Lecturas Políticas

El no-Todo no es abolir la razón. Parte II

Por Pablo Fridman
Publicado en Lectura Lacaniana: 1 febrero, 2013


EL NO-TODO DE LACAN:

Hay hasta aquí varias enunciaciones de la verdad, la verdad toda y total de Descartes que niega aquello que pudiera obturarla (a pesar que sostiene desde el inicio que los sentidos y la intuición puede engañar), la que se opone a esa totalidad en Foucault en tanto señala su falla permanentemente…, y la que se enuncia como oculta y presente hasta en los límites de la insensatez. No es aleatorio que Descartes parta del hecho de dudar de sus percepciones y que Foucault se afirme en su certeza de la sinrazón. En muchas oportunidades lo que se pretende como un “ser liberador” puede enunciarse como una verdad sin fallas, con la exigencia consiguiente del sometimiento incondicional a esta verdad. La autoridad despótica de la sinrazón.

Jacques Lacan ha titulado a uno de sus escritos mas importantes “La Instancia de la Letra o La Razón desde Freud”. Hay una razón desde Freud…, se trata entonces de enunciarla y fundamentarla de forma tal, que no pueda ser formulada como una verdad dogmática vacía.

Lacan llama no-todo a la lógica implícita en el planteo freudiano de la verdad, en la medida en que se refiere a una verdad que podría emerger. Ésto no es meramente una denominación sino que es la formalización lógica (en el plano psicoanalítico), que permitirá operar en las coordenadas de la experiencia propia del psicoanálisis. Experiencia cuyas consecuencias en la cultura trascienden la práctica clínica que le es inherente.

Lacan es categórico en ésta temática, y sostiene en toda su obra que la verdad del psicoanálisis es no-toda, no se puede decir toda y aspira a lo real. Se trata aquí de una nueva razón en juego. La razón que resulta de la afirmación de que el sujeto barrado es respuesta de un Otro  estructurado en relación a una carencia fundamental, instituyente. El sujeto humano, por el solo hecho de ser sujeto es carente (Freud lo llama “prematuro biológico”, pero éste no es un problema que se resuelva con el nacimiento, sino que ahí recién empieza).

¿Qué es el no-todo, entonces?. Es la presentificación de una negatividad, pero no en el sentido de opuesto a una positividad, como podría ser perfectamente la positividad del Todo en tanto Unidad, sino en el sentido más radical, una negatividad absoluta. Decir ésto equivale a que esa presencia debería ser precisada y demarcada con límites muy rigurosos dado el riesgo de hacer de eso una inmanencia que abra paso a esoterismos de toda índole. No es así: el no-todo deberá poder ser señalado en toda su especificidad, que no es otra que la propia práctica del psicoanálisis y sus consecuencias en la cultura. En el no-todo se instaura una serie que nunca podrá completarse. No es una cuestión menor que Lacan haya formulado esta adscripción al no-todo a la verdad, pero también a la condición discursiva femenina, al lugar de la mujer. No se trata de una pertenencia anatómica, sino de la ubicación de la mujer en la lógica de la sexuación, que establece las diferencias estructurales entre lo femenino y lo masculino, entre la posición discursiva del no-todo y el todo en una imposibilidad de complementarse mutuamente.

Lo que no advierten Descartes y Foucault es que la verdadera eficacia de la razón es precisamente su costado insensato, arbitrario, por el cual la verdadera razón de la ley es que la ley es fallida. La obediencia a la ley se da no por su racionalidad y ecuanimidad, sino por el hecho de que está allí para ser cumplida, en su aspecto absolutamente arbitrario y necio. El verdadero poder de la ley es ese aspecto enigmático, incoercible, donde en su fundamento la ley se sostiene por sí misma en una pura arbitrariedad.

Se trata entonces de la radicalización del planteo de Hegel de la presencia de la negatividad en toda positividad, porque el inconciente se presenta como escisión y la pulsión es una presencia muda imposible de vehiculizar por completo con las palabras. No se trata de lo que no hay, sino de lo que hay en tanto vacío, en tanto carencia, es la presencia del Uno de la emergencia de lo imposible y que pone la negatividad en el interior mismo de la positividad supuesta. No se trata de la oposición a lo conciente, como se ha tratado de transmitir oponiendo manifiesto y latente, sino que todo discurso lleva las trazas de su ausencia. No se trata, entonces del juego de atracción y repulsión de parámetros contrarios, ésto significaría la equiparación del vacío con el todo, y olvidar que el todo es una respuesta fallida al vacío. De allí los esfuerzos del todo por suturar la carencia y el fracaso permanente que tal tarea produce.

Este carácter de imposible es el que necesita una consideración particular, dado que es el fundamento de lo que Lacan llama lo real. Eso imposible no es lo que no tiene lugar en la realidad… como por ejemplo ser inmortal…, volar para los seres humanos…, etc.; sino que implica lo imposible en tanto lo que trasciende el plano de la realidad y a la representación, a punto tal que es un imposible de decir y de imaginar. Lo imposible de la muerte no es la cesación efectiva y comprobable del impulso inefable que llamamos vida, sino lo que de la muerte no se puede decir y sin embargo ella transporta.

Lo imposible es a tal grado que no se puede ejemplificar. Solo se puede señalar y nombrar, bordear en su emergencia lógica. Ésta es la dimensión de la pulsión (a la que Freud llamaba el “mito” del psicoanálisis), que Hegel ha expulsado de la filosofía, la dimensión de lo innombrable, lo que se resiste radicalmente a su inclusión en el campo de la palabra. Aquello que solo se puede demarcar, delimitar, con la certeza de que escapará siempre a ser tomado completamente por el campo de la palabra.

Es importante destacar lo alejado que se encuentra de la experiencia de lo aprehensible por los sentidos, el concepto de no-todo y simultáneamente lo comprobable de su existencia en la “vida cotidiana” (al decir de Freud). Ésta imposibilidad de la completud en tanto presencia es lo que Lacan ha cifrado (nombrado) en lo que llama “objeto a”. De tal manera que el Uno de la totalidad mas el objeto a, nunca podrían conformar una nueva unidad. El objeto a, por adición y sustracción simultánea es lo que descompleta el Uno, de tal forma que con lo que se trabaja y produce en psicoanálisis es con una unidad fallida (Por Ejemplo: la castración, el inconciente, el malestar en la cultura, etc..).

El no-todo es una nueva razón, la de la verdad como no-toda. No es la razón de Descartes, tampoco es la sinrazón de Foucault, es lo que hace a la condición fundamental al ser hablante, un punto de carencia que es inaugural y que lo determina… No es otro el descubrimiento de Freud, el ser humano es y no es dueño de sí, y en eso discurre su existencia.

Hay otra diferencia importante entre el planteo de Descartes y Foucault por un lado, y el de Freud y Lacan por otro: es que el enunciado del no-todo surge de la singularidad irrepetible de un sujeto singular. Lo que determina que no se trata solamente de un enunciado teórico, o de una postura de valor moral, como podría ser la de la introspección filosófica. Se trata del resultado de una experiencia determinada, irrepetible…,  que desnuda el no-todo de la verdad singular de alguien. Esta distinción resignifica el planteo general en cuanto a la verdad en juego en Descartes y Foucault y la innovación que significa, incluso para las propias formulaciones filosóficas, del hallazgo del psicoanálisis. Al mismo tiempo ésto precipita en lo indemostrable en el consenso colectivo de la dimensión de la diferencia absoluta, que se instaura no como un defecto sino como una consecuencia del resultado, casi un punto de llegada que es simultáneamente un punto de partida…, sin caer con ello en una arbitrariedad al estilo de “todo puede ser, cualquier cosa puede decirse o argumentarse, no importan los fundamentos”.

Esta nueva razón es, por definición, imposible de idealizar; ya que conlleva en sí misma su propia negatividad. Lo que significa que el no-todo en su propia enunciación lleva las trazas de la falta. Esto incompatibiliza radicalmente al psicoanálisis con alguna forma de neo-religión o partidismo ideológico. Es una razón que no funda un racionalismo (como corriente ideológica), porque no puede nunca constituirse en sistema, porque su presencia se extrae de la experiencia clínica y vale solo para cada caso singular, en cada psicoanálisis, en cada trayectoria, en cada sujeto.

 

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