Lecturas Científicas

El autoritarismo científico de Javier Peteiro

Publicado en Lectura Lacaniana: 7 marzo, 2013


“El autoritarismo científico” de Javier Peteiro Cartelle.

Malaga: Miguel Gomez Editores, 2010.                                          

Por José Ángel Rodríguez Ribas.

 

José Ángel Rodríguez Ribas es:

– Medico. Psicoanalista. Psicomotricista. DEA en Psiquiatría.

– Miembro de la ELP de la Asoc. Mundial  de Psicoanálisis (París).

– Formador en Práctica Psicomotriz ASEFOP (Bruselas).

– Profesor Ftad . Ciencias Actividad  Física. Univ. Gales-EADE (Málaga).

– Coordinador Pedagógico formación en Práctica Psicomotriz. (Diputación de Sevilla).

– Director de la BOL de Sevilla (ELP-AMP).

– Investigador Grupo:”Sujeto, sufrimiento y sociedad” (HUM. 018).

– Miembro  APP, AEC, AEH X-XI y del Comité Científico AEPICS

 

Rodríguez Ribas comienza su comentario del libro de Peteiro calificándolo como “un acto de amor”. En una época en la que la ciencia se postula como única verdad, una nueva religión,  estableciendo la norma a seguir. Ribas se   pregunta ¿ qué puede aportar este libro a los psicoanalistas ?

1. Este libro se nos presenta como una acto de amor. De amor al (verdadero) saber del cual la ciencia es una- y no- sola de sus privilegiadas vías de acceso. Para ello, establece una diferencia entre pseudociencia y cientificismo. Si la primera, como forma de impostura epistémica, utiliza la parafernalia propia de la ciencia para justificar como la ufología, la quiromancia, la sanación, etc., el cientificismo tomaría la reducción metodológica, necesaria condición para la emergencia de la misma ciencia,  hasta generalizarla a niveles de un reduccionismo epistémico y ontológico.

2. Otra distinción que establece es entre ciencia y teoría. Teoría sería toda actividad del entendimiento humano destinada a comprender el mundo a través del lenguaje con todos los instrumentos a su alcance. Si lo distintivo de la ciencia es su capacidad de predicción, la teoría, pese a carecer de dicha capacidad, no deja de hacer del empirismo una rigurosa orientación. Se da cientificismo pues, cuando se pretende leer bajo un único paradigma todos los fenómenos. La consecuencia es el advenimiento de una nueva religión (re-ligare), la única ontología posible: “Extra scientiam nulla salus”. Los profetas de esta nueva moral, descifrada en las sagradas escrituras del cariotipo genético son los llamados divulgadores de la ciencia, aquellos que a través de una muy poco científica epistémica-siempre por el bien común-proclaman y pontifican asépticamente a favor de dicha verdad irrefutable. De la imposibilidad lacaniana o de su correlato, la inconmensurabilidad o la intraducibilidad que enunciaron T. Khun (1978, 1989) y Feyerabend (1989), caso omiso.

3. Hay que decir, en el otro orden de las cosas, que Peteiro está inoculado por el psicoanálisis. Pero lo está de la buena manera, al modo de un stimmung heideggeriano, bajo una cierta tonalidad de fondo. Lo está en la medida en que el psicoanálisis, ensayo de una provisional ontología fallida, barrada, escindida, del sujeto y sus producciones le sirve de contra argumentación  y punto de anudamiento. Por eso sus alusiones son sutiles, espaciadas, evitando caer en aquello que cuestiona. En ningún momento opone al fundamentalismo de la ciencia la autorreferencialidad de la subjetividad. De hecho, enuncia, solo la teología parece resistirse al camino trazado por la ciencia (“Ya solo u Dios puede salvarnos” decía Heidegger en 1996).

4- ¿Qué puede aportar este libro a los psicoanalistas? ¿Qué elementos de conversación pretende sugerir? No ocurra, como nos dice el autor, que si dada su imprevisibilidad la ciencia como único referente no sea creíble suceda que como instrumento se nos esté yendo de las manos. Y para ello se presenta como imprescindible el manejo del Otro. Si la propia comunidad científica dimitió de la consustancial critica de sus mecanismos reguladores quizás les toque a los psicoanalistas ser científicos de verdad tal y como procedió el mismo Freud (Bercherie, 1988: 277).Llegados a este punto, tal es en el fondo lo que parecería estar en juego: la forclusión del saber mismo mejor dicho: Del no-saber. Saber, ¿de qué? : saber habitar el vivir.

Porque ya se conoce muy bien cómo y con qué hacerlo. El efecto homogeneizador del principio de equivalencia dado al valor – todo puede ser intercambiado- traería de suyo la caída de la suposición, es decir, la posible atribución de una autoridad epistémica al Otro: si todo saber si rigiera por similares mecanismos operativos de cuantificación no habría motivo para interrogación ni transferencia alguna, ya que todo estaría “a la mano”, “a presencia” como diría Heidegger. Con lo que nada podría hacerse porque nada de lo que se hiciera, tendría efecto alguno.

Es constatable que dicha operación de la subjetividad reducida ahora a mero ente consumidor, incluso simple objeto de consumo en y para si mismo. La consecuencia paradójica operada por dicho “olvido del olvido” heideggeriano, donde el hecho precede al decir (Alemán, 2010:33)- lo estamos viendo-sería el  encumbramiento de un superyó para-todeador en su vertiente más voraz, reivindicadora y caprichosa animado por su pasión característica: el odio, es decir, el miedo.

Ahora bien, si lo real de lalengua irrumpe en el exceso o el vacio impidiendo la equivalencia Uno-Todo (Alemán 2009: 24), la suposición de tiempo (sorpresa), cuerpo (objeto a) y y palabra (significante fálico, vacío) otorgan las condiciones preliminares para que presencia y transmisión (Miller, 2010:92) devengan soportes contingentes en la declinación de una pregunta que no fuera anónima, es decir de un  acontecimiento del cuerpo hablante en tanto experiencia in-transcendente (Alemán y Larriera, 2009:12) que propicie la invención de un significante transferencial.

Es ahí donde la enunciación, la conversación o el testimonio (en el pase o en los fórum) parecen convertirse en una brújula ética a la altura de su causa, política: ¿una autentica Escuela?

5. Finalmente, como una magnifica, sugerente y recomendable obra igualmente asequible a expertos o profanos, a condición de mantenerse apasionados por el saber.

A Javier Peteiro, nuestro reconocimiento.

 

José Angel Rodríguez Ribas

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