Revista Lectura Lacaniana Número: IX
Lecturas Psicoanalíticas

Mitos sexuales culturales y malestar actual VI

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 10 julio, 2013


¿En qué se basa la actual oferta del mercado sobre la posibilidad de elegir el sexo de un bebe? Es la propuesta para empezar a pensar esta problemática en el siguiente  artículo.

Los discursos que promueven esta posibilidad parten de la idea de  que la anatomía consolida  el destino y  la identidad. ¿Será que el enunciado “la anatomía es el destino” tiene en esa oferta su fundamento?   En oposición a esto,  Freud plantea que la sexualidad es un punto de llegada, hay una posición a asumir que no está en la partida. Esta posición, ¿en relación a que estaría?

La oferta de la posibilidad de elección del sexo de un hijo se basa en “razones”  basadas en enfermedades genéticas que se presentan solo en un sexo determinado. ¿Es certero el tratamiento?

La pregunta por el deseo de un hijo, por el deseo de un hijo de determinado sexo, ¿en relación a qué estaría entonces? ¿Qué se elije y quién elije ahí?

Florencia Vidal Domínguez

 

Uno de los mitos sexuales modernos más promovidos por las investigaciones realizada por la ciencia y fomentada por el mercado es la posibilidad de elegir el sexo.  Hay que recordar que la problemática de la elección del sexo proviene de la selección sexual, que no es lo mismo pero que arrastra mitos desde su formulación.

La selección sexual es un concepto clave de la teoría de la evolución acuñado por Charles Darwin en su libro El origen de las especies para explicar el desarrollo de caracteres sexuales secundarios en los seres vivos que parecían no responder a la selección natural, es decir, a la supervivencia del mejor adaptado. En líneas generales, postula que ciertos rasgos presentes son el resultado de la competencia entre individuos de un mismo sexo por el acceso a la cópula (selección intrasexual) y de la selección por parte de uno de los sexos, usualmente las hembras, de individuos del sexo opuesto (selección intersexual).

Se relaciona directamente a este mecanismo evolutivo con el dimorfismo sexual y con la presencia de rasgos morfológicos exagerados. Muchos de estos rasgos morfológicos llegan a suponer una merma en las capacidades adaptativas y de supervivencia de los animales que los poseen. Para explicar su desarrollo, dentro de la selección sexual, se postulan dos hipótesis denominadas «de Fisher» y «del hándicap», concebidas por Ronald Aylmer Fisher y Amotz Zahavi respectivamente.

La primera de ellas explica este desarrollo exagerado de estructuras fisiológicas en un sexo por la identificación directa de éstas con genomas superiores por parte de sus parejas sexuales. La segunda de las hipótesis indica que la presencia de rasgos morfológicos exagerados lastran la supervivencia de los organismos que los manifiestan; sus parejas sexuales sentirían preferencia por ellos por ser capaces de sobrevivir a pesar del handicap que les suponen estos rasgos.

En nombre de la prevención de enfermedades o aún de los gustos por un sexo o el otro o, porque se querría mejorar lo que uno es, cada vez más se promueve en el mercado las condiciones de posibilidad de la elección del sexo. El término freudiano en su origen ha pasado a formar parte de aquello que supuestamente puede ofrecer la ciencia con sus productos.  Los discursos sobre las posibilidades de la elección de sexo ya sea por las posibilidades de cambiar la anatomía ya recibida, en las particularidades corporales o en los genitales, ya sea por la posibilidad de elegir el sexo de un hijo, basan sus búsquedas en que la identidad y el destino de alguien se sostiene básicamente en la anatomía. Parece que asistimos a la realización de que la anatomía es el destino, obviando una vez más la incidencia y determinación del inconsciente. Obviando la insistencia que orientó la enseñanza de Lacan sobre la falta de identidad en el corazón de la constitución subjetiva en el ser hablante. Tomaremos hoy, lo que el discurso de la ciencia promueve sobre la elección del sexo, sobre todo en la búsqueda de un hijo con determinado sexo.

El discurso de la ciencia toca como veremos el enigmático deseo de hijo y promueve diversos mitos.

Se dice que las enfermedades genéticas han promovido cada vez más el pedido a la ciencia y a la medicina que se organiza por la ciencia y la pseudo ciencia, de elegir el sexo de un hijo. Se saltea aquí que con la oferta llamada “avance científico” se crea demanda.

Lo primero que uno lee sobre este tipo de cosas, son las razones por las cuales se buscaría elegir el sexo de un bebe. El listado de razones aparentemente está vaciado de cualquier conflicto moral. Son razones “razonables”. Son “razones” limpias de cualquier moral. Las razones son: que algunas enfermedades genéticas se presenten solo  en el varón, entonces es necesario para evitar esa enfermedad que se elija un hijo de sexo femenino. Debido a la habilidad que ya se dispone para evaluar la calidad genética de los embriones antes de la implantación, se puede utilizar el diagnóstico genético pre-implantación (PGD, por sus siglas en inglés) para reducir los riesgos de enfermedades hereditarias en los hijos. Otra razón importante para la elección del sexo del bebé es la de equilibrar la familia. Si por ejemplo, una pareja ya tiene tres hijos varones, puede suceder que la pareja no desee tener más hijos, a menos que sepan que será una niña. Este tipo de selección de sexo se denomina “opcional”, a diferencia de la selección de sexo “médica”, la cual se realiza para prevenir enfermedades en los hijos.

Tenemos hasta ahora entonces, selección médica y selección opcional.  Se habla ya, o sea, ya está en el discurso del Otro de la selección del sexo y de la existencia de técnicas para ello: existen solamente dos maneras confiables de seleccionar el sexo: la separación espermática de los espermatozoides X (femenino) e Y (masculino), y la FIV combinada con PGD. Aunque muchas clínicas afirman que ellas pueden separar los espermatozoides por sexo, la única técnica confiable de separación espermática es Microsort. Debido a que aún se encuentra en investigación, la técnica Microsort no está ampliamente disponible. El CHR colabora con Genetics & IVF Institute de Fairfax, Virginia, el cual ofrece la técnica Microsort bajo un protocolo de estudio experimental de la FDA. La conclusión final de este estudio aún está pendiente; los informes más recientes sugieren que Microsort aumenta la probabilidad de tener un bebé de sexo femenino, llevándola aproximadamente a 85%. La probabilidad de tener un bebé de sexo masculino es levemente más baja, varía entre 75-80%.

Notemos que el discurso de la elección del sexo comienza siendo de una máxima certidumbre que luego se transforma en un porcentaje. A pesar de todas las vacilaciones, igualmente se promueven consultas, clínicas, instituciones para la realización del “sueño de la elección”. El discurso es por supuesto un “discurso médico” que se basa y parte de la realización de un tratamiento de fertilidad.

La honestidad de la propuesta se centra en sostener que es posible elegir el sexo, en moderar tal afirmación sobre los porcentajes según las técnicas y finalmente relativizar los resultados según los precios y los costos. Por lo tanto, los “métodos más precisos son los más caros”. Precisos no quiere decir absoluto.  Para cubrir cualquier problema legal además, se promueven los llamados “requisitos de elegibilidad” que van desde las condiciones de estar casada o casado; tener o no tener ya un hijo de un sexo por lo menos; aceptar estudios hormonales y/o tratamientos hormonales para conseguir el objetivo a sabiendas de correr el riesgo de contraer cáncer. No hace tantos años se introdujo el diagnóstico genético preimplantacional (DGP por sus siglas en inglés); es una técnica de fertilización in vitro en la que los embriones se crean fuera del útero y luego se analizan para descartar trastornos genéticos y averiguar el sexo. Cuando se introdujo el DGP en 1989, su uso se limitaba a ayudar a aquellas parejas o individuos con graves trastornos genéticos, a reducir el riesgo de tener un niño con la misma afección. Hoy en día, el DGP se sigue usando para este fin pero además es común utilizarlo cuando las mujeres tienen 35 años o más y/o presentan antecedentes de abortos espontáneos recurrentes. Solamente un número limitado de clínicas ofrecen esta técnica de elección del sexo por razones no médicas. ¿Qué van a afirmar sobre esto? La eficacia es casi del 100%. Es necesario decir algunas cosas de las que no se dicen en el mercado de la elección del sexo. Como por ejemplo, las ventajas y las desventajas.

Las llamadas ventajas son que si la mujer queda embarazada el DGP garantiza con casi el 100 por ciento de certeza que tendrá un bebé del sexo deseado.  Subrayemos el casi. Después de un ciclo de DGP, los embriones restantes del sexo elegido son automáticamente congelados. Pueden luego utilizarse en otro intento, si pierde un embarazo o si más adelante decides tener otro niño. Las transferencias de embriones congelados no tienen el mismo éxito que las transferencias de embriones frescos pero el procedimiento es menos invasivo y mucho más económico. Si éstas han sido las ventajas, destaquemos las desventajas: Un ciclo de DGP puede costar casi $20 000 dólares en Estados Unidos.  El procedimiento es invasivo y la extracción de los óvulos puede resultar dolorosa.  Los fármacos para la fertilidad que tienes que tomar pueden producir efectos secundarios molestos como aumento de peso, hinchazón, inflamación y vista borrosa.  Al igual que con cualquier embarazo con FIV, se tiene más probabilidades de tener embarazos múltiples. De acuerdo con las últimas estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés), el 38 por ciento de los bebés concebidos como resultado de la FIV y otros procedimientos relacionados son mellizos.  Alrededor del 43% de los ciclos de FIV con embriones frescos resulta en el nacimiento de un bebé con vida, y esta cifra disminuye a medida que avanza la edad de la mamá. Pero algunos médicos sostienen que los porcentajes de éxito son más altos con el DGP porque se descartan los embriones defectuosos.

Será necesario que la mujer o la pareja decida qué hacer con los embriones del sexo no deseado: congelarlos, destruirlos o donarlos a otras parejas o para fines de investigación. Como se aprecia, en ningún momento se afirma algo en absoluto y lo que se destaca constantemente es que la elección es posible pero con ciertas consecuencias. No está de más decir que la mayoría de las clínicas de fertilidad que ofrecen el DGP no permiten su utilización exclusivamente con el fin de elegir el sexo del bebé. Se debe tener una razón médica como por ejemplo antecedentes familiares de enfermedades genéticas o abortos reiterados o tener más de cierta edad, generalmente alrededor de 38, para poder recibir este tratamiento. De todas formas, existen algunos centros que permitirán usar el DGP para elegir el sexo de tu bebé, aun si no se tiene motivo médico para ello.

Todo esto nos conduce al interrogante de cómo se articulan el deseo de un hijo en el inconsciente con lo que la medicina actual oferta mediante un discurso científico.

Carlos Dante García.

 

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