Lecturas Psicoanalíticas

Mitos sexuales culturales y malestar actual  I  

Por Carlos Dante García
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 febrero, 2013


Asistimos a una época de cambios constantes de las costumbres y prácticas sexuales. El psicoanálisis parece asistir, sin salir de su azoro, a que lo que antes, siendo de dominio privado, ahora es de dominio público.

Freud había descubierto mediante la interpretación en su práctica analítica, el conflicto entre lo que denominó las pulsiones parciales y los ideales. Ese conflicto se resolvía mediante la represión de las pulsiones, en uno de sus destinos. Parece, en lo que acuerdan la mayoría de los analistas y sociólogos, que el malestar cultural actual no se origina en la llamada represión pulsional como lo afirmaba Freud, sino en lo que ocurre con la pulsión, lo que ocurre con las exigencias de satisfacción sexual. Estas exigencias han pasado de la prohibición al derecho al goce individual a la exhibición del derecho al goce explotado por el mercado. Lo que en Freud apareció en sus ensayos bajo un tratamiento cuidadoso y conforme a la época, recordemos que a fines del siglo XIX se trataba de establecer las definiciones conceptuales y clasificaciones precisas de las perversiones, homosexualidades, heterosexualidades, bisexualidades.

Hoy, por ejemplo,  la bisexualidad es proclamada como un derecho a la existencia dentro de una comunidad. No sin ironía, dicha comunidad ha declarado y festeja desde hace cinco años, el Día Internacional de la Bisexualidad, eligiendo como fecha para ello, el 23 de septiembre. El 23 de septiembre de 1939 murió S. Freud.  El motivo según ellos es que Freud fue el primer teórico que habló de la bisexualidad. Los discursos y las prácticas sexuales cambian. Nuestra posición, siguiendo la Orientación Lacaniana, como nos enseña Miller, es que el psicoanálisis ha contribuido culturalmente a ello. Una vez afirmado esto, ¿qué podemos decir como psicoanalistas sobre lo que ocurre en el malestar actual?

Podemos recortar que lo que se dice en el discurso común, el discurso de los medios, el discurso de una literatura que parece ir en contra de la función sublimatoria, es que hay un empuje a que los cuerpos gocen en toda ocasión posible sin que incida el amor y sin que medie ninguna elección subjetiva. Parece que asistimos a una fiesta de los partenaires. Se dice que la juventud no confunde la búsqueda de goce con la búsqueda del amor. No confunden pero aspiran a ello. En la subjetividad llamada moderna, no entran en conflicto, sino que muy frecuentemente se encuentra separadas, en disyunción, lo que Freud llamó la corriente tierna y la corriente sensual, o sea, separados el goce del amor.

Hoy asistimos a modificaciones en la constitución subjetiva en la que la función del Ideal del Yo no es la misma, quizás que en la época de Freud. Hay que especificar qué significa caída de los ideales, qué ideales caen y qué modificación a partir de ellos se produce. Mencionemos para verificar algunas variedades de testimonios al respecto: jóvenes adolescentes que se entregan a una carrera casi sin freno de “estar con varios chicos en una noche”, reconociendo que gozan pero que eso no es lo esencial sino que lo esencial es que lo hacen con cada uno esperando o con la expectativa de que se den cuenta que lo hacen por amor. Otros jóvenes adolescentes, en éste caso varones, que se encuentran con un goce con una mujer a partir de ello, la aman. Gozar y hacer gozar con la expectativa de por ello ser amada o amar.  Gozar y luego amar. Mujeres que constituyen una serie con los hombres que salen siempre con la expectativa de encontrar un hombre que sea el Hombre de su vida. Hombres que se apegan poco a las mujeres con las que salen buscando a La mujer de su vida. Casos en los que el amor es una especie de expectativa utópica, un pequeño sueño, una suerte de pequeño ideal, en el que el amor no forma parte de la subjetividad ni es posible subjetivarlo.

Para ir hacia lo que constituyen algunos de los mitos sexuales actuales  y encontrar en ellos la fuente en un discurso del malestar moderno, adelantaremos, como si fuese un programa, lo que el psicoanálisis a descubierto, que como veremos, está muy lejos de lo que es evidente en las prácticas sexuales que alimentan en un discurso la cultura actual.

¿Qué descubrió Freud? No hay coincidencia entre el objeto del deseo, el objeto de la pulsión y el objeto de amor en la constitución subjetiva. ¿Qué consecuencia tiene este descubrimiento para la subjetividad y para los vínculos sociales? Que la pulsión al carecer de un objeto como ser humano, lo que se dice partenaire humano, la pulsión es el verdadero partenaire del sujeto. Esto, el ser humano lo desconoce y ese desconocimiento lo lleva a buscar en un partenaire humano. Lo que ya está en él mismo. La segunda consecuencia es que si el partenaire del sujeto es la pulsión, qué ocurre con el vínculo social?

La tercera consecuencia es que el psicoanálisis debería tener un programa de investigación en el que la clínica del sexo, del amor y del deseo, estuvieran distinguidas por lo menos en las dos clínicas fundamentales: la clínica del hombre, la clínica de la mujer. ¿A qué nos referimos con esto? Nos referimos a los verdaderos impasses neuróticos femeninos y masculinos. Nos referimos a que hay, nos parece, una tendencia en el psicoanálisis a generalizar la problemática del amor, del deseo y del goce tendiendo a unificarlo en un “sujeto único” , cuando la clínica nos indica que no solo cada hombre, cada mujer presenta su problemática, sino que cada uno de ellos nos presenta su clínica singular. Por lo tanto, la clínica psicoanalítica del hombre y de la mujer debe ser revisada a partir de lo que “sirve” uno al otro.

En la páginas 710-711 de “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina” , texto de los Escritos en el que afirma: “El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él”.

Dicho en otros términos también: no todo anhelo de amor es neurótico en sí mismo. Sabemos, o por lo menos creemos saber, que las mujeres en general “sufren” más de la soledad que los hombres, aunque hay muchos hombres que despliegan ese sufrimiento sin tapujos. Colocamos “sufrir” entre paréntesis porque entendemos que también hay que distinguir el “sufrir” del goce del “sufrir” de estructura.

La importancia que tiene para una mujer estar con un hombre no es toda histeria, o toda demanda histérica. Hay un elemento fundamental de la condición femenina: la exigencia del amor es estructural en una mujer, no así la demanda de amor absoluto. Entonces hay una demanda de amor en las mujeres que no es histeria, que necesita de: el estar con un hombre. Necesita no sólo del estar, sino de que el hombre le sirva de relevo, y habrá que ver de qué se trata. Hay que especificar de qué se trata el “relevo”. Por supuesto que están las “mujeres” que no requieren el estar con un hombre, ni de que él le sirva de relevo. También están aquellas histéricas que sufren de la soledad, pero que es la soledad de un hombre en el que sólo quieren ser amadas, deseadas o gozadas, sólo como ellas quieren o aún en ausencia de cualquiera de estas condiciones.

Del lado del hombre, como se comprenderá que también es importante cómo ama y desea. Pero fundamentalmente cómo goza. El goce de un hombre si bien puede ser un goce solitario, es fundamental para una mujer. Hay que especificar en qué. Se percibe que estos rudimentos del amor, del goce y del deseo, constituyen un nudo para las neurosis, para los hombres y las mujeres.

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