Revista Lectura Lacaniana Número: III
Lecturas Científicas

El número en la ciencia y en el psicoanálisis - Parte II

Por Marco  Focchi
Publicado en Lectura Lacaniana: 31 diciembre, 2012


Letra 

Como lo hemos dicho, la escritura introducida por Lacan en el psicoanálisis es menos ascética que la científica. La letra se purifica de lo imaginario pero no hay ascetismo del goce y no se torna así un índice. Esto no permite integrar la letra como signo de goce al imperio de lo calculable. Si la condición de la potencia operatoria de la matemática es la función incorpórea y la cifra más allá del goce, la letra como índice del goce se vuelve un punto de impasse. La letra -para Lacan- no sirve a la certeza y el cálculo, pero abre más bien a la dimensión de la sorpresa, la invención, la creación.

Lacan se refiere a la creación en un modo que no toma exactamente el sentido bíblico. En la reseña del seminario …ou pire escribe: “Esta creación no podía producirse más que por una cierta tradición de la Escritura (notar la E mayúscula), cuya articulación con lo que ella enuncia de la creación queda por sondear”[12].

Lo que le interesa a Lacan en la Escritura con mayúscula no es la referencia a la religión sino a la creación a partir de nada, la indicación de un vacío en el que aparecen o del cual provienen las cosas. La creación, tradicionalmente, va junto a la destrucción y el punto de conjunción entre el concepto bíblico de ex-nihilo y el psicoanálisis es la pulsión de muerte.

No es necesario hacer la hipótesis de un agente destinado a la creación y a la destrucción, on n´a plus besoin de cette hypothèse. Es un vacío, una discontinuidad marcada por el significante la que turba la naturaleza del ser hablante. Es un desgarro en lo imaginario del hombre -la famosa prematuración del nacimiento de Louis Bolk, a la cual Lacan recurre aún en la última fase de su enseñanza- que le impide ser guiado por los instintos como cualquier animal. La desorganización de los instintos que el lenguaje produce en el hombre lo hace algo diferente de un ser simplemente natural que obedece a reglas naturales, descifrables a través de la lengua en la que se escribe el libro de la naturaleza.

 

La repetición como aproximación a lo real 

Lo real en el ser hablante no se puede atrapar, ni siquiera aproximar, por la vía del cálculo. Existe, no obstante, un modo de aproximarse a lo real que no es por la reiteración computacional algorítmica. Es una aproximación que se acerca por fallar siempre su objetivo y que, a diferencia del cálculo, no gira entorno al objeto idéntico a sí mismo como un número real sino alrededor de algo decididamente más inaprensible. La repetición precisamente no es una ley natural y conduce invariablemente al punto de sustracción del goce originario que siempre busca y siempre yerra, girando en torno al vacío sobre el cual se funda el deseo. Este vacío, que no es congruente con el número aplicado a modo de cálculo,  es delimitado por la letra, como Lacan lo aclara en “Lituratierra”: “El borde del agujero en el saber ¿no es eso lo que ella dibuja?¿…cómo podría negar que ese fuese, ese agujero, por lo que al colmarlo apela a invocar allí el goce” [13].

El punto relevante entonces es ver cómo Lacan, a través de la consideración del número, define una aserción que, podemos decir, tiene un valor universal: la inaccesibilidad del goce del Otro, por lo cual no hay relación sexual.

Aunque esta afirmación tiene un valor universal no lleva sin embargo al psicoanálisis al dominio de la ciencia porque no tiene carácter operativo, es simplemente la constatación de un dato inmodificable: la inexistencia de la relación sexual no puede ser tratada.

Por otro lado, en la medida en la que las condiciones singulares del goce se definen por una escritura, se puede pensar en un tratamiento de la pulsión a partir de la letra, porque ésta convoca la repetición en el agujero del saber para evocar allí el goce. En torno a la letra nos encontramos en un punto de absoluta singularidad, donde la solución se revela específica para cada uno, sea en una sublimación, en una realización, en una praxis, en una relación o en todo aquello que se quisiera introducir.

 

Del libro de la naturaleza al otro libro 

La letra en este sentido no está escrita en el libro de la naturaleza, sino en otro libro ¿Cual? La mejor idea de este otro libro la da Marcel Proust al término de su Recherche, cuando se refiere al tiempo reencontrado: “En cuanto al libro interior de signos desconocidos (de signos en relieve, parecía, que mi atención, explorando el inconsciente, iba a buscar, chocaba, rodeaba, como un submarinista que sondea), para cuya lectura nadie podía ayudarme con ninguna regla, esa lectura consistía en un acto de creación en el que nadie puede suplirnos, ni siquiera colaborar con nosotros. De este modo ¡Cuántos se alejan de la escritura! [14].

¿Qué son los signos de los que habla Proust sino los signos de una diferencia que revelan una cualidad esencial, una cualidad última? Esta “diferencia cualitativa -escribe Proust- que si no fuera por el arte, permanecería en el eterno secreto de cada uno”. El signo sobre el cuerpo, el síntoma, la letra, el borde de la zona erógena, el tatuaje, la escarificación, la sentencia inscripta en la carne en la colonia penal kafkiana, no tienen un carácter referencial, no reenvían a otra cosa, sino que marcan en sí la diferencia, la cualidad única del goce para el sujeto.

La diferencia lleva al aspecto cualitativo del goce y la repetición no hace más que retornar al punto de su sustracción. Según Proust, sólo el arte es capaz de hacernos sentir este goce, porque expone la íntima, y de otro modo impenetrable, individualidad del artista.

Por eso el arte puede repetirse sin que nos aburra, como lo nota Deleuze [15], y podemos sentir y volver a sentir una música que nos apasiona, leer y releer una poesía que nos encanta sin cansarnos, porque esas repeticiones animan los signos que nos llevan al borde de una diferencia en donde algo aparece sólo para sustraerse, sustraerse de nuevo, y cada vez aún.

Veamos en este punto la importancia de la articulación entre el número y la letra tal como se puede encontrar en Lacan. Los dos aspectos que aísla de la teoría de los números como importantes para el psicoanálisis son, habíamos dicho, el cero de la numeración de Frege como concepto de lo no idéntico consigo mismo, sobre la cual apoya la noción de sujeto, y el concepto de cardinal inaccesible, a través del cual muestra la inaccesibilidad de la mujer.

Ambos son modos de formalizar la inexistencia. Se trata de la inexistencia de una sustancia-sujeto en el primer caso y de la inexistencia de la relación sexual en el segundo.

 

Enumerar el goce 

En su intento de fundación lógica, Frege define el número como la extensión de un concepto. Y, si cero es el concepto bajo el cual no cae nada, uno es el concepto cuya extensión es cero ¿Como traduce Lacan todo esto? Diciendo que Frege adquiere para nosotros la preciosa idea de un significante de la inexistencia. Señalando el cero Frege, en efecto, nombra lo que no existe. Él formula así el significante como el significante de la inexistencia.

Podemos considerar en este punto la interesante oscilación que aparece en Lacan entre número y letra, porque si consideramos la definición de letra como borde del agujero -definición dada en “Lituratierra” un año antes de …ou pire- no podemos ignorar la afinidad que tiene este modo de caracterizar la letra con la idea de un significante de la inexistencia en el cual se encarna el número. Decíamos entonces que si para Lacan la discriminación radical pasa entre letra y significante, el número, como real de la lengua, sirve para contar y, para ser exactos, para contar los residuos del goce [16]. Es lo que para Freud constituía el factor cuantitativo de la pulsión.

Por esta vía, aquella en donde la lengua hace aparecer el número, Lacan considera una contabilidad del goce. Encontramos la misma idea en “Radiofonía” a propósito de la práctica de la sepultura antigua, donde “El conjunto vacío de las osamentas es el elemento irreductible con el que se ordenan, entre otros elementos, los instrumentos del goce, collares, cubiletes, armas: subelementos más para enumerar el goce que para hacerlo entrar en el cuerpo” [17] ¿De qué se trata en este goce enumerable? Se trata del goce fuera del cuerpo que se recupera en pequeñas dosis, en lichette, indicado por objeto a minúscula y que recae, como el significante, en la lista de los semblantes.

Existe entonces una vía en la cual el sujeto, en particular el sujeto masculino, entra en la relación con el goce por la vía del conteo, del número, pero se trata de porciones de goce, restos de un naufragio devenidos semblantes del objeto.

En cambio existe otra vertiente, la del océano en el cual el naufragio ha ocurrido, aquella donde la letra hace de litoral, la que conserva la captura cualitativa de un goce que no pasa por la enumeración y donde sólo cuenta la diferencia.

 

La ética es un modo de decir que se satisface por la letra 

Debemos ver ahora las implicaciones en la práctica psicoanalítica de esta distinción entre letra y número.

La primera es que el psicoanálisis no se inscribe en el discurso de la ciencia porque no basa su propia eficacia en la potencia operativa de la matemática.

Esto no quiere decir sin embargo que las matemáticas sean extranjeras al discurso psicoanalítico. Lacan utiliza ampliamente, por ejemplo, la topología para dar un sustento que no sea ni metafórico ni mitológico a un real del cual sólo puede delinearse los bordes y las fallas. Utiliza los nudos para colocar entre simbólico, imaginario y real la posición de un síntoma que es signo de goce y no simplemente metáfora de un significado reprimido. El punto sobresaliente es que la relación sexual no puede ser puesta en cifras y, de ese modo, no puede ser tratada a través del dominio del cálculo ni de la prescripción técnica.

La segunda es que el psicoanálisis no puede tampoco ser asimilado a una hermenéutica, a una cuestión narrativa más o menos adecuada para el sujeto. La lengua tiene justamente en sí misma un real, el del número, que no es reductible al sentido y que presenta el obstáculo de lo cuantitativo, el conocido factor cuantitativo sobre el que se empantana, en “Análisis terminable e interminable”[18], la empresa interpretativa freudiana.

La tentativa de restituir un sentido se detiene sin embargo no sólo frente al obstáculo del número y de la cantidad, sino también de la letra, el signo en relieve encontrado por Proust en su Recherche, el jeroglífico fantasmagórico de la lengua joyceana en Finnegans Wake, la escritura intrincada como las ramas sobre las que se trepa El Barón rampante de Calvino, La Carta Robada cuyo contenido no tiene ninguna relevancia pero cuyos efectos dependen de quién la tiene, La Letra Escarlata que escribe en la carne el signo de la culpa indecible, las palabras de Malo rescatadas para nosotros por Luigi Meneghello, los libros escritos por Kafka para huir de las mujeres, el desierto de California en Meridiano de sangrepotentemente pintado por Cormac McCarthy. La letra marca un goce separado de la relación sexual, el goce qu´il ne faut pas, como se expresa Lacan. Cuando la interpretación toca la letra no revela un significado, sino resonancias de aquello que el número no puede poner en cifras. La letra -que Lacan también llama l´Un-Dire o l´Un-tout-seul para indicar la diferencia con la articulación S1-S2 productora del significado y que Proust ya reconocía como extraña al diálogo y fuente del arte- encuentra su propia dimensión en la ética.

En el psicoanálisis, dice Lacan, la ética toma en su reverso el precepto de hacer el bien y de dejar decir, porque es a través del bien decir que alcanza la satisfacción. Claramente el arte es una forma muy particular de bien decir, pero no la única, y la pragmática del psicoanálisis -que no sigue la vía operativa del cálculo ni la de la hermenéutica que satura con sentido- encuentra en la dimensión ética del bien decir la forma de apaciguamiento que viene al sujeto por la posibilidad de consentir a un goce que, si es sentido por el contrario como insoportable, despierta la inquietud del sufrimiento en la neurosis.

 

El presente trabajo fue publicado, traducido al francés, en la revista MENTAL N° 25 «Psychanalyse, science et scientisme», EuroFédération de Psychanalyse, Belgique, 2011 

Traducción del italiano: Mariela Yern Revisión: Claudio Godoy 

 

Bibliografía-Parte II

 

12. LACAN, J.: “…ou pire”, en Autres écrits, op. cit, p.548 (Trad. cast. «…o peor», en Otros escritos, op. cit., p. 575).

13. LACAN, J.: “Lituraterre”, op. cit., p.14. (Trad. cast. “Lituratierra”, op. cit., p. 22)

14. PROUST, M.: Il tempo ritrovato, Mondadori, Milano1997, p.230. (Trad. cast. El tiempo recobrado, Losada, Buenos Aires, 2008, 196)

15. DELEUZE, G.: Proust e i Segni, Einaudi, Torino 1967 (Trad. cast. Proust y los signos, Anagrama, Barcelona, 1972)

16. LACAN, J.: Le séminaire. Livre 20: “Encore», op. cit., p.118 (Trad. cast., El Seminario. Libro 20: «Aun», op. cit., p. 157)

17. LACAN, J.: “Radiophonie”, op. cit., p.410 (Trad. cast., “Radiofonía”, op. cit., p. 432).

18. FREUD, S.: “Análisis terminable e interminable”, en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1980, T. XXIII, p. 211-254.

 

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