Lecturas Culturales

“Funes, el memorioso”

Publicado en Lectura Lacaniana: 2 febrero, 2013


“FUNES, el memorioso”

Un debate literario y psicoanalítico sobre el personaje de Jorge Luis Borges.

 

Referencias:

S- Silvia Hopenhayn

LC- Luis Chitarroni

CDG- Carlos Dante Gracia

 

PRIMERA PARTE (de tres)

Presentación

¿Cómo hablar de alguien que no vivió? ¿O cómo existe alguien nacido de la imaginación de un escritor? Esa es la primera propuesta de estos encuentros en la Casa de la Cultura: apelar a la vida de las palabras, al particularísimo modo de existir de los personajes literarios, que suelen condensar rasgos humanos inmersos en el lenguaje.

 

En este caso se trata de Funes el memorioso, de Jorge Luis Borges que, según el autor, encarna una metáfora del insomnio. Pero ¿es realmente así? ¿Quién es Funes, cuyo destino funesto –quizá trágico-  nos embarca en preguntas tan bellas como específicas?

Precisamente, en un intento de cruzar belleza narrativa con especificidad psicoanalítica, junto a Luis Chitarroni (escritor y editor) y Carlos Dante García (psicoanalista), vamos a ingresar en el mundo inmemorial de Funes, que como bien distingue CDG, da cuenta de una “memoria sin recuerdos”.

S.H.

S-. Muy buenas noches, se ve que nadie se olvidó de venir hoy aquí…el problema con el personaje de Funes, el memorioso, es que uno se vuelve un poco reiterativo en las metáforas y en las alusiones, entonces, seguramente se repiten los chistes con respecto al olvido. Pero, bueno, todos nos acordamos de venir, probablemente nos olvidamos de todo lo que queríamos decir, así que, por suerte, vamos a decir otra cosa. Hoy, realmente es un momento divertido y al mismo tiempo eterno, infinito. Divertido por varios motivos, primero porque estamos en primavera y me divierte que las flores se empiecen a abrir, pero, sobre todo porque es un cuento que tiene un humor trágico, y quienes están aquí hoy, para hablar de Funes, pueden brindar abordajes distintos que se encuentran en lugares inesperados. Les recuerdo que este año estamos, ya no entrevistando a las personas y sus producciones, sino a sus lecturas, como leen los invitados a los que son los protagonistas de este encuentro que son los personajes de la literatura argentina. O sea que, en esta Casa de la Cultura, lo que estamos tratando de hacer es conocer a los personajes de nuestra ficción para ver si esos personajes de la ficción argentina nos dicen algo más de nosotros que la mundana realidad a la que, supuestamente, pertenecemos. Ya nos referimos a Alejandra de Sábato, Silvio Astier, de Roberto Arlt. Estuvo también Sebregondi, de Lamborghini, Amalia, de José Mármol… Hoy le toca a Funes el memorioso, de Borges. Y contamos con dos entradas, una literaria o personal, y otra psicoanalítica o personal.

Luis Chitarroni desde el abordaje literario, si se puede decir así, porque en realidad la propuesta de encontrarnos con personajes es múltiple. Luis Chitarroni es escritor, editor, traductor. Tiene distintos tipos de libros pero en lo inmediato “El Carapálida”, “Peripecias del No”. ¿Qué diría Funes de tus “Peripecias del No”?… ¿Lo recordaría?

LC- Supongo que no cometería el error de recordarlo.

(Risas)

S- Ya empiezan los chistes. Chitarroni es el actual editor de La Bestia Equilátera, justamente una editorial que está proponiendo nuevas sendas para los libros.  Y está con nosotros Carlos Dante García, psicoanalista, autor, coautor del libro “A quién mata el asesino”, con otros libros inéditos y uno en particular que tiene que ver con “Funes el Memorioso”, que es un libro sobre el tiempo, a partir de un seminario que dictó en la EOL sobre ese tema, pero hay otros que también se conectan con Funes. Participó en la creación de la revista “Qué será”, que esto es muy importante y que sigue siéndolo como referencia del psicoanálisis.

Y aquí estamos, todos juntos, para hablar de este hermoso personaje. Yo quería empezar por lo que dice Borges. A veces, no necesariamente lo que un autor dice de su obra es su obra. Es como hablar sobre el propio hijo, en general, uno se equivoca cuando lo evalúa, y un artista que juzga su obra, en este caso Borges, quizás establezca más una prevención más que una evaluación. Para Borges “Funes el Memorioso” es una metáfora del insomnio.

LC: Sí, tenés razón. Yo no sé si… Creo recordar… (Risas), que lo que él dice es que escribirlo le sirvió para curarse el insomnio, por lo tanto hace como un trampolín, o hace como una especie de desplazamiento, de metonimia, y, por lo tanto, como le curó el insomnio, es una metáfora del insomnio, pero no sé si yo le creería a pie juntillas. A mí me parece que el cuento tampoco es sobre la memoria, es sobre la percepción. Es sobre cómo percibe el mundo una persona que está condenada a memorizarlo y, entonces, una de las cosas que él dice, empieza diciendo que él no puede recordar, porque la única persona que puede recordar es Ireneo Funes.

S- El narrador.

LC- El narrador dice… Y es curioso porque ahí también hace una estrategia extraña Borges, por lo que cuenta de Funes el narrador tiene que ser mayor que el propio Borges. Y dice que lo convocan porque, como él conoció a Funes, están haciendo una especie de trabajo antológico sobre Funes el memorioso a quien consideran una especie de Zarathustra cimarrón, es decir un super hombre.

Mucho después, y aunque Borges muchas veces borra, muy deliberadamente, el modelo de sus cuentos, encontré un cuento de Chesterton, que se llama “Cómo encontré el super hombre”, que es muy parecido a Funes. Porque el super hombre, de acuerdo con la visón católica de Chesterton, es casi un desfalleciente, es un ser muy débil, en el fondo, es un falso super hombre, y en Funes también vemos que en el momento en que él adquiere esa memoria prodigiosa sufre un accidente que lo deja inválido, por lo tanto sólo le queda recordar.

S- Sí, igualmente antes…

LC– Antes tenía una memoria prodigiosa también.

S- Antes tenía un timing.

LC: Claro. Exacto. Más que memoria él sabía…

– Tenía una cierta precisión respecto de las horas, no tanto del tiempo.

LC-  Claro. Del transcurso del tiempo.

CDG- Yo quería agregar algo de cómo leo el texto, quería agradecer

la invitación porque lo volví a leer, lo había leído, creo que había sido, si mal no recuerdo en mil novecientos ochenta y cinco…

(Risas) Tengo las notas agregadas al margen con las fechas, digamos. Dado que el libro que tengo es del ochenta y uno, me lo regalaron. Y yo divido la lectura, lo que leo de Funes, que el narrador es el que recuerda y es un testimonio, él lo dice así y marca una y otra vez que el recuerdo está del lado de él; y el recuerdo es siempre lagunar, impreciso.

LC-  Es todo lo contrario a la memoria.

CDG- Es todo lo contrario a la memoria que tiene Funes, en cambio, Funes encarna una memoria muy particular, que es una memoria sin recuerdos. Entonces, el contrapunto que yo hago de la lectura, por lo menos ciñéndome a lo que está en el texto es que Funes es una voz con memoria, es una voz con memoria, y en cambio el narrador, creo que hace un comentario, me parece que marca el estilo del narrador, que es el estilo indirecto, dice que no va a seguir un estilo directo, en la literatura esto es muy importante. El estilo indirecto incluye la palabra propia de aquel que recuerda o que relata o que testimonia y ese estilo indirecto dice que va a incluir algo más que su propia palabra en lugar de la palabra de Funes. Entonces podemos hacer un contraste, me parece a mí, entre el recuerdo del lado del lado del narrador y la memoria del lado de Funes.

S- Bueno, la voz está muy bien como elemento, porque es precisamente el contacto que tiene el narrador cuando se encuentra con Funes.

Les cuento brevemente para aquellos que lo leyeron en mil nueve ochenta y cinco y no tuvieron la oportunidad de leerlo para hoy, que la historia comienza efectivamente con un narrador que recuerda y, no sólo eso, como dice Carlos, sino que recuerda en la primera página, en el primer párrafo, yo tenía subrayado por lo menos cuatro veces la palabra “recuerdo”, “recuerdo”, “recuerdo”, como si fuera incluso una escansión, un ritmo narrativo, el del “recuerdo”.

CDG- Pero la primera vez ya hace la salvedad parentética: -“Recuerdo, pero…”

S- -“Pero no tengo derecho”.

CDG- Iba a decir y a utilizar la palabra sagrada que es una dimensión también: ¿por qué el recuerdo es una palabra sagrada?, es un tema interesante…

S-Y además dice: -“recuerdo”-, y entre paréntesis dice: -“creo, creo recordar”.

Entonces el recuerdo incluye la duda a cerca de lo que realmente fue la vivencia, esa especie de velo. Entonces, él va a dar testimonio, es un testimonio sobre cómo conoció cómo se encontró, fugazmente, con Funes. Estas son las vacaciones del protagonista, del narrador, donde va a la casa de un amigo y, de pronto, en una especie de tormenta que está descripta de una manera maravillosa, aparece Funes y le pregunta el amigo si sabe la hora. Entonces, sabe exactamente la hora, y simplemente le da la hora, lo que escucha el narrador es la hora de Funes.

LC- Un agregado, le dice joven Bernardo Juan Francisco, le sabe todo el nombre.

S- Así es, le sabe el nombre completo.

LC- Puede ser el nombre del primo de Borges que invoca, él agrega el nombre completo del compañero de Borges, que creo, éste dice que es un primo.

S- Sí, además San Francisco era un lugar dónde iban. Sigo con el cuento: la segunda vez que el narrador se encuentra con Funes es de una manera muy particular, porque él va de vacaciones nuevamente a Fray Bentos, lleva unos cuantos libros en latín, La Historia Natural, de Plinio y otros más y allí se entera Funes de que este personaje, el narrador tiene ese tesoro en sus manos, se los manda pedir, con un diccionario, porque, justamente, después nos vamos a enterar de la forma devoradora de aprehender un idioma que tenía Funes, quería saber latín, o sea, quería tener más palabras, después vamos a ver qué hacía con las palabras, -ese también es un tema interesante-, y se lo presta, no lo ve en ese momento, le llegan los libros del narrador. Luego el narrador recibe un telegrama, que su padre está bastante enfermo y es muy irónica la forma en que responde a ese telegrama, casi un juego dramático, de sentirse mal…

LC: Leélo porque es buenísimo eso, es como la impostación que uno hace de una especie de dolor hiperbólico ¿no?

S- Me hace acordar esta impostación que hace del drama, a Madame Bovary, es exactamente lo que hace Madame Bovary cuando muere su madre. Veamos en Borges: “El catorce de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires, que volviera inmediatamente porque mi padre no estaba nada bien. Dios me perdone. El prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio advervio, la tentación de dramatizar mi dolor fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor.”

Entonces tiene que acudir, volver, digamos, a Buenos Aires a ver a su padre, pero recuerda el préstamo a Funes, y se propone  antes de irse buscar su libro, y ese es el momento, el pequeño momento, en realidad es un instante, es como una especie de “contra Aleph”, en el que el narrador va a buscar su libro, de Historia Natural de Plinio y va a encontrarse con la voz de Ireneo, en una especie de oscuridad muy rara y es el momento donde Borges escribe, o el narrador escribe, cuando llega a encontrarse con Funes en esa segunda ocasión: “Arribo, ahora, al más difícil punto de mi relato”.

LC- La misma advertencia hace en El Aleph.

S-La misma advertencia, la tengo a mano, en el Aleph dice, en la mitad del cuento, miren que interesante esto: -“Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato”. Así que en los dos relatos, digamos, nos agarra del cuello y nos dice. –“Ahora”. Y ahí es cuando aparece esa memoria sin recuerdos. Lo conté así, rápidamente, para que lo tengan presente.

LC- Creo que arriba, efectivamente al momento más importante del relato porque, tanto en este cuento como en el Aleph él, Borges, el narrador, tiene un instrumento que sirve para la sucesión, y acá se encuentra con esta memoria, absoluta, que como bien decía Carlos, es una voz.

Es una voz… Creo que las intervenciones de Funes son tres, nada más, son tres frases, las intervenciones directas: “Más memoria tengo yo que el resto de la humanidad”, “Mi memoria es un vaciadero de desperdicios”… Creo que muy pocos personajes dicen tan poco en un cuento… Me acuerdo ahora de Bartleby que dice nada más que dos frases, dice: -“Preferiría no serlo-” y después dice al final: -“Sé perfectamente donde estoy”. Pero esta economía que es una economía terca, es de un valor literario inmenso porque esas frases son como latigazos en nuestra memoria y son las únicas que enuncian, las únicas que son vocales, todas las demás están referidas indirectamente.

CDG-Yo me preguntaba, estuve considerado, tratando de encontrar una respuesta, para mí mismo, de por qué el personaje es ubicado por Borges en la oscuridad y por momentos, momentos del relato donde no queda situada la fuente de la voz, la voz es la voz, no es Funes el que habla, es la voz, como se dice en dos oportunidades, y digamos, trabajando otra cuestión que tiene que ver con  la historia de la lectura, dado que el trabajo en la historia de medios sobre la lectura, lacaniana y sobre la lectura del psicoanálisis, recordé que, y esto no lo debería quizá desconocer Borges, que los pitagóricos enseñaban así, los pitagóricos, por eso se los llamaba acusmáticos, los pitagóricos se colocaban una cortina como esta y los discípulos se colocaban detrás de las cortinas, y acusmáticos quiere decir que no se conoce la fuente de la voz, y el maestro enseñaba detrás de la cortina a través de la voz, nada más. Porque me hizo recordar, vos, cuando decías recién que cuanto más se repite el peso de ciertas palabras más queda grabado en la memoria, y esa función tenía el que sólo se escuchara la voz. Entonces, me parece que es una paradoja, que al mismo tiempo se da una economía de las palabras, y al mismo tiempo sólo quede la voz, también.

S- Claro!

LC-  Lo de los pitagóricos es fantástico.

CDG- Los pitagóricos enseñaban así, y eso no lo debía desconocer Borges por el gran conocimiento que tenía de las sectas. Absolutamente. Un gran conocimiento y una gran curiosidad.

LC- Un gran conocimiento y una gran curiosidad (Risas). Y porque, Funes, de alguna manera es como presocrático, al tener este tipo de experiencia y tratar de transmitirla, un poco como han quedado los presocráticos sólo en fragmentos ínfimos, que uno los tiene que reconstruir e interpretar.Porque cuando uno ve Heráclito, qué es lo que quedó de Heráclito, son sintagmas con puntos suspensivos, ¿no?

Me estaba acordando de otro personaje que es una voz fundamental, que es Kurtz, el personaje de Corazón en la Oscuridad, de Conrad, del que queda, y lo expresó muy bien en la película Coppola, esas palabras que él dice que son el horror.

S- Ahora, ya que hablamos y nos remontamos a aquellos tiempos, hay una forma que tiene el narrador de calificar  la percepción de Funes, que es justamente que Funes no tiene capacidad platónica.

LC- No tiene capacidad de abstraer…

S- No tiene capacidad de abstraer, no tiene capacidad de generalizar. Funes sólo atiende al detalle. Acumulación de detalles. Como si fuera una especie de acumulación, por eso la famosa frase de este cuento es que Funes requería de un día para recordar el día, porque como lo recordaba todo y el recuerdo le ocupaba el día vivido, se tomaba otro día de recuerdo. Entonces, la pregunta también es esto: ¿qué es pensar a diferencia de acumular recuerdos o habitar en la memoria?

CDG- Bueno, hay una, un sesgo que tiene el cuento que es importante para el psicoanálisis, que no es la cuestión exactamente de la memoria, sino, este sesgo particular que es la relación que Funes tiene, como personaje, con el detalle  y lo que dice respecto del perro, no sé si lo recuerdan…

S- Recordalo, por las dudas…

CDG- “No es el mismo perro el de tal hora a tal otra hora” y a él le incomodaba que se utilice la misma palabra para designar a ambos perros, “perro”, “perro”.

LC-Y ahí desarrolló ese sistema, absolutamente loco, de enumeración, porque, como es una memoria infinita un número puede tener cualquier nombre; no es un sistema en sí mismo, sino una larga enumeración de nombres que recuerda en ese orden: el número tres puede decirse “Máximo Pérez”.

CDG- En ese sentido era Pitagórico el sistema que a él se le ocurre pero ¿a quiénes les incomoda la palabra que pueda generalizar?: a los nominalistas. Digamos, los nominalistas consideran que la palabra tendría que tener precisión respecto a lo más particular de aquello que designa, y para el psicoanálisis, justamente, como nosotros en la práctica psicoanalítica operamos, cuando la práctica está convenientemente orientada, tomando en cuenta exactamente lo que dice Funes, tratando de localizar el detalle que particulariza a un perro visto de un lado distinto del perro visto de otro lado, entonces, de dos pacientes que hablan del mismo perro cada uno habla del perro en forma particular. Es el primer camino para poder acercamos a lo que sería la noción o la idea de sujeto: el sujeto es aquello que no forma parte del todo de la clasificación. Y es lo que  de alguna manera  dice Funes.

S- ¡Qué interesante!

LC- La otra cosa es que es la abolición del resto diurno… Porque al recordar todo, no podría soñar un resto diurno, soñaría la totalidad de la realidad…

S-Claro, pero es interesante lo que decís, porque la cuestión del perro, que lo voy a leer, a ver si lo encuentro, es cuando ya empieza a enumerar sus problemas. Dice: -“No sólo le constaba comprender que el símbolo genérico “perro” abarcara  tanto individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce, visto de perfil, tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto visto de frente.” Hay un detalle que sigue a eso, yo no sabía que seguía en la misma frase, porque tiene que ver con tu lectura, también: “-Su propia cara”-, la de Funes, -“su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez”.

O sea, tampoco la palabra cara de sí mismo, era la cara de sí mismo de cada minuto. Ahora es también un sistema, él lo enuncia como dos proyectos, en el cuento está enunciado como: “Funes tenía dos proyectos”, uno tiene que ver con el sistema numérico, el vocabulario infinito, pero lo que es muy divertido es que solamente le pone Máximo Pérez al número trescientos no sé cuanto, que él incluso pone nombres de primas,  a mi prima le puedo dar el nombre tres mil quinientos, sino que después hace eso, Borges tiene eso que va por más, y termina diciendo: -“Y por qué en lugar de quinientos…”, a quinientos lo quiso llamar “nueve”…

LC- El nombre de otro número.

S- Claro, ya que se puede todos vamos a usar otro número para usarlo de nombre. En cuanto a la frase la memoria es un vaciadero de basura, que además es dicho por Funes, es una especie de queja…

LC- -“Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basura”.

CDG- Para mí es una manera de nombrar las vías por donde pasan los restos, si es un vaciadero quiere decir que es una vía, un camino, pero en él no se transformaban los detalles en basura…

Ahí parece que hay una especie de contradicción o paradoja que no se cómo resolverla, pero él, la basura, no puede fragmentarla, no queda como resto. Los recuerdos son siempre fragmentarios y se descomponen las palabras, en él eran cuatro detalles muy particulares, semejante a como funciona la memoria en algunos casos de autismo, en la cual lo que perciben inmediatamente lo recuerdan al detalle, hay muchas películas con personajes  que recuerdan cifras que tienen muchísimos números  y sin embargo las recuerdan al detalle.

LC- Cierto, como Rain man…

CDG- Es una memoria muy particular si a los personajes los asemejamos a cierta condición subjetiva de la existencia, porque, lo que nos interesa es qué nos puede enseñar este personaje respecto de las condiciones subjetivas. Entonces, en ese sentido se asemeja a algo de eso, en el cual no hay resto.

S- Ahora, Luis dijo algo, al principio, que éste más que un cuento sobre la memoria era un cuento sobre la percepción, que precisamente está, en estos detalles, Carlos quizá lo diga con un personaje que podría ser autista, recordarlo todo, pero acá está incluido, me parce interesante, no sólo el objeto, o la vivencia, o el perro, sino la percepción que tuvo él de eso que vio.

LC- Claro.

S- Entonces, no sólo se trata de recordar eso, que está ahí afuera, sino…

CDG- Te diría que no es recordar, es memorizar. La percepción es memorización, el recuerdo esta del otro lado, es siempre lagunar, está del lado del que relata. El recuerdo, como todo aquel que pasa por la experiencia del recuerdo, es siempre lagunar, imperfecto, por eso se llama “Recuerdos Encubridores” el texto más importante de Freud, que siempre los recuerdos son construcciones, distorsiones , en cambio en el personaje de Funes no aparece la posibilidad de recordar, en ningún momento aparece el término “recuerdo” del lado de Funes, ¿no?

LC- Me acuerdo de Beckett hablando de Fritz Mauthner, Beckett hablando de Fritz Mauthner dice: -“Fritz era un hombre de muy mala memoria, estaba lleno de recuerdos” (Risas).  La otra cosa es la tercera frase de Funes: “Mis sueños son como la memoria de ustedes”.

Dice: “mi memoria es como un vaciadero de basuras”, “más memoria tengo yo que…”, y la otra es “mis sueños”, los de Funes, “son como la memoria de ustedes”; dormía poco, por eso es también  como una especie de parábola del insomnio, pero había rachas de sueño y en esos sueños lo que él tenía era como nuestra memoria diurna, con nosotros despiertos. Porque Funes se jacta de que no perdió nada él, quedándose inválido, él es un super hombre, entonces dice “más memoria tengo yo que el resto de la humanidad” y “mis sueños son como la memoria de ustedes”.

S- Sí, supuestamente él está feliz y contento en esa oscuridad, es como una especie de pantalla en la que va proyectando. Ahora, es cierto, con respecto a lo que el propio Borges calificó como metáfora del insomnio, que hay momentos en el cuento donde se dice que “le era muy difícil dormir”, y luego: “dormir es  distraerse del mundo”, o sea que es olvidar…

LC- Bueno, quienes conocemos el insomnio… Sabemos que es una invasión de mundo o de recuerdos, que impide esa enorme distensión, ese relajamiento, ese pasaje; nosotros tenemos esa memoria de sueños que nos atribuye Funes, ese mazacote, esa especie de galaxia de realidad.

S- Ahora, es raro este cuento hoy en día. Me gustaría ubicarlo en una lectura actual. Muchas ficciones que se generan incluso desde el relato cinematográfico, que buscan otra cosa, que buscan la memoria corta los efectos del olvido, absolutamente lo contrario, o sea, la intriga y el suspenso e incluso el marketing está del lado del olvido, o del lado de la memoria corta, del lado de la laguna…

LC- Incluso los  géneros literarios, como el policial, están de ese lado, no habría nada… No habría nada artístico en la memoria. Habría esa especie de solidez devastadora.

CDG- Hay un personaje, que lo tengo por acá, lo voy a mencionar, que quizá algunos conozcan… es un hombre… Gordon Bell, un médico inglés que le propuso a Microsoft grabar toda y cada instante de su vida, para que no cupiera ninguna posibilidad de olvido de nada de lo que hacía, entonces utiliza a Microsoft, porque utiliza el experimento de registrar todo, lo menciono porque es el sueño, en un  cierto sentido de la ciencia moderna, la ciencia actual, que es que los aparatos puedan registrar todo, absolutamente todo, entonces, en ese sentido, Funes sería la metáfora de un aparato registrador producto de la ciencia, metafóricamente un IPod ¿ no?, pero con el sueño de poder registrar todo. En ese sentido también podemos decir que lo que manifiesta Funes es parte del sueño de la ciencia moderna.

S- Del registro…

CDG- Del registro absoluto de todo sin que haya pérdida. Esto me llevó a pensar que era una época en la que no había fonógrafo ni posibilidad de registrarlo, y él registraba todo al mismo tiempo.

LC- Creo que lo dice en un momento que no había cinemascope… Vamos a buscar la frase.  Dice: -“Esas cosas que me dijo ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos, y sin embargo inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes.”

 

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