lo de la lengua… O sea, supuestamente, lo que nos hace seres humanos es el lenguaje y en este caso, la lengua…

LC- Hay una lección absoluta de eso tanto cuando habla como cuando elige las palabras para su numeración. Son absolutamente rioplatenses, son de ese tipo de propósito incumplido de Borges, de que hubiera una lengua rioplatense, esto es lo que hace que muchos lo llamen cipayo a Borges, pero Borges fue uno de los primeros que propuso que el idioma que hablamos sea un idioma propio.

SH- Pero está muy bien descalificado, el valor está en la descalificación … Al principio, no sé si recuerdan, pero está en cursiva porque son palabras que evidentemente el narrador pronunció frente a Funes, o sea, que también está la instancia no sólo de la lengua que se aprende sino de la lengua que se pronuncia, entonces dice: -“literato”-… en bastardilla, -“cajetilla , porteño”- son las tres palabras que aparecen en cursiva, y el narrador dice: -“Funes no dijo esas palabras, esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras”-  Que un modo de hablar sea una desventura, para el otro, es interesante.

LC – Y después dice que el primo, no me acuerdo si es uruguayo o argentino, se quedó medio desconcertado ante la respuesta tripartita del otro, que lo llama con los tres nombres… Quiere decir que aunque hable poquísimo, aunque está caracterizado por palabras que no dijo, “cajetilla”, etc., uno tiene una idea genial del Funes parlante, del Funes hablador.

SH- Bueno, todo el cuento está lleno de formas de nombrar muy particulares, cuando empieza a llover, ¿Cómo llama a esa lluvia?

CDG- La llama… “el agua elemental”… Es una maravillosa metáfora.

LC- Buenísima, porque están cabalgando ahí…

SH- Estaban cabalgando y de pronto los sorprende en un descampado “el agua elemental”; imaginen decir de golpe: -“Uy, llegó el agua elemental”.

 

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